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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sat, 06 Jun 2026 10:16:00 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ La democracia, antes que las preferencias electorales ]]>
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                            <![CDATA[ Los peruanos deben comprometerse a priorizar el respeto a los resultados de los comicios frente a las legítimas preferencias. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 10:16:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La democracia, antes que las preferencias electorales ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El mapa del Perú amanece nuevamente partido en dos. Mañana, millones de ciudadanos acudirán a sus mesas de votación con la cédula en la mano y decidirán quién conducirá el país durante los próximos cinco años.</p>   <p>El país llega nuevamente dividido y, como deja vu, el resultado puede definirse por un margen mínimo, como en los balotajes más recientes. Esa estrechez anticipa una noche larga. Allí reside el verdadero examen de la jornada: no necesariamente el nombre del ganador o ganadora, sino la disposición de todos a reconocerlo o reconocerla.</p>   <p>El Perú ya conoce el costo de quebrar esa regla. En las últimas contiendas, sectores derrotados cuestionaron el conteo sin pruebas y sembraron una sospecha que ha herido profundamente la confianza en las instituciones. Y esa tentación se repite en cada orilla: cuando el adversario gana, una parte del país prefiere negar la legitimidad del veredicto antes que aceptarlo. Esa salida conduce siempre al mismo lugar, la inestabilidad que ya costó ocho presidentes en una década.</p>   <p>Las dos candidaturas tienen aquí una responsabilidad mayor que la de sus seguidores. Quien encabeza una fuerza política debería marcar el tono responsable del día siguiente: puede convocar a la serenidad y reconocer el conteo, o puede alimentar la sospecha para conservar el ánimo de los suyos. El país recordará esa elección tanto como la del domingo mismo.</p>   <p>Pero la democracia ofrece una propuesta distinta. Quien pierde acepta el resultado y ejerce la oposición dentro de las reglas. Quien gana gobierna para todos, también para quienes votaron en contra o dejaron la cédula en blanco. Ese voto blanco, que no es menor, también merece respeto: expresa una exigencia, no una renuncia.</p>   <p>Por otro lado, los organismos que cuentan y proclaman los votos y cumplieron su tarea en la primera vuelta, merecen la misma confianza en la segunda.</p>   <p>Debe quedar impregnado en cada votante que las preferencias de cada elector son legítimas.</p>   <p>Este domingo, el Perú elige un presidente o una presidenta. El lunes, su tarea será demostrar que sabe seguir siendo una democracia o prosigue en la claudicación a ella. De esa segunda decisión, la que tomaremos todos, depende que el país despierte unido sobre el mismo mapa que hoy está dividido.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <![CDATA[ Miles de voluntarios extranjeros defendieron a la Segunda República durante la guerra civil española. El peruano Bernardo García Oquendo fue uno de ellos. Se unió a las fuerzas republicanas tras ser desterrado del Perú en 1935. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 06:47:07 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“Me voy a España”, fueron las últimas palabras de <strong>César Vallejo </strong>pronunciadas antes de que expirara el 15 de abril de 1938. Poco tiempo antes, había publicado <em>España, aparta de mí este cáliz</em> y, por su parte, <strong>Pablo Neruda</strong> presentó <em>España en el corazón</em>.</p>   <p>Por su parte, apareció el poema &#039;No pasarán&#039; de <strong>Nicolás Guillén</strong>. En nuestro tiempo, centenares de páginas de <strong>Alejandro Romualdo</strong>, <strong>Arturo Corcuera</strong>, <strong>César Calvo</strong> y <strong>Marco Martos</strong> completan una imparable canción a la nación que es madre de nuestra lengua y de muchos de nuestros sueños.</p>   <p>La invasión fascista del 16 de julio de 1936 dio comienzo a una guerra desigual en la que, luego de una heroica resistencia, los españoles republicanos serían derrotados por el aplastante poder de fuego de <strong>Hitler</strong>, <strong>Mussolini</strong> y <strong>Franco</strong>.</p>   <p>Al lado de España estuvo entonces una Brigada Internacional constituida por luchadores antifascistas que llegaban desde todo el mundo. Un buen contingente arribó desde América Latina.</p>   <p>También hubo peruanos y, entre ellos, un joven poeta que se preguntaba todo el tiempo “¿dónde termina España?”. Bernardo García Oquendo (1908-1947) tenía razón en preguntárselo porque, en distintas oportunidades, el gobierno peruano había mostrado su adhesión más completa a la invasión fascista.</p>   <p>En esos días se produjo la visita protocolar de un ministro de Mussolini que arribó a Lima cargado de alabanzas para Franco. Cuando el italiano decidió entrar a la Universidad de San Marcos, los estudiantes lo arrojaron a la pila de la Facultad de Derecho. Por esa razón, o sin razón, el Duce pedía la pena de muerte contra ese grupo de jóvenes entre los que se encontraba José María Arguedas. Nuestro escritor no fue ejecutado, aunque permaneció algún tiempo en la cárcel.</p>   <p>Bernardo había nacido en Lima y desde muy joven había mostrado sus convicciones progresistas.</p>   <p>Una costumbre de los jóvenes que pensaban así era celebrar la Fiesta del Árbol en Vitarte junto a los obreros de ese lugar. Fiel a sus creencias, Bernardo se casó en una de aquellas celebraciones cuando apenas tenía 19 años y su novia, 17.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/06/6a2171acd3a1d14a7f0525d4.jpg" alt="Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook." width="1250" height="735"/><figcaption>Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.</figcaption>   <p>Sus convicciones sociales lo llevaron a integrarse al aprismo, un movimiento recién fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, que propugnaba el socialismo para una Indoamérica unida. Los azares y persecuciones que ese partido sufrió empujarían a Bernardo una y otra vez a la cárcel. Luis Alberto Sánchez diría posteriormente que “la cárcel política en el Perú es un certificado de decencia”.</p>   <p>Luego de varias prisiones e incluso de escapar al fusilamiento, Bernardo saldría exiliado a Panamá. Por fin, llegaría a España en 1935.</p>   <p>García Oquendo, por supuesto, se sumó a la causa republicana de inmediato. Su valentía infatigable lo llevó a participar en batallas como la de Teruel, Belchite, Aragón, el Ebro, Huesca y Monte de Escandón.</p>   <p>Según he escuchado, estuvo escondido en pleno campo enemigo cuando se encontraba en Fuentelsaz. Allí la ocupación franquista era tan cruel que uno de los soldados moros, imbuido de su fe musulmana, protestó ante Dios y se quitó la vida. Ese mes de encierro involuntario hizo que Bernardo comenzara a escribir su libro <em>¿Dónde termina España?</em></p>   <p>Perdida la guerra, nuestro compatriota huyó a Francia, pero allí fue detenido y encerrado en un campo de concentración en Adge, en los Pirineos Orientales. Catorce meses después, el cónsul chileno en París, Pablo Neruda, conseguiría su libertad y lo embarcaría en el Winnipeg rumbo a Valparaíso.</p>   <p>Pocos fueron los días tranquilos que conoció Bernardo. Da la impresión de que los mejores ocurrieron cuando se hallaba escondido en casa de un pastor en Fuentelsaz y cuando, por las noches, escribía mientras observaba las apacibles montañas de Castilla.</p>   <p>El 90 aniversario del feroz alzamiento de Franco coincide con este año. Debe ser por ello que prefiero evocar los pasos de un peruano que peleaba por España y escribía poesía.</p>   <p>Tal vez eran los versos de Bernardo los que me pareció escuchar mientras caminaba yo hacia el castillo de Fuentelsaz hace unos años. Quizás sus palabras se han quedado detenidas en el tiempo y se siguen levantando este miércoles para defender a la humanidad y decir que ni la libertad ni la propia España van a terminar jamás.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El viaje póstumo de Carmen Caballero, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/08/el-viaje-postumo-de-carmen-caballero-por-leyla-aboudayeh-hnews-717528</link>
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                            <![CDATA[ La exposición “Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte” reúne en Casa Fugaz a 117 artistas de distintas partes del mundo en un gesto colectivo donde el arte, la memoria y el duelo se convierten en una forma de resistencia frente al olvido.&nbsp; ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 06:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El viaje póstumo de Carmen Caballero, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay algo en lo que pienso constantemente: nuestra trascendencia por este mundo. La posibilidad de existir más allá de la muerte. Hay personas que, cuando se van, no desaparecen del todo. Se vuelven poéticas, efímeras, incomprensibles. Permanecen de formas íntimas en la memoria de quienes las amaron y, al mismo tiempo, muy solas en los espacios que alguna vez habitaron.</p>   <p>Entender la muerte después de tantos vínculos construidos es algo que supera nuestros lenguajes. Quizá por eso el arte insiste en volver sobre ella. No para resolverla, sino para darle una forma sensible al vacío. Sé que muchas personas especiales desaparecen rápidamente bajo la velocidad y la ligereza con las que vivimos hoy. El olvido parece haberse convertido en una consecuencia natural de nuestro tiempo.</p>   <p>Por eso resulta profundamente conmovedor lo que ocurre en &#039;Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte&#039;, la exposición que se inaugura este sábado 9 de mayo en Casa Fugaz, en el Callao. La muestra, impulsada por el artista y curador Francis Naranjo, reúne a 117 artistas de distintas partes del mundo en un gesto colectivo que desborda la idea tradicional de homenaje. Aquí no se trata solamente de recordar a Carmen Caballero, sino de resistirse a su desaparición a través del arte.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/69fe83d9f8fee48252091599.jpg" alt="La pieza del artista boliviano Iván Cáceres parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria. Imagen: Difusión" width="1250" height="735"/><figcaption>La pieza del artista boliviano Iván Cáceres parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria. Imagen: Difusión</figcaption>   <p><strong>Carmen y Francis</strong> vivieron profundamente juntos. Durante décadas construyeron una red de afectos, viajes, exposiciones y encuentros que unió a artistas, curadores y pensadores de distintos territorios. Su vida estuvo atravesada por el desplazamiento constante, pero también por una idea del arte entendida como comunidad y experiencia compartida. El último viaje que hicieron juntos fue precisamente al Callao, a esta casa habitada una y otra vez por el arte.</p>   <p>Lo extraordinario de esta exposición es que logra transformar el duelo en un lenguaje colectivo. Cada obra parece preguntarse cómo hacer visible aquello que ya no está.</p>   <p>La pieza de <strong>Liliana Zapata</strong> trabaja desde esa delicadeza. Su huaco incorpora la iconografía de las joyas que Carmen utilizaba, desplazando esos objetos íntimos hacia una dimensión ritual y funeraria. La cerámica deja de ser solamente forma para convertirse en contenedor simbólico de una presencia.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/69fe8104e6e96c79db04cb1b.jpg" alt="Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>En otro registro, el artista boliviano <strong>Iván Cáceres</strong> presenta una obra que oscila entre máquina y símbolo. &quot;Soy un pequeño sol y mi puerta una gota&quot;, escribe, como si intentara nombrar un umbral entre lo visible y aquello que apenas podemos intuir. Su pieza parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria.</p>   <p>Tal vez uno de los gestos más conmovedores sea el de <strong>Eduardo Caballero</strong>, hijo de Carmen, quien ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Será la primera vez que la escuche después de su muerte. Hay algo devastador y profundamente humano en ese acto. La voz, quizá más que cualquier imagen, posee la capacidad de devolvernos una presencia.</p>   <p>La obra de <strong>Alfredo Quiroz</strong> trabaja desde otro lugar de intimidad. El artista pinta sobre un gran manto de lona la imagen de la cama de Carmen un día después de su muerte. La escena evita cualquier espectacularidad y, precisamente por eso, golpea con fuerza. La cama vacía aparece como un territorio donde todavía persiste algo invisible.</p>   <p>Por su parte, <strong>Sara Roitman</strong> presenta un jardín artificial hecho de arcilla cruda que irá deshaciéndose con el agua y el paso de los días. La obra no representa la fragilidad: la ejecuta. El tiempo interviene directamente sobre ella hasta convertir el deterioro en parte de la pieza. El duelo aparece entonces no como imagen estática, sino como proceso inevitable.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/69fe83535693c7fae408b805.jpg" alt="Eduardo Caballero ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Eduardo Caballero ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Hay algo profundamente radical en esta muestra porque ocurre en un momento donde el mundo parece cada vez menos real y menos vinculante. Vivimos hiperconectados, viajando constantemente a través de pantallas y redes sociales, pero rara vez nos sentimos verdaderamente unidos por algo. Aquí sucede lo contrario. El arte consigue construir una experiencia de comunidad alrededor de la pérdida, la memoria y la gratitud.</p>   <p>Pocas veces alguien es honrado con tanta sensibilidad y simbolismo. Y pocas veces una exposición logra devolvernos algo tan esencial de nuestra humanidad.</p>   <p>Quizá eso sea finalmente trascender: permanecer vibrando en la memoria de otros, seguir produciendo encuentros incluso después de la ausencia.</p>   <p> </p>   <p>…</p>   <p> </p>   <p>*&#039;Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte&#039; se inaugura este sábado 9 de mayo a las 12.00 p. m. en Casa Fugaz, Monumental Callao.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Que se salve quien pueda ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/04/que-se-salve-quien-pueda-155892</link>
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                            <![CDATA[ Ante pedido del candidato Sánchez para derogar las leyes procrimen, el fujimorismo se defiende tercerizando la seguridad en los propios ciudadanos ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial sálvese quien pueda]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 04:03:04 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El emplazamiento del candidato presidencial Roberto Sánchez para derogar las leyes procrimen al Congreso obtuvo, a tres días de la segunda vuelta, una confesión. Ante ello, la primera respuesta fue suspender el pleno programado para el día de ayer.</p>   <p>El presidente del Parlamento, el fujimorista Fernando Rospigliosi, saltó a defenderlas e intentó rebautizarlas como &quot;leyes anticrimen&quot;. Es, al menos, honesto en su argumento ya que expone el &quot;modelo&quot; de inseguridad que la mayoría parlamentaria construyó a pulso durante este quinquenio.</p>   <p>Rospigliosi celebró tres normas. Una que blinda al policía que dispara frente a responsabilidad penal y prisión preventiva. Otra, de su autoría, que devuelve la investigación preliminar a la Policía. Y una tercera, que autoriza al civil armado a abatir a un delincuente sin consecuencias penales.</p>   <p>Detrás del lenguaje manipulado hay una sola idea: el Estado claudica de su responsabilidad y deja la seguridad en manos de cada peruano.</p>   <p>La idea de la existencia del Estado es que cumpla la función de regular el uso de la fuerza y, en uno moderno, es decir, un Estado de Derecho, responder por él siempre. Es lo que lo diferencia de sistemas anárquicos y totalitarios.</p>   <p>En ese sentido, el que entrega el arma al ciudadano y promete impunidad anticipada confiesa que renuncia a esa tarea. Lo que sostiene es que la seguridad deja de ser un derecho garantizado y pasa a ser un riesgo individual.</p>   <p>Sin embargo, el propio Rospigliosi ofreció un dato que desarma su discurso. Reconoció que retirarle facultades a la Policía durante años explica el aumento de la delincuencia y al devolvérselo mejora la calidad policial. Pero los resultados siguen siendo los mismos. El pacto ha legislado para empeorar la seguridad y hoy presenta como solución el desorden que ayudó a crear.</p>   <p>La extorsión y el sicariato golpean cada día a transportistas y emprendedores de todo el país. Y va en avance. Frente a ese drama, la respuesta oficial consiste en trasladarles el peso de su propia defensa.</p>   <p>El emplazamiento de Sánchez tampoco resiste el examen. Él mismo votó a favor de una de esas normas y hoy promete derogar: la Ley 31989, promulgada en marzo de 2024. Esa norma, que contó con su voto, derogó una disposición que permitía a la Policía intervenir e incautar explosivos y maquinaria en manos de mineros informales con inscripción suspendida en el Reinfo. Resarcir el daño es una promesa que ha colocado en su plan de gobierno consensuado con otras fuerzas democráticas.</p>   <p>La promesa republicana requiere un Estado que proteja a todos por igual y rinda cuentas por la fuerza que ejerce, no uno que reparta armas y prometa impunidad por adelantado. Los peruanos deberán sopesar ese gran detalle para el futuro inmediato ante el nuevo gobierno que se instale el 28 de julio. Mientras tanto, el Parlamento fujimorista celebra y se reafirma en el camino contrario y deja a los ciudadanos una consigna que resume su renuncia: que se salve quien pueda.</p> ]]></content:encoded>
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