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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sun, 14 Jun 2026 13:23:43 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Instalaciones, dibujo, cerámica, textil y escultura en la muestra colectiva “Maneras de estar vivo”, por Czar Gutiérrez ]]>
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                            <![CDATA[ Andrea Tregear, Mariú Palacios, Nicole Franchy, Alice Wagner y Luisi Llosa tejen la compleja red de interdependencias que sostiene toda forma de existencia. En Vesper Tzu Galería. ]]>
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                            <image:title><![CDATA["Maneras de estar vivo". Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 14 Jun 2026 13:23:43 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Instalaciones, dibujo, cerámica, textil y escultura en la muestra colectiva “Maneras de estar vivo”, por Czar Gutiérrez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El agotamiento ambiental, la aceleración tecnológica y la progresiva desvinculación entre humanos y su ecosistema gatillan una exposición cuyo punto de partida será el libro homónimo de Baptiste Morizot, quien plantea que la crisis ecológica contemporánea es, ante todo, una crisis de sensibilidad: hemos dejado de percibir aquello que nos rodea como una comunidad de seres vivos para convertirlo en paisaje, recurso o simple decorado.</p>   <p>Esta colectiva recoge la premisa para transformarla en experiencia estética. La sala deja de ser un espacio neutro, deviene en una geografía donde cada obra es un organismo autónomo y, al mismo tiempo, trama mayor donde materiales, símbolos y relatos establecen vínculos inesperados. Lo que emerge es una constelación de preguntas sobre nuestra posición en la Tierra y sobre las posibilidades de coexistencia en un mundo profundamente herido.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2eaa29bd36443c03056adc.jpg" alt="Luisi Llosa. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Luisi Llosa. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>La obra de <strong>Luisi Llosa</strong>, “Humanidad residual”, sitúa al visitante frente a una dimensión geológica de la existencia. Piedras intervenidas con pan de plata dialogan con lienzos de cromática mineral para construir una reflexión sobre la fragilidad humana y la persistencia de la materia. Las grietas, lejos de ocultarse, se exhiben como marcas de experiencia. Para que la piedra se convierta en metáfora del cuerpo y la erosión adquiera la dignidad de una escritura, como si el tiempo hubiese aprendido a grabar sus memorias directamente sobre la piel del mundo.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2ea82bbd36443c03056ada.jpg" alt="Andrea Tregear. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Andrea Tregear. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>En contraste, <strong>Andrea Tregear</strong> propone con “Naturaleza viva” y “Naturaleza viva 2/3” una mirada donde lo artificial parece adquirir comportamiento biológico. El acrílico y el plexiglass generan formas translúcidas que evocan organismos marinos, corales mutantes o criaturas que emergen de un futuro todavía indescifrable. La artista transforma materiales industriales en presencias orgánicas, cuestionando las oposiciones tradicionales entre naturaleza y artificio. Cada transparencia es la piel fósil de un océano extinguido intentando emitir, desde la luz, una memoria.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2eaa68d3a1d14a7f0527ec.jpg" alt="Nicole Franchy. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Nicole Franchy. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Los dibujos de <strong>Nicole Franchy</strong> desplazan radicalmente la perspectiva humana. En “El amo de la tierra” y “La mirada del Jaguar” el animal deja de ocupar el lugar de objeto representado para convertirse en sujeto de observación. El jaguar nos contempla. La artista subvierte así una larga tradición visual occidental para proponer una relación más horizontal entre especies, pues la mirada también puede ser territorio y el mundo no pertenece exclusivamente a quienes creen nombrarlo.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2ea54cd3a1d14a7f0527e9.jpg" alt=""Maneras de estar vivo". Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Maneras de estar vivo&quot;. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>La dimensión ritual aparece con fuerza en las instalaciones de <strong>Mariú Palacios</strong>. “Dile lo que no pudiste decirle” construye un espacio de memoria mediante tejidos, camisas, teléfonos y caracoles, elementos que evocan tanto la comunicación como la ausencia, mientras su “Blueprint, matriz” explora el símbolo uterino como origen, refugio y arquitectura afectiva. Sus obras poseen la intensidad silenciosa de los objetos que sobreviven a quienes los utilizaron.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2ea886bd36443c03056adb.jpg" alt="Mariú Palacios. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Mariú Palacios. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Por su parte, <strong>Alice Wagner</strong> presenta “Panteísmo”, instalación cerámica compuesta por cuarenta y cinco piezas que cuestionan las formas tradicionales de espiritualidad. La artista sugiere que el futuro espiritual del mundo no residirá tanto en las viejas trascendencias verticales como en una sensibilidad horizontal capaz de reconocer inteligencia en todas las formas de existencia. Como si la materia, exhausta de servirnos, reclamara por fin una dignidad sagrada entre animales, minerales, ruinas, cuerpos y raíces.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/14/6a2ea7dfd3a1d14a7f0527eb.jpg" alt="Alice Wagner. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Alice Wagner. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>La potencia de la muestra está en la trayectoria de sus protagonistas. Tregear ha dedicado más de veinte años a una rigurosa investigación sobre el acrílico y las posibilidades expresivas de la luz. Wagner es una de las artistas peruanas más reconocidas de su generación, con presencia en importantes museos y colecciones internacionales. Franchy ha desarrollado una carrera internacional marcada por residencias y exposiciones en Europa y Estados Unidos. Palacios ha construido una práctica multidisciplinaria atravesada por la memoria, el territorio y la experiencia ritual. Llosa, por su parte, ha consolidado un lenguaje propio donde la piedra se transforma en una reflexión filosófica sobre vulnerabilidad y permanencia.</p>   <p>Así, <em>Maneras de estar vivo</em> dialoga con debates fundamentales sobre antropoceno, ecologías críticas y pensamiento decolonial. Todo un tránsito a través del ecosistema donde cada piedra, tejido, animal y organismo híbrido funciona como umbral hacia una conciencia más vasta donde lo humano deja de ocupar el centro para reintegrarse a la trama infinita de relaciones existenciales. Un manuscrito coral, mineral y biológico cargado de entrañable belleza.</p>   <p><strong>…</strong></p>   <p><strong>Datos:</strong></p>   <p>▪ Lugar: Vesper Tzu Galería</p>   <p>▪ Dirección: Av. Santa Cruz 1068, Miraflores. Lima – Perú</p>   <p>▪ Temporada: Hasta el 24 de junio de 2026</p>   <p>▪ Horario de visita: lunes a sábado, de 11:00 a.m. a 7:00 p.m.</p>   <p>▪ Ingreso: libre</p>   <p> </p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La gobernabilidad como primera prueba del nuevo Congreso ]]>
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                            <![CDATA[ El retorno al bicameralismo y un parlamento fragmentado plantean el escenario de gobernabilidad más complejo en años. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial del domingo 14 de junio]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 14 Jun 2026 10:55:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La gobernabilidad como primera prueba del nuevo Congreso ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Perú estrena en julio un Congreso bicameral por primera vez en décadas. Esta nueva configuración incluye una Cámara de Diputados de 130 miembros y un Senado de 60. Se trata de un cambio institucional que los peruanos rechazaron en el referéndum de 2018 y que partidos con antecedentes antidemocráticos y responsables de la aprobación de normas que favorecen al crimen organizado se encargaron de aprobar por insistencia.</p>   <p>Entre ellos están Fuerza Popular y Renovación Popular, los cuales la impusieron aduciendo que frenará la mala producción de normas. Sin embargo, no es apresurado afirmar que la primera prueba de ese diseño será política y llegará de inmediato.</p>   <p>De hecho, con el conteo de votos oficial de la ONPE ya es posible afirmar que el fujimorismo se ha convertido en la primera minoría en ambas cámaras, con alrededor de 41 escaños en Diputados y más de 20 en el Senado, seguida de Juntos por el Perú con 31 curules y Renovación Popular como tercera fuerza. Dicho reparto deja a todos los partidos en minoría, lo que vuelve la negociación en la herramienta central de cualquier decisión.</p>   <p>En ese escenario, el Ejecutivo que asuma en julio deberá construir alianzas con bancadas de intereses distintos para sacar adelante legislación prioritaria. Y eso es saludable para la democracia. Esas credenciales garantistas del Estado de Derecho se medirán sobre todo ante la derogación de las normas procrimen que el pacto corrupto parlamentario actual aprobó.</p>   <p>La cuestión de la gobernabilidad surge entonces como el eje de cualquier lectura mínima del nuevo sistema político parlamentarista de facto.</p>   <p>Cabe recordar que entre 2016 y 2021, la confrontación entre el Ejecutivo y la mayoría fujimorista produjo cuatro mociones de vacancia presidencial, tres presidentes, y una disolución del Parlamento. Asimismo, entre 2021 y 2026, la fragmentación legislativa fue el escenario donde se presentaron diez mociones de vacancia de las cuales prosperó una tras el intento de quiebre democrático de Pedro Castillo. Tras ello, prosperaron las capturas de órganos autónomos como el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia y entre otros, con Fuerza Popular y Renovación Popular entre los protagonistas centrales de esa cooptación.</p>   <p>Por ello, el retorno al bicameralismo abre una oportunidad cuyo valor real dependerá de los ciudadanos que exijan a sus representantes rendir cuentas. La diversidad territorial del Perú, con sus demandas específicas y largamente postergadas, requiere un Congreso que responda ante quienes lo eligieron.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/13/el-mundial-de-futbol-y-las-excusas-para-educar-mas-alla-de-las-figuritas-por-diego-alonso-sanchez-hnews-516867</link>
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                            <![CDATA[ El mayor evento deportivo del planeta reúne a millones de personas en una sola pasión. El mismo también podría ser usado para fines educativos y de difusión cultural entre niños y adolescentes. No todo debe ser goles y cash. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 14 Jun 2026 01:14:29 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em>Porque el fútbol no es un hecho real, el que tú miras, sino una ilusión, la que yo miro. Es una virtud de la mirada.</em></p>   <p><strong>Constantino Carvallo</strong>, educador peruano</p>   <p> </p>   <p>Cada cuatro años, el planeta desea patear con más ganas una pelota. <strong>El Mundial de Fútbol</strong>, esa ceremonia global que convoca emociones, identidades y negocios, vuelve a ocupar titulares y conversaciones cotidianas. Pero más allá de estadios repletos y gestas épicas, el torneo despliega una trama paralela: la que se vive en casas y colegios, donde niños, padres y profesores terminan discutiendo, sin proponérselo, sobre competencia, consumo, frustración y valores deportivos.</p>   <p>Si apelamos a esos valores que el fútbol puede transmitir, vale recordar lo que afirmaba el escritor argelino <strong>Albert Camus</strong>, que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Una idea que no contradice, sino que se complementa, con la mirada del uruguayo Eduardo Galeano, quien advertía que “el fútbol es un espejo del mundo: en él se reflejan sus virtudes y sus miserias”.</p>   <p>Desde esa perspectiva, podemos decir que la Copa del Mundo dejó hace tiempo de ser únicamente fútbol para convertirse también en una gran caja registradora. En ella no solo se celebran jugadas imposibles y goles memorables, sino que se promueven hábitos de consumo no siempre saludables. Es precisamente allí donde surge una oportunidad —a veces incómoda— para educar.</p>   <p>Basta mirar el fenómeno de los álbumes de figuritas. Para muchos adultos, el recuerdo es tibio: páginas incompletas, cromos repetidos y tardes de trueques sin conseguir el jugador esperado. Una nostalgia teñida de desilusión, pero también de ingenuidad. Hoy, ese rito ha cambiado de escala. El deseo de “llenar el álbum” ha sido absorbido por una lógica de mercado que convierte el pasatiempo en una inversión desproporcionada y, en no pocos casos, desbordada.</p>   <p>Las cifras no mienten. Un álbum básico de la marca que tiene los derechos internacionales ronda los 9.90 soles. Cada sobre de siete figuritas cuesta 4.20, y el “paquetón”, con poco más de cien sobres, supera los 380 soles, dependiendo de la oferta. Completar la colección —de 980 cromos— requeriría cerca de 600 soles en un escenario improbable de no tener repetidas. Pero la repetición es la regla en este juego. Entonces, cuando fallan los intercambios y el deseo de llenar el álbum crece, el gasto escala sin pudor. Un importe aproximado puede bordear los tres mil soles, si no renuncias antes de alcanzarlo. Una locura que encuentra su principal campo de acción en un lugar muy predecible: la escuela.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/13/6a2d6c5c2766a31b1f03515a.jpg" alt="Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.</figcaption>   <p>Es allí donde los álbumes dejan de ser cuadernillos ilustrados para convertirse en artefactos sociales. En los recreos se negocia, se compara, se presume y también se excluye. “Yala, nola”, “¿cuánto vale esta?”, “yo tengo más que tú”, “¿esta no la tienes? ¡Jajaja!”. El lenguaje del mercado se filtra en edades tempranas y surgen tensiones atravesadas por la presión del grupo y el deseo de autoafirmarse con la comparación. Los niños trasladan esa lógica a casa y presionan por más sobres; algunos padres ceden, otros se resisten, mientras no pocos docentes observan sin intervenir. Y quedan aquellos pequeños que, desde la orilla, están a la expectativa de un intercambio desigual por un producto cada vez más costoso.</p>   <p>Las preguntas son inevitables: ¿quién está acompañando este proceso? ¿Cuántos adultos advierten que, detrás del entretenimiento, se incuban patrones de consumo y jerarquías materiales que pueden dañar los vínculos? ¿Nos estamos ocupando realmente de esto?</p>   <p>Y en medio del barullo, el fútbol —paradójicamente— queda relegado. Valores como el esfuerzo, la disciplina, el honor o el trabajo en equipo ceden ante un criterio inmediato: el poder adquisitivo. Ya no importa la hazaña en la cancha, sino la capacidad de completar una página o conseguir el cromo deseado. El sentido formativo del deporte se diluye frente a la urgencia de acumular para evitar la decepción.</p>   <p>Pero no todo está perdido en esta fiebre coleccionista. Allí donde hay un problema, también hay una puerta. El entusiasmo por las figuritas puede transformarse en una herramienta pedagógica si se guía con propósito. Intercambiar figuritas puede ser aprender a negociar con justicia, valorar al otro y dominar la codicia. Completar un álbum puede dar lugar a ejercicios de cálculo, probabilidad y estadística. Analizar su información permite reconocer fuentes de datos secundarias. Cada jugador puede despertar curiosidad por su país, su historia o su cultura. Es decir, incentivar la investigación y el deseo de aprender con optimismo.</p>   <p>Quizá la clave no sea prohibir ni ceder sin más, sino resignificar el hábito, dotar de sentido al álbum antes que a sus figuritas. Convertirlo en una excusa para pensar, dialogar y aprender en comunidad. Porque, al final del torneo, muchas colecciones acabarán olvidadas o —vale decirlo— arrojadas al vertedero de la frustración o la vanidad. Eso ya lo conocemos los adultos.</p>   <p>Lo que no debería perderse, si el camino se recorre con conciencia, es la lección aprendida. El Mundial pasa; nosotros —y, especialmente, ellos— estamos convocados a trascenderlo con ilusión, criterio y responsabilidad.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El mandato al nuevo gobierno ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/el-mandato-al-nuevo-gobierno-editorial-211188</link>
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                            <![CDATA[ La segunda vuelta más ajustada de la historia reciente obliga al mandatario entrante a construir una agenda que trascienda la mitad que lo eligió ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 04:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El mandato al nuevo gobierno ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El resultado de las urnas del 7 de junio habla de un país que quedó partido casi en dos mitades exactas. Con el 96.29% de actas contabilizadas, la diferencia entre los dos candidatos se ubica por debajo del 0,3%. La ONPE, tras las evaluaciones del JNE, convertirá ese conteo en proclamación oficial en los próximos días.</p>   <p>Sin embargo, los resultados del balotaje entregan, además, otro mensaje que merece la misma atención. Más del 30% de los peruanos habilitados para sufragar se ausentaron de las urnas, pese a la obligatoriedad del sufragio. Casi el 6% de los votos emitidos fueron viciados, una cifra que sobresale incluso en el contexto regional. Esas señales retratan a una ciudadanía que encuentra distancia con las opciones que le presenta el sistema político y que la expresa de la única manera disponible.</p>   <p>En ese sentido, el presidente que asuma en julio hereda un mandato construido sobre ese conjunto de señales. Y ante ello, la agenda que le espera tiene temas prioritarios.</p>   <p>En primer lugar, la seguridad ciudadana encabeza las encuestas de preocupación ciudadana desde hace años. Por otro lado, la economía requiere garantías de inversión solo posible con el respeto general al Estado de Derecho, además de acciones de mitigación frente a los efectos del Fenómeno El Niño.</p>   <p>Aunque todo parece que las instituciones autónomas del Estado todavía aguardarán por un gobierno que restaure su independencia después de años de captura política liderada por el fujimorismo.</p>   <p>El resultado ajustado obliga al nuevo gobierno a construir una mayoría de gestión que amplíe su base electoral. Un gobierno que llega al poder con menos de un punto porcentual de diferencia tiene en esa estrechez la oportunidad de demostrar que gobernar para todos es posible, si lo hace con visión estatal.</p>   <p>Gobernar solo para la mitad que lo eligió es la tentación más fácil y el camino más corto hacia la ingobernabilidad, solo superada por la violencia y la represión, como lo hizo la gestión de Dina Boluarte, quien aún goza de la impunidad que el Estado captura ofrece.</p>   <p>Veamos cómo quien resulte electo como próximo jefe de Estado gobierna para el país entero, incluida la mitad que votó distinto y además de los millones que eligieron ausentarse. Ese es el mandato real que dejan las urnas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ ¿Mal mayor?, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <![CDATA[ "La pelea será dura, pero, al final, estoy segura de que nos desharemos de ella y sus secuaces de un sacudón. Lo hicimos el año dos mil, cuando todavía la dictadura de su padre se juraba invulnerable". ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Maritza Espinoza]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Maritza Espinoza</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:38:11 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ ¿Mal mayor?, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El sábado, mientras el Perú elegía entre las dos opciones que algún dios cruel y cachaciento nos puso en el menú, Sertralina, mi adorada gata calicó de 15 años, partía hacia el cielo de los gatos. Por primera vez en décadas, mi atención estuvo ajena a una elección de segunda vuelta. Es más, desde la distancia, veía el escenario político como un teatro —o un circo, si prefieres—, con los peores actores imaginables, y decidí que este nuestro país, grandioso y milenario, superaría el daño que cualquiera de los dos candidatos en pugna pudiera causarnos, del mismo modo que ha superado sucesos aún más terribles en nuestra historia.<br><br>El miércoles por la noche, la suerte pareció inclinarse a uno de los lados: el de la orgullosa heredera de un dictador corrupto, gobernante en la sombra de dos períodos caóticos y cabeza de una organización que, bajo sus órdenes, ha operado en contra de los intereses ciudadanos. Al cierre de esta edición, las tendencias indicaban que ella sería la ganadora.<br><br>Entonces, las redes se llenaron de miedo más que de incertidumbre, pocos celebraban (no por nada solo uno de cada 10 peruanos votó por ella en primera vuelta) y una nube negra asomó en el horizonte. En este momento, en el país, el temor se huele en el ambiente. Tal vez porque los más jóvenes piensan que lo más terrible que hemos superado ha sido la dictadura de Alberto Fujimori. Y lo hicimos. El fujimontesinismo, ese período de 10 años de envilecimiento, sangre y corrupción, fue excretado en un lapso muy breve por ese organismo invencible llamado Perú. Ha dejado huella, como un cáncer que deja rastros de metástasis, pero que nunca volverá.<br><br>Por su parte, muchos de los mayores piensan que lo peor que nos pasó fue la guerra con Chile (1879-1883), pero la historia ha demostrado que, con los años y un fallo internacional que nos dio gran parte de razón, pudimos también superar las heridas que nos dejó y hoy tenemos una relación amigable con nuestro vecino más cercano.<br><br>Nuestra historia milenaria está llena de crisis, guerras y desastres. ¿Se imaginan el terror que sintieron los habitantes de Caral —la segunda civilización más antigua de la Tierra— cuando una megasequía se llevó todos sus cultivos, trajo hambrunas atroces e hizo desaparecer el magnífico río Supe que bañaba sus tierras? Pues de allí se levantaron y siguieron andando.<br><br>Un par de milenios después, la teocracia de Chavín —la más grande de las civilizaciones preincas y madre de muchas culturas posteriores— fue arrollada por masas indignadas con sus sacerdotes y su gran centro ceremonial fue profanado y usado como tierra de cultivo. Pero esta nación irreductible se levantó y siguió andando, como siguió haciéndolo varios siglos después, cuando otro mega Niño destruyó las tierras de los mochicas y, de paso, el poder de sus líderes, desatando guerras civiles y provocando la gran migración a Pampa Grande.<br><br>Ni qué decir de la viruela que mató, hace cinco siglos, a Huayna Cápac y a millones de sus súbditos como terrible preludio de la guerra fratricida entre Huáscar y Atahualpa, que debilitó tanto al Imperio inca que propició que la llegada de algunas docenas de barbudos desarrapados —pero dueños de la pólvora y los caballos— terminara aniquilando toda una civilización.<br><br>Pero si hablamos de desastres, cómo olvidar, en pleno apogeo de la Colonia, el terremoto de 1746 (se dice que llegó a 9 grados en la escala de Richter) que destruyó la capital y el tsunami posterior que mató a casi todos los habitantes del puerto del Callao. Se dice que, de los cientos de casas del centro de Lima, solo 25 quedaron en pie.<br><br>Que estas elecciones las gane justamente Keiko Fujimori es otro desastre. Todo indica que, comparada con el otro candidato, representa el temido mal mayor. Pero si bien es cierto que nuestra historia está llena de desastres y tragedias, también lo es su espíritu inquebrantable de lucha. Somos una nación que puede mirar de frente los milenios. ¿Por qué habríamos de asustarnos ante el ascenso al poder de una persona que, si contamos toda la masa electoral, que llega a más de 27 millones de votantes, apenas tuvo el apoyo de un tercio en segunda vuelta?<br><br>La pelea será dura, pero, al final, estoy segura de que nos desharemos de ella y sus secuaces de un sacudón. Lo hicimos el año dos mil, cuando todavía la dictadura de su padre se juraba invulnerable. Millones de peruanos marcharon por todos los rincones del país, hasta que el dictador acorralado huyó y renunció por fax. ¿Por qué habría de ser diferente esta vez?<br><br>Y algo más: podría jurar sobre los 18 tomos de <em>La historia del Perú</em> de Jorge Basadre y por la memoria de mi añorada Sertralina, que ninguno de los dos, ni padre ni hija, será recordado por nadie dentro de medio siglo.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
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                                <![CDATA[ La última ofensa de Sánchez, por Emilio Noguerol ]]>
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                            <![CDATA[ "Que quede escrito con todas sus letras, ya que él no quiso decirlo: esa izquierda que Sánchez despacha de un manotazo al día siguiente de que le dieran su voto fue más honesta, más propositiva, más eficiente, más leal a la democracia y más decente de lo que él ha sido y promete ser" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Roberto Sánchez se pronuncia tras conteo de votos.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Emilio Noguerol Uceda</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:16:08 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La última ofensa de Sánchez, por Emilio Noguerol ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay desplantes que no deben pasar inadvertidos, especialmente aquellos que se hacen contra quienes dedicaron su vida política a construir nación. Cuando el periodista César Hildebrandt le leyó, este lunes, a Roberto Sánchez aquella sentencia que Ricardo Uceda hiciera en su columna del domingo —“no veo a Barrantes acompañado de un asesino de policías, ni a Pease mostrando un plan obtenido a la hora undécima, ni a Jorge del Prado robándose el dinero de sus militantes”—, el candidato tuvo delante una oportunidad y la convirtió en una confesión (aunque no muy cristiana). Pudo haber reclamado esa herencia de la izquierda democrática y decente. En cambio, preguntó dónde estaban ahora esos “ilustrados”, esa “izquierda dorada”, esa “academia”. Los nombró para acusarlos como parte del problema, como si fueran corresponsables del país que él mismo describe como república fallida y que, en su abultado ego, cree ser capaz de refundar.</p>   <p>Conviene detenerse en la magnitud de la impertinencia, porque no es menor y no se la debe dejar pasar como un tropiezo de campaña (una que ya había culminado, dicho sea de paso, pero así de torpe es).</p>   <p>Alfonso Barrantes no nos legó una república fallida, nos legó el Vaso de Leche, que sobrevivió a todos los gobiernos que vinieron a enterrarlo. Nos legó la primera demostración, en un continente que se desangraba en guerrillas, de que un marxista podía ganar una alcaldía y gobernarla con decencia y pluralismo. Y, en general, esa izquierda nos legó una obra de pensamiento sobre la descentralización y el poder local que todavía se estudia, y una conducta parlamentaria que hoy parecería de otro planeta. Es injusto atribuirle la democracia híbrida que hoy tenemos. Sus integrantes no capturaron tribunales ni compraron jueces ni vaciaron las arcas. Y, ciertamente, tampoco nos legaron un historial de proyectos de ley de apoyo a la minería ilegal, por ejemplo, ni fueron ministros de un golpista. La mayoría murió, o envejece dignamente, sin haber tenido jamás el poder que haría falta para arruinar un país y que Sánchez sí ha gozado como parte de la funesta administración castillista.</p>   <p>Pero reducir aquel legado al Vaso de Leche sería quedarse corto, y conviene precisarlo. La izquierda que Sánchez cataloga como “dorada” gobernó 19 de los 40 municipios de Lima y plazas como Puno, Cusco y Huancayo, y lo hizo en los peores años de la crisis y el terror, cuando administrar una ciudad era jugarse la vida. De ahí salió una arquitectura de bienestar que el Estado peruano no había sabido construir en décadas: políticas públicas que recogieron y dignificaron redes de subsistencia que las propias mujeres de los barrios ya habían levantado —los comedores populares, los comités, las ollas comunes— y las convirtió en interlocutoras reconocidas del Estado, con personería y derechos. Esto constituyó la originaria institucionalización de la organización popular y no mero asistencialismo. Esa izquierda de la que Sánchez reniega alfabetizó dirigentes, formó cuadros vecinales, pensó la descentralización antes de que fuera reforma constitucional y demostró que el poder local podía ser una herramienta de transformación y no un botín de improvisados. Lo que hoy queda en pie de tejido social en las zonas populares de Lima —y lo poco que en los noventa no se logró desmantelar— tiene esa partida de nacimiento.</p>   <p>Por eso, la maniobra de Sánchez es reveladora: quien no puede subir a la altura del que lo mide, intenta bajarlo a la suya. No pudiendo reclamar la talla de esa izquierda, optó por querer embarrarla: si yo no le llego a Barrantes, que Barrantes cargue conmigo con el peso del Perú de hoy. Figúrense el descaro y el resentimiento disfrazado de balance histórico. Y es, además, un falso reparto de culpas, esa vieja trampa del “todos son responsables” con que se disuelve toda responsabilidad: cuando todos cargan con todo, nadie responde por nada, y solo así la distinción incómoda, que separa a una izquierda respetable de la suya, se evapora frente al ojo distraído.</p>   <p>Hay un detalle que ningún lector debería pasar por alto, especialmente alguien que se identifique en la izquierda del compás político. Muchos de los agraviados están vivos. Y muchos de ellos —intelectuales, viejos militantes, gente que sabe perfectamente lo que Sánchez es y lo que no es— pusieron su nombre, su firma y su prestigio detrás de esta candidatura. No por entusiasmo, sino por deber histórico. Votaron y llamaron a votar para cerrarle el paso a la heredera de la dictadura que, por ejemplo, los defenestró de sus curules en 1992. Le obsequiaron a Sánchez una legitimidad que él, por sí solo, jamás habría reunido si no hubiese estado frente al fujimorismo. Y el agradecimiento ha llegado en forma de pregunta despectiva: ¿dónde está esa izquierda dorada? Está ahí, Roberto. Está firmando manifiestos por usted, a pesar de usted. Está prestándole la respetabilidad que acaba de escupir en su pequeña cámara web delante de una bandera del Perú forrada en plástico para no mancharse más.</p>   <p>No solo fueron mediocres las respuestas de este señor, sino que escogió, entre todas las salidas posibles, la más mezquina: ofender a quienes lo sostienen para no admitir que no les llega a sus mayores. Se desmarcó de la Izquierda Unida con un “yo no vengo de ahí” para esconderse tras una sotana que nunca tuvo.</p>   <p>Que quede escrito con todas sus letras, ya que él no quiso decirlo: esa izquierda que Sánchez despacha de un manotazo al día siguiente de que le dieran su voto fue más honesta, más propositiva, más eficiente, más leal a la democracia y más decente de lo que él ha sido y promete ser. No nos legó el desastre que tenemos hoy, que responde a un fallo sistémico mucho más reciente. Nos legó lo poco rescatable que tenemos. Y merecía, de quien hoy se beneficia de su nombre, algo más que el desprecio del advenedizo que confunde llegar con merecer.</p>   <p>Y acaso de eso se trata, más que de Sánchez, cuyo liderazgo, tejido de enmendaduras, pasará a la irrelevancia. Si la izquierda peruana quiere volver a ser algo más de lo que es hoy (lo mismo que se le exige a la rancia y mediocre derecha de nuestra oferta política), tendrá que hacer exactamente lo contrario de lo que él hizo esa noche (y este miércoles, cuando muchos de ellos están a punto de bautizarse como nuevos fraudistas): en vez de renegar de sus mayores, leerlos. Volver a los diarios de debates de aquellos senadores y diputados que discutían con altura; releer a los pioneros de la descentralización, la participación ciudadana y el poder popular; recuperar la memoria de los alcaldes que gobernaron con las manos limpias en medio del fuego (muchos de ellos asesinados por SL), y de los líderes sociales —tantas mujeres anónimas— que inventaron la solidaridad organizada que el Estado no daba. Sin ánimo de repetirlos como estampas: para consolidar lo que quedó pendiente.</p>   <p>A los que esa noche se sintieron ofendidos habría que decirles que el agravio no los empequeñece, retrata a su emisario.</p> ]]></content:encoded>
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