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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
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                                <![CDATA[ El rincón de los muertos, por Jorge Bruce ]]>
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                            <![CDATA[ "Esas utopías mesiánicas que terminan, en nombre de Abimael Guzmán. dando rienda suelta a sus pulsiones tanáticas, en particular contra campesinos pobres e indefensos" ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Jorge Bruce</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 21:38:45 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El rincón de los muertos, por Jorge Bruce ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Cuando tengan estas líneas en sus manos, la obra de teatro en la cual se inspira habrá concluido su temporada en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú. La verdad, no necesitaba más publicidad. El jueves que pude acudir a verla, la sala estaba repleta de público. No era para menos. Para quienes no tuvieron la suerte de poder verla, se trata de un unipersonal admirablemente protagonizado por Ricardo Bromley. La dramaturgia es de Sebastián Rubio y la dirección la comparte con Yanira Dávila.</p>   <p>Los lectores habrán deducido que el título de la pieza alude a Ayacucho, nombre que en efecto significa “rincón de los muertos”. Se trata de la conjunción de dos vocablos quechuas: Aya (muerto, cadáver) y Cuchu (rincón, esquina o apartado). Para los peruanos de hoy, esto lleva el sello trágico del conflicto armado interno. Pero el origen se remonta por lo menos a la cultura Wari, o acaso a las luchas entre Huáscar y Atahualpa por el incanato, poco antes de la llegada de los españoles.</p>   <p>El relato en primera persona de Ricardo Bromley es fascinante. Te atrapa durante los ochenta minutos sin interrupción que dura la obra. Ricardo es un joven ayacuchano, danzante de tijeras y exalumno del centro de artes escénicas de la PUCP. Esa rica combinación cultural le da un valor agregado tremendo a su extraordinaria performance en escena. Le permite enhebrar un relato trágico con un encanto y ligereza que lo hacen no solo llevadero: es a la vez sobrecogedor y fascinante. En parte se debe también a la manera tan inteligente en que han entretejido la historia personal del narrador con la Historia reciente del Perú.</p>   <p>Se reconoce en esto la impronta de Yuyachkani. Porque Sebastián Rubio es lo que en francés se denomina un <em>enfant de la balle</em>. Esta expresión coloquial alude a alguien que ha crecido en un medio —musical, deportivo, teatral, etcétera— que lo ha nutrido desde la lactancia. Sus padres son Teresa Ralli y Miguel Rubio, los fundadores del grupo que sigue en plena vigencia, felizmente. Sin embargo, Sebastián y Ricardo le aportan un toque de juventud y frescura: las escenas en que Bromley se luce haciendo el <em>moonwalk</em> de Michael Jackson o imitando a Charlie Chaplin son inenarrables. Pero nada supera a la emoción de verlo desplegar el ritual de ponerse el atavío de los danzantes de tijeras y luego dar una breve muestra de su arte. Esta sorprendente yuxtaposición cultural le da un sello original a la vez que fiel a la tradición de los Yuyas.</p>   <p>Pero volviendo a la tragedia antes evocada, el relato, decíamos, enhebra la vida del joven Bromley con la presencia ominosa de Sendero Luminoso. Para ello se valen de un uso creativo y con la dosis exacta de tecnología audiovisual. Resulta que un tío querido de Ricardo había sido un senderista conocido como el Chacal. Un asesino despiadado que terminó en la cárcel. La obra es implacable con ese grupo que, con el pretexto de refundar la democracia, no dudó en masacrar principalmente a aquellos a quienes decía representar y defender. Tal como lo hemos visto en la China de Mao o en la Camboya de Pol Pot. Esas utopías mesiánicas que terminan, en nombre de un líder iluminado como Abimael Guzmán —quien fue profesor de la Universidad de Huamanga—, dando rienda suelta a sus pulsiones tanáticas, en particular contra campesinos pobres e indefensos.</p>   <p>El asunto no queda ahí. En estos tiempos de negacionismo e intentos de borrar la memoria de los peruanos, se narran las matanzas en el cuartel Los Cabitos y su horno crematorio (que pude ver en persona), para eliminar los restos de los <em>aya</em> (muertos) en esos tiempos de abuso indiscriminado. No solo eso. En una asombrosa condensación de tiempos y narraciones, aparecen las matanzas del Gobierno de Dina Boluarte (medio centenar de peruanos asesinados, la mayoría con armas de guerra). Ricardo Bromley nos cuenta su desolación de ver estos sucesos siniestros en su celular, desde Lima, donde la vida continuaba a su alrededor como si nada. Tal como ocurrió durante el conflicto armado interno.</p>   <p>Me saco el sombrero ante la valentía de presentar estos acontecimientos sombríos de nuestra Historia, en una época en la que se pretende instalar una versión adulterada de los hechos. Como si los únicos culpables fueran los senderistas. Esa versión maniquea de héroes y villanos queda totalmente desvirtuada apenas se visita el Museo de la Memoria &#039;Para que no se repita&#039; de Huamanga (estuve ahí, como conversé con las madres de Anfasep, quienes siguen esperando los cuerpos de sus desaparecidos). Pero no solo es útil: es urgente recordarlo una y otra vez, en especial ahora que se intenta lavar el cerebro de las nuevas generaciones.</p>   <p>El hecho de que sean personas jóvenes las que han creado y representado esta creación, que tiene de relato personal, memoria documental y espectáculo de calidad, es esperanzador. El arte tiene esa capacidad única de llegar al corazón y a la mente, incluso para recordarnos los sucesos más dolorosos y, por ende, difíciles de soportar. Esa es una de las grandes lecciones de la tragedia griega clásica que, no en balde, se sigue leyendo y escenificando 2500 años después. El premio Nobel de Literatura otorgado a Anne Carson lo recuerda y ratifica. Ella exige que sus libros —la mayoría de poesía— solo indiquen: &#039;Nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo&#039;.</p>   <p>Lo que &#039;El rincón de los muertos&#039; nos enseña es imposible de sintetizar en el espacio de esta columna. Solo me queda felicitar y agradecer a sus creadores por este acto de coraje en tiempos oscurantistas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Piero y la ternura que sí fue política, por Max Tello ]]>
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                            <![CDATA[ Reconocido por su compromiso ético y social, recibió distinciones como el Premio Grammy Latino y fue nombrado Artista por la Paz por la UNESCO. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[El músico ítalo-argentino Piero se encontraba internado en Buenos Aires. Foto: Instagram]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 21:32:13 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Piero y la ternura que sí fue política, por Max Tello ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La ternura en la voz de Piero no fue un refugio ingenuo frente a la intemperie, sino una forma innovadora de compromiso político. Su obra construyó un puente inquebrantable donde la sensibilidad íntima, el folclore y la defensa de los derechos humanos se volvieron indivisibles. Lejos de la solemnidad dogmática, su alianza creativa con el poeta y letrista José Tcherkaski desde 1969 introdujo un tono conversacional, irónico y profundamente humanista que conectó con las urgencias sociales de América Latina.</p>   <p> Nacido en Calabria, Italia, el 19 de abril de 1945 y radicado en Argentina desde su infancia, el cantautor —fallecido a los 81 años— transformó radicalmente el panorama de la canción popular. Sus inicios en la década de 1960 lo situaron en los circuitos de la balada comercial, pero su giro estético convirtió la música en un vehículo de reflexión crítica. Himnos generacionales como «Mi viejo» (1969), compuesto junto a Tcherkaski, se convirtieron de inmediato en un fenómeno masivo y en el arquetipo universal del vínculo familiar en el mundo hispano, grabándose en más de quinientas versiones.</p>   <p> Lejos de agotarse en el éxito comercial, su propuesta amplió los límites de la canción protesta al incorporar temas de profunda raigambre social. Con obras como «Para el pueblo lo que es del pueblo» (1973), canalizó las demandas de justicia social y redistribución en una época convulsionada por tensiones ideológicas. Asimismo, demostró una versatilidad inusual al incursionar en la música infantil con piezas como la balada narrativa «Sinfonía inconclusa en la mar» (1975), evidenciando que la educación emocional y la ternura formaban parte esencial de la transformación política y de la formación de las nuevas generaciones.</p>   <p> Los primeros pasos de su carrera en los escenarios mostraron una transición acelerada desde los espacios masivos de la televisión hacia los auditorios universitarios y gremiales. Este tránsito no significó la renuncia al éxito melódico, sino su resignificación: en cada estrofa la melodía liviana albergaba una demanda profunda de justicia.</p>   <p> Durante los años del terrorismo de Estado y las dictaduras militares en el Cono Sur, gran parte de su repertorio sufrió la censura y la prohibición oficial. Ante la persecución, Piero partió al exilio en Europa, residiendo y desplegando su gira de resistencia cultural en países como España e Italia durante los años más duros de la represión militar. Lejos de callar, transformó el dolor del destierro en una trinchera de denuncia y solidaridad internacional. Obras fundamentales de ese período como &#039;Llegando, llegaste&#039; publicado en el álbum &#039;Pedro Nadie&#039; (1974) y, de manera muy especial, el himno pacifista &#039;Soy pan, soy paz, soy más&#039; (1981) —con letra del poeta uruguayo Luis Ramón Igarzábal— lanzado en el álbum &#039;Calor Humano&#039;, resonaron con fuerza en plazas y actos de resistencia civil en toda la región, alimentando el anhelo irrenunciable de retorno a la democracia.</p>   <p> Su compromiso ético trascendió los escenarios a través de una intensa labor social, destacando su trabajo con proyectos educativos para la niñez vulnerable y su impulso a fundaciones orientadas al desarrollo comunitario. Su contribución histórica fue consagrada con distinciones internacionales de gran relevancia: fue nombrado Artista por la Paz por la UNESCO el 12 de junio de 2002, y recibió el prestigioso Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical el 15 de noviembre de 2016. Piero falleció el 7 de octubre de 2026, dejando un vacío inmenso en la cultura hispanoamericana. Su trayectoria demostró que la canción popular, cuando se abraza a la ternura y a la conciencia crítica, sobrevive al paso de las décadas como un pilar insustituible de la memoria y la identidad para América Latina.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Ciudadanía, emociones y valores en tiempos de BTS, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/11/ciudadania-emociones-y-valores-en-tiempos-de-bts-por-diego-alonso-sanchez-hnews-667832</link>
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                            <![CDATA[ Las canciones del grupo abordan temas como la autoestima, la salud mental, la perseverancia y la aceptación personal, mensajes que muchos seguidores incorporan a sus propias experiencias de vida. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[BTS en Lima. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 11:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Ciudadanía, emociones y valores en tiempos de BTS, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En la <strong>Antigua Grecia</strong>, las artes y los deportes constituían herramientas fundamentales para la formación de sus ciudadanos. Como parte de la <em>paideia</em>, el sistema educativo griego, los deportes fortalecían el cuerpo y cultivaban virtudes como la disciplina, el autocontrol, la perseverancia y el respeto por las leyes. El objetivo no era únicamente formar guerreros o atletas, sino individuos capaces de armonizar su desarrollo físico con sólidos principios cívicos y morales.</p>   <p class="has-text-align-justify">Por su parte, las artes, especialmente la música, la poesía y el teatro, desempeñaban un papel decisivo en la educación ética e intelectual de la población. Mediante la reflexión sobre cuestiones como la justicia, el poder, el deber y las decisiones humanas, fomentaban el pensamiento crítico y la conciencia social. En este contexto surgió la noción de catarsis, entendida como la experiencia emocional que permitía a los asistentes de un espectáculo confrontar sentimientos profundos como el miedo, la compasión o la indignación, fortaleciendo así su juicio moral y su capacidad para actuar con responsabilidad incluso en situaciones adversas.</p>   <p class="has-text-align-justify">De esta manera, artes y deportes actuaban complementariamente para alcanzar el ideal de la <em>kalokagathía</em>, es decir, la armonía entre la excelencia física y la virtud moral. Este equilibrio no solo favorecía el desarrollo individual, sino que también contribuía a la cohesión de la comunidad, ayudando a moderar las tensiones propias de la vida social y política en las polis griegas.</p>   <p class="has-text-align-justify"> </p>   <p class="has-text-align-justify"><strong>Las ARMY y el efecto </strong><em><strong>Bangtan</strong></em></p>   <p class="has-text-align-justify">El fenómeno social que rodea el éxito de la banda surcoreana <strong>BTS</strong> puede analizarse desde una perspectiva similar a la de la Antigua Grecia. La comunidad de sus fanáticos o ARMY establece con la música y el espectáculo una conexión que va más allá del entretenimiento, participando activamente de una experiencia colectiva cargada de significado, tanto dentro como fuera de los estadios. Las canciones del grupo abordan temas como la autoestima, la salud mental, la perseverancia y la aceptación personal, mensajes que muchos seguidores incorporan a sus propias experiencias de vida.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/13/6acbebc811bdb039f2040dce.jpg" alt="BTS en Lima. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>BTS en Lima. Foto: AFP.</figcaption>   <p class="has-text-align-justify">Hay estudios que señalan que la participación en el fandom de la banda surcoreana fortalece el sentido de pertenencia, la identidad personal y el bienestar emocional de sus miembros. Esto ayuda a comprender el impacto del término Bangtan, abreviatura del nombre en coreano de la agrupación (<em>Bangtan Sonyeondan</em>), que puede traducirse como Boy Scouts o chicos buenos a prueba de balas, una idea asociada a la fortaleza frente a las críticas, las dificultades y las presiones de la vida común.</p>   <p class="has-text-align-justify">De muchas formas, esta influencia puede relacionarse con la noción griega de catarsis. En el teatro ateniense, los ciudadanos experimentaban emociones intensas mediante las tragedias y comedias, reflexionando colectivamente sobre la justicia, la responsabilidad y el bien común. De manera semejante, los conciertos, las presentaciones y la interacción constante de BTS con sus seguidores generan respuestas emocionales profundas que permiten expresar alegría, esperanza, tristeza, empatía y sentimientos de superación dentro de su comunidad.</p>   <p class="has-text-align-justify">Cabe señalar que el vínculo que las <strong>ARMY</strong> establecen con la música y los mensajes del grupo se prolonga en la vida cotidiana a través de espacios de identificación, apoyo mutuo y acción colectiva, muchas veces con acciones de ayuda social. Así como las artes y los deportes ayudaban a construir la identidad de las polis griegas, BTS ha dado origen a una comunidad global unida por valores, símbolos y objetivos comunes.</p>   <p class="has-text-align-justify"> </p>   <p class="has-text-align-justify"><strong>Buscando alianzas pedagógicas</strong></p>   <p class="has-text-align-justify">La educación griega no tuvo que enfrentar los desafíos de la hiperconectividad digital que caracterizan a nuestro tiempo. Hoy sabemos que las redes sociales pueden fomentar la dependencia de la interacción, la búsqueda de aprobación y, paradójicamente, el aislamiento detrás de una pantalla. Por ello, resulta indispensable promover entre los jóvenes una formación integral que combine el cuidado del cuerpo, la salud emocional, el pensamiento crítico y el compromiso con la comunidad.</p>   <p class="has-text-align-justify">Las nuevas generaciones necesitan más que nunca espacios para practicar deportes, participar en actividades artísticas, dialogar cara a cara y colaborar en proyectos colectivos que fortalezcan vínculos reales. En un país donde la oferta cultural es limitada, vale la pena observar experiencias como la comunidad ARMY, que ha transformado una afición musical en un espacio de pertenencia, apoyo mutuo y formación de valores. Todo aquello que ayude a los jóvenes a utilizar el mundo digital como una herramienta para crecer, relacionarse y comprometerse con los demás, en lugar de aislarse, merece ser estudiado y promovido. Si siete muchachos de Corea del Sur pueden generar un impacto positivo de esa magnitud, bienvenida sea la lección de Bangtan.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El Estado le pide a la escuela lo que no le da ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/13/el-estado-le-pide-a-la-escuela-lo-que-no-le-da-editorial-491413</link>
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                            <![CDATA[ Los nuevos lineamientos de disciplina escolar buscan devolver autoridad a los docentes, pero no garantizan los recursos necesarios para ejercerla. ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 06:04:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El Estado le pide a la escuela lo que no le da ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La violencia que llega a las aulas no empieza en la escuela. También nace en las familias y en el entorno donde crecen los estudiantes. Por eso, una política educativa debe ayudar a prevenirla y atender sus causas. Clasificar las faltas y establecer sanciones no es suficiente.</p>   <p>El Ministerio de Educación ha presentado lineamientos para gestionar la disciplina escolar. La propuesta incluye criterios para que las medidas sean proporcionales a las faltas. Es necesario que los docentes tengan autoridad y que la escuela pueda actuar cuando las familias no cumplen su responsabilidad.</p>   <p>La discusión no es si debe haber reglas, sino si las escuelas tendrán el respaldo necesario para aplicarlas. Durante décadas, el país fue construyendo un modelo de convivencia centrado en la prevención: anticiparse a los problemas en lugar de intervenir solo después de que ocurran.</p>   <p>La nueva propuesta pone el énfasis en las sanciones, sin asegurar los recursos que deberían acompañarlas.</p>   <p>Los lineamientos describen al SíseVe, el sistema de reporte de violencia escolar, como un mecanismo de “fiscalización punitiva y burocrática” contra los docentes y propone reemplazarlo con una nueva unidad del Ministerio.</p>   <p>Si los maestros temen reportar casos por las consecuencias que podrían enfrentar, corresponde corregir ese problema. Pero proteger su autoridad no puede significar que la violencia deje de registrarse. El SíseVe ha permitido hacer visible lo que ocurre en las escuelas. Registrar los casos ayuda a las familias a conocer el problema y al Estado a identificar dónde debe intervenir.</p>   <p>Cualquier cambio debe preservar esa función y mejorar la respuesta. La propuesta también promete acompañar al estudiante durante los procesos disciplinarios.</p>   <p>Sin embargo, las escuelas públicas carecen de suficientes psicólogos y el planteamiento no precisa qué presupuesto permitirá cubrir esa falta.</p>   <p>Sin profesionales ni recursos, el acompañamiento queda en el papel. La situación es aún más grave en zonas donde las redes criminales captan a niños de diez u once años. Allí, sancionar sin ofrecer apoyo deja sin atender el riesgo de fondo. La escuela necesita autoridad, pero también respaldo: psicólogos, formación docente y un currículo que fortalezca la prevención y la convivencia.</p>   <p>El Estado no puede exigirle que resuelva sola problemas para los que no le da herramientas. Los padres de familia tienen mucho que perder si ese apoyo no llega, y razones de sobra para exigirlo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Mi madre con el pañuelo en la mano, por Erick Iriarte Ahón ]]>
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                            <![CDATA[ Homenaje. El pasado 7 de octubre se celebró el Día de la Marinera. Hoy este baile es un boom. Recordemos a una de las personas que nunca dejó de difundirlo: Milly Ahón Olguín (1941-2021). ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Milly Ahón Olguín. Foto: Facebook.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 12 Oct 2026 22:16:42 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Mi madre con el pañuelo en la mano, por Erick Iriarte Ahón ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Cada octubre, cuando se acerca el <strong>Día de la Marinera</strong>, me suelen preguntar por ella y yo respondo con una escena doméstica. Para muchos, la marinera es un pañuelo que se agita o un concurso. Para mí fue, antes que eso, una conversación de sobremesa, un ensayo en la sala y una discusión de papeles en el comedor.</p>   <p>Crecí entre dos mundos que en mi casa eran uno solo. Mi padre, <strong>Francisco Iriarte Brenner</strong>, entendía la cultura como un asunto identitario: que se protege porque es parte de nuestra historia nacional. Mi madre, <strong>Milly Ahón Olguín</strong>, la entendía como cuerpo, ritmo, pañuelo, coqueteo y respeto. Él trabajaba la memoria desde la historia. Ella, en forma de movimiento.</p>   <p>Hubo un tiempo en que proteger patrimonio significaba, casi exclusivamente, proteger piedra, huacas, templos, casonas. Lo que se podía tocar y fechar era lo que el Estado sabía nombrar. Una danza no se deja encerrar. Se transmite de cuerpo a cuerpo, se transforma, se discute, y por eso es tan frágil.</p>   <p>Que la primera declaración de patrimonio inmaterial de la Nación haya sido la de la marinera no me parece casualidad. Y que ocurriera cuando mi padre estaba al frente del patrimonio cultural tampoco lo veo como simple coincidencia, aunque me divierte pensarlo así. Me gusta imaginar que en esa decisión hubo algo de lo que se hablaba en casa: una nación no es solo lo que hereda en piedra, sino lo que sigue haciendo en la vida misma.</p>   <p>Con los años, dedicado a tecnología y derechos, entendí que aquella discusión era, sin saberlo, sobre bienes comunes. La marinera lo es en el sentido más bello: nadie la inventó solo, es absolutamente mestiza, nadie la posee y, sin embargo, cada pareja que la baila la vuelve suya por tres minutos.</p>   <p>Mi madre sabía eso sin teoría. La marinera no es una coreografía que se ejecuta, sino un diálogo que se sostiene: pregunta, respuesta, desafío, cortejo, con una elegancia que no admite estridencias. De ella aprendí que la “marinera no se baila con los pies, sino con el corazón”. Y al verla enseñar, entendí lo que significa transmitir. Cuando dirigió la Escuela Nacional de Folklore, tomaba partido por una idea de país en la que la tradición se aprende en comunidad, con rigor y sin solemnidad vacía.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/12/6aca668a6191d894ff0e8887.jpg" alt="Milly Ahón Olguín. Foto: Facebook." width="1250" height="735"/><figcaption>Milly Ahón Olguín. Foto: Facebook.</figcaption>   <p>El Día de la Marinera me hace pensar en esa doble custodia. Mi padre protegía lo que mi madre encarnaba, y mi madre encarnaba lo que mi padre protegía. El papel sin el cuerpo es archivo muerto; el cuerpo sin el papel queda a merced del olvido o de la apropiación. Hacen falta ambos: reconocimiento y transmisión.</p>   <p>El 30 de enero de 1986, con la RS 022-86-ED, el Estado peruano declaró Patrimonio Cultural de la Nación a las formas coreográficas y musicales de la marinera, en sus diversas variedades regionales. El Ministerio de Cultura reconoce hoy aquel acto como la primera declaratoria de este tipo realizada por el Estado peruano.</p>   <p>Es decir: antes de que existiera la actual arquitectura institucional del Ministerio de Cultura, antes de que habláramos cotidianamente de “patrimonio cultural inmaterial”, antes de que la Convención de la UNESCO de 2003 estableciera internacionalmente un lenguaje común para proteger estas manifestaciones, el Perú ya había dado un paso fundamental.</p>   <p>Hoy esa tensión es más urgente. Las redes han hecho que miles de personas descubran la marinera y la imiten en clips de quince segundos. Eso me alegra. Pero me pregunto qué se pierde cuando la danza se vuelve imagen y deja de ser encuentro, y quién cuenta la historia cuando todos pueden contarla.</p>   <p>Por eso, cuando me preguntan qué significa este día, respondo con una imagen: mi madre con el pañuelo en la mano, a punto de empezar, y mi padre en la mesa haciendo que el Estado entienda que algo que se baila también se hereda.</p>   <p>Mi invitación es sencilla: bailen una marinera, con el corazón. Miren una con atención. Pregunten quién la enseñó. Y agradezcan a quienes la bailaron cuando nadie la declaraba, y a quienes firmaron el papel para que nadie pudiera decir que no importaba.</p>   <p>Yo lo agradezco desde la mesa donde aprendí que la memoria de un país se cuida con amor por lo que somos y quienes somos.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La traición a la Constitución ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/12/la-traicion-a-la-constitucion-editorial-1096560</link>
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                            <![CDATA[ El fujimorismo, Renovación Popular y el JNE siguen usando el poder del Estado para actuar al margen de la ley. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 12 Oct 2026 05:57:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La traición a la Constitución ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Existe una paradoja que atraviesa la historia del Perú en diferentes momentos. Esa contradicción consiste en que los ciudadanos que llegan al poder para administrar las reglas fundantes del Estado de derecho terminan siendo los primeros en doblarlas. El principal problema es que el daño va más allá de la norma vulnerada: erosiona la confianza de los ciudadanos en que los acuerdos sociales que nos permiten vivir en relativa convivencia los ponen a salvo del abuso de poder.</p>   <p>En los últimos años, Renovación Popular, liderada por Rafael López Aliaga, ha rescindido contratos unilateralmente desde su rol como alcalde de Lima, acusó de fraude sin pruebas en las últimas elecciones, renunció inconstitucionalmente a su curul en el Senado y se presentó como candidato a la reelección en la capital, en contra de lo establecido en el artículo 194 de la Carta Magna.</p>   <p>En paralelo, el partido de gobierno, Fuerza Popular, desde la Comisión de Constitución del Senado, anunció que agregaría nuevos ítems al pedido de facultades delegadas aprobado por la Cámara de Diputados. El problema radica en que el texto aprobado es justamente la versión previamente discutida y acotada por consenso con las mayorías en la cámara baja. En ese sentido, advertir que sumarían pedidos a un documento cuyos requerimientos ya habían sido recortados constituiría una desnaturalización del mismo y un abuso de poder en la cámara alta.</p>   <p>Ambos casos tratan del uso del poder temporal para torcer lo que establece la ley y sostener decisiones a fuerza de votos, sin respetar la Constitución. Lo que agrava el cuadro es que las instituciones diseñadas para impedirlo han optado por el silencio.</p>   <p>El Jurado Nacional de Elecciones tuvo en sus manos la defensa del Estado de derecho antes de que el abuso de López Aliaga llegara hasta donde llegó. Sin embargo, prefirió eludir su responsabilidad, en abierta traición al juramento prestado como presidente de la principal institución electoral del Perú.</p>   <p>En medio de esta ola de traiciones, los peruanos merecen instituciones que los protejan y sobre todo garanticen que nadie, ni siquiera el gobernante de turno, pueda abusar de su poder contra ellos. Lamentablemente, ese límite está cada vez más difuso.</p> ]]></content:encoded>
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