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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sat, 22 Aug 2026 08:45:00 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ El Perú  les debe justicia a todas sus víctimas ]]>
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                            <![CDATA[ Las inconsistencias del nuevo gobierno apuntan en dirección contraria a las políticas de Estado de memoria, búsqueda de desaparecidos y, por ende, de auténtica reconciliación. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy sábado]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
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                            <pubDate>Sat, 22 Aug 2026 08:45:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El Perú  les debe justicia a todas sus víctimas ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El terrorismo no solo mata. Fractura el tejido social y obliga a las democracias a tomar decisiones difíciles sobre los límites del Estado frente a la violencia. Ello resulta, como en el caso peruano, en el germen de profundas desconfianzas que se prolongan solo a medida que la sociedad no trabaje en su reconciliación, es decir, con acceso a la justicia para las víctimas.</p>   <p>El Perú conoce eso como muchos países de la región. Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el conflicto armado interno dejó decenas de miles de fallecidos y personas desaparecidas. Esos afectados tienen rostros distintos y victimarios distintos.</p>   <p>Pero esa es una tarea pendiente. De acuerdo con el propio presidente de la CVR, Salomón Lerner, dicho informe nunca fue presentado como un punto final sino como una base para profundizar la búsqueda de la verdad. Veintitrés años después, esa tarea sigue abierta.</p>   <p>Están los campesinos quechuahablantes del sur andino masacrados por Sendero Luminoso, los policías y militares asesinados en emboscadas, los huérfanos que crecieron sin padre ni madre, así como aquellas víctimas ultimadas por agentes del Estado y actuaron fuera de todo marco legal. Todas esas familias, todas víctimas, merecen el mismo reconocimiento, la misma verdad y la misma reparación. La distinción del perpetrador no puede ser razón para que las instituciones atiendan a unas y abandonen a otras.</p>   <p>Lo que el nuevo gobierno ha hecho en sus primeras semanas apunta en una dirección que preocupa. El titular del Minjus propuso trasladar el LUM a su cartera. Esto mientras los aliados del Ejecutivo en el Congreso impulsaron la Ley 32107 para prescribir los crímenes del conflicto y una tipificación de lesa humanidad más restrictiva que el propio Estatuto de Roma.</p>   <p>En la misma línea, el presupuesto para las Fiscalías Especializadas en Derechos Humanos sigue siendo insuficiente y nada en el pedido de facultades delegadas sugiere que esa situación vaya a revertirse.</p>   <p>No obstante, resultan destacables iniciativas cívicas como las de la diputada del partido del Buen Gobierno, Rossana Alayza, quien ha propuesto convocar a la ciudadanía a visitas guiadas en el LUM, con expertos. Es fundamental que los peruanos puedan dar fe de la importancia de estos espacios para la convivencia pacífica. Solo lo que se conoce puede defenderse.</p>   <p>Por lo tanto, en el día internacional de las víctimas del terrorismo este diario recuerda que la reconciliación que el Perú necesita pasa primero por la verdad y la justicia. La preservación de la memoria son mandatos del Estado frente a sus propios ciudadanos y frente a la comunidad internacional, como garantía de civismo. En esa línea, ningún gobierno ni parlamento debería desmontarlas ni siquiera intentarlo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Cuando la mirada tiene memoria: Delia Ackerman o el llamado de la naturaleza, por Hernán Pazos ]]>
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                            <![CDATA[ La propuesta de la cineasta está centrada en temas sociales y en la memoria. En la actualidad, se encuentra trabajando en un documental sobre la dramática situación de las llamas en Perú. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Delia Ackerman dirigiendo. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 22 Aug 2026 05:02:02 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Cuando la mirada tiene memoria: Delia Ackerman o el llamado de la naturaleza, por Hernán Pazos ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Nada es eterno y hasta las verdades universales desaparecen. Pero dentro de este paradigma encontramos cómo puede haber quienes prolongan lo más posible los entornos por los que avanzan en sus diversas búsquedas y vidas de anonimato. Con verdades que son como luces intermitentes o luces de esperanza (no siempre muy visibles) que alumbran importancias puntuales, proponen solidaridades o situaciones que damos por sentadas y de las que, en el peor de los casos, no nos percatamos. Y pasan como huracanes invisibles, promoviendo argumentos de denuncias o admiración y marcándonos con sentimientos diferentes que proponen resolver la manera de percibir y transmitir nuestra observación desde otras perspectivas. Delia Ackerman es una de estas personas. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima y cuenta con un posgrado en la Universidad de Columbia. Estos estudios la llevaron a vivir escuchando, investigando y acercándose a las historias más reales. Se especializó en cine documental, instrumento que le permitió profundizar sus reflexiones sobre las personas, los aconteceres, la naturaleza y todo lo que tiene que ser visto y escuchado; programando su mente para estos propósitos como un espacio abierto en donde la información se reúne en una especie de archivo de memoria colectiva. Hace películas y se desenvuelve en ese mundo sorteando todo tipo de dificultades: económicas, sobre los tiempos y espacios, posibles cuestionamientos políticos o muchas veces en los temas del entendimiento y difusión.</p>   <p>Y se toma sus tiempos, dadas las complicaciones que se presentan en los costos, métodos de investigación, búsqueda de financiación y captura de las situaciones o emociones que involucra, avanzando muchas veces con sus propios recursos. Situación que hace que sus películas se desarrollen a lo largo de varios años y casi al ritmo de la vida misma, caminando con ella. Recorriendo esos espacios paralelos, registrándolos, documentándolos, siendo un testigo vivo de las transformaciones accidentales o provocadas que suceden en los casos que capta o denuncia. Nos muestra su versión vivida del periodismo, ese que habla sobre los sucesos sociales del momento o que se involucra en situaciones de conflicto y en historias personales más radicales, insistiendo en eso de que no se puede abandonar una historia cuando el camino se vuelve duro y difícil.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/22/6a892979fd616886f0042e3f.jpg" alt="Delia Ackerman dirigiendo. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Delia Ackerman dirigiendo. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Y así es el cine en el Perú; requiere de mucho tiempo y esfuerzo. Más aún en el documental independiente, en donde el interés no está ligado a los éxitos o a las ganancias, sino a evidenciar espacios y tiempos que son importantes para los conflictos que conllevan las subsistencias. Así trabaja Delia, subrayando temas que nos son vitales, que hablan sobre crecimientos culturales, fenómenos adversos, la comunicación o lo que fuera necesario y capte su aguda atención. Visita, investiga y observa (tanto en nuestras zonas urbanas como en las rurales), cómo en este país vivimos apoyándonos permanentemente en nuestros esfuerzos por la supervivencia. Porque en el Perú la supervivencia es un tema de esfuerzos, y las realidades nos son hostiles.</p>   <p>Y lo evidencia y manifiesta con una vocación intensa, larga y firme en sus posiciones. En películas como <em>El Señor de Pachacamac</em>, que marcó su camino como documentalista. <em>Alas de Vida, Madre Mar</em>, <em>Esas voces que curan</em> y <em>El Rey del desierto se está muriendo</em>. Luego vino <em>Volviendo a la luz</em>, que le tomó cuatro años y en donde desarrolla un tema que la perturbó desde niña, el Holocausto. Aquí se compromete con sus emociones más perturbadoras y entrevista a sobrevivientes judíos que han escapado del horror vivido en carne propia, reconstruyendo sus vidas en el Perú. Un trabajo muy intenso y emocional para ella, en donde muchas veces apaga la cámara para llorar y abrazarse con sus entrevistados.</p>   <p>Y es así como se compromete en reflexiones, denuncias o simplemente subrayando realidades que considera importantes, y lo son. Ahora, involucrada en la decisión de abogar por nuestra naturaleza con <em>El Llamado de la Llama</em>, un documental en proceso que tiene a este animal como protagonista y cuenta con 5000 años de historia andina. El trabajo analiza el drama de las llamas, las familias llameras y las razones que empujan su dramático declive. Es una obra de gran relevancia que apoya el llamado por la supervivencia de sus protagonistas, no solo en el Perú, sino en las comunidades pastoriles de todo el mundo, las cuales en sus memorables luchas eventualmente se debilitan y flaquean. Y eso es lo que observa y divulga, porque su mirada es vasta, profunda y trae consecuencias; tiene memoria.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Entre la parodia y el prejuicio: lo que hay detrás de Shrek, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <![CDATA[ Durante 25 años, la primera película de Shrek ha sido reconocida como una historia que se atrevió a burlarse de los cuentos de hadas y a transformar la animación dirigida al público infantil, derribando el imperio de Disney. Su cuestionamiento del héroe atractivo y elegante abrió nuevas preguntas sobre aquello que mostramos a nuestros hijos. Pero, ¿hemos pensado en cuestionar su historia de la misma manera? ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Carroza de Shrek. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 21 Aug 2026 18:36:34 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Entre la parodia y el prejuicio: lo que hay detrás de Shrek, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La franquicia de DreamWorks sobre el soberano del pantano representa un importante valor cultural, pero sus logros no evitan el debate. Aunque la parodia de los relatos clásicos amplió la mirada crítica sobre el entretenimiento infantil, el ogro verde admite interpretaciones contradictorias e igualmente preocupantes a las que cuestionó a inicios del siglo XXI. Para muchos, representa a quienes son rechazados por su apariencia y demuestra que las personas merecen ser valoradas más allá de su aspecto. Para otros, algunos de sus chistes reproducen los prejuicios que la historia intenta cuestionar.</p>   <p> </p>   <p><strong>Más allá del monstruo amigable</strong></p>   <p>Shrek y Fiona rompen el relato tradicional: el ogro puede ser afectuoso y la princesa puede rechazar los cánones convencionales de belleza. Sin embargo, la historia también utiliza sus rasgos para construir bromas que, incluso contemplando el doble sentido, pueden reforzar estereotipos. La pregunta, entonces, es si realmente celebra las diferencias o si meramente las convierte en una excepción divertida.</p>   <p>Que el protagonista convierta lo grotesco en una marca de autenticidad, desde sus costumbres hasta su apariencia, no evita que la película incurra en contradicciones. Su complexión e incluso sus hábitos son asociados constantemente con el mal olor, la suciedad y aquello que se considera indeseable, como si esos rasgos fueran incompatibles con la dignidad que suele atribuirse al héroe. En consecuencia, la narración parece compensar esos atributos mediante su ingenio, su carisma y sus buenos sentimientos. Shrek es aceptado no porque su aspecto deje de ser objeto de rechazo (corpulento, con rasgos faciales gruesos y extremidades desmedidas, es decir, como muchas personas), sino porque posee otras cualidades que lo redimen: es grosero, pero noble; es sucio, pero amable; es desproporcionado, pero gracioso.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/21/6a8899fd96d10bcbaa06ccf2.jpg" alt="Carroza de Shrek. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Carroza de Shrek. Foto: AFP.</figcaption>   <p>La historia de Fiona expone una tensión similar: aunque al permanecer, al final de la película, como ogra puede interpretarse como una declaración de autoestima y un rechazo a los ideales tradicionales de belleza, también puede entenderse como la resignación ante un cuerpo considerado durante años imperfecto. La aceptación de su apariencia llega, además, después de encontrar el amor y la aprobación de otra persona. Si bien Fiona posee criterio, habilidades y capacidad para enfrentar peligros, desafiando el papel de la princesa pasiva que espera ser rescatada, que el matrimonio aparezca como la culminación de su conflicto personal refuerza la idea de que su realización y autonomía permanecen vinculadas a la unión romántica tradicional.</p>   <p>Algo parecido ocurre con Lord Farquaad. La película cuestiona su obsesión por la belleza, el orden y la uniformidad, pero convierte su baja estatura en una fuente constante de burla. Así, denuncia el rechazo hacia quienes no cumplen ciertos estándares mientras utiliza otras diferencias corporales como motivo de risa. La contradicción se profundiza cuando la imagen estereotipada de la masculinidad es “feminizada”: el villano es ridiculizado por su crueldad, pero también por alejarse de un modelo físico y de género que desea cuestionar en principio.</p>   <p>Por otro lado, si analizamos la abundante cantidad de referencias sexuales presentes en las acciones y diálogos, sobre todo del doblaje latinoamericano, resulta difícil sostener que todo se reduzca a la ironía o a juegos de palabras inocentes. En muchos casos, las insinuaciones son tan evidentes que ponen en duda el cuestionamiento de los roles de género que propone el film, sobre todo ante los ojos de los niños.</p>   <p> </p>   <p><strong>Valorar y cuestionar lo que vemos</strong></p>   <p>Estos cuestionamientos no obligan a considerar a la primera entrega de Shrek una mala película. Tampoco implican que todos los espectadores recibamos el mismo mensaje, entendiendo que es un producto reflejo de su época. No obstante, algunos niños podrían quedarse únicamente con el chiste y no percibir la crítica social que intenta plantear la historia</p>   <p>Por eso, el problema no se limita a lo que contiene la película, sino a la manera en que interactuamos con ella. Verla en familia puede convertirse en una oportunidad para conversar: ¿quién es presentado como diferente?, ¿quién tiene poder?, ¿quién es objeto de burla?, ¿y por qué esa situación resulta graciosa? También es importante distinguir entre una obra que critica los prejuicios y una representación que, sin proponérselo, puede exaltarlos.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Renovación Popular intenta criminalizar la libertad de opinión ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/21/renovacion-popular-intenta-criminalizar-la-libertad-de-opinion-editorial-976647</link>
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                            <![CDATA[ Diputado Aldo Bravo plantea cárcel a periodistas y ciudadanos que informen y opinen durante protestas. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 21 Aug 2026 07:57:00 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay un principio que las democracias consolidadas aprendieron a fuerza de experiencia. Las leyes que restringen la libertad de expresión durante conflictos sociales siempre terminan siendo usadas contra quienes informan sobre esos conflictos, nunca contra quienes los generan.</p>   <p>A pesar de ese conocimiento, el diputado de Renovación Popular Aldo Bravo propone incorporar al Código Penal “el delito de apología al delito agravado con penas de cuatro a seis años de prisión para quienes, mediante medios de comunicación o plataformas digitales, promuevan, soliciten, justifiquen o legitimen conductas violentas durante una crisis política o conflicto social”. Y además considera agravante que el emisor sea periodista, comunicador, líder de opinión o persona con capacidad de convocatoria pública.</p>   <p>El problema central del proyecto es su ambigüedad. El Consejo de la Prensa Peruana cuestiona cómo podría considerarse apología que un periodista informe sobre el lugar y la fecha de una protesta o explique las motivaciones de quienes la convocan. Asimismo, la Asociación Nacional de Periodistas advirtió que incluso la difusión de declaraciones de actores de una protesta podría generar riesgos para comunicadores si la norma se aprueba.</p>   <p>Vale recordar que el ordenamiento jurídico peruano actual ya contempla mecanismos para sancionar la instigación a delinquir y la difamación. Y esos mecanismos, dicho sea de paso, ya han sido usados como herramientas de amedrentamiento contra periodistas que investigan el poder. Gustavo Gorriti enfrenta una imputación por cohecho activo revivida sin hechos nuevos, Paola Ugaz fue procesada por su cobertura del Sodalicio, y Daniel Yovera fue denunciado por informar sobre corrupción policial.</p>   <p>Por lo tanto, valgan verdades, el Perú no necesita una norma adicional para perseguir periodistas. Tiene de sobra con las que ya existen y ya se usan con ese fin. Lo que propone Bravo no hace más que ampliar el arsenal disponible para silenciar a quienes el poder prefiere que no hablen.</p>   <p>Sin embargo, causa extrañeza que el decano del Colegio de Periodistas respalde la iniciativa. Es oportuno, entonces recordar que la colegiatura no es obligatoria, como lo establece la propia jurisprudencia internacional de la CIDH, además de diversos pronunciamientos de la SIP al respecto.</p>   <p>La Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados tiene la responsabilidad de archivar este proyecto. La libertad de opinión consagrada en el artículo 2 de la Constitución y los estándares interamericanos de libertad de expresión son el límite que ninguna bancada debería cruzar.</p> ]]></content:encoded>
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