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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Fri, 12 Jun 2026 13:52:00 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Máxima ansiedad, por Jorge Bruce ]]>
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                            <![CDATA[ "Mientras no seamos capaces de enfrentar ese desafío y persistamos en creer que hay personas con privilegios que deben ser respetados por una mayoría de personas consideradas, en la práctica cotidiana, como inferiores, debemos esperar que sucedan antagonismos como estos que estamos sufriendo en las elecciones" ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Jorge Bruce</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:52:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Máxima ansiedad, por Jorge Bruce ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Escribo estas líneas antes de conocer el resultado de la segunda vuelta electoral, lo cual me exime de referirme a las candidaturas en liza. Más bien, me autoriza a explorar los afectos y sus causas detrás de esta reñida y angustiante lid. Empecemos por una pregunta que cada cual puede responder en su fuero interno: ¿por qué cada cinco años reproducimos, con variantes no significativas, el mismo escenario de polarización a nivel nacional? ¿Por qué esta polarización se hace cada vez más tóxica (para hablar en el lenguaje de las relaciones de pareja)?</p>   <p>Todos hemos podido constatar el aumento de las tensiones no solo entre los dos grupos políticos que se disputan el poder, sino también entre amigos, relaciones profesionales e integrantes de la misma familia, como una falla sísmica que recorre el territorio de nuestras opiniones con su respectiva coloración afectiva. El término &#039;falla&#039; en este contexto no es casual. Alude a esa fractura de la cual ninguna sociedad nacional está exenta, pero que en el Perú pareciera insuperable.</p>   <p>Lo cual nos permite comenzar a responder a la pregunta formulada en el primer párrafo. Si este escenario se repite, se debe, en primer lugar, a que, en más de 200 años de historia, no hemos sido capaces de cerrar esa brecha a niveles compatibles con la esencia de una comunidad nacional. Todo apunta a que insistimos en dedicar una magnitud considerable de energía social para mantener esa división, esa desigualdad, esas categorías de ciudadanía carentes de los mismos derechos.</p>   <p>Mientras no seamos capaces de enfrentar ese desafío, mientras persistamos en creer que hay personas con privilegios que deben ser respetados por una mayoría de personas consideradas, en la práctica cotidiana, como inferiores, debemos esperar que sucedan antagonismos como estos que estamos sufriendo en las elecciones. Todas las sociedades del mundo se enfrentan a males como el racismo, el clasismo, el machismo o la homofobia. Todas, porque los humanos tenemos la tendencia a clasificar a las personas por su cantidad de bienes, su color de piel, su identidad sexual o cualquier otra línea demarcatoria. Lo que hace la diferencia es cómo el Estado resuelve estas diferencias.</p>   <p>Esto no es cuestión solo de leyes. La Constitución peruana proscribe explícitamente la discriminación por etnia o poder económico. Sin embargo, cualquiera puede constatar en la calle cómo se transgreden esas prohibiciones a diario. Desde clubes que impiden que las trabajadoras del hogar se bañen en las piscinas hasta playas que son privatizadas por la forma en que están diseñadas, donde las trabajadoras del hogar tampoco se pueden bañar en el mar fuera de ciertos horarios. También está el transporte público indigno, insalubre y humillante que vemos a diario en las calles. Lo cual se puede hacer extensivo a todos los servicios públicos. La atroz mortalidad de la pandemia de la COVID-19 desnudó ferozmente esta desigualdad en la atención a los enfermos.</p>   <p>Es triste constatar que, así como en la pandemia tuvimos la mayor letalidad del mundo en términos proporcionales, acumulamos récords en número de violaciones, en particular a niñas; resultados deplorables en las pruebas PISA en educación; e índices generales de desconfianza. Todo apunta a que esa brecha social, lejos de disminuir, se ensancha.</p>   <p>Hay quienes piensan que esto se resuelve con un mayor crecimiento económico. Esto es asombroso, porque tuvimos, en el siglo XXI, muchos años de crecimiento sostenido y eso no impidió que, cuando llegó la pandemia, descubriéramos que había 100 camas UCI para todo el país. Podría seguir enumerando estas iniquidades, como la escasez de servicios de agua potable o energía eléctrica en la propia capital. Pero creo que no hace falta, pues son de todos conocidas esas carencias.</p>   <p>En lugar de buscar culpables, busquemos respuestas que nos permitan dialogar y concertar. Estos problemas seculares han sido señalados por muchos académicos y políticos. Pero no hemos sido capaces de unirnos para enfrentar estos retos gigantescos. Respuestas simplistas, como el Estado ineficiente o la rapacidad de quienes más tienen, no permitirán salir de este entrampamiento.</p>   <p>Por eso, los afectos que emergen cada lustro están impregnados de rencor justificado ante las flagrantes injusticias, de un lado, y de temor ante la emergencia de esa rabia y ese dolor frente a la injusticia y la impunidad, del otro. Esto no se resolverá si persistimos en recetas que han probado su ineficacia. Si un paciente estalla en cólera en el consultorio, el psicoanalista tiene el deber de preguntarse por los motivos que subyacen a ese exabrupto, que no proviene solo de su pasado, sino también de lo que está sucediendo en el ámbito compartido entre esas dos personas unidas por un vínculo de alta complejidad. Eso que llamamos el aquí y ahora.</p>   <p>Esta idea del aquí y ahora me parece fundamental para entender y cambiar lo que estamos haciendo mal en el país. Necesitamos comprender mejor por qué insistimos en mantener esa herida infectada, sin esforzarnos en curarla. Necesitamos que esos remedios, esas soluciones, provengan del diálogo y la escucha. Eso precisamente no se ha observado en esta segunda vuelta, donde más bien han primado el antagonismo y las imprecaciones. Va a ser difícil lograr ese entendimiento básico después de tanto agravio y desprecio.</p>   <p>Felizmente, el electorado peruano no le ha dado a ningún grupo la mayoría en el Congreso. Ojalá esta sea una ocasión para recuperar esa capacidad de hacer política que hoy parece haberse extraviado.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Los familiares al centro, por Eliana Carlín ]]>
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                            <![CDATA[ Es urgente unir esfuerzos de organizaciones en defensa de derechos humanos para garantizar la seguridad de activistas y defensores, ante un entorno de creciente persecución política. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Eliana Carlín]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Eliana Carlín</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:43:52 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Los familiares al centro, por Eliana Carlín ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Gisella Ortiz siempre me ha parecido una persona admirable. La hermana de Luis Enrique Ortiz, estudiante de la Universidad Nacional de La Cantuta asesinado por el Grupo Colina al mando de Alberto Fujimori, es la imagen de la supervivencia y la perseverancia. ¿Cómo habría sido su vida si esa noche no hubiera desaparecido Luis Enrique? Ella era la líder femenina de las estudiantes de provincias en la residencia universitaria. Cada vez que la escucho o la leo, pienso en mi propio hermano y en lo que hubiera sido de mi vida si hubiera corrido la suerte de Luis Enrique. Gisella, su fuerza, su persistencia y su valentía interpelan y sublevan. Su hermano Luis Enrique no era un terrorista, y ella ha dedicado su vida entera a demostrarlo y a buscar justicia. En este momento, ella no está sola. Quienes seguimos su camino estamos con ella y con todos los familiares de víctimas.</p>   <p>La circunstancia terrible del segundo fujimorato debe poner al centro a los familiares de las víctimas y generar un llamado urgente de protección de su integridad y sus derechos humanos. Los antecedentes del trato a la oposición son de público conocimiento, y no podemos dar la espalda a quienes han dedicado media vida a la búsqueda de justicia. Que la campaña haya terminado sin esa exigencia no es excusa: es precisamente una alerta crítica que ahora hay que atender. Recordemos que, en el bloque de derechos humanos del debate presidencial, Fuerza Popular habló sobre carreteras. Ni siquiera esa evasión pareció incomodar a quienes desde sus butacas predicaron equidistancia.</p>   <p>Las organizaciones sociales, de defensa de los derechos humanos y los espacios de memoria deben converger en un frente común. La tarea urgente es desarrollar medidas de seguridad para defensores y defensoras, activistas, periodistas críticos y miembros del sistema de justicia que ya sufren persecución política bajo el cogobierno congresal de Fuerza Popular. El poder total que se avecina solo profundizará los abusos. No es momento de esperar: es momento de organizarse.</p>   <p>Termino citando un fragmento de la hermosa encíclica &#039;Magnífica Humanitas&#039;, de León XIV:</p>   <p>“Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en «no ser cómplices». Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el papa Francisco, debemos «tocar la carne» de quienes sufren: mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido”.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Reconstruir la República: instituciones, regiones y futuro democrático, por​​Diego García-Sayán ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/reconstruir-la-republica-instituciones-regiones-y-futuro-democratico-pordiego-garciasayan-hnews-489948</link>
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                            <![CDATA[ "Más allá de las preferencias partidarias, el desafío consiste en fortalecer las instituciones, recuperar la confianza pública y construir un Estado capaz de responder eficazmente a las necesidades de todos los peruanos" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Reconstruir la República]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Diego García Sayán</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:39:11 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Las elecciones se desarrollan en un contexto excepcional. Después de años de inestabilidad política, confrontación institucional, creciente desconfianza ciudadana y corrupción, el Perú enfrenta el desafío de decidir no solo quién gobernará durante los próximos años, sino también qué tipo de Estado y de democracia desea construir para las próximas décadas.<br><br>La discusión pública suele concentrarse en liderazgos, controversias y estrategias electorales. Sin embargo, los problemas fundamentales del país son más profundos. Tienen que ver con la calidad de las instituciones, la eficacia del Estado, la confianza ciudadana y la capacidad de generar oportunidades para todos los peruanos.<br><br>Una primera tarea pendiente consiste en reafirmar el principio de independencia de poderes. La crucial independencia del sistema de justicia constituye una garantía esencial para la vigencia del Estado de derecho. Los jueces y fiscales no existen para servir a gobiernos, partidos o grupos de interés. Su función es proteger la legalidad y los derechos de los ciudadanos con base en la Constitución y las obligaciones internacionales sobre derechos humanos. Cuando la independencia judicial se debilita, se debilitan también el peso de la democracia y la protección de las libertades fundamentales.<br><br>Igualmente importante resulta fortalecer el <em>equilibrio entre los poderes del Estado</em> y los <em>pesos y contrapesos</em>. El Congreso cumple funciones legislativas, pero también responsabilidades de representación, control y fiscalización. Una democracia madura necesita contrapesos eficaces, transparencia y rendición de cuentas. La calidad institucional depende de la capacidad de cada poder para ejercer sus competencias respetando los límites establecidos por la Constitución.<br></p>   <h2>Regiones e integración nacional</h2>   <p>El desarrollo regional constituye otro desafío estratégico. Las profundas brechas territoriales que aún persisten en infraestructura, educación, salud, conectividad y acceso a oportunidades económicas reflejan una tarea pendiente de la República. Durante décadas, numerosos ciudadanos han percibido que las decisiones nacionales se adoptan lejos de sus necesidades y aspiraciones. Superar esa distancia requiere una <strong>descentralización efectiva</strong>, acompañada de capacidades de gestión, transparencia y responsabilidad pública.<br><br>La construcción de un país más integrado exige reconocer que el desarrollo de las regiones no es un asunto secundario. Constituye una <em>condición indispensable</em> para la cohesión social, la estabilidad política y el crecimiento económico sostenible. Un país fragmentado territorialmente difícilmente podrá consolidar una democracia viable y fuerte.<br><br>La <em>lucha contra la corrupción</em> continúa siendo una prioridad ineludible. La corrupción no solo afecta la ética pública. También reduce la calidad de los servicios, distorsiona las decisiones de inversión, debilita la confianza ciudadana y erosiona la legitimidad de las instituciones. Combatirla exige fortalecer los organismos de control, garantizar la transparencia y promover una cultura de integridad en todos los niveles del Estado.<br><br>Al mismo tiempo, el país necesita recuperar una cultura política basada en el <em>diálogo democrático</em>. Las sociedades complejas no avanzan mediante la confrontación permanente. Los grandes desafíos nacionales —seguridad ciudadana, educación, competitividad, formalización económica y fortalecimiento institucional— requieren acuerdos amplios y políticas de largo plazo.<br><br>Por ello, el debate político, y lo que queda del debate electoral, debería centrarse en programas, propuestas y capacidades de gestión. Los ciudadanos tienen derecho a exigir claridad sobre los objetivos, mecanismos de implementación y resultados esperados de cada alternativa política. La calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad del debate público.<br><br>La elección presidencial ofrece una oportunidad medular para reflexionar y decidir sobre estas cuestiones fundamentales. Más allá de las preferencias partidarias, el desafío consiste en fortalecer las instituciones, recuperar la confianza pública y construir un Estado capaz de responder eficazmente a las necesidades de todos los peruanos.</p>   <h2><strong>Que funcionen las instituciones</strong></h2>   <p>La democracia no se fortalece únicamente mediante elecciones periódicas. Se fortalece cuando las instituciones funcionan, cuando los derechos son respetados, cuando los ciudadanos confían en la justicia y cuando las regiones participan plenamente en la construcción del proyecto nacional. Esa es la tarea pendiente. Y esa es también la oportunidad que tiene el Perú en esta hora electoral.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El reto de la política exterior durante las elecciones, por Oscar Vidarte ]]>
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                            <![CDATA[ En el año 2000, el gobierno de transición liderado por Valentín Paniagua y su canciller Javier Pérez de Cuéllar tuvo que rescatar al país luego de la dictadura fujimorista. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Conoce cuáles son los consejos del MRE ante las trabas impuestas por México.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Oscar Vidarte Arévalo</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:39:36 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Luego de 10 años de crisis política, debilitamiento de la democracia y violaciones a los derechos humanos, la política exterior peruana quedó muy afectada. Si bien los principales ejes de nuestro accionar exterior continúan al margen de los diferentes gobiernos que hemos tenido, esto no significa que nuestro posicionamiento internacional se haya fortalecido; todo lo contrario.</p>   <p>A nivel regional, en mayor o menor medida, nuestros vínculos bilaterales se han visto perjudicados con diferentes países. Somos un país que genera mucha desconfianza, lo que impide construir relaciones internacionales sólidas.</p>   <p>El liderazgo que el Perú logró ejercer a nivel regional ha desaparecido. A pesar de ser un país mediano en la región, el Perú promovió el Consenso de Viña del Mar a finales de los años 60, hizo posible la creación del Grupo de Apoyo a Contadora en los años 80 y, ya en el siglo XXI, fue fundamental para la firma de la Carta Democrática Interamericana y el surgimiento de la Alianza del Pacífico. Más recientemente, también fuimos artífices del fallido Grupo de Lima. Esos tiempos son parte del pasado.</p>   <p>Nadie duda de la solidez y el profesionalismo de nuestro servicio diplomático, pero la crisis escapa de sus manos. Más bien, mantener las bases de nuestra política exterior —tales como la dinámica económica, la relación con las grandes potencias mundiales o nuestro interés por el regionalismo, a pesar de las dificultades— ha sido posible gracias al trabajo de la Cancillería.</p>   <p>En todo caso, en estas circunstancias, ¿creen que algún país buscaría construir vínculos con otro cuyo gobierno podría cambiar en pocos meses, tal como ha sucedido en el Perú? El próximo gobierno necesita recuperar la reputación del país, además de reconstruir nuestras relaciones tanto a nivel bilateral como multilateral.</p>   <p>En el año 2000 vivimos una realidad similar. El gobierno de transición liderado por Valentín Paniagua y su canciller Javier Pérez de Cuéllar tuvo que rescatar al país. Luego de la dictadura fujimorista, el Perú era considerado un país gobernado por corruptos, sin el menor respeto por el Estado de derecho. Fue difícil, pero se logró recuperar la democracia y la credibilidad del país. Sin ello, años después habría sido muy difícil negociar acuerdos comerciales importantes como los que logramos con Estados Unidos y la Unión Europea.</p>   <p>Este miércoles nos encontramos en una situación similar. El reto para nuestra política exterior es enorme, pero estoy seguro de que, al igual que hace 25 años, vamos a lograr superarlo.</p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El incendio boliviano, por Ramiro Escobar ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/el-incendio-boliviano-por-ramiro-escobar-hnews-495300</link>
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                            <![CDATA[ "Aunque parece que este presidente no midió la fuerza de la calle y del movimiento social, que históricamente tiene peso en Bolivia" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Con 3 votos en contra, la medida se da en medio de más de 20 días de protestas por parte de la Central Obrera Boliviana. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Ramiro Escobar</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:31:26 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El incendio boliviano, por Ramiro Escobar ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Allá por el año 2009, por una de esas fortunas de la vida, me invitaron a una conferencia en Cochabamba, una de las ciudades más importantes de Bolivia. Para cierta sorpresa mía, lo que me encontré no fue, en modo alguno, un colectivismo andino o algo similar, sino una carrera de autos, más bien propia de un país en bonanza y relajado.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Al país vecino no le iba mal entonces. Crecía sostenidamente, al punto que el Banco Mundial, en algún momento, felicitó al gobierno de Evo Morales por su gestión económica. No parece cierto, por eso, que los tiempos del Movimiento al Socialismo (MAS) fueran siempre un fracaso. La macro y la microeconomía evista convivían entonces con cierto éxito.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">En ese mismo viaje, sin embargo, fui a una comunidad andina y unos campesinos me contaron que, en una ocasión, Morales llegó y regaló dinero en efectivo. Ese era, según me dijo un analista político, uno de los problemas del gobierno: el despilfarro. Y otro problema, grave, fue no prever cómo manejaría en el futuro la riqueza gasífera boliviana, más allá de verla como una caja de programas sociales.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Además, la insistencia de Morales en creerse un predestinado, lo que lo llevó a forzar una reelección a pesar de haber perdido un referéndum que se lo prohibía en 2016, terminó de contaminar el sistema político boliviano. El líder cocalero se perfiló entonces como un obsesionado por el poder.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Morales salió del poder en medio de un tumulto social en 2019, pero el MAS volvió al poder en 2020 con Luis Arce, el exministro de Economía de Morales, y entonces vino el declive del movimiento. Luego, en 2025, gana las elecciones Rodrigo Paz, quien triunfó tras hacer acuerdos tácitos con las distintas facciones de ese movimiento o con votantes proclives a la izquierda. Su victoria era el escenario menos malo para ellos.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Una vez llegado al gobierno, Paz se ha convertido en un miembro más de la derecha pro-Trump regional. Además, tomó medidas que agitaron seriamente las calles: una reforma agraria al revés y una anulación de los subsidios a los combustibles. Su propio vicepresidente, Edman Lara, se ha puesto en contra de él. ¿Sobrevivirá? Siempre es una mala noticia que haya una crisis política en el barrio. Aunque parece que este presidente no midió la fuerza de la calle y del movimiento social, que históricamente tiene peso en Bolivia</span></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El rinoceronte llega a Madrid, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <![CDATA[ Cuando Garcilaso de la Vega llegó a España para reclamar mercedes por los servicios militares de su padre y la restitución patrimonial de su madre, el cronista quedó también sorprendido por la imagen, esculpida en piedra, de un extraño animal proveniente de la India. ¿Qué impresiones produjo en él? ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 09:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El rinoceronte llega a Madrid, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El mar se acabó y comenzó el <strong>Viejo Mundo</strong>. En el barco llegaba a Lisboa <strong>Gómez Suarez de Figueroa</strong>, quien después sería conocido como <strong>Garcilaso de la Vega.</strong></p>   <p>Esta era la primera etapa del viaje que emprendía nuestro compatriota, cuyo objetivo era ver al rey de España y solicitarle que reconociera los servicios prestados a la Corona en el Perú por su fallecido padre Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas.</p>   <p>Nos lo contó con pelos y señales, y como si hubiese estado ahí presente, <strong>José Antonio Mazzotti</strong>, quien era el organizador de un congreso sobre el Inca que se celebraría en Sevilla, en septiembre del 2008.</p>   <p>Fallecido hace dos años, Mazzotti, el mayor de los investigadores sobre el tema y también mi fraternal amigo, me propuso hacer un libro sobre el evento. Obviamente acepté y publicamos <em>Garcilasismo creativo y crítico: nueva antología</em> (Axiara Editions). De ese libro, y de mi mala memoria, provienen estos recuerdos.</p>   <p>Al llegar a la capital del imperio portugués, lo primero que se dibujó en el aire fue la deslumbradora torre de Belém.</p>   <p>Lo que primero llamó la atención de Garcilaso fue un rinoceronte de piedra. No tenía conocimiento de que existiera esa raza animal. Gualterio Palacios, su amigo y acompañante, le explicó que el primer ejemplar había llegado de la India.</p>   <p>-Nuestros colonos se lo enviaron al rey.</p>   <p>Elefantes había ya en Lisboa, pero <strong>el rinoceronte</strong> era una bestia inimaginable. Viajeros de uno y otro país iban exclusivamente a visitarlo, y su fama llegó hasta el propio papa León X, quien expresó su deseo de conocerlo.</p>   <p>-El rey, con gran pesar de su parte, embarcó a su querido rinoceronte en una travesía hacia Roma. Lamentablemente, una tempestad hundió el barco y mató a toda su tripulación. El cadáver del rinoceronte fue rescatado y, en su homenaje, Manuel I mandó cincelar una bestia de piedra en el baluarte.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/12/6a2ab80e2766a31b1f0350e0.jpg" alt="Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana." width="1250" height="735"/><figcaption>Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana.</figcaption>   <p>Después de tocarlo y olerlo, Gómez Suárez se puso delante de él y le preguntó al capitán Palacios:</p>   <p>-¿Me parezco a él? ¿Soy yo también un rinoceronte?</p>   <p>Se refería al escaso conocimiento que había en Europa acerca de los hombres que habitaban América.</p>   <p>Según la imaginación popular, algunos de ellos tenían cabeza de perro y ladraban en vez de hablar.</p>   <p>En América caminaban hombres con un ojo en la frente y otros marchaban con cascos de caballo. Los había sin nariz, de cara plana, sin boca, y eran dueños de un orificio por el cual respiraban, bebían y comían.</p>   <p>Quienes no habían salido de la península preguntaban a los viajeros si se habían encontrado con hombres de una sola pierna que saltaban con la agilidad de los conejos o con sujetos de pies invertidos a quienes no importaba adónde iban sino de dónde venían.</p>   <p>De acuerdo con ellos, pululaban en ese otro mundo personas que veían mejor de noche que de día, y hombres de pelo blanco en la juventud y negro en la vejez, quienes aprovechaban la sabiduría de la edad para emprender aventuras amorosas.</p>   <p>No hablar el mismo idioma de los colonizadores ni darle el mismo nombre a la divinidad revelaba, por un lado, carencia del lenguaje y, por otro, escasez de Dios, y, por eso, tales hombres no podían ser dueños de nada y habitaban sus tierras sin derecho alguno. Ese razonamiento hizo fácil al papa Alejandro VI firmar la bula en que entregaba esas tierras -supuestamente sin dueño- a los reinos de España y Portugal.</p>   <p>Había tenido que pasar medio siglo desde la llegada de Colón para que, en 1537, la bula papal de Pablo III declarara que los indios americanos eran hombres verdaderos, racionales y dotados de alma.</p>   <p>Sin embargo, la declaración del papa no era conocida por todos.</p>   <p>-Capitán, en Cusco, mi tierra, cuando nacía un mestizo, la comadrona le contaba los dedos de los pies por temor de que hubieran nacido con once, doce o más.</p>   <p>-Y usted, Garcilaso, ¿cuántos dedos tiene?</p>   <p>-Es posible que me tomen por un rinoceronte.</p>   <p>El Inca, que por entonces tenía veintidós años, llegó después a Madrid, pero no consiguió lo que buscaba.</p>   <p>Por fin, el licenciado Lope García de Castro, presidente del Consejo de Indias, le espetó en su cara que su padre era un traidor.</p>   <p>Felipe II no lo recibió. Acaso, el primer mestizo de América, el futuro autor de los <em><strong>Comentarios Reales de los Incas</strong></em> -y uno de los tres escritores más importantes de su siglo, junto con <strong>Cervantes</strong> y <strong>Shakespeare</strong>-, se quedó pensando: “Sí, tal vez soy un rinoceronte”.</p> ]]></content:encoded>
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                            <title>
                                <![CDATA[ Una suspensión con destinatario ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/una-suspension-con-destinatario-editorial-1079484</link>
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                            <![CDATA[ El magistrado que encarceló a Keiko Fujimori queda fuera del sistema anticorrupción en plena disputa electoral por la JNJ. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 07:57:21 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Una suspensión con destinatario ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Pleno de la Junta Nacional de Justicia acordó el lunes suspender preventivamente por seis meses al juez Richard Concepción Carhuancho. La decisión se tomó por mayoría, con el voto dirimente del vicepresidente del organismo, Víctor Chanduví, y el acta del acuerdo llegó a la prensa antes de que el magistrado recibiera notificación formal alguna. Ese detalle, aparentemente procesal, revela el espíritu de la medida: la suspensión se ejecutó para ser vista.</p>   <p>El cargo central contra el juez consiste en haber adelantado opinión al incluir la imagen de Nicanor Boluarte en una diapositiva durante una exposición académica sobre prisión preventiva. A ese cargo se suma el haber dictado clases en un instituto privado y haber interpretado la canción &#039;Triciclo Perú&#039; en un evento jurídico, conducta que la JNJ considera lesiva para la imagen del Poder Judicial. Ante ello, la defensa calificó la medida de desproporcionada y señaló que la ley exige razones graves para apartar a un juez de su cargo. La desproporción entre los cargos y la sanción es, precisamente, el punto político de la decisión.</p>   <p>Carhuancho es el magistrado más emblemático del sistema anticorrupción peruano. Fue uno de los jueces del proceso contra Keiko Fujimori por lavado de activos. Vale recordar que, en octubre de 2018, dictó su primera prisión preventiva por 36 meses.</p>   <p>Lo que ocurre con su suspensión es que, desde ahora, queda apartado de la Corte Superior Nacional de Justicia Penal Especializada, el tribunal que ve los principales procesos por corrupción y lavado de activos, incluidos casos contra líderes del pacto de gobierno que controla el Ejecutivo y el Congreso.</p>   <p>La decisión se adoptó tres días después de la segunda vuelta electoral, con el conteo oficial de la ONPE aún en curso y con la posibilidad, aún por oficializarse, de que la próxima mandataria sea la señora Fujimori.</p>   <p>No en vano, la virtual senadora de Ahora Nación, Mirtha Vásquez, consignó que &quot;es un hecho sintomático ante la posible llegada de un gobierno acusado de cooptar estas instituciones&quot;. El contexto convierte el procedimiento disciplinario en una señal política de primer orden.</p>   <p>Hace un mes, el presidente del Congreso, el fujimorista Fernando Rospigliosi, pidió públicamente &quot;barrer&quot; del Poder Judicial a los magistrados que defienden su independencia. Cuando el titular del Legislativo enuncia ese objetivo y, semanas después, la JNJ actúa en esa dirección, el expediente disciplinario adquiere el carácter de ejecución de una agenda declarada. La institucionalidad peruana enfrenta entonces la pregunta subsecuente: hasta dónde llegará &quot;el procedimiento&quot; y cuándo empezará la operación.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
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                                <![CDATA[ Alcemos la mirada, por Martín Fariña von Buchwald ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/10/alcemos-la-mirada-por-martin-farina-von-buchwald-hnews-868790</link>
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                            <![CDATA[ Conviene recordar, además, que el doctor Amprimo no es un observador externo: él mismo declara integrar el consejo superior del Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Lima. Su opinión es legítima, pero es la de un partícipe del ecosistema que vive de él, no la de un evaluador independiente. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Alcemos la mirada]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 11 Jun 2026 15:23:38 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Alcemos la mirada, por Martín Fariña von Buchwald ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hace pocos días, el doctor Natale Amprimo Plá publicó la columna &#039;Algo raro se está cocinando&#039;, donde critica —con razones atendibles— una propuesta normativa sobre el registro de centros de arbitraje y menciona, entre los centros que prestigian el sistema, el de Arequipa junto a los de Lima. Leyéndolo, uno queda con la impresión de que, salvo por la torpeza del legislador, todo está bien: el arbitraje funciona, los centros son serios, el sistema se cuida solo.</p>   <p>Pero alcemos la mirada. Cuando uno deja de mirar el expediente y mira Arequipa, Puno y Cusco desde la calle —no desde la mesa de partes—, la impresión es la contraria: hace falta una reforma profunda e integral de cómo se gestiona, con modernidad, la justicia en el sur andino, empezando por el arbitraje y sin invisibilizar a la gente.</p>   <p>Conviene recordar, además, que el doctor Amprimo no es un observador externo: él mismo declara integrar el consejo superior del Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Lima. Su opinión es legítima, pero es la de un partícipe del ecosistema que vive de él, no la de un evaluador independiente. La pregunta de fondo no es si la justicia funciona para quienes la administran, sino si funciona para los arequipeños, cusqueños y puneños a quienes hemos invisibilizado.</p>   <h2>La justicia bajo amenaza</h2>   <p>Mientras Lima debate quién puede registrar un centro de arbitraje, en la periferia los operadores de justicia trabajan con miedo. Fiscales y jueces que investigan la minería ilegal reciben amenazas de muerte; tras los atentados contra sedes del Ministerio Público, muchos despachan a distancia o bajo resguardo: llegar a su propio despacho se volvió un riesgo. Y las fiscalías ambientales llevan años sin presupuesto para perseguir el delito.</p>   <p>A los periodistas les va peor: en 2025 fueron asesinados cuatro en el Perú y se registraron centenares de ataques contra la prensa, el peor año para el periodismo desde los noventa. Que la prensa denuncie las injusticias sin miedo no es un lujo: es parte integral de la justicia en una sociedad. Donde se asesina a los centinelas de la verdad, la impunidad deja de ser un accidente y se convierte en sistema.</p>   <h2>Las preguntas incómodas</h2>   <p>Alzar la mirada obliga a preguntas que el ecosistema legal prefiere no formular. ¿Por qué un abogado que defiende a mineros ilegales gana varias veces lo que ganan el fiscal que los investiga, el juez que los juzga y el periodista que los denuncia? ¿Cómo se explica que un árbitro en Lima, con corbata y aire acondicionado, cobre mucho más que el fiscal amenazado de muerte en Arequipa o Puno por hacer su trabajo? Cuando defender la ilegalidad paga más que perseguirla, el sistema dice con nitidez qué valora y a quién sirve.</p>   <p>Y la pregunta de fondo es más dura: ¿sirve nuestro sistema de justicia —incluido el arbitral— para dar justicia a la gente o para silenciarla? Por eso importa poner luz sobre quiénes tienen influencia desmedida en los centros de arbitraje: si intereses específicos capturan sus decisiones, esos centros pierden independencia y terminan sirviendo a un interés, no a los arequipeños, ni puneños, ni cusqueños.</p>   <h2>Las dos ciudades</h2>   <p>Hace 16 siglos, san Agustín preguntó en &#039;La Ciudad de Dios&#039;: sin justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones? Para Agustín, la justicia verdadera no era cumplir leyes: un Estado puede tener poder, riqueza y procedimientos, y haber perdido su legitimidad si no se orienta al bien común. La injusticia nace de un desorden en los amores —el <em>ordo amoris</em>—: cuando una sociedad ama más el poder, la riqueza y el prestigio que los bienes superiores, la justicia se corrompe aunque los tribunales sigan funcionando. Y no hay justicia donde se niega la verdad.</p>   <p>El corazón del libro es la imagen de dos ciudades que conviven, entrelazadas, en toda sociedad. La Ciudad de Dios se funda en el amor a los demás hasta el olvido de sí: es la ciudad de quien sirve. La Ciudad Terrena se funda en el amor desordenado de sí mismo hasta el desprecio del prójimo: es la ciudad de quien se sirve. En el sur andino, ambas tienen rostro. A la primera pertenecen el fiscal que despacha escondido, el juez que no se vende y el reportero que publica sabiendo lo que arriesga. A la segunda, quienes lucran con la ilegalidad y quienes la blindan con formas legales. Ninguna sociedad alcanza la justicia perfecta, advertía san Agustín, pero se aproxima a ella cuando promueve la verdad, la paz, la virtud y el bien común. La pregunta es cuál de las dos ciudades está ganando en el sur andino.</p>   <p>Pregúntate si hay justicia verdadera en San José de La Joya, en Arequipa, donde los vecinos denuncian vivir junto a un depósito de relaves, respirando polvo metálico, mientras la empresa denunciada ante la OEFA desde hace años sigue exportando oro a los Emiratos Árabes Unidos; en Islay, donde una azucarera allanada por presunta adulteración sigue operando sin que nadie responda; en La Rinconada, donde conviven minería ilegal, mercurio y trata de personas ante un Estado ausente; o en Juliaca, convertida en la gran plaza comercial donde ese oro ilegal se acopia, se blanquea y entra a la cadena formal a la vista de todos. El patrón es siempre el mismo: denuncia, titulares y, años después, nada.</p>   <p>La Ciudad Terrena tiene cifras: la anemia infantil supera el 70% en Puno, el 45% en Cusco y bordea el 37% en Arequipa; la pobreza alcanza al 38% de los puneños. Un sistema judicial que funcione no es un accesorio de estas cifras: es parte integral del bienestar de una sociedad. Cuando los honorarios de quien defiende la ilegalidad valen más que la vida de quien la persigue, el <em>ordo amoris</em> está invertido. No se puede pretender que todo está bien porque les va bien a ciertos intereses.</p>   <h2>Una valiosa profesión que se ha perdido en el Perú</h2>   <p>Y aquí hay que decir algo que duele: la profesión del letrado es esencial para el bienestar social —sin abogados íntegros no hay contratos confiables, ni propiedad segura, ni débiles defendidos— y, sin embargo, nos hemos perdido. Una profesión nacida para servir a la justicia no puede medirse por cuánto factura defendiendo lo indefendible. La reforma, por eso, no puede limitarse a normas y registros: debe alcanzar a quienes ejercen el Derecho. Eso exige reestructurar los Colegios de Abogados para que sean garantes éticos y no gremios de protección mutua; repensar las Facultades de Derecho; y recertificar periódicamente a todos los abogados peruanos, evaluando no solo el conocimiento de la ley, sino algo más importante: que la abogacía existe para servir al país y no a nosotros mismos.</p>   <p>Para esa reforma educativa, la pedagogía ignaciana ofrece una brújula probada, y nadie la formuló mejor que el padre Pedro Arrupe. En 1973 pronunció el discurso que transformó la educación jesuita: hay que formar “hombres y mujeres para los demás”. Recogía, en clave moderna, una intuición agustiniana: la persona plenamente realizada no es la que acumula poder o éxito, sino la que pone sus talentos al servicio de algo mayor que ella misma. Su advertencia parece escrita para la abogacía peruana: la excelencia académica no basta, porque el talento sin valores puede servir a fines egoístas; la vocación debe expresarse en justicia, entendiendo las causas de la pobreza, la desigualdad y la exclusión.</p>   <p>De Arrupe, nuestras Facultades de Derecho deberían tomar tres lecciones. Las experiencias que transforman: no basta estudiar los problemas sociales en un aula climatizada; el futuro abogado debe encontrarse con quienes los viven —pisar La Rinconada, conocer La Joya, La Pampa y Pataz— antes de recibir su título. La educación integral —la <em>cura personalis</em> de san Ignacio—: formar toda la persona —intelecto, carácter, vida espiritual, liderazgo y sensibilidad humana—, junto al <em>magis</em> (no preguntarse qué es legalmente defendible, sino qué es lo mejor para el bien común) y al discernimiento de si, en cada encargo, se sirve a la justicia o solo a un cliente que paga bien. Y la medida del éxito: una facultad o un colegio profesional no vale por cuántos graduados llegan al poder, sino por cuántos sirven a los demás. Un abogado formado así no necesita que un registro estatal lo vigile: lleva el tribunal dentro.</p>   <h2>Auditar, no autocertificar</h2>   <p>Alguien dirá que el centro de arbitraje de Arequipa ya cuenta con certificaciones ISO de calidad, antisoborno y seguridad de la información. Bien por ello. Pero esas normas certifican sistemas de gestión, no la imparcialidad de los laudos ni la sanidad de las relaciones entre los actores del arbitraje: es la diferencia entre tener un manual de ética y cumplirlo. El sur andino necesita la evaluación recurrente de un certificador internacional independiente, ajeno al ecosistema arbitral peruano, sobre lo que las ISO no miran: la transparencia real del sistema, su neutralidad y las comunicaciones de los árbitros con los abogados de los casos. Si el ecosistema arbitral de Arequipa es tan sano como afirman quienes lo integran, una auditoría así solo lo prestigiaría. Si no lo es, los ciudadanos del sur tienen derecho a saberlo. Arequipa se merece un ecosistema de arbitraje de excelencia.</p>   <h2>Una reforma profunda e integral</h2>   <p>Urge repensar dónde estamos y dónde queremos estar para emprender una reforma profunda e integral de la justicia en el sur andino: proteger de verdad a los fiscales y jueces amenazados y remunerarlos para retener al mejor talento; garantizar que los periodistas informen sin pagar con su vida; corregir los incentivos que premian a quien defiende la ilegalidad; transparentar quién manda —y para quién— en los centros de arbitraje; y reformar la propia profesión legal: sus colegios, sus facultades y la certificación regular de quienes la ejercen. Empezar por el arbitraje tiene sentido porque es lo más acotado, medible y realizable: la primera cuota de una reforma mucho mayor.</p>   <p>El doctor Amprimo pregunta, con suspicacia justificada, a quiénes quiere beneficiar el gobierno con sus cambios normativos. Es una buena pregunta. Permíteme devolverla con otra, más vieja y más honda: ¿hay justicia verdadera en el sur andino, o solo las formas de la justicia? San Agustín decía que la paz es la tranquilidad del orden: el orden justo donde cada cosa ocupa su lugar y el amor se dirige a los bienes verdaderamente valiosos. El sur andino no tendrá paz mientras ese orden siga invertido: mientras un fiscal amenazado de muerte gane una fracción de lo que cobra quien defiende a sus amenazadores, mientras un reportero viva escondido por contar la verdad y mientras nadie independiente audite el statu quo. Arequipa, Cusco y Puno merecen algo mejor que la impresión de que todo está bien: merecen que alcemos la mirada. Y que elijamos, de una vez, en cuál de las dos ciudades queremos vivir.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El voto exterior merece leerse dos veces ]]>
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                            <![CDATA[ Solo un tercio de los 1.2 millones de peruanos inscritos han votado desde países donde el discurso antimigrante ha capturado el poder político. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 11 Jun 2026 06:03:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El voto exterior merece leerse dos veces ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El voto de los peruanos en el exterior tiene una dirección mayoritaria que conviene observar con cuidado. Al avanzar el conteo oficial, Keiko Fujimori acumula alrededor del 65% frente al 35% de Roberto Sánchez entre los más de 1.2 millones de ciudadanos habilitados en el extranjero. Vale precisar, además, que solo dos tercios de ese padrón ejercieron el sufragio, en parte por la distancia a los centros de votación.</p>   <p>Esa cifra, en todo caso, contrasta con el cómputo nacional, donde Sánchez sostiene una ventaja mínima. En términos generales, los peruanos que residen fuera del país se pronuncian en sentido opuesto al Perú que se quedó, aunque esa tendencia presenta fracturas internas que merecen atención.</p>   <p>Los peruanos establecidos desde hace décadas en países como Estados Unidos o España votan predominantemente por Fuerza Popular. Coincidentemente, es la opción cuya órbita ideológica se superpone con los gobiernos de Trump o las fuerzas que han construido el discurso antimigrante en sus países de residencia. Italia, en cambio, se inclina por Roberto Sánchez. Observar el conjunto confirma que la migración peruana no es un bloque uniforme sino un universo con diferencias que responden a factores propios de sus trayectorias migratorias.</p>   <p>No obstante, esa población incorpora además una capa nueva y joven. Vale la pena recordar que en el último quinquenio, más de 554,000 profesionales abandonaron el país. Son jóvenes que crecieron bajo ocho presidentes en menos de una década.</p>   <p>Dicha inestabilidad tiene autores identificables. La descomposición institucional que comenzó en 2016 tuvo como protagonista central a Keiko Fujimori y Fuerza Popular, que utilizaron el control del Congreso para derrocar gobiernos tanto de derecha como de izquierda.</p>   <p>Al otro extremo del mismo pacto de impunidad, Perú Libre y el gobierno de Pedro Castillo completaron el cuadro con incapacidad y el colapso de la confianza institucional. Entre ambos polos, varios otros partidos construyeron el Congreso más desprestigiado de la historia reciente.</p>   <p>Ese 65% exterior que hoy acumula Fuerza Popular merece una lectura adicional. En la primera vuelta, Keiko Fujimori obtuvo el 17% de los votos válidos en el extranjero y Roberto Sánchez apenas el 2.5%. El grueso del voto rotulado como PEX en la ONPE fue entonces a otros candidatos que no llegaron a la segunda vuelta.</p>   <p>En ese sentido, lo que hoy algunos leen como una preferencia aplastante de los nacionales residentes en otras sociedades es, en realidad, una consolidación del voto anti-izquierda más que una adhesión orgánica a Fuerza Popular.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Cómo el Congreso destruye 20 años de avances, por Las Tejedoras ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/10/como-el-congreso-destruye-20-anos-de-avances-por-las-tejedoras-hnews-873980</link>
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                            <![CDATA[ La investigación resalta cuatro factores clave que han impulsado estos logros: sistemas de información, presupuestos efectivos, programas de empoderamiento y una respuesta estatal ante la violencia. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Las Tejedoras]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Las Tejedoras</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 19:21:30 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Cómo el Congreso destruye 20 años de avances, por Las Tejedoras ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em>Hoy teje: Susana Chávez Alvarado, feminista, obstetra. Fundadora del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (PROMSEX).</em><br><br><span style="color:rgb(34, 34, 34)">Un estudio internacional —Exemplars in Global Health— identificó al Perú como uno de los casos ejemplares en atención a mujeres. No porque haya resuelto sus problemas, sino porque entre 2000 y 2020 logró avances notables: redujo la mortalidad infantil y la desnutrición crónica, amplió el acceso a controles prenatales y partos institucionales, más niñas permanecieron en la escuela secundaria y creció la protección social. También se redujo la violencia de pareja y aumentó la participación femenina en las decisiones del hogar.</span><br><br><span style="color:rgb(34, 34, 34)">El estudio identifica cuatro factores clave: sistemas de información que visibilizaron a las mujeres ante el Estado, presupuestos orientados a resultados, programas que pusieron recursos directamente en manos de ellas y una respuesta estatal creciente frente a la violencia de género.</span><br><br><span style="color:rgb(34, 34, 34)">Este último punto está hoy en riesgo. La expansión de los Centros de Emergencia Mujer, la Ley 30364 y las reformas que reconocieron el feminicidio no surgieron por casualidad: fueron respuestas a problemas reales. Cuando la violencia de género dejó de ser un asunto privado y pasó a ser un problema público, fue posible medirlo, financiar intervenciones y exigir rendición de cuentas. Iniciativas que buscan retirar el enfoque de género de las normas estatales amenazan revertir ese camino.</span><br><br><span style="color:rgb(34, 34, 34)">De ahí la pregunta incómoda: si las políticas con enfoque de género mejoraron indicadores de salud, educación y protección de las mujeres, ¿sobre qué evidencia se sustentan quienes buscan eliminarlas? El propio estudio advierte que el avance de sectores conservadores representa una amenaza directa para estos logros.</span><br><br><span style="color:rgb(34, 34, 34)">En políticas públicas hay una regla elemental: cuando una intervención demuestra resultados, la carga de la prueba corresponde a quienes quieren suprimirla. El nuevo Congreso tiene esa decisión por delante: puede continuar desmontando lo que funciona o puede recuperar una agenda basada en evidencia. Las pruebas existen.</span></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El destino final de la incertidumbre, por César Azabache Caracciolo ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/10/el-destino-final-de-la-incertidumbre-por-cesar-azabache-caracciolo-hnews-159700</link>
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                            <![CDATA[ "El sistema político puede adoptar una forma estable. O puede entramparse nuevamente si no elige construir alguna forma de equilibrio que incorpore a esas economías que ya no son informales ni emergentes, sino actores influyentes que han madurado en la ilegalidad" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[César Azabache]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>César Azabache</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 18:28:50 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El destino final de la incertidumbre, por César Azabache Caracciolo ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La incertidumbre sobre la forma que tendrá la presidencia que viene trasciende al estrés acumulado en estos últimos días. Trasciende además al resultado de las elecciones.</p>   <p>No tengo dudas sobre la forma que ha tenido la mayoría en el Congreso que se va, dispuesta como ha estado a sostener hasta el último momento esa rapacidad antiinstitucional que la ha definido. A cierta distancia, la composición del Congreso que viene ha movido sus propios márgenes en el tramo final de la campaña presidencial: Obras se aproximó a JP; Jorge Nieto, líder de BG, mantuvo la distancia que había anunciado con las dos candidaturas, aunque la izquierda ha asignado a esa distancia el valor de una traición. Puede llegar a formarse un Congreso a tres bandas. Pero esa es todavía solo una posibilidad.</p>   <p>La presencia central del fujimorismo en la escena hace mucho dejó de constituir una novedad. Tras 15 años de competencia electoral continua, esa permanencia es la señal que muestra la consolidación de una organización que, nos guste o no, está fuertemente instalada en el tejido social local, con una identidad propia y diferenciada. Se trata de un colectivo que nunca tuvo apego por el marco institucional nacido de la transición del 2000. La transición, de hecho, lo excluyó deliberadamente de sus acuerdos fundacionales. La firma de Alberto Fujimori, retirada del texto constitucional en noviembre de 2001 y repuesta en marzo de 2025, equivale en los hechos a una bandera repuesta por el fujimorismo en un territorio que pretendió serle hostil. La distancia entre el fujimorismo y el institucionalismo que presidió los acuerdos políticos del año 2000 explica su propensión a la demolición. Pero explica también la proximidad que acuñó con las franquicias, entidades tan propensas como el propio fujimorismo a desmontar instituciones.</p>   <p>Las franquicias adoptaron una forma política muy particular, fuertemente basada en intereses privados, que se incubó en la acción política local y regional hasta que tomaron el control del parlamento durante el Congreso corto de la pandemia. Las franquicias son antiinstitucionales. Los acuerdos políticos del 2000 les son ajenos. Pero además los controles institucionales limitan la capacidad de crecimiento de las economías informales que las nutren.</p>   <p>En estos últimos cinco años, las franquicias dieron al fujimorismo liderazgo sobre el Congreso, en un pacto virtual visiblemente alineado hacia el desmontaje de instituciones que ninguno de ellos estaba interesado en preservar.</p>   <p>Un par entre ellas, APP y Podemos, pertenecen a familias que acumularon fortunas con la flexibilización del régimen de universidades privadas que heredamos de los años noventa. La respuesta: el desmontaje de la Sunedu, la superintendencia que encabezó la reforma de la educación superior desde mediados de la década del 2010. Algún sector transversal a ellas se interesó más por los beneficios personales del puesto. Ahí está la explosión de los llamados &#039;mocha-sueldos&#039; y el tráfico de influencias al que se refería el caso de &#039;los niños&#039;, un escándalo vinculado al régimen de Castillo que ha inspirado al menos dos de las llamadas &#039;leyes procrimen&#039;, para quedar encarpetado en un anaquel que ahora aspira al olvido.</p>   <p>Las franquicias ya no están. Esa sí que ha sido una sorpresa. Su ausencia es una de las variables que hace posible que el parlamento adquiera un equilibrio a tres bandas. Pero si queremos que las franquicias no vuelvan, tendremos que prestar mucha atención a las elecciones municipales y regionales de este año. Esa es su zona de origen. Y es ahora la plaza de refugio en que se hospedan.</p>   <p>El Congreso que se instalará en julio puede organizarse a tres bandas, aunque la del centro sea significativamente más pequeña. Fuera de las paredes de las cámaras, la sociedad también está dividida en tres, no en el falso par representado por la segunda vuelta. Sin embargo, en la economía ocurre algo distinto. Jamás deberíamos olvidar que la política tiende a adquirir la forma de la economía que la sostiene. Y ahora mismo, el motor que más combustible parece estar quemando se define en coordenadas distintas a las ideológicas; coordenadas instaladas alrededor de una de las ausencias más importantes de los discursos de campaña: las economías articuladas alrededor de los REINFO, algunas de ellas no diferenciadas de organizaciones criminales, y las economías que se están articulando alrededor de la exportación de metales no diferenciados por su origen.</p>   <p>Ninguno de estos sectores estaba en la escena de 2021. Hoy sí están, y han salido de este proceso con capacidad suficiente para articular buena parte del sistema de representación política.</p>   <p>En voz alta sus representantes, prácticamente invisibles, aún dicen poco. Pero han votado. Y pueden definir una agenda que pase por establecer el destino final de los ahora falsamente transitorios derechos de extracción no regulada de minerales y las reglas de exportación de concentrados metálicos y venta de oro al Estado, para empezar.</p>   <p>El discurso político en estas últimas semanas volvió a impregnarse de antifujimorismo y anticomunismo. Pero las principales disputas en el manejo de la economía y la política práctica están organizadas en coordenadas distintas.</p>   <p>Al cerrar esta entrega, la forma final del próximo gobierno aún se mueve en la bruma de la incertidumbre. Pero los factores que pueden determinar la forma del periodo que se avecina comienzan a ser visibles. El sistema político puede adoptar una forma estable. O puede entramparse nuevamente si no elige construir alguna forma de equilibrio que incorpore a esas economías que ya no son informales ni emergentes, sino actores influyentes que han madurado en la ilegalidad.</p>   <p>Jugamos en el teatro de las permanentes oportunidades perdidas.</p>   <p>Nos toca decidir si las perderemos nuevamente.</p> ]]></content:encoded>
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