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Ciencia

El reptil cuyo único hogar en el mundo es Lima y ahora está a punto de extinguirse

Ante la destrucción de su hábitat, el gecko de Lima se ha refugiado en las huacas. Su población es cada vez más pequeña y los científicos luchan contra el tiempo para salvar esta especie antes de que sea demasiado tarde.

El gecko de Lima (Phyllodactylus sentosus) se ha refugiado en las huacas de Lima. Foto: Bernardo Roca-Rey
El gecko de Lima (Phyllodactylus sentosus) se ha refugiado en las huacas de Lima. Foto: Bernardo Roca-Rey

En medio del desorden y el bullicio predominante de Lima Metropolitana, es muy raro que las especies silvestres se dejen ver. Sin embargo, ahí están, entre nosotros, buscando alimento o nuevos refugios. Sobreviviendo.

Una de estas especies es el gecko de Lima (Phyllodactylus sentosus), un pequeño reptil que vive exclusivamente en la capital peruana. Este hábitat, que alguna vez fue un desierto costero, se ha llenado cada vez más de humanos y de cemento, lo que ha puesto al animal en riesgo de desaparecer para siempre.

El P. sentosus figura como especie en peligro crítico de extinción tanto en el Libro Rojo de la Fauna Silvestre Amenazada del Perú como en la Lista Roja de la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza.

Este reptil nocturno, que en edad adulta alcanza los 12 centímetros de longitud, ya habitaba el territorio limeño antes de las primeras poblaciones humanas, explica a La República el biólogo José Pérez Zúñiga, quien —en gran parte de su carrera— se ha dedicado a investigar esta especie.

“Su hábitat natural, que siempre fue el desierto, desaparece con el crecimiento de la ciudad”, describe.

Pérez es director del Proyecto Gecko de Lima, un equipo científico que en los últimos 20 años ha monitoreado la situación de la especie.

Los geckos de Lima son reptiles nocturnos. Foto: Proyecto Gecko de Lima

Las huacas, el último bastión del gecko limeño

Hoy, los únicos lugares despoblados en Lima Metropolitana que mantienen condiciones similares al antiguo desierto costero son las huacas y algunas lomas áridas demasiado empinadas para ser invadidas.

Casi todas las poblaciones registradas de P. sentosus se encuentran en huacas. Estos sitios arqueológicos precolombinos han quedado como “pequeñas islas de su hábitat natural”, dice Pérez. Allí, en orificios naturales o generados por las construcciones antiguas, en un entorno seco y casi desprovisto de vegetación, la especie prospera.

La mayoría de huacas alberga poblaciones de apenas 20 ejemplares. En tanto, las más numerosas, con hasta 400 ejemplares, se han hallado en las huacas San Marcos, Pucllana y Mateo Salado.

Una de las poblaciones más grandes de P. sentosus se encuentra en la huaca Mateo Salado (límite entre Breña y Pueblo Libre). Foto: Andina

Sin embargo, al estar aisladas las poblaciones, se produce la endogamia. Esto significa que se reproducen entre parientes cercanos, lo cual trae como consecuencia la aparición de malformaciones genéticas, señala el experto.

Estas adversidades, sumadas a la reducción y destrucción de su hábitat y los ataques de especies introducidas por la presencia humana, como las ratas y los gatos, está ocasionando una reducción progresiva del número de geckos.

Asimismo, su reproducción es lenta. Se aparean una vez al año y ponen un solo huevo. Y como si eso no bastara para una especie en peligro crítico de extinción, a veces los adultos devoran a los más jóvenes.

Conservar la especie, una carrera contra el tiempo

“Hemos realizado proyecciones a futuro y pronosticamos que las poblaciones pequeñas de geckos, que son la mayoría, se extinguirían en las próximas décadas”, lamenta Pérez. Por ello, el equipo ya ha puesto en marcha un plan de conservación.

Veterinarios de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), quienes son parte del proyecto, han desarrollado un protocolo para mantener a los geckos de Lima en cautiverio, de modo que se puedan reproducir de forma segura.

En tanto, biólogos de la Universidad Mayor de San Marcos (UNSMSM) realizan estudios moleculares para determinar qué población sería genéticamente más adecuada para conservar o para juntar con otros grupos.

El gecko de Lima toma un color gris cuando llega a la adultez. En la imagen, uno conservado en el Museo Kalinowski. Foto: Parque de Las Leyendas

Aun así, “el panorama es complicado, ya que se conoce muy poco del P. sentosus”, admite Pérez, quien es docente en ambas universidades.

Por ejemplo, para tener una población de estos pequeños reptiles en cautiverio, se necesita conocer su dieta, la cual aún no pueden descifrar del todo.

“Para saber lo que come una especie se disecan algunos ejemplares. Sin embargo, en este caso, no podemos sacrificar ningún gecko por estar en peligro de extinción. Entonces, solo podemos deducir su dieta a través de las heces o de especies relacionadas”, explica.

Así, han resuelto hasta ahora que el P. sentosus se alimenta principalmente de insectos, arañas y ácaros.

El otro frente del equipo, en su lucha por conservar esta especie, se basa en campañas de difusión, talleres y exposiciones dirigidas a niños y adultos. El objetivo es concientizar a la población sobre la situación crítica que enfrenta este raro lagarto y la importancia de salvar a un animal que no encontrarán en ninguna otra parte del planeta.

Uno de los talleres dirigidos a niños. Foto: Proyecto Gecko de Lima

Uno de los consejos que más destacan los investigadores es tener cuidado con los montículos de basura o desmonte que han permanecido por un tiempo en las huacas, ya que allí pueden haber varios refugios de geckos.

También advierten respecto a las antiguas creencias relacionadas al gecko, las cuales atentan contra su existencia.

“Existe un mito en Lima de que los geckos son venenosos. Esto se debe probablemente a sus ojos, que evocan la cabeza de una serpiente. Sin embargo, el gecko de Lima no ataca ni causa daño al tocarlo”, aclara Pérez.

Por último, el investigador recuerda a las personas que estos animales son estrictamente silvestres. No pueden volverse mascotas.

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