El gas natural, el debate energético olvidado

Este combustible se acaba en 10 años y ningún candidato presidencial plantea soluciones al respecto.

Hay una conversación que el Perú necesita tener con urgencia y que esta campaña se niega a dar. No es sobre quién fue a prisión ni sobre quién representa mejor o peor al pueblo. Es sobre algo más concreto y de consecuencias devastadoras: el gas que mueve la economía, calienta los hogares y genera buena parte de la electricidad del país se está acabando.

Esa es la gran advertencia que surgió en el primer foro del ciclo Perú:futuro energético organizado por esta casa editorial. Tenemos reservas para diez años. Y el siguiente gobierno tendrá que encontrar el equivalente a dos Camiseas si no quiere que el Perú termine importando energía a quince veces el precio que pagamos hoy. Sin embargo, ningún candidato lo está planteando.

Ayer, mientras Sánchez y Fujimori inauguraban la segunda vuelta con los argumentos de siempre, tres especialistas expusieron la aritmética que la política peruana lleva décadas evitando: el único lote comprometido con el mercado interno tiene gas para no más de doce años. Y los lotes de exportación tienen reservas para menos. El lote 58, presentado en su momento como la reserva del futuro, está ahora en manos de una empresa privada con derecho contractual a exportarlo. Y el 60% del gas se consume en generación eléctrica —el uso más prescindible— mientras millones de familias fuera de Lima siguen esperando una conexión domiciliaria que lleva veinte años prometida.

Es grave en tanto ese es el país real que recibirá a quien los peruanos elijan como próximo presidente.

Y en esta bomba de tiempo, ningún gobierno está exento de responsabilidades. Fujimori y luego Toledo convirtieron el gas destinado al mercado interno en proyecto de exportación. Alan García convocó a privado extranjeros a invertir y al final el Estado no se la dieron a ninguna. Ollanta Humala firmó el gasoducto del sur sin reservas que lo sustentaran. El Congreso condenó asi la masificación regional a dos décadas en lugar de cinco. Y todos dejaron caer la exploración hasta el punto en que el Perú pasó de más de ochenta contratos activos a no llegar hoy ni siquiera a dos dígitos.

Y vale recordar que hablar de gas no es un tema de especialistas. Es el tema del taxista que tuvo que pagar el triple en marzo cuando se rompió el ducto. Es el tema de la familia del sur que sigue comprando balones caros mientras algunas zonas de Lima tienen red domiciliaria hace veinte años. Es el tema de la industria que no puede invertir porque nadie le garantiza suministro por treinta años. No afecta a Lima o a las regiones, a la derecha o a la izquierda. Nos afecta a todos.

En ese sentido,, este diario le pregunta a ambos candidatos: ¿tienen un plan energético? ¿Qué harán con el contrato de exportación que vence en 2028? ¿Cómo van a masificar el gas en las regiones? ¿Están dispuestos a decirle a los peruanos que necesitamos encontrar dos Camiseas o que importaremos energía cara por décadas?

Si no pueden responder, el debate que están teniendo no es sobre el Perú que viene. Es sobre el Perú que se va.