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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sat, 04 Apr 2026 08:24:00 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Nada está dicho: el 30% indeciso aún puede definir la elección ]]>
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                            <![CDATA[ En la última semana antes de los comicios, un tercio de los peruanos decidirá la oferta electoral para la segunda vuelta. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 04 Apr 2026 08:24:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Nada está dicho: el 30% indeciso aún puede definir la elección ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>A pocas semanas de los comicios, el dato central del escenario electoral es claro: cerca de un tercio del electorado aún decide su voto. Ese segmento sostiene la apertura de la contienda y confirma la vitalidad de una democracia en movimiento. La elección transcurre en un terreno dinámico donde millones de ciudadanos evalúan opciones y ponderan propuestas.</p>   <p>Este 30% reúne a votantes diversos que analizan con atención el rumbo del país. Allí se expresan expectativas sobre seguridad, empleo, estabilidad económica y calidad institucional. Cada decisión en ese espacio refleja un proceso activo de evaluación. La campaña encuentra en este electorado su mayor oportunidad para persuadir con ideas, liderazgo y coherencia.</p>   <p>Las candidaturas concentran aquí su principal desafío. La claridad programática, la consistencia en el mensaje y la capacidad de conectar con las preocupaciones ciudadanas adquieren un valor decisivo. Cada intervención pública influye en un electorado que sopesa alternativas con mayor detenimiento. La calidad del debate político eleva su importancia en este tramo final.</p>   <p>En este contexto, el voto adquiere una dimensión estratégica adicional. La elección del Ejecutivo convive con la definición del equilibrio en el Senado, espacio clave para la gobernabilidad y la defensa del orden democrático. El respaldo a candidaturas con compromiso institucional fortalece la capacidad de construir acuerdos, sostener reformas y asegurar contrapesos efectivos. La decisión ciudadana puede así proyectarse más allá de un resultado inmediato y contribuir a un sistema político más estable y representativo.</p>   <p>El ecosistema informativo también cumple un rol clave. La cobertura responsable aporta contexto, ordena la discusión y facilita una comprensión más precisa del momento electoral. Una ciudadanía bien informada fortalece la deliberación y eleva el nivel del proceso democrático.</p>   <p>La experiencia electoral muestra que amplios segmentos indecisos inciden directamente en los resultados. Su participación define trayectorias, reconfigura tendencias y establece el desenlace. En este escenario, la elección se construye día a día a partir de decisiones que aún se encuentran en proceso.</p>   <p>Nada está dicho: el 30% indeciso aún puede definir la elección. En ese espacio se concentra la decisión final y la posibilidad de los peruanos para orientar el rumbo político del país que destierre a los anales de la historia el desgobierno del actual pacto corrupto liderado por el fujimorismo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ No se gana una elección insultando a los peruanos ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/03/no-se-gana-una-eleccion-insultando-a-los-peruanos-editorial-48315</link>
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                            <![CDATA[ La violencia ejercida por el candidato Rafael Lopez Aliaga debe ser sancionada por el JNE. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 03 Apr 2026 08:25:30 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ No se gana una elección insultando a los peruanos ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En toda democracia, la contienda electoral es —o debería ser— un espacio de confrontación de ideas, propuestas y visiones de país. Sin embargo, lo que viene marcando la actual campaña es una preocupante degradación del debate público, donde el agravio, la amenaza y la descalificación sustituyen al argumento.</p>   <p>Las recientes declaraciones de Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, son los casos más preocupantes.</p>   <p>No se trata únicamente de sus ataques contra la ONPE o de las insinuaciones intimidatorias dirigidas a su jefe, Piero Corvetto. Lo verdaderamente grave es el salto cualitativo que implica descalificar a ciudadanos —a quienes aspira a gobernar— con expresiones ofensivas y denigrantes.</p>   <p>En Andahuaylas, el insulto directo a pobladores que ejercían su derecho a la protesta no solo revela intolerancia, sino una peligrosa concepción del poder: aquella que divide al país entre “los que valen” y “los que estorban”.</p>   <p>La democracia no se construye desde el desprecio. Por el contrario, exige reconocer la pluralidad, incluso —y sobre todo— cuando esta incomoda. Un candidato que no tolera la crítica en campaña difícilmente podrá gobernar en un contexto inevitablemente diverso y conflictivo.</p>   <p>La respuesta institucional, hasta ahora prudente, no debe confundirse con indiferencia. Defender la integridad del proceso electoral y el respeto a los ciudadanos es, en ese sentido, una obligación. En esa línea, el pronunciamiento de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos resulta pertinente al advertir sobre los riesgos de normalizar discursos que rozan la violencia y que deterioran la calidad democrática.</p>   <p>Pero la responsabilidad no recae únicamente en los actores políticos. Los hechos ocurridos en Andahuaylas, donde la indignación derivó en agresiones contra el candidato, también deben llamar a la reflexión. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia. Violencia es violencia, venga de donde venga, y su normalización —sea desde el poder o desde la ciudadanía— solo contribuye a profundizar la fractura social. La protesta es un derecho; la agresión, no.</p>   <p>El país enfrenta una elección decisiva. Precisamente por ello, el estándar de quienes aspiran a conducirlo debe ser más alto, no más bajo. La indignación puede ser un recurso político eficaz en el corto plazo, pero difícilmente constituye la base de un proyecto de gobierno viable. Mucho menos cuando se dirige contra los propios ciudadanos.</p>   <p>No se gana una elección insultando a los peruanos. Y, más importante aún, no se construye un país desde el desprecio ni desde la violencia.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La reforma olvidada: formar a quienes forman docentes, por Misión Educación ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/02/la-reforma-olvidada-formar-a-quienes-forman-docentes-por-mision-educacion-hnews-27248</link>
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                            <![CDATA[ La calidad del sistema educativo depende de la formación de docentes, según el Informe McKinsey. Perú busca mejorar el desempeño docente, pero enfrenta desafíos en la Formación Inicial Docente (FID). ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Misión Educación. Foto: ANDINA]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Misión Educación</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 17:27:48 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La reforma olvidada: formar a quienes forman docentes, por Misión Educación ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”. Esta frase, del Informe McKinsey (Barber &amp; Mourshed, 2007), instaló un mensaje clave: para mejorar aprendizajes, necesitamos atraer y formar docentes de alta calidad. Este hallazgo llevó a muchos países —Perú entre ellos— a desplegar esfuerzos para mejorar el desempeño docente. La misma lógica debió aplicarse ahí donde se construye —o se frustra— su profesionalidad: la formación inicial docente (FID). Pero no ha sido así, al menos no sostenida y sistémicamente.</p>   <p>Una mirada a las últimas décadas muestra algunos esfuerzos, pero fragmentados, discontinuos y sin soporte técnico ni financiero que los haga viables. En el balance sobre los avances del Proyecto Educativo Nacional al 2021 respecto a las políticas docentes, Cuenca (2019) señala: la FID quedó relegada, pese a contar con base normativa. Y el eslabón más relegado aún: el formador de futuros docentes.</p>   <p>Un hito fue la Ley 30512 y su Reglamento (DS 010-2017-MINEDU), que consolidaron la FID como educación superior y abrieron paso a una reforma más seria. Hubo avances en el ordenamiento de instituciones, su transición a Escuelas de Educación Superior Pedagógica mediante licenciamiento y en nuevos diseños curriculares. Sin embargo, lo clave quedó relegado: la carrera del formador. Sin criterios rigurosos de selección, formación, evaluación y condiciones laborales, cualquier reforma queda en el papel. Formar a los docentes que el país necesita exige profesionalizar a sus formadores y asegurar condiciones para una enseñanza exigente y de calidad.</p>   <p>Sin docentes no hay reforma posible; sin formadores de docentes, ni siquiera empieza. En este proceso electoral no basta preguntar, hay que exigir: una política nacional para profesionalizar a quienes forman, con estándares claros, carrera definida y financiamiento sostenido. Si los candidatos no pueden decir cómo lo harán —cuándo, con qué recursos y bajo qué metas—, entonces no están proponiendo una reforma, sino repitiendo una promesa vacía. Y la educación del país ya no puede darse ese lujo.</p>   <p><em>*Colabora Patricia Andrade Pacora, ex viceministra de Gestión Pedagógica del Minedu.</em></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Almudena Grandes y el invierno en España, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/01/almudena-grandes-y-el-invierno-en-espana-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-47615</link>
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                            <![CDATA[ Con novelas como “Inés y la alegría”, la autora española forjó una obra saludada por los lectores en todo el ámbito hispanoamericano. Su experiencia personal durante la dictadura de Franco fue insumo para su ficción. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Almudena Grandes. Foto: AFP.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 02 Apr 2026 16:54:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Almudena Grandes y el invierno en España, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El invierno más crudo llegó al pueblo de Almudena y ella, de apenas 10 años, estaba asustada. Según un cuento suyo, se sentía aterrada por el frío que hallaría en la escuela, pero su progenitora ya había pensado en eso: &quot;El hielo no esperó a diciembre, pero mi madre sí lo esperaba a él&quot;.</p>   <p>Pensemos en la España de posguerra y entendamos que las chimeneas y otras formas de calefacción estaban reservadas para los locales escolares de la gente pudiente. El hielo se subía hasta las rodillas, las manos y el alma de los escolares de escasos recursos.</p>   <p>Pero mamá tenía ahora una sorpresa para ella:</p>   <p>“-Mira, ¿te gusta? -la sonrisa de madre se hizo más grande y encontró una manera de brillar también en sus ojos.</p>   <p>-Sí, es muy bonita -y solo entonces entendí-. ¿Es para mí?”.</p>   <p>La madre de Almudena había tejido una funda para la botella de agua caliente que llevaría la niña a la escuela. La había confeccionado con dos trozos de manta superpuestos cortados a la medida de una botella de gaseosa y cosidos por el borde con una hebra de lana en puntadas muy seguras y apretadas.</p>   <p>La funda multicolor la iba a convertir en una de las niñas más envidiadas de la comarca… y también en la más abrigada.</p>   <p>La obra de <strong>Almudena Grandes</strong> (Madrid, 1960-2021) ofrece testimonio interminable de la guerra civil española. Como lo he dicho otra vez, mi corazón ha estado siempre al lado de los perdedores.</p>   <p>En sus novelas, relatos y episodios, España -madre bella y atroz- asoma su rostro teñido con el espanto del conflicto y de la posterior dictadura de Franco.</p>   <p>Decía Albert Camus que “fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/04/02/69cdd53edf3b73cdf10b2052.jpg" alt="Almudena Grandes. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Almudena Grandes. Foto: AFP.</figcaption>   <p>No solo en la generación de Camus, sino en las que le siguieron y, más todavía, en la América española, hemos hecho nuestras todas las vidas de Almudena Grandes, cuya obra -siempre he pensado- se levantó sobre una trinchera derrotada.</p>   <p>En sus libros, nos podemos sentir habitantes de un manicomio donde el fascismo victorioso ha arrinconado a los españoles vencidos (<em>La madre de Frankenstein</em>, 2020).</p>   <p>En otro de sus escenarios (<em>Inés y la alegría</em>, 2010), caemos enamorados ante la joven que comparte la vida y el destino de los guerrilleros y, con ellos, escribe una historia que solo ahora podemos leer.</p>   <p>En 2008, conocí a Almudena y a su esposo, el poeta <strong>Luis García Montero</strong>, quien presentara mi novela <em><strong>Vallejo en los infiernos</strong></em> en la Casa de América, en Madrid.</p>   <p>Antes de conocer a Almudena, la había leído y también después, y esa es la incitación que me lleva ahora a novelar algunos capítulos de la vida peruana.</p>   <p>Cuando llegó a mis manos “Las botellas de agua caliente”, uno de sus cuentos, me sentí tentado de investigar e hice preguntas entre mis amigas españolas que vivieron los nefastos días de Franco: ¿cómo fue el invierno en tu escuela?</p>   <p>Rosi Andrino me contó que, en Barco de Ávila, su pueblo, ella pudo tener un pequeño brasero para soportar las inclemencias del invierno. En cambio, Marisa Nuño me dice que, en Fuentelsaz, ella y su hermana se peleaban por el único gato de la familia para llevarlo a clases y sentir su calor.</p>   <p>Cuando la niña del cuento vio que su madre le extendía una funda para conservar la botella de agua caliente, insistió: ¿es para mí?</p>   <p>La madre asintió con la cabeza y la niña sintió que la recorría una alegría salvaje que también era orgullo, gratitud y el anticipo de la felicidad. Tan solo besó a su madre y escribió esta historia que nos hace sentir la frialdad y la pobreza de las escuelas españolas en los días desdichados del franquismo.</p>   <p>Almudena me confesó triste que, entre sus compañeras, era la más alta. “Por eso, en las actuaciones escolares hacía el papel de árbol”.</p>   <p>Gracias a Almudena, los escritores y los lectores nos sentimos inundados por la sombra roja de los exiliados republicanos y la alegría sin final de quien sabe que, al final, la historia será suya… al igual que una botella de agua caliente.</p> ]]></content:encoded>
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