Ricardo Raphael de la Madrid: "Las empresas criminales son parte del Estado y de los Gobiernos"
Periodista, analista político y escritor mexicano, autor de Los Socios de Elba Esther, El otro México, Mirreynato, Manual de Investigación 3.0, Periodismo urgente y su reciente Hijo de la Guerra, opina sobre la situación política actual de México.
- Keiko Fujimori: sí está investigada por lavado junto con Joaquín Ramírez
- Multa por no votar en Elecciones Perú 2026: revisa los montos actualizados por distrito

El columnista del diario Milenio, del semanario Proceso y The Washington Post, Ricardo Raphael de la Madrid, llegó a Lima a presentar el libro Hijo de la Guerra, sobre el Z 9, uno de los fundadores del cártel más sanguinario de México, Los Zetas. La historia de Galdino Mellado Cruz, que primero sirvió en el ejército y desertó para unirse a la criminalidad, le sirve para analizar en esta entrevista al narcotráfico y la violencia en México y la región.
—Al libro lo presentan como una novela, pero le veo más de periodismo. ¿Cuánto hay en este libro de ficción y cuánto no?
TE RECOMENDAMOS
WOLFGANG GROZO: ¿QUIÉN ES? Y CRISIS DEL GAS | SIN GUION CON ROSA MARÍA PALACIOS #FEEG2026
PUEDES VER: Revisa los candidatos y sus planes de gobierno

El origen del libro es periodístico. Me topo con un individuo que dice ser uno de los fundadores del grupo criminal Los Zetas, quizá el que elevó como ningún otro la violencia en México. Al cabo de varias entrevistas, lo visité año y medio al penal, me doy cuenta que lo que me está diciendo podría ser verdad, pero podría estar mezclado con ficción. La voz de Galdino Mellado Cruz es ficción, no porque no sea cierta, sino porque no hay manera de confirmar periodísticamente que lo que me dijo es cierto. Es decir, cuando el periodista habla es no ficción, es periodismo. Cuando el Z 9 habla es ficción. Un híbrido. Me atrevo a decir que el estilo es transgénero.
—El relato también describe el sistema judicial, político, de seguridad, de México. Uno se pregunta cómo el Z 9 puede asumir tantas identidades.
Una de las cosas que más me llamó la atención es cómo, en ese mundo de las empresas criminales, él regresó al uso de la primera persona del plural: nosotros. Porque primero integra un grupo amorfo del Estado, que fue a prepararse contra guerrilleros y narcos en EE. UU. Luego es enviado a perseguir delincuentes. Y luego ese nosotros se pasa al crimen organizado. Y este individuo deja de ser individuo. Dejó de ser Juan Luis Vallejos para convertirse en Galdino Mellado Cruz y ser al mismo tiempo el Z 9 y otros seis nombres. La múltiple identidad le permite ser parte de ese nosotros colectivo… Fue interesante entender esa mecánica que va más allá de México, un fenómeno global de ilegalidad, que produce muchísima violencia.
PUEDES VER: Manuel López Obrador tomará medidas legales contra juez por censurar sus comentarios sobre Xóchitl Gálvez

—Esa formación militar del Zeta 9 es lo que le da otra fuerza a estos grupos criminales.
Hay que decirlo fuerte. Estos criminales no surgen de la nada. Y voy a decirlo todavía más fuerte: no habrían surgido sin el Estado. Quien los produjo fue el propio Estado. En efecto, la vida de Galdino y sus colegas anunciaba tendencias criminales, bueno, esa tendencia pudo haber desembocado en nada o ser pequeños criminales, sino hubiesen ingresado al ejército. El ejército no solo los reclutó, sino que los convirtió en armas humanas muy poderosas. Los vuelven parte de las Fuerzas Especiales y luego se les envía a EE. UU., en el caso de Galdino y los suyos al Fuerte Hood, donde se entrena en las peores prácticas de control de territorio, de tortura, de destrucción del adversario.
Ahí es donde muchos militares luego se fueron a Afganistán, a las peores guerras. Y una vez que esas bombas humanas estaban listas, el Gobierno mexicano perdió control de ellas y, cuando se pasaron al lado de la criminalidad, se volvieron contra la democracia, la paz, la sociedad. Si quito el componente del reclutamiento militar, de la formación en EE. UU., esa amenaza hoy no estaría lastimando a la población mexicana.
—Ud. hace poco dijo: México es el paraíso del narcotráfico.
Lo mencioné por datos que dio la DEA. Dije que es el paraíso financiero de las empresas del narcotráfico. Yo me cuido de no llamarles carteles o bandas criminales, porque sino perdemos un entendimiento de lo que son. Hoy, son empresas que se dedican a actividades ilegales, no solo narcóticos, no solo es trasiego de drogas, sino son empresas donde su principal ingreso puede venir de las drogas, pero a la vez se dedican también a la trata de personas, trata de migrantes y tráfico de órganos, son empresas muy grandes. Y en efecto, además, uno supondría que están ubicadas en México por la frontera que tenemos con Estados Unidos. Pero eso no alcanza.
PUEDES VER: Bukele y AMLO son los presidentes latinoamericanos mejor valorados, según Directorio Legislativo


Carrera de la muerte. Dos agentes de la Policía contemplan uno de los vehículos todoterreno atacados en plena carrera. Foto: difusión
—¿Por qué no alcanza?
También están ubicadas en México porque no se les persigue financieramente. He comentado que las cuentas congeladas de los principales líderes de estas empresas fueron liberadas por la autoridad y no han sido perseguidos los funcionarios que liberaron esas cuentas. Las descongelaron por más de 1.100 millones de pesos.
—Le ha traído consecuencias decir todo esto.
Ocurrió que, cuando se publica Hijo de la Guerra, fui espiado con el programa Pegasus. Hay algo en este libro que preocupó mucho no solo al Ejército mexicano, sino a las áreas de Inteligencia Militar, que son las que compran este tipo de programas de espionaje y luego trafican con esa información. No tengo dudas que el espionaje que ocurre en 2019 y 2020 es por el actual Gobierno.
—El ejercicio del periodismo en México que investiga estos casos es entonces más difícil.
Se nos ha vuelto cada vez más ingrato. En mi caso, vivo en Ciudad de México y eso me aparta de quienes están en el terreno, sobre todo en las zonas donde estas empresas criminales están en pugna por el territorio. El periodismo que se hace en la frontera de México en Estados Unidos, en las zonas de trasiego, es un periodismo que está enfrentando amenazas, lesiones, acoso y muerte.
PUEDES VER: Xóchitl Gálvez, aspirante a presidenta de México, arremete contra AMLO: “Usted es un machista”

—¿Por qué los Gobiernos no se unen para dar batalla frontal, decidida, al narco, y sí se unen para otros asuntos políticos?
La pregunta la he pensado mucho y siento las respuestas inacabadas. Estas empresas criminales no pueden ser vistas como aparatos enemigos del Estado, como si fueran una banda criminal enemiga y no puede ser visto así porque son parte del Estado y parte de los Gobiernos. Cuando uno separa aquí buenos y malos, se comete un error, porque en realidad el fenómeno abarca al Estado. Sin Estado no habría empresas criminales. Sin funcionarios que descongelan las cuentas. Sin un Estado que forma al brazo armado de estos cárteles. Sin liderazgo político que se aproveche de estas empresas criminales. Sin el financiamiento de estas empresas en las campañas políticas, no habría este problema. En este sentido, hay algo común en la cultura política latinoamericana que ha potenciado el surgimiento de este cáncer.
—Y no parece detenerse.
Me acuerdo muy bien cuando estudiaba el fenómeno del narcotráfico en mi doctorado. Hablábamos del temor en México de que nos ‘colombializáramos’. Hay que decir que hoy peor que ‘colombianizarse’ es ‘mexicanizarse’. Aunque también sería un error suponer que este es un fenómeno estrictamente mexicano. La historia de Galindo Mellado Cruz, de Los Zetas, uno puede verla repetida en Guatemala, Honduras, El Salvador, en Colombia con otras versiones. Uno ve el problema que enfrenta Ecuador con las cárceles; las pandillas en Brasil; la presencia de empresas criminales en Argentina, Chile, Perú, esta forma de violencia echó raíces en América Latina.
—¿Y por qué más en A.L.?
Porque compartimos características que han hecho que este cáncer germine. La desigualdad, la ausencia de Estado, la corrupción de la política, la destrucción del tejido comunitario familiar, la dificultad de lograr movilidad social. Es un territorio fértil para estas empresas criminales. En fin, este no es un libro sobre el crimen organizado mexicano, sino sobre la vida de uno de los miles de jóvenes latinoamericanos que encuentran en estas empresas criminales una promesa que el resto de la vida no les da.























