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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Fri, 03 Apr 2026 08:25:30 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ No se gana una elección insultando a los peruanos ]]>
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                            <![CDATA[ La violencia ejercida por el candidato Rafael Lopez Aliaga debe ser sancionada por el JNE. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 03 Apr 2026 08:25:30 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ No se gana una elección insultando a los peruanos ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En toda democracia, la contienda electoral es —o debería ser— un espacio de confrontación de ideas, propuestas y visiones de país. Sin embargo, lo que viene marcando la actual campaña es una preocupante degradación del debate público, donde el agravio, la amenaza y la descalificación sustituyen al argumento.</p>   <p>Las recientes declaraciones de Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, son los casos más preocupantes.</p>   <p>No se trata únicamente de sus ataques contra la ONPE o de las insinuaciones intimidatorias dirigidas a su jefe, Piero Corvetto. Lo verdaderamente grave es el salto cualitativo que implica descalificar a ciudadanos —a quienes aspira a gobernar— con expresiones ofensivas y denigrantes.</p>   <p>En Andahuaylas, el insulto directo a pobladores que ejercían su derecho a la protesta no solo revela intolerancia, sino una peligrosa concepción del poder: aquella que divide al país entre “los que valen” y “los que estorban”.</p>   <p>La democracia no se construye desde el desprecio. Por el contrario, exige reconocer la pluralidad, incluso —y sobre todo— cuando esta incomoda. Un candidato que no tolera la crítica en campaña difícilmente podrá gobernar en un contexto inevitablemente diverso y conflictivo.</p>   <p>La respuesta institucional, hasta ahora prudente, no debe confundirse con indiferencia. Defender la integridad del proceso electoral y el respeto a los ciudadanos es, en ese sentido, una obligación. En esa línea, el pronunciamiento de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos resulta pertinente al advertir sobre los riesgos de normalizar discursos que rozan la violencia y que deterioran la calidad democrática.</p>   <p>Pero la responsabilidad no recae únicamente en los actores políticos. Los hechos ocurridos en Andahuaylas, donde la indignación derivó en agresiones contra el candidato, también deben llamar a la reflexión. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia. Violencia es violencia, venga de donde venga, y su normalización —sea desde el poder o desde la ciudadanía— solo contribuye a profundizar la fractura social. La protesta es un derecho; la agresión, no.</p>   <p>El país enfrenta una elección decisiva. Precisamente por ello, el estándar de quienes aspiran a conducirlo debe ser más alto, no más bajo. La indignación puede ser un recurso político eficaz en el corto plazo, pero difícilmente constituye la base de un proyecto de gobierno viable. Mucho menos cuando se dirige contra los propios ciudadanos.</p>   <p>No se gana una elección insultando a los peruanos. Y, más importante aún, no se construye un país desde el desprecio ni desde la violencia.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La reforma olvidada: formar a quienes forman docentes, por Misión Educación ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/02/la-reforma-olvidada-formar-a-quienes-forman-docentes-por-mision-educacion-hnews-27248</link>
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                            <![CDATA[ La calidad del sistema educativo depende de la formación de docentes, según el Informe McKinsey. Perú busca mejorar el desempeño docente, pero enfrenta desafíos en la Formación Inicial Docente (FID). ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Misión Educación. Foto: ANDINA]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Misión Educación</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 17:27:48 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La reforma olvidada: formar a quienes forman docentes, por Misión Educación ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”. Esta frase, del Informe McKinsey (Barber &amp; Mourshed, 2007), instaló un mensaje clave: para mejorar aprendizajes, necesitamos atraer y formar docentes de alta calidad. Este hallazgo llevó a muchos países —Perú entre ellos— a desplegar esfuerzos para mejorar el desempeño docente. La misma lógica debió aplicarse ahí donde se construye —o se frustra— su profesionalidad: la formación inicial docente (FID). Pero no ha sido así, al menos no sostenida y sistémicamente.</p>   <p>Una mirada a las últimas décadas muestra algunos esfuerzos, pero fragmentados, discontinuos y sin soporte técnico ni financiero que los haga viables. En el balance sobre los avances del Proyecto Educativo Nacional al 2021 respecto a las políticas docentes, Cuenca (2019) señala: la FID quedó relegada, pese a contar con base normativa. Y el eslabón más relegado aún: el formador de futuros docentes.</p>   <p>Un hito fue la Ley 30512 y su Reglamento (DS 010-2017-MINEDU), que consolidaron la FID como educación superior y abrieron paso a una reforma más seria. Hubo avances en el ordenamiento de instituciones, su transición a Escuelas de Educación Superior Pedagógica mediante licenciamiento y en nuevos diseños curriculares. Sin embargo, lo clave quedó relegado: la carrera del formador. Sin criterios rigurosos de selección, formación, evaluación y condiciones laborales, cualquier reforma queda en el papel. Formar a los docentes que el país necesita exige profesionalizar a sus formadores y asegurar condiciones para una enseñanza exigente y de calidad.</p>   <p>Sin docentes no hay reforma posible; sin formadores de docentes, ni siquiera empieza. En este proceso electoral no basta preguntar, hay que exigir: una política nacional para profesionalizar a quienes forman, con estándares claros, carrera definida y financiamiento sostenido. Si los candidatos no pueden decir cómo lo harán —cuándo, con qué recursos y bajo qué metas—, entonces no están proponiendo una reforma, sino repitiendo una promesa vacía. Y la educación del país ya no puede darse ese lujo.</p>   <p><em>*Colabora Patricia Andrade Pacora, ex viceministra de Gestión Pedagógica del Minedu.</em></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Almudena Grandes y el invierno en España, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/01/almudena-grandes-y-el-invierno-en-espana-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-47615</link>
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                            <![CDATA[ Con novelas como “Inés y la alegría”, la autora española forjó una obra saludada por los lectores en todo el ámbito hispanoamericano. Su experiencia personal durante la dictadura de Franco fue insumo para su ficción. ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA[Almudena Grandes. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 16:54:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Almudena Grandes y el invierno en España, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El invierno más crudo llegó al pueblo de Almudena y ella, de apenas 10 años, estaba asustada. Según un cuento suyo, se sentía aterrada por el frío que hallaría en la escuela, pero su progenitora ya había pensado en eso: &quot;El hielo no esperó a diciembre, pero mi madre sí lo esperaba a él&quot;.</p>   <p>Pensemos en la España de posguerra y entendamos que las chimeneas y otras formas de calefacción estaban reservadas para los locales escolares de la gente pudiente. El hielo se subía hasta las rodillas, las manos y el alma de los escolares de escasos recursos.</p>   <p>Pero mamá tenía ahora una sorpresa para ella:</p>   <p>“-Mira, ¿te gusta? -la sonrisa de madre se hizo más grande y encontró una manera de brillar también en sus ojos.</p>   <p>-Sí, es muy bonita -y solo entonces entendí-. ¿Es para mí?”.</p>   <p>La madre de Almudena había tejido una funda para la botella de agua caliente que llevaría la niña a la escuela. La había confeccionado con dos trozos de manta superpuestos cortados a la medida de una botella de gaseosa y cosidos por el borde con una hebra de lana en puntadas muy seguras y apretadas.</p>   <p>La funda multicolor la iba a convertir en una de las niñas más envidiadas de la comarca… y también en la más abrigada.</p>   <p>La obra de <strong>Almudena Grandes</strong> (Madrid, 1960-2021) ofrece testimonio interminable de la guerra civil española. Como lo he dicho otra vez, mi corazón ha estado siempre al lado de los perdedores.</p>   <p>En sus novelas, relatos y episodios, España -madre bella y atroz- asoma su rostro teñido con el espanto del conflicto y de la posterior dictadura de Franco.</p>   <p>Decía Albert Camus que “fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/04/02/69cdd53edf3b73cdf10b2052.jpg" alt="Almudena Grandes. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Almudena Grandes. Foto: AFP.</figcaption>   <p>No solo en la generación de Camus, sino en las que le siguieron y, más todavía, en la América española, hemos hecho nuestras todas las vidas de Almudena Grandes, cuya obra -siempre he pensado- se levantó sobre una trinchera derrotada.</p>   <p>En sus libros, nos podemos sentir habitantes de un manicomio donde el fascismo victorioso ha arrinconado a los españoles vencidos (<em>La madre de Frankenstein</em>, 2020).</p>   <p>En otro de sus escenarios (<em>Inés y la alegría</em>, 2010), caemos enamorados ante la joven que comparte la vida y el destino de los guerrilleros y, con ellos, escribe una historia que solo ahora podemos leer.</p>   <p>En 2008, conocí a Almudena y a su esposo, el poeta <strong>Luis García Montero</strong>, quien presentara mi novela <em><strong>Vallejo en los infiernos</strong></em> en la Casa de América, en Madrid.</p>   <p>Antes de conocer a Almudena, la había leído y también después, y esa es la incitación que me lleva ahora a novelar algunos capítulos de la vida peruana.</p>   <p>Cuando llegó a mis manos “Las botellas de agua caliente”, uno de sus cuentos, me sentí tentado de investigar e hice preguntas entre mis amigas españolas que vivieron los nefastos días de Franco: ¿cómo fue el invierno en tu escuela?</p>   <p>Rosi Andrino me contó que, en Barco de Ávila, su pueblo, ella pudo tener un pequeño brasero para soportar las inclemencias del invierno. En cambio, Marisa Nuño me dice que, en Fuentelsaz, ella y su hermana se peleaban por el único gato de la familia para llevarlo a clases y sentir su calor.</p>   <p>Cuando la niña del cuento vio que su madre le extendía una funda para conservar la botella de agua caliente, insistió: ¿es para mí?</p>   <p>La madre asintió con la cabeza y la niña sintió que la recorría una alegría salvaje que también era orgullo, gratitud y el anticipo de la felicidad. Tan solo besó a su madre y escribió esta historia que nos hace sentir la frialdad y la pobreza de las escuelas españolas en los días desdichados del franquismo.</p>   <p>Almudena me confesó triste que, entre sus compañeras, era la más alta. “Por eso, en las actuaciones escolares hacía el papel de árbol”.</p>   <p>Gracias a Almudena, los escritores y los lectores nos sentimos inundados por la sombra roja de los exiliados republicanos y la alegría sin final de quien sabe que, al final, la historia será suya… al igual que una botella de agua caliente.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El desacato final, por César Azabache Caracciolo ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/02/el-desacato-final-por-cesar-azabache-caracciolo-hnews-1912979</link>
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                            <![CDATA[ "Por eso se entiende que en el Congreso ya se haya propuesto autorizar la reelección de magistrados en el Tribunal": ]]>
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                            <image:title><![CDATA[César Azabache]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>César Azabache</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 14:07:27 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El desacato final, por César Azabache Caracciolo ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En las últimas semanas, bajo la penumbra que imponen los debates electorales, el Tribunal Constitucional ha hecho una declaración cuyos alcances están pasando desapercibidos. Se trata del caso Bustíos y de la condena impuesta a Daniel Urresti en abril de 2023, pero se trata además de las competencias de los tribunales de justicia y del destino final de los casos relacionados con graves violaciones a los derechos humanos perpetradas en los años 80 y 90.</p>   <p>Ya condenado, Daniel Urresti hizo un pedido más que forzado al judicial: pidió que se anule el procedimiento que se siguió en su contra en atención a la ley sobre prescripción de crímenes de lesa humanidad que fue publicada en agosto de 2024, cuando su caso ya había terminado. En esa descripción original de las cosas, Urresti aparecía pidiendo algo que ningún tribunal le habría concedido. Los cambios en las leyes sobre prescripción no aplican a casos que ya han terminado; suponen casos abiertos, casos en los que haya una acción vigente que pueda ser puesta en cuestión.</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p>TAMBIÉN PUEDES LEER: <a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/03/31/la-persecucion-judicial-en-campana-editorial-2670650">EDITORIAL | </a><strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/03/31/la-persecucion-judicial-en-campana-editorial-2670650">La persecución judicial en campaña</a></strong></p></blockquote>   <p>Aparentemente, alguien advirtió a la defensa de Urresti que su pedido no sería aceptado en ningún tribunal penal. No tenía cómo ganar. Entonces, la defensa se fue al Constitucional. Allí Urresti ganó la anulación que buscaba.</p>   <p>En la sentencia de febrero de este año, el Tribunal hizo más de lo que Urresti pedía. En ella, la mayoría del Tribunal introdujo un giro absoluto en los términos del debate. El Tribunal no se considera vinculado por la sentencia de la Corte IDH de marzo de 2001, sobre imprescriptibilidad de graves violaciones a los DD. HH. Tampoco se reconoce vinculado por la sentencia del propio Tribunal de marzo de 2011, que declaró inconstitucionales las reservas que el Congreso puso en mayo de 2003 al tratado de Naciones Unidas sobre imprescriptibilidad de crímenes de lesa humanidad. Nunca ha explicado con precisión cómo justifica su desvinculación de ambas sentencias, pero ni siquiera las menciona como un límite a su margen de interpretación de las cosas. Entonces, coge el caso Urresti y lo compara simple y llanamente con las reglas sobre prescripción de los Códigos Penales de 1924 y 1991. El Tribunal reconoce que los plazos de prescripción no pueden contarse entre junio de 1995 y mayo de 2001, el periodo en que estuvo en vigencia la primera ley de amnistía, la de los años 90. Pero el Tribunal solo reconoce esa limitación en contra de quienes expresamente usaron la ley en su favor, no como una suspensión general.</p>   <p>Expulsadas todas las limitaciones imaginables, el Tribunal declara que la acción en el caso Bustíos ya había prescrito al momento en que se leyó la condena. En consecuencia, nada de lo hecho antes o después de esa condena tiene valor legal, tampoco el procedimiento que estaba pendiente ante los tribunales ordinarios a pedido del propio Urresti.</p>   <p>El Tribunal ha borrado de un plumazo veinticinco años de jurisprudencia. Ha lanzado una oferta ilimitada a todos los condenados, acusados o investigados por graves violaciones a los derechos humanos perpetradas entre los años 80 y 90 a reclamar ante él la extinción de sus procesos o su excarcelación automática. Los únicos que no están invitados a este festín de impunidad son los que fueron condenados a tiempo, en atención a una prescripción suspendida por el uso personal de la amnistía de junio de 1995.</p>   <p>Esta es la versión de punto final que el Tribunal pretende imponer a los casos sobre derechos humanos en el Perú. La desvinculación del sistema interamericano que supone es tan drástica que hace de “apartarnos” de su alcance algo superfluo. ¿Para qué, si el Tribunal Constitucional ha hecho del desacato una regla establecida en el sistema?</p>   <p>En términos teóricos, el esquema no se sostiene desde ningún punto de vista. No existe una doctrina legal que justifique esa forma de desobedecer la sentencia de la Corte IDH de marzo de 2001. Tampoco existe una forma de explicar ese flagrante pasar por alto el contenido de la sentencia que el propio Tribunal dictó en marzo de 2011 sobre imprescriptibilidad. Una oferta de este tipo solo se sostiene mientras el Tribunal sea el mismo; un cambio general en su conformación puede echar esta forma de proceder al tacho de los trastes inservibles.</p>   <p>Por eso se entiende que en el Congreso ya se haya propuesto autorizar la reelección de magistrados en el Tribunal. Pero, claro, para reelegirlos, el Congreso actual debe antes reproducirse en el Senado.</p>   <p>La saga que sigue a esta historia es fácil de predecir. A pesar del fallo del Tribunal en marzo, el judicial rechazó el pedido original de Urresti, declarando, como era de esperarse, que no se puede discutir la prescripción de la acción en un caso que ya ha concluido. Pero, cuando el judicial se pronunció, Urresti ya estaba libre, y no es esperable que la fiscalía pida que sea detenido nuevamente para que termine de cumplir su condena. También en marzo, la Sala Nacional desestimó el último pedido de prescripción que se ha hecho en el caso El Frontón, uno de los debates más bloqueados en estos años. Es muy probable que también en este caso los acusados acudan al Tribunal a pedir que el caso sea anulado, aunque para hacerlo el Tribunal deba apartarse de la sentencia que el mismo Tribunal dictó en junio de 2013, ordenando que el proceso continúe hasta terminar en atención a una sentencia de la Corte IDH dictada sobre este mismo caso en agosto de 2000.</p>   <p>La lista de asuntos llamados a seguir esta secuela es aún más extensa. La mayoría del Tribunal Constitucional ha decidido abrir una senda que transita en medio de un claro desacato a la Corte, que expone a sus miembros a una responsabilidad constitucional que podría serles exigida en el futuro. El judicial no tiene por qué seguir esa ruta.</p>   <p>La tensión necesaria para forzar las cosas de esta manera no debe poder sostenerse de manera indefinida.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Antenor Orrego, el amigo de Vallejo que perdió su sombra, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <![CDATA[ Antenor Orrego fue una presencia clave para uno de los poetas mayores del siglo XX. Por él, César Vallejo pudo viajar a Europa, en donde nuestro vate consolidó su propuesta universal.&nbsp; ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Antenor Orrego. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 12:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Antenor Orrego, el amigo de Vallejo que perdió su sombra, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>-¡Ese hombre no tiene sombra! -se dijo <strong>César Vallejo</strong> después de conocer a Antenor Orrego. Pensó que era tan noble, tan generoso, que no podía tener nada oscuro junto a él.</p>   <p><strong>Orrego</strong>, de veintiún años, a pesar de ser tres meses menor que Vallejo y tener apenas tres años más que Haya de la Torre, sería el orientador de ambos y dejaría su marca en todo cuanto ellos hicieran.</p>   <p>Ocupaba la jefatura de redacción en La Reforma de Trujillo, un periódico que, además de mantener una actitud progresista frente a la lucha social, abría sus páginas a la publicación de ensayos y poemas de nuevos autores.</p>   <p>En esos días, se comenzaba a reunir un grupo de jóvenes escritores y artistas conocidos como la <strong>Bohemia de Trujillo</strong>. No se daría en el Perú un caso similar en el que se congregaran tantas mentalidades que rayaban en el genio y cuya propuesta social y estética trascendería fronteras.</p>   <p>Había poetas como el propio Vallejo, <strong>Alcides Spelucín</strong>, <strong>Francisco Xandóval</strong> y <strong>Óscar Imaña</strong>. <strong>Carlos Valderrama</strong> era el músico del grupo. Macedonio de la Torre, el pintor. El pensamiento político y filosófico de Orrego y Haya de la Torre se convertiría en una propuesta continental para que toda la América del Sur se uniera, escogiera un camino socialista y rechazara cualquier injerencia de los Estados Unidos en la construcción de su destino.</p>   <p>Artistas y escritores de otros lados del país llegaron a visitarlos. Así lo hizo el poeta <strong>Juan Parra del Riego</strong>.</p>   <p>Por su parte, <strong>Abraham Valdelomar</strong> los recordó en sus crónicas de viaje: “Noches de luna sobre la solemne ciudad muerta de Chan Chan; …morro frente al mar, …donde las tumbas son como mástiles de una escuadra fantástica en Pacasmayo…”.</p>   <p>En Trujillo, los anarquistas habían fundado la Liga de Artesanos y Obreros del Perú. Su biblioteca contenía más volúmenes que la de la universidad. Estaba abierta a personas tradicionalmente excluidas de la lectura, como los artesanos y las mujeres.</p>   <p>Una noche, Vallejo fue a buscar a sus amigos los “bohemios” que se hallaban reunidos en la casa de Antenor. Les recitó: “Para el alma imposible de mi amada” y “El tálamo eterno”. Quiso hacerlo con una voz desprovista de emociones y lo logró. Sin embargo, al final, varios estaban lagrimeando.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/04/01/69c495ba9e47f60d3f02d6bf.jpg" alt="Antenor Orrego. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Antenor Orrego. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Pensó entonces que ya se estaba acercando a su ídolo, <strong>Rubén Darío</strong>. Sin embargo, <strong>Antenor Orrego</strong> no estaba del todo contento. Quería que Vallejo avanzara mucho más. Que se fuera más allá de las turbadoras influencias modernistas.</p>   <p>-No quiero cortarte, hermano, los ímpetus de la creación, pero acepto estos poemas como ejercicios. Todos esperamos más, mucho más de ti.</p>   <p>-Lo sé, Antenor. Todo lo acepto de ti.</p>   <p>El hombre sin sombra no cesaba de darle consejos, pero tenía la más alta fe en su obra. Así pasaron algunos años en la gesta del gran artista. Pasó también el tiempo implacable de la prisión.</p>   <p>Como se sabe, un levantamiento de los gendarmes de <strong>Santiago de Chuco</strong> había ocasionado la cárcel para el poeta. Ese padecimiento pudo ser eterno porque la Corte Superior de Justicia hizo de todo para hundirlo y escarmentar en él a una generación que había comenzado a creer en el socialismo y en todas las utopías del siglo.</p>   <p>Un día de varios años después, César Vallejo, quien ya vivía en Lima, recibió un telegrama de Antenor.</p>   <p>Julio Gálvez Orrego, el sobrino del filósofo, había recibido una herencia y quería compartirla con su tío:</p>   <p>-Me han dejado dinero para un viaje en primera a Francia. En vez de ello, voy a comprar dos de tercera, y viajamos juntos.</p>   <p>Antenor se quedó pensativo.</p>   <p>-Mejor que vaya César -dijo, y sacrificó su propio sueño europeo.</p>   <p>Cuando el autor de <em>Los heraldos negros</em> quiso resistirse, su amigo le dio una razón concluyente:</p>   <p>-En Lima, nadie se fijará en tu obra. En Trujillo, te hundirás en la cárcel. En Francia, podrás desarrollar tu poesía y tu vida. Debes ir.</p>   <p>Vallejo se quedó pensando en su amigo Antenor Orrego. No solamente era un hombre sin sombra: ahora tampoco tenía destino. Al intercambiar sus pasajes, Vallejo salvó de la cárcel infame, no así Antenor. Él fue apresado durante quince años por razones o sinrazones políticas, o tal vez, sencillamente, por su terrible amor a la humanidad.</p>   <p>Intercambiaron sus destinos y sus almas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Hola Alfredo, ¿estás ahí?, por Juan Cruz ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/03/23/hola-alfredo-estas-ahi-por-juan-cruz-hnews-1323213</link>
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                            <![CDATA[ Bryce Echenique, el gran escritor peruano recientemente fallecido, era una memoria. Se acordaba de todo, los recordaba a todos, a los amigos y sus recuerdos, como si fuera un niño solitario. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Alfredo Bryce Echenique. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 09:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Hola Alfredo, ¿estás ahí?, por Juan Cruz ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Alfredo Bryce Echenique</strong> era una memoria. Se acordaba de todo, los recordaba a todos, y en cierto modo siempre fue un muchacho que los buscaba a todos, a los amigos y sus recuerdos, como si fuera el niño solitario que luego se transmutó en Julius, cuando ya se hizo el escritor que fue.</p>   <p>Ahora sus libros se pueden leer imaginando que lo que decía de sus personajes era lo que él mismo podía decir de sí mismo: un hombre atado a un niño que viajaba con él, con quien hablaba, para quien escribía, con el que reñía a veces sintiendo que él no era precisamente el mismo Alfredo, sino todos los nombres de Alfredo, con sus apellidos.</p>   <p>Murió a los 87 años, en su casa de Perú, donde tanto quiso, donde a tantos quiso, donde vivió cerca de gente a la que admiró, entre ellos a <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. Le escuché hablar muchas veces a solas, como si no estuviera con nadie y se buscara. A veces me convidaba a almorzar, en los tiempos en que él apenas bebía, cuando tampoco hablaba de acuerdo con aquellos torrentes que convirtieron sus noches en senderos peligrosos.</p>   <p>Su vida estuvo llena de incidentes que ahora se le estampan a su historia, como si Alfredo solo hubiera escrito esas páginas que tienen que ver con lo que se dijo de él y no con lo que él dejó dicho en las casas (en sus casas, en las casas ajenas) para que todo el mundo supiera de la vida que siempre reclamó gente alrededor.</p>   <p>La última vez que lo entrevisté, como para que se confesara por dentro, era un mediodía de Barcelona, adonde se había adentrado para reencontrarse con amigos, algunos de los cuales, como Carlos Barral, ya se habían muerto… En esa ocasión Alfredo estaba solo, y era tan solitario también entre amigos. Lo busqué para que me contara cómo se hallaba, en 2003, regresando (otra vez) de su casa de Perú…</p>   <p>Aquel penúltimo viaje a su patria natal, me dijo, lo había llenado de melancolía. Me dijo por qué, largamente, como si se estuviera escuchando a sí mismo y no estuviera, como estaba, en Barcelona, sino en la hermosa casa que tenía ya entonces en las afueras de Lima… Me dijo que le había llenado de melancolía su país porque le tocó asistir a los últimos años de <strong>Fujimori</strong>…</p>   <p>“Fueron atroces… Los peruanos se habían curtido, se habían puesto un caparazón para poder convivir con el horror de aquel hombre… No lo veían, no lo querían ver… Pero entonces mi mirada era la mirada de un hombre que viene después de 35 años… Era una mirada muy virginal, así que vi la inmundicia, la corrupción, lo vi todo… A mí se me dio una paliza, tras un rapto rapidísimo, me golpearon, me pegaron para que yo no dijera nada, simplemente para callarme… Todas esas cosas me afectaron mucho, pero me quedé ahí tres años tras esa paliza matonesca… Decían: ´es de parte de Montesinos y de Fujimori´… Todas esas cosas afectan mucho, cuando no encuentras solidaridad, cuando todo depende del sálvese quien pueda… Entonces busqué la manera de volver a España todos los años, hasta llegar a un reencuentro menos radical que el que hice… Yo me había ido (¿te acuerdas cuando me cantaban en Madrid ´Y te vas y te vas y no te has ido´…?) y los amigos me cantaban por qué no me iba nunca y siempre me estaba yendo… Lo cantaban con cariño. Lo que pasaba era que no puedes lavar el cariño que me llevé de Europa con agua y con jabón, y yo echaba mucho de menos esto, y creo que ahora he encontrado una fórmula de equilibrio perfecta… Ya no estoy vinculado a una universidad, a nada, y tan solo trabajo…”.</p>   <p>En Barcelona, me dijo, estaba muy bien instalado,<em> </em>“trabajo muy a gusto<em>”</em>, aunque sentía nostalgia de las islas Canarias, a las que tanto quiso… “De Madrid iba a las islas para encontrar la paz y en Barcelona la paz la tengo…”<em>.</em></p>   <p>Le dije a Bryce que, en efecto, no se puede lavar con agua y jabón el amor a Europa…, “pero no se puede concebir su literatura sin Perú”.</p>   <p>Me dijo este argumento, volvió a aquel Julius que tanto se le parece: “No, mi literatura no se puede concebir sin el Perú, sea como retrato de Perú o como el que está presente en Un mundo para Julius, que es una especie de preludio del fin de toda una clase social que había detentado el poder en el Perú desde la independencia al fin del siglo XIX y que ya estaba a punto de perderlo. <em>Un mundo para Julius</em> muestra muy claramente la fragilidad en que se basaba el poder de aquella llamada oligarquía casi feudal, basada en la propiedad de las grandes haciendas, las grandes extensiones de tierra y en el dominio de los indios. Casi feudal”.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/04/01/69b8a85423239a476f0560d6.jpg" alt="Alfredo Bryce Echenique. Foto: La República." width="1250" height="735"/><figcaption>Alfredo Bryce Echenique. Foto: La República.</figcaption>   <p>Bryce fue un europeo desde que pisó el suelo de las grandes ciudades que le dieron cobijo, en Francia, en España… donde quiera que fuera, Alfredo era partidario del lugar, de la noche y del lugar. Así que fue peruano y de todas partes.</p>   <p>Me dijo<em>: </em>“Yo he sido muy sensible a Europa… Mi primer modelo fue Julio Cortázar, que enseguida se interesó por la ciudad en la que vivió… Yo hablaba de Perú en París, era un peruano en París… ¿Y cómo se reía un peruano en esa ciudad?, ¿cómo llora?, ¿cómo caducan sus valores?, ¿cómo se tiene que rehacer para no meterse en el gueto e incorporarse a la sociedad? Yo creo que todo esto ha venido a mi literatura; son caminos riquísimos y derroteros por los que he ido haciendo novelas como<em> No me esperen en abril, Reo de nocturnidad o La amigdalitis de Tarzán”</em>.</p>   <p>Le dije a Bryce lo que su amigo Juan Marsé me había dicho el día anterior sobre el gran libro de este, <em>Últimas tardes con Teresa</em>… Era el libro que a él le hacía sentirse más confortable. ¿Y el tuyo, Bryce? ¿Cuál es tu libro más confortable?</p>   <p>Me dijo: “Para mí el libro más confortable sigue siendo Tantas veces Pedro. Es el libro que más quiero y el que considero que fue con el que me jugué más… Gracias a él pude escribir todo… Con él me salí de Un mundo para Julius; no me podía quedar eternamente en eso… Ya estaba en Europa varios años y ese fue el primer momento de mi nueva escritura… Yo no digo que sea la novela más lograda o que tenga más efecto, pero es de esas novelas que abren camino… Gracias a ella yo pude escribir<em> La vida exagerada de Martín Romaña y Reo de nocturnidad”</em>.</p>   <p>-¿Y no es <em>La vida exagerada</em>… la que te representa más como ser humano?</p>   <p>-Probablemente, como el nuevo ser humano que fui en Europa, con las transformaciones que Europa creó en mí.</p>   <p>-Imagina que te encuentras con el Bryce de <em>Un mundo para Julius</em> y el de <em>Permiso para sentir</em>… ¿Cuál sería la conversación de los dos?</p>   <p>-Yo creo que uno es un nombre que se despide de Perú y otro es ya un hombre que hace rato se ha dado un buen abrazo fraternal con Europa. Yo creo que lo que hay ahí empieza a dar los frutos de un hombre, siguiendo el modelo cortazariano, que se abrió a la sociedad que lo acogía, no se metió al gueto peruano a lamentar el Perú perdido… Digamos que del primer al segundo tomo de <em>Memorias</em> ha pasado una biografía y se puede percibir un cambio de humor. Es decir, estaba el hombre vitalista y melancólico y ahora está más presente el hombre melancólico.</p>   <p>-Bryce [le dije casi al final de aquella conversación tan larga], ¿eres otro hombre?</p>   <p>-Yo soy un hombre que ha pasado por una experiencia dura, la de Perú, pero es que yo no le saco ni cólera, ni rabia, ni resentimiento, ni ganas de vengarme de nadie… Solamente me enriquezco con lo que vivo.</p>   <p>Lo quise a cualquier hora. Su muerte fue como si él no esquivara la vida y estuviera ahí, todavía, buscándose para salir de noche. Hola, Alfredo, ¿estás ahí?</p>   <p> </p>   <p>…</p>   <p> </p>   <p>*<strong>Juan Cruz</strong>. Escritor y periodista español.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La alianza electoral de los lideres del pacto corrupto ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/02/la-alianza-electoral-de-los-lideres-del-pacto-corrupto-editorial-40856</link>
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                            <![CDATA[ La invitación de Fujimori a López Aliaga confirmó la continuidad electoral de una alianza construida desde el control institucional ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 08:18:00 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Durante los últimos años, el Perú ha visto consolidarse un entramado político que trasciende etiquetas ideológicas y actúa como una coalición de intereses orientada a capturar el Estado. Este pacto corrupto tiene en su núcleo a Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, cuyas organizaciones, Fuerza Popular y Renovación Popular, han conducido la articulación de mayorías parlamentarias enfocadas en el control institucional y el blindaje político. </p>   <p>Vale no perder de vista que a este eje se han integrado Perú Libre, Podemos Perú, Alianza para el Progreso y otros partidos que han actuado de manera funcional a esta dinámica. En conjunto, han configurado un espacio de poder que coincide en la distribución de cuota y el debilitamiento de contrapesos para lograr impunidad.</p>   <p>En este contexto, lo expresado por Keiko Fujimori a López Aliaga en el debate presidencial adquiere un significado mayor. Cuando Fujimori le plantea abiertamente un entendimiento que proyecta a ambos hacia la segunda vuelta, traslada al escenario electoral, sin desparpajo, la lógica de coordinación que ya opera en el Congreso. </p>   <p>Este gesto constituye un sinceramiento político. Expresa la voluntad de dar continuidad, bajo legitimidad electoral, a un esquema de poder previamente consolidado. Refuerza, además, la evidencia de que los actores del pacto comparten más que coyunturas, ya que comparten incentivos, métodos y, sobre todo, objetivos. Incluso frente a figuras que ocupan el lugar de adversarios en el discurso, como el liderazgo de Perú Libre, la práctica política ha mostrado coincidencias operativas y disposiciones de entendimiento cuando se trata de preservar intereses comunes, como ahora, el silencio ante las acciones de protección al prófugo líder.</p>   <p>Frente a este escenario, la ciudadanía peruana cuenta con su voto informado y coherente como principal herramienta. El próximo 12 de abril ofrece la posibilidad de redefinir el curso político del país mediante una decisión integral que abarque la presidencia, el Senado y la Cámara de Diputados. En un contexto de fragmentación de la oferta política, adquiere especial relevancia la consistencia del voto, como expresión de una voluntad clara de transformación institucional.</p>   <p>La ciudadanía tiene hoy la oportunidad de reordenar el sistema político desde las urnas, afirmando su autonomía frente a acuerdos que buscan proyectarse como inevitables. En esa decisión reside la posibilidad de renovar la política peruana al servicio del interés.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El amor en “Carmen” de Bizet, por Manuel Rodríguez Cuadros ]]>
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                            <![CDATA[ La trama de "Carmen" representa la tensión entre el amor como libertad y como posesión, convirtiéndola en una obra que trasciende la tragedia de la muerte al enfatizar la lucha por la autonomía personal. ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA["Carmen". Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Manuel Rodríguez Cuadros</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 00:12:06 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Catherine Clément</strong>, autora de un influyente estudio sobre la ópera desde la perspectiva de los personajes femeninos (<em><strong>L’Opéra ou la défaite des femmes</strong></em>, 1988), ha tenido la sutileza intelectual de analizar la ópera al margen de la música, penetrando en los libretos para desentrañar el papel que el género clásico ha asignado a la mujer, para casi siempre estereotiparla en el libreto y exorcizarla en la música.</p>   <p>En la introducción de su obra, Clément afirma su propósito de “escuchar las palabras” y prestar atención a esa dimensión olvidada de la ópera. Su análisis revela una constante. Las mujeres en la ópera mueren, son sacrificadas o anuladas.</p>   <p>Carmen es una de las muertas, ciertamente. Pero es singular. No por ser necesariamente distinta como personaje, sino por ser diferente como ser humano: como dice <strong>Clément</strong> “por ser la más feminista, la más asesinada de las muertas: Carmen la gitana, Carmen la condenada. La que muere cuando quiere, la que dice no. Ella es la que decide sola, mientras que a su alrededor los hombres se afanan en sus pequeñas intrigas de contrabandistas y soldados. Es la más pura, la más libre”.</p>   <p>En la introducción del libro, <strong>Clément</strong> se explica: “... Yo voy a hablar de las mujeres y de sus historias en la ópera. Voy a cometer el acto sacrílego: escuchar las palabras, leer los libretos, seguir las intrigas, sus nudos gordianos, sus recovecos... he decidido prestar atención al lenguaje, a esa parte olvidada de la ópera”. En esa cirugía crítica desfilan juicios implacables sobre las muertas, como Madame Butterfly, Lulú; las prisioneras de dramas familiares o padres terribles como (Violetta o Elizabeth de Valois; las jóvenes sin destino (Olga, Tatiana, Lucía de Lammermoor; y, finalmente, aquellas heroínas que sufren “la furia de los dioses o la declinación de la luna”, Turandot, Norma o Adalgisa.<br>Carmen es una excepción. En palabras de Clément, es la más obstinada de las muertas: aquella que dice no. Esa negativa —esa afirmación radical de sí misma— es precisamente el núcleo de su singularidad.</p>   <p>Cuando se estrenó <em>Carmen</em>, el 3 de marzo de 1875, en la <strong>Opéra-Comique</strong> de París, la reacción fue sumamente crítica. Escandalizó. Y lo hizo porque musicalmente estaba <strong>tan lejos de la ópera cómica francesa como del drama romántico alemán wagneriano</strong>. Bizet revolucionó los cánones tradicionales de la ópera. La mediterranizó. De allí la sensación del fracaso inicial. Pero, he ahí también la razón del triunfo universal posterior.</p>   <p>Bizet sintió la sensación implacable del fracaso. Murió pocos meses después del estreno. El 3 de junio de 1875. Tenía 37 años. Se llevó a la tumba la falsa convicción del fracaso de Carmen. Pero la vida le alcanzó para oír la reveladora y certera predicción de Tchaikovski: “en diez años esta obra será <strong>una obra maestra</strong> en toda la acepción del término y será la más popular de las óperas”. Y el juicio entusiasmado de F. Nietzsche: “Cuando una obra así te ennoblece, uno mismo llega a convertirse en una obra maestra”.</p>   <p>El libreto es una de las claves de su modernidad y ruptura. Henri Meilhac y Ludovic Halévy no se limitaron a adaptar la novela de Prosper Mérimée. La transformaron. Desplazaron el eje desde la anécdota criminal hacia la relación amorosa entre Carmen y don José, otorgándole densidad trágica y simbólica. Una relación dominada por una tensión estructural que pone <strong>en juego</strong> dimensiones alternativas y excluyentes del amor. En la dinámica de esa contradicción, Carmen excede largamente al personaje casi costumbrista de la novela y se eleva a personificar en la <strong>ópera</strong> una idea abstracta del amor.</p>   <p>No se trata únicamente de una historia trágica, sino de la confrontación entre dos concepciones antagónicas del vínculo amoroso: el amor como libertad y el amor como posesión y opresión. Esta oposición no solo estructura la relación entre Carmen y don José, sino que permite releer la obra como una anticipación moderna de un problema central en la teoría del amor: la tensión entre autonomía y dependencia. En este sentido, Carmen no es una ópera sobre la muerte, sino sobre la imposibilidad de conciliar dos formas irreductibles de amar.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/04/01/69c6323223239a476f05633f.jpg" alt=""Carmen". Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Carmen&quot;. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>La concepción del amor que Carmen representa no es, ciertamente, una imagen del amor freudiano. Tiene más de la idea frommiana del amor como compensación creadora, en libertad, a la pérdida de seguridad que significa la separatividad en la evolución del ser humano. Pero, al mismo tiempo, es ajena a los componentes éticos de la visión de Fromm. Es una visión libre del amor, es cierto. Pero no de un sentimiento amoroso que deba ser regulado por los valores éticos y sociales de la responsabilidad, el respeto y el no daño al otro, como postula Fromm. Se trata de un amor en libertad, sin límites ni regulaciones, solamente comparable a la fuerza del vuelo de un pájaro y a la inexistencia de límites en su vuelo. Un vuelo, rebelde por definición, que cambia de rumbo a su propia voluntad: “el amor es un pájaro rebelde, que nadie lo puede enjaular”, canta Carmen en La Habanera.</p>   <p>El amor que encarna Carmen está más cerca de las ideas de Francesco Alberoni, de su teoría sobre el enamoramiento como una dinámica colectiva de dos. Para Alberoni el amor es el movimiento colectivo más simple, pues reúne una comunidad de solo dos personas y produce la comunidad humana más nuclear: la pareja. Este movimiento colectivo se presenta a partir del <strong>“imprinting”</strong>, que es la atracción repentina, la fascinación. Aquella que el propio <strong>Stendhal</strong> asimila a la fiebre, por emerger y diluirse sin que la voluntad intervenga. Un impacto que comunica e identifica a dos seres por encima de su individualidad.</p>   <p>En <em>Carmen</em>, el <strong>“imprinting”</strong> está simbolizado por la escena en el primer acto en que Carmen saca la flor de sus labios y la arroja al pecho de don José. Y luego se pasa a la fase del enamoramiento, a la cristalización del amor, según <strong>Stendhal.</strong> El aria de ‘La Fleur que toi <strong>m’avais jetée</strong>’, en la escena quinta del primer acto, confirma que la fuerza irresistible del amor está presente.</p>   <p>Pero el amor es una manera de nacer continua, en la medida que constituye una ruptura de la soledad y una ilusión que actúa cotidianamente en el imaginario de los amantes. Es nacimiento y renacimiento. Lo que para Fromm es la variación del sujeto amoroso, es el continuo renacer de Alberoni. Don José recrea su experiencia amorosa de Micaela hacia Carmen, la gitana, cuando agota su amor por García lo hace renacer en don José, y de este hacia Escamillo. En Carmen no son traiciones. No engaña. Prefiere la muerte a la mentira y a la claudicación respecto de sus propios sentimientos. Don José, a quien Carmen ha dejado de querer, le exige fidelidad sin amor. Carmen se niega.</p>   <p>Encarna el amor como libertad: ama sin someterse, sin renunciar a sí misma, sin aceptar vínculos de dominación. Su amor es elección permanente, no obligación. Don José, por el contrario, representa el amor como posesión. Su vínculo con Carmen evoluciona desde el enamoramiento hacia la dependencia, y de esta hacia la obsesión. No puede aceptar la autonomía de Carmen porque su amor exige exclusividad y control.</p>   <p>Al final, don José, al no poder poseerla, la asesina. Y Carmen no se resiste ni se defiende. Prefiere la libertad a la muerte. Es coherente con <strong>su</strong> lógica interna: no mentir sobre el amor, no fingir lo que no siente, no permanecer donde no ama. Su negativa final no es un gesto impulsivo, sino la culminación de su identidad. Por eso, <em>Carmen</em>, la ópera, no es una tragedia de la muerte, sino una tragedia de la libertad.</p> ]]></content:encoded>
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