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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sat, 13 Jun 2026 18:37:34 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <![CDATA[ El mayor evento deportivo del planeta reúne a millones de personas en una sola pasión. El mismo también podría ser usado para fines educativos y de difusión cultural entre niños y adolescentes. No todo debe ser goles y cash. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 18:37:34 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em>Porque el fútbol no es un hecho real, el que tú miras, sino una ilusión, la que yo miro. Es una virtud de la mirada.</em></p>   <p><strong>Constantino Carvallo</strong>, educador peruano</p>   <p> </p>   <p>Cada cuatro años, el planeta desea patear con más ganas una pelota. <strong>El Mundial de Fútbol</strong>, esa ceremonia global que convoca emociones, identidades y negocios, vuelve a ocupar titulares y conversaciones cotidianas. Pero más allá de estadios repletos y gestas épicas, el torneo despliega una trama paralela: la que se vive en casas y colegios, donde niños, padres y profesores terminan discutiendo, sin proponérselo, sobre competencia, consumo, frustración y valores deportivos.</p>   <p>Si apelamos a esos valores que el fútbol puede transmitir, vale recordar lo que afirmaba el escritor argelino <strong>Albert Camus</strong>, que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Una idea que no contradice, sino que se complementa, con la mirada del uruguayo Eduardo Galeano, quien advertía que “el fútbol es un espejo del mundo: en él se reflejan sus virtudes y sus miserias”.</p>   <p>Desde esa perspectiva, podemos decir que la Copa del Mundo dejó hace tiempo de ser únicamente fútbol para convertirse también en una gran caja registradora. En ella no solo se celebran jugadas imposibles y goles memorables, sino que se promueven hábitos de consumo no siempre saludables. Es precisamente allí donde surge una oportunidad —a veces incómoda— para educar.</p>   <p>Basta mirar el fenómeno de los álbumes de figuritas. Para muchos adultos, el recuerdo es tibio: páginas incompletas, cromos repetidos y tardes de trueques sin conseguir el jugador esperado. Una nostalgia teñida de desilusión, pero también de ingenuidad. Hoy, ese rito ha cambiado de escala. El deseo de “llenar el álbum” ha sido absorbido por una lógica de mercado que convierte el pasatiempo en una inversión desproporcionada y, en no pocos casos, desbordada.</p>   <p>Las cifras no mienten. Un álbum básico de la marca que tiene los derechos internacionales ronda los 9.90 soles. Cada sobre de siete figuritas cuesta 4.20, y el “paquetón”, con poco más de cien sobres, supera los 380 soles, dependiendo de la oferta. Completar la colección —de 980 cromos— requeriría cerca de 600 soles en un escenario improbable de no tener repetidas. Pero la repetición es la regla en este juego. Entonces, cuando fallan los intercambios y el deseo de llenar el álbum crece, el gasto escala sin pudor. Un importe aproximado puede bordear los tres mil soles, si no renuncias antes de alcanzarlo. Una locura que encuentra su principal campo de acción en un lugar muy predecible: la escuela.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/13/6a2d6c5c2766a31b1f03515a.jpg" alt="Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.</figcaption>   <p>Es allí donde los álbumes dejan de ser cuadernillos ilustrados para convertirse en artefactos sociales. En los recreos se negocia, se compara, se presume y también se excluye. “Yala, nola”, “¿cuánto vale esta?”, “yo tengo más que tú”, “¿esta no la tienes? ¡Jajaja!”. El lenguaje del mercado se filtra en edades tempranas y surgen tensiones atravesadas por la presión del grupo y el deseo de autoafirmarse con la comparación. Los niños trasladan esa lógica a casa y presionan por más sobres; algunos padres ceden, otros se resisten, mientras no pocos docentes observan sin intervenir. Y quedan aquellos pequeños que, desde la orilla, están a la expectativa de un intercambio desigual por un producto cada vez más costoso.</p>   <p>Las preguntas son inevitables: ¿quién está acompañando este proceso? ¿Cuántos adultos advierten que, detrás del entretenimiento, se incuban patrones de consumo y jerarquías materiales que pueden dañar los vínculos? ¿Nos estamos ocupando realmente de esto?</p>   <p>Y en medio del barullo, el fútbol —paradójicamente— queda relegado. Valores como el esfuerzo, la disciplina, el honor o el trabajo en equipo ceden ante un criterio inmediato: el poder adquisitivo. Ya no importa la hazaña en la cancha, sino la capacidad de completar una página o conseguir el cromo deseado. El sentido formativo del deporte se diluye frente a la urgencia de acumular para evitar la decepción.</p>   <p>Pero no todo está perdido en esta fiebre coleccionista. Allí donde hay un problema, también hay una puerta. El entusiasmo por las figuritas puede transformarse en una herramienta pedagógica si se guía con propósito. Intercambiar figuritas puede ser aprender a negociar con justicia, valorar al otro y dominar la codicia. Completar un álbum puede dar lugar a ejercicios de cálculo, probabilidad y estadística. Analizar su información permite reconocer fuentes de datos secundarias. Cada jugador puede despertar curiosidad por su país, su historia o su cultura. Es decir, incentivar la investigación y el deseo de aprender con optimismo.</p>   <p>Quizá la clave no sea prohibir ni ceder sin más, sino resignificar el hábito, dotar de sentido al álbum antes que a sus figuritas. Convertirlo en una excusa para pensar, dialogar y aprender en comunidad. Porque, al final del torneo, muchas colecciones acabarán olvidadas o —vale decirlo— arrojadas al vertedero de la frustración o la vanidad. Eso ya lo conocemos los adultos.</p>   <p>Lo que no debería perderse, si el camino se recorre con conciencia, es la lección aprendida. El Mundial pasa; nosotros —y, especialmente, ellos— estamos convocados a trascenderlo con ilusión, criterio y responsabilidad.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El mandato al nuevo gobierno ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/el-mandato-al-nuevo-gobierno-editorial-211188</link>
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                            <![CDATA[ La segunda vuelta más ajustada de la historia reciente obliga al mandatario entrante a construir una agenda que trascienda la mitad que lo eligió ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 04:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El mandato al nuevo gobierno ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El resultado de las urnas del 7 de junio habla de un país que quedó partido casi en dos mitades exactas. Con el 96.29% de actas contabilizadas, la diferencia entre los dos candidatos se ubica por debajo del 0,3%. La ONPE, tras las evaluaciones del JNE, convertirá ese conteo en proclamación oficial en los próximos días.</p>   <p>Sin embargo, los resultados del balotaje entregan, además, otro mensaje que merece la misma atención. Más del 30% de los peruanos habilitados para sufragar se ausentaron de las urnas, pese a la obligatoriedad del sufragio. Casi el 6% de los votos emitidos fueron viciados, una cifra que sobresale incluso en el contexto regional. Esas señales retratan a una ciudadanía que encuentra distancia con las opciones que le presenta el sistema político y que la expresa de la única manera disponible.</p>   <p>En ese sentido, el presidente que asuma en julio hereda un mandato construido sobre ese conjunto de señales. Y ante ello, la agenda que le espera tiene temas prioritarios.</p>   <p>En primer lugar, la seguridad ciudadana encabeza las encuestas de preocupación ciudadana desde hace años. Por otro lado, la economía requiere garantías de inversión solo posible con el respeto general al Estado de Derecho, además de acciones de mitigación frente a los efectos del Fenómeno El Niño.</p>   <p>Aunque todo parece que las instituciones autónomas del Estado todavía aguardarán por un gobierno que restaure su independencia después de años de captura política liderada por el fujimorismo.</p>   <p>El resultado ajustado obliga al nuevo gobierno a construir una mayoría de gestión que amplíe su base electoral. Un gobierno que llega al poder con menos de un punto porcentual de diferencia tiene en esa estrechez la oportunidad de demostrar que gobernar para todos es posible, si lo hace con visión estatal.</p>   <p>Gobernar solo para la mitad que lo eligió es la tentación más fácil y el camino más corto hacia la ingobernabilidad, solo superada por la violencia y la represión, como lo hizo la gestión de Dina Boluarte, quien aún goza de la impunidad que el Estado captura ofrece.</p>   <p>Veamos cómo quien resulte electo como próximo jefe de Estado gobierna para el país entero, incluida la mitad que votó distinto y además de los millones que eligieron ausentarse. Ese es el mandato real que dejan las urnas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ ¿Mal mayor?, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/mal-mayor-por-maritza-espinoza-hnews-816048</link>
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                            <![CDATA[ "La pelea será dura, pero, al final, estoy segura de que nos desharemos de ella y sus secuaces de un sacudón. Lo hicimos el año dos mil, cuando todavía la dictadura de su padre se juraba invulnerable". ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Maritza Espinoza]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Maritza Espinoza</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:38:11 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ ¿Mal mayor?, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El sábado, mientras el Perú elegía entre las dos opciones que algún dios cruel y cachaciento nos puso en el menú, Sertralina, mi adorada gata calicó de 15 años, partía hacia el cielo de los gatos. Por primera vez en décadas, mi atención estuvo ajena a una elección de segunda vuelta. Es más, desde la distancia, veía el escenario político como un teatro —o un circo, si prefieres—, con los peores actores imaginables, y decidí que este nuestro país, grandioso y milenario, superaría el daño que cualquiera de los dos candidatos en pugna pudiera causarnos, del mismo modo que ha superado sucesos aún más terribles en nuestra historia.<br><br>El miércoles por la noche, la suerte pareció inclinarse a uno de los lados: el de la orgullosa heredera de un dictador corrupto, gobernante en la sombra de dos períodos caóticos y cabeza de una organización que, bajo sus órdenes, ha operado en contra de los intereses ciudadanos. Al cierre de esta edición, las tendencias indicaban que ella sería la ganadora.<br><br>Entonces, las redes se llenaron de miedo más que de incertidumbre, pocos celebraban (no por nada solo uno de cada 10 peruanos votó por ella en primera vuelta) y una nube negra asomó en el horizonte. En este momento, en el país, el temor se huele en el ambiente. Tal vez porque los más jóvenes piensan que lo más terrible que hemos superado ha sido la dictadura de Alberto Fujimori. Y lo hicimos. El fujimontesinismo, ese período de 10 años de envilecimiento, sangre y corrupción, fue excretado en un lapso muy breve por ese organismo invencible llamado Perú. Ha dejado huella, como un cáncer que deja rastros de metástasis, pero que nunca volverá.<br><br>Por su parte, muchos de los mayores piensan que lo peor que nos pasó fue la guerra con Chile (1879-1883), pero la historia ha demostrado que, con los años y un fallo internacional que nos dio gran parte de razón, pudimos también superar las heridas que nos dejó y hoy tenemos una relación amigable con nuestro vecino más cercano.<br><br>Nuestra historia milenaria está llena de crisis, guerras y desastres. ¿Se imaginan el terror que sintieron los habitantes de Caral —la segunda civilización más antigua de la Tierra— cuando una megasequía se llevó todos sus cultivos, trajo hambrunas atroces e hizo desaparecer el magnífico río Supe que bañaba sus tierras? Pues de allí se levantaron y siguieron andando.<br><br>Un par de milenios después, la teocracia de Chavín —la más grande de las civilizaciones preincas y madre de muchas culturas posteriores— fue arrollada por masas indignadas con sus sacerdotes y su gran centro ceremonial fue profanado y usado como tierra de cultivo. Pero esta nación irreductible se levantó y siguió andando, como siguió haciéndolo varios siglos después, cuando otro mega Niño destruyó las tierras de los mochicas y, de paso, el poder de sus líderes, desatando guerras civiles y provocando la gran migración a Pampa Grande.<br><br>Ni qué decir de la viruela que mató, hace cinco siglos, a Huayna Cápac y a millones de sus súbditos como terrible preludio de la guerra fratricida entre Huáscar y Atahualpa, que debilitó tanto al Imperio inca que propició que la llegada de algunas docenas de barbudos desarrapados —pero dueños de la pólvora y los caballos— terminara aniquilando toda una civilización.<br><br>Pero si hablamos de desastres, cómo olvidar, en pleno apogeo de la Colonia, el terremoto de 1746 (se dice que llegó a 9 grados en la escala de Richter) que destruyó la capital y el tsunami posterior que mató a casi todos los habitantes del puerto del Callao. Se dice que, de los cientos de casas del centro de Lima, solo 25 quedaron en pie.<br><br>Que estas elecciones las gane justamente Keiko Fujimori es otro desastre. Todo indica que, comparada con el otro candidato, representa el temido mal mayor. Pero si bien es cierto que nuestra historia está llena de desastres y tragedias, también lo es su espíritu inquebrantable de lucha. Somos una nación que puede mirar de frente los milenios. ¿Por qué habríamos de asustarnos ante el ascenso al poder de una persona que, si contamos toda la masa electoral, que llega a más de 27 millones de votantes, apenas tuvo el apoyo de un tercio en segunda vuelta?<br><br>La pelea será dura, pero, al final, estoy segura de que nos desharemos de ella y sus secuaces de un sacudón. Lo hicimos el año dos mil, cuando todavía la dictadura de su padre se juraba invulnerable. Millones de peruanos marcharon por todos los rincones del país, hasta que el dictador acorralado huyó y renunció por fax. ¿Por qué habría de ser diferente esta vez?<br><br>Y algo más: podría jurar sobre los 18 tomos de <em>La historia del Perú</em> de Jorge Basadre y por la memoria de mi añorada Sertralina, que ninguno de los dos, ni padre ni hija, será recordado por nadie dentro de medio siglo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La última ofensa de Sánchez, por Emilio Noguerol ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/la-ultima-ofensa-de-sanchez-por-emilio-noguerol-hnews-597228</link>
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                            <![CDATA[ "Que quede escrito con todas sus letras, ya que él no quiso decirlo: esa izquierda que Sánchez despacha de un manotazo al día siguiente de que le dieran su voto fue más honesta, más propositiva, más eficiente, más leal a la democracia y más decente de lo que él ha sido y promete ser" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Roberto Sánchez se pronuncia tras conteo de votos.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Emilio Noguerol Uceda</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:16:08 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay desplantes que no deben pasar inadvertidos, especialmente aquellos que se hacen contra quienes dedicaron su vida política a construir nación. Cuando el periodista César Hildebrandt le leyó, este lunes, a Roberto Sánchez aquella sentencia que Ricardo Uceda hiciera en su columna del domingo —“no veo a Barrantes acompañado de un asesino de policías, ni a Pease mostrando un plan obtenido a la hora undécima, ni a Jorge del Prado robándose el dinero de sus militantes”—, el candidato tuvo delante una oportunidad y la convirtió en una confesión (aunque no muy cristiana). Pudo haber reclamado esa herencia de la izquierda democrática y decente. En cambio, preguntó dónde estaban ahora esos “ilustrados”, esa “izquierda dorada”, esa “academia”. Los nombró para acusarlos como parte del problema, como si fueran corresponsables del país que él mismo describe como república fallida y que, en su abultado ego, cree ser capaz de refundar.</p>   <p>Conviene detenerse en la magnitud de la impertinencia, porque no es menor y no se la debe dejar pasar como un tropiezo de campaña (una que ya había culminado, dicho sea de paso, pero así de torpe es).</p>   <p>Alfonso Barrantes no nos legó una república fallida, nos legó el Vaso de Leche, que sobrevivió a todos los gobiernos que vinieron a enterrarlo. Nos legó la primera demostración, en un continente que se desangraba en guerrillas, de que un marxista podía ganar una alcaldía y gobernarla con decencia y pluralismo. Y, en general, esa izquierda nos legó una obra de pensamiento sobre la descentralización y el poder local que todavía se estudia, y una conducta parlamentaria que hoy parecería de otro planeta. Es injusto atribuirle la democracia híbrida que hoy tenemos. Sus integrantes no capturaron tribunales ni compraron jueces ni vaciaron las arcas. Y, ciertamente, tampoco nos legaron un historial de proyectos de ley de apoyo a la minería ilegal, por ejemplo, ni fueron ministros de un golpista. La mayoría murió, o envejece dignamente, sin haber tenido jamás el poder que haría falta para arruinar un país y que Sánchez sí ha gozado como parte de la funesta administración castillista.</p>   <p>Pero reducir aquel legado al Vaso de Leche sería quedarse corto, y conviene precisarlo. La izquierda que Sánchez cataloga como “dorada” gobernó 19 de los 40 municipios de Lima y plazas como Puno, Cusco y Huancayo, y lo hizo en los peores años de la crisis y el terror, cuando administrar una ciudad era jugarse la vida. De ahí salió una arquitectura de bienestar que el Estado peruano no había sabido construir en décadas: políticas públicas que recogieron y dignificaron redes de subsistencia que las propias mujeres de los barrios ya habían levantado —los comedores populares, los comités, las ollas comunes— y las convirtió en interlocutoras reconocidas del Estado, con personería y derechos. Esto constituyó la originaria institucionalización de la organización popular y no mero asistencialismo. Esa izquierda de la que Sánchez reniega alfabetizó dirigentes, formó cuadros vecinales, pensó la descentralización antes de que fuera reforma constitucional y demostró que el poder local podía ser una herramienta de transformación y no un botín de improvisados. Lo que hoy queda en pie de tejido social en las zonas populares de Lima —y lo poco que en los noventa no se logró desmantelar— tiene esa partida de nacimiento.</p>   <p>Por eso, la maniobra de Sánchez es reveladora: quien no puede subir a la altura del que lo mide, intenta bajarlo a la suya. No pudiendo reclamar la talla de esa izquierda, optó por querer embarrarla: si yo no le llego a Barrantes, que Barrantes cargue conmigo con el peso del Perú de hoy. Figúrense el descaro y el resentimiento disfrazado de balance histórico. Y es, además, un falso reparto de culpas, esa vieja trampa del “todos son responsables” con que se disuelve toda responsabilidad: cuando todos cargan con todo, nadie responde por nada, y solo así la distinción incómoda, que separa a una izquierda respetable de la suya, se evapora frente al ojo distraído.</p>   <p>Hay un detalle que ningún lector debería pasar por alto, especialmente alguien que se identifique en la izquierda del compás político. Muchos de los agraviados están vivos. Y muchos de ellos —intelectuales, viejos militantes, gente que sabe perfectamente lo que Sánchez es y lo que no es— pusieron su nombre, su firma y su prestigio detrás de esta candidatura. No por entusiasmo, sino por deber histórico. Votaron y llamaron a votar para cerrarle el paso a la heredera de la dictadura que, por ejemplo, los defenestró de sus curules en 1992. Le obsequiaron a Sánchez una legitimidad que él, por sí solo, jamás habría reunido si no hubiese estado frente al fujimorismo. Y el agradecimiento ha llegado en forma de pregunta despectiva: ¿dónde está esa izquierda dorada? Está ahí, Roberto. Está firmando manifiestos por usted, a pesar de usted. Está prestándole la respetabilidad que acaba de escupir en su pequeña cámara web delante de una bandera del Perú forrada en plástico para no mancharse más.</p>   <p>No solo fueron mediocres las respuestas de este señor, sino que escogió, entre todas las salidas posibles, la más mezquina: ofender a quienes lo sostienen para no admitir que no les llega a sus mayores. Se desmarcó de la Izquierda Unida con un “yo no vengo de ahí” para esconderse tras una sotana que nunca tuvo.</p>   <p>Que quede escrito con todas sus letras, ya que él no quiso decirlo: esa izquierda que Sánchez despacha de un manotazo al día siguiente de que le dieran su voto fue más honesta, más propositiva, más eficiente, más leal a la democracia y más decente de lo que él ha sido y promete ser. No nos legó el desastre que tenemos hoy, que responde a un fallo sistémico mucho más reciente. Nos legó lo poco rescatable que tenemos. Y merecía, de quien hoy se beneficia de su nombre, algo más que el desprecio del advenedizo que confunde llegar con merecer.</p>   <p>Y acaso de eso se trata, más que de Sánchez, cuyo liderazgo, tejido de enmendaduras, pasará a la irrelevancia. Si la izquierda peruana quiere volver a ser algo más de lo que es hoy (lo mismo que se le exige a la rancia y mediocre derecha de nuestra oferta política), tendrá que hacer exactamente lo contrario de lo que él hizo esa noche (y este miércoles, cuando muchos de ellos están a punto de bautizarse como nuevos fraudistas): en vez de renegar de sus mayores, leerlos. Volver a los diarios de debates de aquellos senadores y diputados que discutían con altura; releer a los pioneros de la descentralización, la participación ciudadana y el poder popular; recuperar la memoria de los alcaldes que gobernaron con las manos limpias en medio del fuego (muchos de ellos asesinados por SL), y de los líderes sociales —tantas mujeres anónimas— que inventaron la solidaridad organizada que el Estado no daba. Sin ánimo de repetirlos como estampas: para consolidar lo que quedó pendiente.</p>   <p>A los que esa noche se sintieron ofendidos habría que decirles que el agravio no los empequeñece, retrata a su emisario.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La descentralización educativa pendiente, por Misión Educación ]]>
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                            <![CDATA[ A pesar del aumento en gasto educativo por parte de gobiernos subnacionales, los avances en aprendizajes son insuficientes y persisten brechas educativas que afectan a los estudiantes en el país. ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Misión Educación</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:06:46 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La descentralización educativa pendiente, por Misión Educación ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Perú atraviesa una prolongada crisis de representación política e institucionalidad. En este contexto, la educación nos plantea una pregunta fundamental: ¿cómo construimos capacidades colectivas para enfrentar los desafíos del país y ampliar las oportunidades de las nuevas generaciones?</p>   <p>Durante las últimas dos décadas, la descentralización educativa transfirió responsabilidades y recursos a los gobiernos regionales. Incluso en medio de la crisis política, el gasto educativo y la inversión pública continuaron creciendo. Los gobiernos subnacionales han asumido un papel central en la ejecución de estos recursos. Sin embargo, los avances en los aprendizajes siguen siendo insuficientes y persisten profundas brechas educativas.</p>   <p>Esto demuestra que el desafío actual ya no es únicamente financiero ni administrativo. La primera generación de la descentralización estuvo orientada a transferir funciones, presupuestos y servicios. No obstante, persisten limitaciones institucionales y de articulación territorial que dificultan convertir ese esfuerzo en mejores resultados para los estudiantes.</p>   <p>La educación ocurre en las instituciones educativas, pero también en la comunidad y en diversos espacios de la vida social. Por ello, los resultados dependen también de la acción de las familias, los gobiernos locales, los servicios de salud, los programas sociales y las organizaciones comunitarias. En ese sentido, problemas como la pobreza, la violencia, la anemia o el abandono escolar exigen respuestas articuladas y coordinadas desde el territorio.</p>   <p>Por ello, la descentralización educativa pendiente consiste en construir una verdadera gobernanza territorial de la educación: una capacidad efectiva para articular actores, recursos y esfuerzos en torno a un propósito común: garantizar trayectorias educativas exitosas para todas y todos. En un país tan diverso como el Perú, educar desde los territorios también significa fortalecer la democracia y construir un futuro compartido.</p>   <p>En el escenario postelectoral, esta tarea pendiente interpela directamente a las nuevas autoridades. Impulsar una segunda generación de la descentralización educativa —centrada en la articulación, la gestión territorial y la construcción de capacidades institucionales— debería formar parte de las prioridades de gobierno. Solo así será posible traducir el esfuerzo sostenido de inversión pública en mejores oportunidades de aprendizaje, inclusión y desarrollo para todos los peruanos.</p>   <p>José Luis Calle<br>Director ejecutivo de CIPCA</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Máxima ansiedad, por Jorge Bruce ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/maxima-ansiedad-por-jorge-bruce-hnews-656940</link>
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                            <![CDATA[ "Mientras no seamos capaces de enfrentar ese desafío y persistamos en creer que hay personas con privilegios que deben ser respetados por una mayoría de personas consideradas, en la práctica cotidiana, como inferiores, debemos esperar que sucedan antagonismos como estos que estamos sufriendo en las elecciones" ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Jorge Bruce</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:52:00 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Escribo estas líneas antes de conocer el resultado de la segunda vuelta electoral, lo cual me exime de referirme a las candidaturas en liza. Más bien, me autoriza a explorar los afectos y sus causas detrás de esta reñida y angustiante lid. Empecemos por una pregunta que cada cual puede responder en su fuero interno: ¿por qué cada cinco años reproducimos, con variantes no significativas, el mismo escenario de polarización a nivel nacional? ¿Por qué esta polarización se hace cada vez más tóxica (para hablar en el lenguaje de las relaciones de pareja)?</p>   <p>Todos hemos podido constatar el aumento de las tensiones no solo entre los dos grupos políticos que se disputan el poder, sino también entre amigos, relaciones profesionales e integrantes de la misma familia, como una falla sísmica que recorre el territorio de nuestras opiniones con su respectiva coloración afectiva. El término &#039;falla&#039; en este contexto no es casual. Alude a esa fractura de la cual ninguna sociedad nacional está exenta, pero que en el Perú pareciera insuperable.</p>   <p>Lo cual nos permite comenzar a responder a la pregunta formulada en el primer párrafo. Si este escenario se repite, se debe, en primer lugar, a que, en más de 200 años de historia, no hemos sido capaces de cerrar esa brecha a niveles compatibles con la esencia de una comunidad nacional. Todo apunta a que insistimos en dedicar una magnitud considerable de energía social para mantener esa división, esa desigualdad, esas categorías de ciudadanía carentes de los mismos derechos.</p>   <p>Mientras no seamos capaces de enfrentar ese desafío, mientras persistamos en creer que hay personas con privilegios que deben ser respetados por una mayoría de personas consideradas, en la práctica cotidiana, como inferiores, debemos esperar que sucedan antagonismos como estos que estamos sufriendo en las elecciones. Todas las sociedades del mundo se enfrentan a males como el racismo, el clasismo, el machismo o la homofobia. Todas, porque los humanos tenemos la tendencia a clasificar a las personas por su cantidad de bienes, su color de piel, su identidad sexual o cualquier otra línea demarcatoria. Lo que hace la diferencia es cómo el Estado resuelve estas diferencias.</p>   <p>Esto no es cuestión solo de leyes. La Constitución peruana proscribe explícitamente la discriminación por etnia o poder económico. Sin embargo, cualquiera puede constatar en la calle cómo se transgreden esas prohibiciones a diario. Desde clubes que impiden que las trabajadoras del hogar se bañen en las piscinas hasta playas que son privatizadas por la forma en que están diseñadas, donde las trabajadoras del hogar tampoco se pueden bañar en el mar fuera de ciertos horarios. También está el transporte público indigno, insalubre y humillante que vemos a diario en las calles. Lo cual se puede hacer extensivo a todos los servicios públicos. La atroz mortalidad de la pandemia de la COVID-19 desnudó ferozmente esta desigualdad en la atención a los enfermos.</p>   <p>Es triste constatar que, así como en la pandemia tuvimos la mayor letalidad del mundo en términos proporcionales, acumulamos récords en número de violaciones, en particular a niñas; resultados deplorables en las pruebas PISA en educación; e índices generales de desconfianza. Todo apunta a que esa brecha social, lejos de disminuir, se ensancha.</p>   <p>Hay quienes piensan que esto se resuelve con un mayor crecimiento económico. Esto es asombroso, porque tuvimos, en el siglo XXI, muchos años de crecimiento sostenido y eso no impidió que, cuando llegó la pandemia, descubriéramos que había 100 camas UCI para todo el país. Podría seguir enumerando estas iniquidades, como la escasez de servicios de agua potable o energía eléctrica en la propia capital. Pero creo que no hace falta, pues son de todos conocidas esas carencias.</p>   <p>En lugar de buscar culpables, busquemos respuestas que nos permitan dialogar y concertar. Estos problemas seculares han sido señalados por muchos académicos y políticos. Pero no hemos sido capaces de unirnos para enfrentar estos retos gigantescos. Respuestas simplistas, como el Estado ineficiente o la rapacidad de quienes más tienen, no permitirán salir de este entrampamiento.</p>   <p>Por eso, los afectos que emergen cada lustro están impregnados de rencor justificado ante las flagrantes injusticias, de un lado, y de temor ante la emergencia de esa rabia y ese dolor frente a la injusticia y la impunidad, del otro. Esto no se resolverá si persistimos en recetas que han probado su ineficacia. Si un paciente estalla en cólera en el consultorio, el psicoanalista tiene el deber de preguntarse por los motivos que subyacen a ese exabrupto, que no proviene solo de su pasado, sino también de lo que está sucediendo en el ámbito compartido entre esas dos personas unidas por un vínculo de alta complejidad. Eso que llamamos el aquí y ahora.</p>   <p>Esta idea del aquí y ahora me parece fundamental para entender y cambiar lo que estamos haciendo mal en el país. Necesitamos comprender mejor por qué insistimos en mantener esa herida infectada, sin esforzarnos en curarla. Necesitamos que esos remedios, esas soluciones, provengan del diálogo y la escucha. Eso precisamente no se ha observado en esta segunda vuelta, donde más bien han primado el antagonismo y las imprecaciones. Va a ser difícil lograr ese entendimiento básico después de tanto agravio y desprecio.</p>   <p>Felizmente, el electorado peruano no le ha dado a ningún grupo la mayoría en el Congreso. Ojalá esta sea una ocasión para recuperar esa capacidad de hacer política que hoy parece haberse extraviado.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Los familiares al centro, por Eliana Carlín ]]>
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                            <![CDATA[ Es urgente unir esfuerzos de organizaciones en defensa de derechos humanos para garantizar la seguridad de activistas y defensores, ante un entorno de creciente persecución política. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Eliana Carlín]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Eliana Carlín</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:43:52 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Los familiares al centro, por Eliana Carlín ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Gisella Ortiz siempre me ha parecido una persona admirable. La hermana de Luis Enrique Ortiz, estudiante de la Universidad Nacional de La Cantuta asesinado por el Grupo Colina al mando de Alberto Fujimori, es la imagen de la supervivencia y la perseverancia. ¿Cómo habría sido su vida si esa noche no hubiera desaparecido Luis Enrique? Ella era la líder femenina de las estudiantes de provincias en la residencia universitaria. Cada vez que la escucho o la leo, pienso en mi propio hermano y en lo que hubiera sido de mi vida si hubiera corrido la suerte de Luis Enrique. Gisella, su fuerza, su persistencia y su valentía interpelan y sublevan. Su hermano Luis Enrique no era un terrorista, y ella ha dedicado su vida entera a demostrarlo y a buscar justicia. En este momento, ella no está sola. Quienes seguimos su camino estamos con ella y con todos los familiares de víctimas.</p>   <p>La circunstancia terrible del segundo fujimorato debe poner al centro a los familiares de las víctimas y generar un llamado urgente de protección de su integridad y sus derechos humanos. Los antecedentes del trato a la oposición son de público conocimiento, y no podemos dar la espalda a quienes han dedicado media vida a la búsqueda de justicia. Que la campaña haya terminado sin esa exigencia no es excusa: es precisamente una alerta crítica que ahora hay que atender. Recordemos que, en el bloque de derechos humanos del debate presidencial, Fuerza Popular habló sobre carreteras. Ni siquiera esa evasión pareció incomodar a quienes desde sus butacas predicaron equidistancia.</p>   <p>Las organizaciones sociales, de defensa de los derechos humanos y los espacios de memoria deben converger en un frente común. La tarea urgente es desarrollar medidas de seguridad para defensores y defensoras, activistas, periodistas críticos y miembros del sistema de justicia que ya sufren persecución política bajo el cogobierno congresal de Fuerza Popular. El poder total que se avecina solo profundizará los abusos. No es momento de esperar: es momento de organizarse.</p>   <p>Termino citando un fragmento de la hermosa encíclica &#039;Magnífica Humanitas&#039;, de León XIV:</p>   <p>“Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en «no ser cómplices». Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el papa Francisco, debemos «tocar la carne» de quienes sufren: mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido”.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Reconstruir la República: instituciones, regiones y futuro democrático, por​​Diego García-Sayán ]]>
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                            <![CDATA[ "Más allá de las preferencias partidarias, el desafío consiste en fortalecer las instituciones, recuperar la confianza pública y construir un Estado capaz de responder eficazmente a las necesidades de todos los peruanos" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Reconstruir la República]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Diego García Sayán</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:39:11 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Reconstruir la República: instituciones, regiones y futuro democrático, por​​Diego García-Sayán ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Las elecciones se desarrollan en un contexto excepcional. Después de años de inestabilidad política, confrontación institucional, creciente desconfianza ciudadana y corrupción, el Perú enfrenta el desafío de decidir no solo quién gobernará durante los próximos años, sino también qué tipo de Estado y de democracia desea construir para las próximas décadas.<br><br>La discusión pública suele concentrarse en liderazgos, controversias y estrategias electorales. Sin embargo, los problemas fundamentales del país son más profundos. Tienen que ver con la calidad de las instituciones, la eficacia del Estado, la confianza ciudadana y la capacidad de generar oportunidades para todos los peruanos.<br><br>Una primera tarea pendiente consiste en reafirmar el principio de independencia de poderes. La crucial independencia del sistema de justicia constituye una garantía esencial para la vigencia del Estado de derecho. Los jueces y fiscales no existen para servir a gobiernos, partidos o grupos de interés. Su función es proteger la legalidad y los derechos de los ciudadanos con base en la Constitución y las obligaciones internacionales sobre derechos humanos. Cuando la independencia judicial se debilita, se debilitan también el peso de la democracia y la protección de las libertades fundamentales.<br><br>Igualmente importante resulta fortalecer el <em>equilibrio entre los poderes del Estado</em> y los <em>pesos y contrapesos</em>. El Congreso cumple funciones legislativas, pero también responsabilidades de representación, control y fiscalización. Una democracia madura necesita contrapesos eficaces, transparencia y rendición de cuentas. La calidad institucional depende de la capacidad de cada poder para ejercer sus competencias respetando los límites establecidos por la Constitución.<br></p>   <h2>Regiones e integración nacional</h2>   <p>El desarrollo regional constituye otro desafío estratégico. Las profundas brechas territoriales que aún persisten en infraestructura, educación, salud, conectividad y acceso a oportunidades económicas reflejan una tarea pendiente de la República. Durante décadas, numerosos ciudadanos han percibido que las decisiones nacionales se adoptan lejos de sus necesidades y aspiraciones. Superar esa distancia requiere una <strong>descentralización efectiva</strong>, acompañada de capacidades de gestión, transparencia y responsabilidad pública.<br><br>La construcción de un país más integrado exige reconocer que el desarrollo de las regiones no es un asunto secundario. Constituye una <em>condición indispensable</em> para la cohesión social, la estabilidad política y el crecimiento económico sostenible. Un país fragmentado territorialmente difícilmente podrá consolidar una democracia viable y fuerte.<br><br>La <em>lucha contra la corrupción</em> continúa siendo una prioridad ineludible. La corrupción no solo afecta la ética pública. También reduce la calidad de los servicios, distorsiona las decisiones de inversión, debilita la confianza ciudadana y erosiona la legitimidad de las instituciones. Combatirla exige fortalecer los organismos de control, garantizar la transparencia y promover una cultura de integridad en todos los niveles del Estado.<br><br>Al mismo tiempo, el país necesita recuperar una cultura política basada en el <em>diálogo democrático</em>. Las sociedades complejas no avanzan mediante la confrontación permanente. Los grandes desafíos nacionales —seguridad ciudadana, educación, competitividad, formalización económica y fortalecimiento institucional— requieren acuerdos amplios y políticas de largo plazo.<br><br>Por ello, el debate político, y lo que queda del debate electoral, debería centrarse en programas, propuestas y capacidades de gestión. Los ciudadanos tienen derecho a exigir claridad sobre los objetivos, mecanismos de implementación y resultados esperados de cada alternativa política. La calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad del debate público.<br><br>La elección presidencial ofrece una oportunidad medular para reflexionar y decidir sobre estas cuestiones fundamentales. Más allá de las preferencias partidarias, el desafío consiste en fortalecer las instituciones, recuperar la confianza pública y construir un Estado capaz de responder eficazmente a las necesidades de todos los peruanos.</p>   <h2><strong>Que funcionen las instituciones</strong></h2>   <p>La democracia no se fortalece únicamente mediante elecciones periódicas. Se fortalece cuando las instituciones funcionan, cuando los derechos son respetados, cuando los ciudadanos confían en la justicia y cuando las regiones participan plenamente en la construcción del proyecto nacional. Esa es la tarea pendiente. Y esa es también la oportunidad que tiene el Perú en esta hora electoral.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El reto de la política exterior durante las elecciones, por Oscar Vidarte ]]>
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                            <![CDATA[ En el año 2000, el gobierno de transición liderado por Valentín Paniagua y su canciller Javier Pérez de Cuéllar tuvo que rescatar al país luego de la dictadura fujimorista. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Conoce cuáles son los consejos del MRE ante las trabas impuestas por México.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Oscar Vidarte Arévalo</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:39:36 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El reto de la política exterior durante las elecciones, por Oscar Vidarte ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Luego de 10 años de crisis política, debilitamiento de la democracia y violaciones a los derechos humanos, la política exterior peruana quedó muy afectada. Si bien los principales ejes de nuestro accionar exterior continúan al margen de los diferentes gobiernos que hemos tenido, esto no significa que nuestro posicionamiento internacional se haya fortalecido; todo lo contrario.</p>   <p>A nivel regional, en mayor o menor medida, nuestros vínculos bilaterales se han visto perjudicados con diferentes países. Somos un país que genera mucha desconfianza, lo que impide construir relaciones internacionales sólidas.</p>   <p>El liderazgo que el Perú logró ejercer a nivel regional ha desaparecido. A pesar de ser un país mediano en la región, el Perú promovió el Consenso de Viña del Mar a finales de los años 60, hizo posible la creación del Grupo de Apoyo a Contadora en los años 80 y, ya en el siglo XXI, fue fundamental para la firma de la Carta Democrática Interamericana y el surgimiento de la Alianza del Pacífico. Más recientemente, también fuimos artífices del fallido Grupo de Lima. Esos tiempos son parte del pasado.</p>   <p>Nadie duda de la solidez y el profesionalismo de nuestro servicio diplomático, pero la crisis escapa de sus manos. Más bien, mantener las bases de nuestra política exterior —tales como la dinámica económica, la relación con las grandes potencias mundiales o nuestro interés por el regionalismo, a pesar de las dificultades— ha sido posible gracias al trabajo de la Cancillería.</p>   <p>En todo caso, en estas circunstancias, ¿creen que algún país buscaría construir vínculos con otro cuyo gobierno podría cambiar en pocos meses, tal como ha sucedido en el Perú? El próximo gobierno necesita recuperar la reputación del país, además de reconstruir nuestras relaciones tanto a nivel bilateral como multilateral.</p>   <p>En el año 2000 vivimos una realidad similar. El gobierno de transición liderado por Valentín Paniagua y su canciller Javier Pérez de Cuéllar tuvo que rescatar al país. Luego de la dictadura fujimorista, el Perú era considerado un país gobernado por corruptos, sin el menor respeto por el Estado de derecho. Fue difícil, pero se logró recuperar la democracia y la credibilidad del país. Sin ello, años después habría sido muy difícil negociar acuerdos comerciales importantes como los que logramos con Estados Unidos y la Unión Europea.</p>   <p>Este miércoles nos encontramos en una situación similar. El reto para nuestra política exterior es enorme, pero estoy seguro de que, al igual que hace 25 años, vamos a lograr superarlo.</p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El incendio boliviano, por Ramiro Escobar ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/el-incendio-boliviano-por-ramiro-escobar-hnews-495300</link>
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                            <![CDATA[ "Aunque parece que este presidente no midió la fuerza de la calle y del movimiento social, que históricamente tiene peso en Bolivia" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Con 3 votos en contra, la medida se da en medio de más de 20 días de protestas por parte de la Central Obrera Boliviana. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Ramiro Escobar</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:31:26 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El incendio boliviano, por Ramiro Escobar ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Allá por el año 2009, por una de esas fortunas de la vida, me invitaron a una conferencia en Cochabamba, una de las ciudades más importantes de Bolivia. Para cierta sorpresa mía, lo que me encontré no fue, en modo alguno, un colectivismo andino o algo similar, sino una carrera de autos, más bien propia de un país en bonanza y relajado.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Al país vecino no le iba mal entonces. Crecía sostenidamente, al punto que el Banco Mundial, en algún momento, felicitó al gobierno de Evo Morales por su gestión económica. No parece cierto, por eso, que los tiempos del Movimiento al Socialismo (MAS) fueran siempre un fracaso. La macro y la microeconomía evista convivían entonces con cierto éxito.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">En ese mismo viaje, sin embargo, fui a una comunidad andina y unos campesinos me contaron que, en una ocasión, Morales llegó y regaló dinero en efectivo. Ese era, según me dijo un analista político, uno de los problemas del gobierno: el despilfarro. Y otro problema, grave, fue no prever cómo manejaría en el futuro la riqueza gasífera boliviana, más allá de verla como una caja de programas sociales.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Además, la insistencia de Morales en creerse un predestinado, lo que lo llevó a forzar una reelección a pesar de haber perdido un referéndum que se lo prohibía en 2016, terminó de contaminar el sistema político boliviano. El líder cocalero se perfiló entonces como un obsesionado por el poder.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Morales salió del poder en medio de un tumulto social en 2019, pero el MAS volvió al poder en 2020 con Luis Arce, el exministro de Economía de Morales, y entonces vino el declive del movimiento. Luego, en 2025, gana las elecciones Rodrigo Paz, quien triunfó tras hacer acuerdos tácitos con las distintas facciones de ese movimiento o con votantes proclives a la izquierda. Su victoria era el escenario menos malo para ellos.</span></p>   <p><span style="color:rgb(8, 8, 9)">Una vez llegado al gobierno, Paz se ha convertido en un miembro más de la derecha pro-Trump regional. Además, tomó medidas que agitaron seriamente las calles: una reforma agraria al revés y una anulación de los subsidios a los combustibles. Su propio vicepresidente, Edman Lara, se ha puesto en contra de él. ¿Sobrevivirá? Siempre es una mala noticia que haya una crisis política en el barrio. Aunque parece que este presidente no midió la fuerza de la calle y del movimiento social, que históricamente tiene peso en Bolivia</span></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El rinoceronte llega a Madrid, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/11/el-rinoceronte-llega-a-madrid-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-1005389</link>
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                            <![CDATA[ Cuando Garcilaso de la Vega llegó a España para reclamar mercedes por los servicios militares de su padre y la restitución patrimonial de su madre, el cronista quedó también sorprendido por la imagen, esculpida en piedra, de un extraño animal proveniente de la India. ¿Qué impresiones produjo en él? ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 09:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El rinoceronte llega a Madrid, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El mar se acabó y comenzó el <strong>Viejo Mundo</strong>. En el barco llegaba a Lisboa <strong>Gómez Suarez de Figueroa</strong>, quien después sería conocido como <strong>Garcilaso de la Vega.</strong></p>   <p>Esta era la primera etapa del viaje que emprendía nuestro compatriota, cuyo objetivo era ver al rey de España y solicitarle que reconociera los servicios prestados a la Corona en el Perú por su fallecido padre Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas.</p>   <p>Nos lo contó con pelos y señales, y como si hubiese estado ahí presente, <strong>José Antonio Mazzotti</strong>, quien era el organizador de un congreso sobre el Inca que se celebraría en Sevilla, en septiembre del 2008.</p>   <p>Fallecido hace dos años, Mazzotti, el mayor de los investigadores sobre el tema y también mi fraternal amigo, me propuso hacer un libro sobre el evento. Obviamente acepté y publicamos <em>Garcilasismo creativo y crítico: nueva antología</em> (Axiara Editions). De ese libro, y de mi mala memoria, provienen estos recuerdos.</p>   <p>Al llegar a la capital del imperio portugués, lo primero que se dibujó en el aire fue la deslumbradora torre de Belém.</p>   <p>Lo que primero llamó la atención de Garcilaso fue un rinoceronte de piedra. No tenía conocimiento de que existiera esa raza animal. Gualterio Palacios, su amigo y acompañante, le explicó que el primer ejemplar había llegado de la India.</p>   <p>-Nuestros colonos se lo enviaron al rey.</p>   <p>Elefantes había ya en Lisboa, pero <strong>el rinoceronte</strong> era una bestia inimaginable. Viajeros de uno y otro país iban exclusivamente a visitarlo, y su fama llegó hasta el propio papa León X, quien expresó su deseo de conocerlo.</p>   <p>-El rey, con gran pesar de su parte, embarcó a su querido rinoceronte en una travesía hacia Roma. Lamentablemente, una tempestad hundió el barco y mató a toda su tripulación. El cadáver del rinoceronte fue rescatado y, en su homenaje, Manuel I mandó cincelar una bestia de piedra en el baluarte.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/12/6a2ab80e2766a31b1f0350e0.jpg" alt="Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana." width="1250" height="735"/><figcaption>Garcilaso de la Vega. Imagen: Historia peruana.</figcaption>   <p>Después de tocarlo y olerlo, Gómez Suárez se puso delante de él y le preguntó al capitán Palacios:</p>   <p>-¿Me parezco a él? ¿Soy yo también un rinoceronte?</p>   <p>Se refería al escaso conocimiento que había en Europa acerca de los hombres que habitaban América.</p>   <p>Según la imaginación popular, algunos de ellos tenían cabeza de perro y ladraban en vez de hablar.</p>   <p>En América caminaban hombres con un ojo en la frente y otros marchaban con cascos de caballo. Los había sin nariz, de cara plana, sin boca, y eran dueños de un orificio por el cual respiraban, bebían y comían.</p>   <p>Quienes no habían salido de la península preguntaban a los viajeros si se habían encontrado con hombres de una sola pierna que saltaban con la agilidad de los conejos o con sujetos de pies invertidos a quienes no importaba adónde iban sino de dónde venían.</p>   <p>De acuerdo con ellos, pululaban en ese otro mundo personas que veían mejor de noche que de día, y hombres de pelo blanco en la juventud y negro en la vejez, quienes aprovechaban la sabiduría de la edad para emprender aventuras amorosas.</p>   <p>No hablar el mismo idioma de los colonizadores ni darle el mismo nombre a la divinidad revelaba, por un lado, carencia del lenguaje y, por otro, escasez de Dios, y, por eso, tales hombres no podían ser dueños de nada y habitaban sus tierras sin derecho alguno. Ese razonamiento hizo fácil al papa Alejandro VI firmar la bula en que entregaba esas tierras -supuestamente sin dueño- a los reinos de España y Portugal.</p>   <p>Había tenido que pasar medio siglo desde la llegada de Colón para que, en 1537, la bula papal de Pablo III declarara que los indios americanos eran hombres verdaderos, racionales y dotados de alma.</p>   <p>Sin embargo, la declaración del papa no era conocida por todos.</p>   <p>-Capitán, en Cusco, mi tierra, cuando nacía un mestizo, la comadrona le contaba los dedos de los pies por temor de que hubieran nacido con once, doce o más.</p>   <p>-Y usted, Garcilaso, ¿cuántos dedos tiene?</p>   <p>-Es posible que me tomen por un rinoceronte.</p>   <p>El Inca, que por entonces tenía veintidós años, llegó después a Madrid, pero no consiguió lo que buscaba.</p>   <p>Por fin, el licenciado Lope García de Castro, presidente del Consejo de Indias, le espetó en su cara que su padre era un traidor.</p>   <p>Felipe II no lo recibió. Acaso, el primer mestizo de América, el futuro autor de los <em><strong>Comentarios Reales de los Incas</strong></em> -y uno de los tres escritores más importantes de su siglo, junto con <strong>Cervantes</strong> y <strong>Shakespeare</strong>-, se quedó pensando: “Sí, tal vez soy un rinoceronte”.</p> ]]></content:encoded>
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                            <title>
                                <![CDATA[ Una suspensión con destinatario ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/12/una-suspension-con-destinatario-editorial-1079484</link>
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                            <![CDATA[ El magistrado que encarceló a Keiko Fujimori queda fuera del sistema anticorrupción en plena disputa electoral por la JNJ. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 07:57:21 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Una suspensión con destinatario ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Pleno de la Junta Nacional de Justicia acordó el lunes suspender preventivamente por seis meses al juez Richard Concepción Carhuancho. La decisión se tomó por mayoría, con el voto dirimente del vicepresidente del organismo, Víctor Chanduví, y el acta del acuerdo llegó a la prensa antes de que el magistrado recibiera notificación formal alguna. Ese detalle, aparentemente procesal, revela el espíritu de la medida: la suspensión se ejecutó para ser vista.</p>   <p>El cargo central contra el juez consiste en haber adelantado opinión al incluir la imagen de Nicanor Boluarte en una diapositiva durante una exposición académica sobre prisión preventiva. A ese cargo se suma el haber dictado clases en un instituto privado y haber interpretado la canción &#039;Triciclo Perú&#039; en un evento jurídico, conducta que la JNJ considera lesiva para la imagen del Poder Judicial. Ante ello, la defensa calificó la medida de desproporcionada y señaló que la ley exige razones graves para apartar a un juez de su cargo. La desproporción entre los cargos y la sanción es, precisamente, el punto político de la decisión.</p>   <p>Carhuancho es el magistrado más emblemático del sistema anticorrupción peruano. Fue uno de los jueces del proceso contra Keiko Fujimori por lavado de activos. Vale recordar que, en octubre de 2018, dictó su primera prisión preventiva por 36 meses.</p>   <p>Lo que ocurre con su suspensión es que, desde ahora, queda apartado de la Corte Superior Nacional de Justicia Penal Especializada, el tribunal que ve los principales procesos por corrupción y lavado de activos, incluidos casos contra líderes del pacto de gobierno que controla el Ejecutivo y el Congreso.</p>   <p>La decisión se adoptó tres días después de la segunda vuelta electoral, con el conteo oficial de la ONPE aún en curso y con la posibilidad, aún por oficializarse, de que la próxima mandataria sea la señora Fujimori.</p>   <p>No en vano, la virtual senadora de Ahora Nación, Mirtha Vásquez, consignó que &quot;es un hecho sintomático ante la posible llegada de un gobierno acusado de cooptar estas instituciones&quot;. El contexto convierte el procedimiento disciplinario en una señal política de primer orden.</p>   <p>Hace un mes, el presidente del Congreso, el fujimorista Fernando Rospigliosi, pidió públicamente &quot;barrer&quot; del Poder Judicial a los magistrados que defienden su independencia. Cuando el titular del Legislativo enuncia ese objetivo y, semanas después, la JNJ actúa en esa dirección, el expediente disciplinario adquiere el carácter de ejecución de una agenda declarada. La institucionalidad peruana enfrenta entonces la pregunta subsecuente: hasta dónde llegará &quot;el procedimiento&quot; y cuándo empezará la operación.</p> ]]></content:encoded>
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