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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
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                                <![CDATA[ Fernando Bedoya y los candidatos presidenciales, por Hernán Pazos ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/01/fernando-bedoya-y-los-candidatos-presidenciales-por-hernan-pazos-hnews-56734</link>
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                            <![CDATA[ El reconocido artista plástico Fernando Bedoya y una instalación, en memoria de Juan Javier Salazar, que es a la vez un acto de denuncia que calza a la perfección con los tiempos políticos y electorales que estamos viviendo. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Fernando Bedoya. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 03 May 2026 11:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Fernando Bedoya y los candidatos presidenciales, por Hernán Pazos ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En el marco de <strong>Pinta Lima 2026</strong> y en la galería de la <strong>Casa Bulbo</strong>, en Barranco, <strong>Fernando Bedoya</strong> presentó una instalación que convierte su singular presencia en evidencia efímera e inexistente al día siguiente de haber nacido. Lo hace con un performance que invoca a Tánatos, aderezado con la personificación de la violencia urbana que podría desencadenarse ante lo poco serias que se están desenvolviendo las elecciones. Una violencia que se despierta en quienes visitan el ambiente, minuciosamente trabajado, y se enteran del verdadero objetivo de esa presentación: la destrucción de lo meticulosamente armado, al margen de los resultados y de las posiciones políticas, frente a las verdaderas realidades que andan en boca de todo el mundo: el posible fraude y la evidente corrupción.</p>   <p>Pero no es un alegato rebelde. Fernando Bedoya responde con su denuncia desde el arte, en una construcción elaborada que plantea, con el mapa del Perú en el centro de la sala, la presencia de los 35 candidatos, quienes se presentan colgados en actitud expectante, a la espera de la decisión que tarde o temprano llegará: el resultado que habla sobre la voluntad del pueblo, que decidirá en las urnas y, en esta pequeña sala también, de una manera representativa y microcósmica, quién será la figura que lo represente. Son muñecos construidos como piñatas que cuelgan del techo y dan vueltas sin tener una presencia estable. Unas veces se ven y otras no, pues el azar los va volteando de un lado al otro y hay que descubrirlos, interpretarlos, casi adivinar quiénes son realmente. Son personajes vestidos de negro y diferenciados unos de otros solo por tener pegadas en la cabeza las fotostáticas de sus rostros y sus nombres. Son presencias fugaces e intermitentes que esperan inmóviles su azaroso destino. Un destino que, en todos los casos, dependerá del más fuerte, del primero que coja cualquiera de las piñatas, del que se posicione adelante y consiga destruir a las demás.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/03/69f54fcdf8fee48252091485.jpg" alt="Instalación de Fernando Bedoya. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Instalación de Fernando Bedoya. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Una obra que, como homenaje, hace referencia a la icónica pintura de los presidentes, de <strong>Juan Javier Salazar</strong>, en una exhibición organizada por el galerista neoyorquino <strong>Henrique Faria</strong> en colaboración con <strong>Casa Bulbo</strong>, dedicada al recuerdo de este controvertido artista y a lo que dejó como reflexión. Y Fernando Bedoya trabaja en eso adecuadamente, con la colaboración de los personajes más idóneos, que lo ayudan a realizar esta instalación, denuncia o alegato, o el simple ejercicio entre elegir y crear, entre la urna, el cuadro, la piñata y el Perú. Un evento performático en el que, al final, lo importante es la decisión, la elección.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/03/69f55b9f62846ceb460c08d8.jpg" alt="Fernando Bedoya. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Fernando Bedoya. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Rápidamente encuentra a quienes le hagan <strong>las piñatas</strong>, las vistan con las mismas ropas y les den la forma de los candidatos: artesanos a quienes busca y que colaboran con él, bajo su dirección, para concretar este efímero proyecto conceptual como una verdadera denuncia que luego cuelga en la sala para que miren expectantes el veredicto que se les acerca. El primer día se presentan; al segundo, ya son destruidas; al tercero, no queda nada, solo el recuerdo. Y el pueblo elegirá, pero Bedoya no nos deja muchas alternativas salvo la de elegir a nuestro candidato, opción de mínima importancia, ya que todos los candidatos serán destruidos como resultado final. La alternativa como elección que, de una manera subjetiva, propone Bedoya es esa destrucción de los postulantes, el enfrentamiento a su volatilidad y a una presencia que, al final, es vacía y banal, y cuya única importancia o dirección es la de ocupar algún puesto, salir invictos de la destrucción; pero nadie sobrevive. Al día siguiente, y luego de haber presenciado cómo las piñatas/candidatos son golpeadas hasta ser destruidas y caer, se las observa yaciendo tiradas en el piso, apareciendo muertas, inertes, destituidas de cualquier posibilidad de intervención. Sin ningún valor o, quizás, en su nueva y verdadera presencia, “todos los espacios son iguales en la catástrofe”, dice Bedoya, porque el arte acosa y en el fondo acusa, repite insistentemente, y es lo que él hace, ya que el arte y la política son para él resultados y referentes de la misma moneda, y sus lecturas pueden ser paralelas. ¿Qué es lo que queda y por cuánto tiempo?</p>   <p>Nada se sabe ya y nada es cierto. El arte ha proclamado su voto; solo queda el Perú.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/03/69f54f98828a22418f0e9ccb.jpg" alt="Instalación de Fernando Bedoya. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Instalación de Fernando Bedoya. Foto: Difusión.</figcaption>   <p><strong>…</strong></p>   <p>*<strong>Hernán Pazos es artista plástico y escritor.</strong></p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
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                                <![CDATA[ Ciro Alegría y José María Eguren en la avenida Arequipa, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/30/ciro-alegria-y-jose-maria-eguren-en-la-avenida-arequipa-hnews-732900</link>
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                            <![CDATA[ El autor de “El mundo es ancho ajeno” creyó ver por un instante a su actor favorito, Charlie Chaplin; pero no, se trataba de un poeta peruano a quien admiraba bastante. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[José María Eguren. Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 03 May 2026 09:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Ciro Alegría y José María Eguren en la avenida Arequipa, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Albert Einstein</strong> y <strong>Charlie Chaplin</strong> se conocieron cuando ambos, el científico y el actor, eran los hombres más famosos y queridos del mundo de su época. Al estar frente a frente, Einstein dijo: “Lo que más admiro de tu arte es su universalidad. No dices ni una palabra, y aun así el mundo te entiende”.</p>   <p>Chaplin respondió: “Es verdad, pero tu fama es aún mayor. El mundo te admira, cuando nadie te entiende”.</p>   <p>Uno de los que más comentaban esa anécdota era <strong>Ciro Alegría</strong> (1909-1967). Había llegado a Lima en diciembre del 33 y estaba ávido de ver todas las películas que le faltaban del genial hombre del cine.</p>   <p>Recorría la ciudad cuando una sorpresa lo asaltó al acercarse a la portada de la avenida Arequipa. Allí, a menos de 10 metros, estaba entrando nada menos que su admirado Chaplin.</p>   <p>¿Conoces tú, amigo lector, la entrada de la avenida Arequipa? No digas tan rápidamente que sí. Se alzaba allí un arco morisco que presidía el paseo que va hacia Miraflores. El arco fue retirado de allí y ahora está en Surco, en el <strong>Parque de la Amistad</strong>.</p>   <p>¿Chaplin en Lima? ¡No precisamente!... Tanto en el aspecto físico como en los propios andares, había una persona que se le parecía muchísimo. Era el poeta José María Eguren (1874-1942), por quien su admiración no dejaba de crecer.</p>   <p>“Desde la aurora/ Combaten los reyes rojos/ Con lanza de oro.</p>   <p>Por verde bosque/ Y en los purpurinos cerros/ Vibra su ceño”.</p>   <p>Para Marco Martos, los poemas de Eguren provienen del ensueño y la duermevela de un país maravilloso y, a veces, terrible.</p>   <p>Ciro lo reconoció de inmediato y quiso ir a su encuentro. Por problemas económicos, el poeta viajaba de Lima a Miraflores, y a veces hasta Barranco, a pie. Eso significa seis kilómetros hasta la primera localidad y tres más hasta la siguiente, donde residía.</p>   <p>Aunque Eguren parecía a veces deslizarse por el aire, Ciro pudo darle alcance a la mitad de la segunda cuadra de la avenida Arequipa, quitarse el sombrero y decirle: “Maestro”.</p>   <p>El hombre casi real, casi inventado, pareció sorprenderse un poco.</p>   <p>—Yo lo admiro mucho a usted, don José María. Pensé que, como llevamos la misma dirección, podíamos seguir caminando juntos… Si me lo permite, será un honor para mí.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/03/69f387eedf13576a69007c9c.jpg" alt="José María Eguren. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>José María Eguren. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>Eguren le estrechó la mano. Sus labios finos se distendieron bajo un bigotillo entrecano. Su piel, de un color blanco pálido, mostraba finas arrugas.</p>   <p>Ambos vestían de azul y eran tan delgados como dos reyes de la baraja.</p>   <p>Después de caminar unas cuadras, el mayor estableció el diálogo:</p>   <p>—Supongo que usted también es poeta. Solamente los artistas, y en especial los poetas, conocen mi obra.</p>   <p>Ciro dijo que sí, que hacía versos, pero aclaró que los consideraba malos.</p>   <p>—En realidad, yo cultivo más la prosa.</p>   <p>Ya estaban llegando a la décima cuadra de la avenida. Todavía les faltaban 40 para llegar a Miraflores. Mientras Eguren y Alegría conversaban, el Perú soportaba la dictadura de Óscar R. Benavides.</p>   <p>Alegría y Eguren no se detuvieron ni un instante. Caminaban sin sentirlo. Si se les hubiera preguntado cómo habían llegado hasta allí, recién habrían recordado que no los conducía vehículo alguno, sino sus andariegos pies.</p>   <p>Aunque mucha gente le hacía sorna, el hombre parecido a Chaplin se dedicaba a confeccionar una pequeña magia que solamente él y unos cuantos llamaban poesía. Hacerlo iba a costarle una vida de renunciamientos. A Ciro lo habían encarcelado dos veces por sus ideas rebeldes y había sido torturado; además, había perdido la audición en el oído izquierdo y, sin embargo, persistía en su afán de querer cambiar la patria.</p>   <p>Eran acaso las 5.00 p. m., pero la oscuridad ya estaba con ellos.</p>   <p>No adivino qué conversaron durante el resto del camino ni dónde leí la historia, pero sé que llegaron a Miraflores. Cuando se estaban despidiendo, ambos se miraron con mucho respeto, pero también con alegría.</p>   <p>Incluso Ciro no podía contener la risa y Eguren, benevolente, le dijo:</p>   <p>—Ya sé de qué se ríe usted. No sabe si ha caminado con José María Eguren o lo ha hecho con Charles Chaplin.</p>   <p>Ya habían llegado a Miraflores. Lamentablemente para nosotros, no continuaron su camino juntos hasta Barranco.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Los ciudadanos deben encarar a quienes tensan la democracia ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/02/los-ciudadanos-deben-encarar-a-quienes-tensan-la-democracia-68394</link>
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                            <![CDATA[ La segunda vuelta exige respuestas de los candidatos frente al atropello sistemático a la justicia. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial hoy]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 03 May 2026 08:10:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Los ciudadanos deben encarar a quienes tensan la democracia ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La segunda vuelta presidencial ha colocado al país ante una definición de gobierno, pero también ante una decisión sobre el tipo de orden institucional que acompañará al próximo poder. El voto de los próximos días definirá quién ocupará la presidencia y también qué relación mantendrá el poder político con la justicia, con los órganos electorales y con los límites que impone la ley.</p>   <p>La no ratificación del juez Oswaldo Ordóñez por parte de la Junta Nacional de Justicia ha introducido ese debate en el centro de la campaña. Ordóñez llevó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos observaciones jurídicas sobre normas aprobadas en el Congreso de la República del Perú que afectan la persecución del crimen organizado y el funcionamiento del sistema de justicia. La consecuencia llegó bajo la forma de una salida del sistema judicial. El encadenamiento de esos hechos instala una señal que trasciende a una persona y alcanza al conjunto de la magistratura.</p>   <p>Eso se suma a una secuencia que el país observa desde hace meses: leyes que alteran herramientas de investigación penal, presión sobre magistrados, hostigamiento contra autoridades electorales y disputa abierta por el control de instituciones que sostienen el equilibrio democrático. Las relatoras de Naciones Unidas advirtieron que la remoción de Ordóñez puede constituir una represalia con efectos sobre todos los jueces del país. Esa advertencia internacional ya no se puede eludir.</p>   <p>En este punto, la ciudadanía tiene una responsabilidad inmediata. Los electores deben interpelar a todos los candidatos y, sobre todo, a quienes vayan al balotaje. Deben exigir una posición expresa sobre la decisión de la JNJ, sobre el desplazamiento de un magistrado que acudió a instancias internacionales y sobre la relación que cada candidatura propone entre poder político, independencia judicial y control institucional.</p>   <p>La democracia no se reduce al acto de depositar una cédula en el ánfora. También comprende el derecho ciudadano a pedir cuentas antes de votar y, por supuesto, después de hacerlo. La segunda vuelta ofrece esa oportunidad. El país tiene derecho a saber qué entienden los candidatos por separación de poderes, qué lugar asignan a la autonomía judicial y qué respuesta ofrecen frente a una cadena de decisiones que reordena el mapa institucional del Perú.</p>   <p>Y hay que estar atentos a los silencios frente al atropello sistemático a la justicia. Ello también forma parte del mensaje que recibirán las urnas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ En defensa de los órganos electorales ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/01/en-defensa-de-los-organos-electorales-67403</link>
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                            <![CDATA[ Una sociedad que aspire a vivir en democracia no debe permitir actos de hostigamiento como el que cometen ciertos operadores antidemocráticos. ]]>
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                            <pubDate>Sat, 02 May 2026 08:01:00 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La defensa de la democracia exige una posición clara y firme frente a cualquier intento de socavar sus instituciones. El hostigamiento contra la Oficina Nacional de Procesos Electorales y ahora contra el Jurado Nacional de Elecciones constituye un ataque directo a la esencia del sistema democrático. En esto se juega algo más que una disputa política regular. En realidad, se define la vigencia de reglas que garantizan la voluntad popular.</p>   <p>Resulta inaceptable, entonces, la presión sistemática contra los árbitros electorales. Esta conducta expresa una estrategia conocida, orientada a debilitar la legitimidad de los procesos y a erosionar la confianza ciudadana. Lo hizo Keiko Fujimori en 2021 y hoy la enarbola Rafael López Aliaga.</p>   <p>En ese sentido, el pronunciamiento de Transparencia Internacional acierta al exigir una condena sin ambigüedades. La democracia se fortalece con claridad, no con silencios. Todo liderazgo que aspire a representar a la ciudadanía tiene el deber de rechazar, de manera explícita, cualquier insinuación o práctica que desestabilice el orden constitucional.</p>   <p>Este mismo patrón se observa desde el Congreso de la República del Perú. La incorporación subrepticia de una disposición en el texto sustitutorio de la ley del colegio profesional del artista, dirigida contra la decana del Colegio de Abogados de Lima, Delia Espinoza, revela una práctica legislativa sistemática e incompatible con los principios democráticos.</p>   <p>Este tipo de maniobras retrata una forma de ejercer el poder propia de dictadores. Se vio en Venezuela con Nicolás Maduro y en Nicaragua con Ortega. Hoy, quienes se dicen defensores de la libertad piden nada menos que un golpe militar.</p>   <p>La defensa de los órganos electorales constituye hoy una tarea impostergable. Su fortalecimiento asegura la vigencia del voto como expresión soberana de la ciudadanía. Cada intento de intimidación debe encontrar una respuesta firme de la ciudadanía.</p> ]]></content:encoded>
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