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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sun, 07 Jun 2026 04:31:02 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ El voto, como la bandera, se respeta ]]>
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                            <![CDATA[ Hoy todos los votos deben ser valorados y el resultado final seguir animando la construcción del proyecto republicano peruano. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
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                            <pubDate>Sun, 07 Jun 2026 04:31:02 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El voto, como la bandera, se respeta ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hoy 7 de junio recordamos la inmolación de compatriotas en la batalla de Arica. Este año coincide con la jornada en que también los peruanos ejercerán su derecho a ser pieza fundamental de la construcción de una nación que, desde mucho antes de la guerra del Pacífico a finales del siglo XIV, intentamos, como sociedad tan diversa, construir.</p>   <p>El historiador Jorge Basadre decía que el Perú llegó a 1880 con “héroes dispuestos al sacrificio” y con instituciones, que ya desde entonces, eran profundamente frágiles.</p>   <p>En una lectura posterior, la historiadora Carmen McEvoy explicaba que después del desastre que sobrevino en el país tras la guerra perdida, la nación se sostuvo, sobre todo, en símbolos. En ese sentido, “El último cartucho”, “la bandera de don Alfonso Ugarte”, “la respuesta de don Francisco Bolognesi” son solo algunos de los relatos que mantuvieron, y siguen manteniendo, unida la idea de un Perú, a pesar de los embates que, por ejemplo, una guerra puede dejar.</p>   <p>Este trabajo de memoria en un día como hoy, en el que los peruanos deciden a su próximo mandatario o mandataria, debería darnos perspectiva como sociedad. Son, sin duda, tiempos de desafíos democráticos que, con la sola elección, no encontrarán solución inmediata a todos los problemas que tiene sobre sí este proyecto de país.</p>   <p>Llegamos a estos comicios con una alta desconfianza interpersonal, una de las más altas de la región, y no solo hacia los políticos, sino también hacia el que piensa distinto. Y esto último es medular. Precisamente por eso el sufragio, como la bandera, es un pacto mínimo que sostiene al país. Se respetan ambos porque, al final del día, debieran confirmar que cabemos todos en una misma patria.</p>   <p>En Arica, los peruanos cumplieron con su deber ante un Estado naciente. Miles de ellos murieron, olvidados y dejados a la deriva por las autoridades de entonces. Sin embargo, nadie podría decir con justicia que su sacrificio fue en vano. Fue gracias a ese acto heroico, basado en la confianza entre distintos y sufridos, que el Perú pudo reconstruirse, no gracias a las mezquindades que siempre aparecen en la historia.</p>   <p>Sostener esta idea de peruanidad implica asumir también que el deber ciudadano pasa por respetar cada voto. El del norte y el del sur. El de la costa, la sierra y la Amazonía. El que coincide con uno y también con el que piensa distinto.</p>   <p>Se cuenta que la bandera que Ugarte salvó de las manos del ejército invasor se tejió con trocitos distintos. Esa misma conjunción de distintos, que es la república que también hoy anhelamos, necesita a todos. Y ello solo se logra respetando la voluntad popular, hoy observada por garantes internacionales y los peruanos que son parte de esta fiesta democrática. Recordemos pues que el voto, como la bandera, se respetan. Y eso es tarea de todos.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La democracia, antes que las preferencias electorales ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/05/la-democracia-antes-que-las-preferencias-electorales-358825</link>
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                            <![CDATA[ Los peruanos deben comprometerse a priorizar el respeto a los resultados de los comicios frente a las legítimas preferencias. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
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                            <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 10:16:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La democracia, antes que las preferencias electorales ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El mapa del Perú amanece nuevamente partido en dos. Mañana, millones de ciudadanos acudirán a sus mesas de votación con la cédula en la mano y decidirán quién conducirá el país durante los próximos cinco años.</p>   <p>El país llega nuevamente dividido y, como deja vu, el resultado puede definirse por un margen mínimo, como en los balotajes más recientes. Esa estrechez anticipa una noche larga. Allí reside el verdadero examen de la jornada: no necesariamente el nombre del ganador o ganadora, sino la disposición de todos a reconocerlo o reconocerla.</p>   <p>El Perú ya conoce el costo de quebrar esa regla. En las últimas contiendas, sectores derrotados cuestionaron el conteo sin pruebas y sembraron una sospecha que ha herido profundamente la confianza en las instituciones. Y esa tentación se repite en cada orilla: cuando el adversario gana, una parte del país prefiere negar la legitimidad del veredicto antes que aceptarlo. Esa salida conduce siempre al mismo lugar, la inestabilidad que ya costó ocho presidentes en una década.</p>   <p>Las dos candidaturas tienen aquí una responsabilidad mayor que la de sus seguidores. Quien encabeza una fuerza política debería marcar el tono responsable del día siguiente: puede convocar a la serenidad y reconocer el conteo, o puede alimentar la sospecha para conservar el ánimo de los suyos. El país recordará esa elección tanto como la del domingo mismo.</p>   <p>Pero la democracia ofrece una propuesta distinta. Quien pierde acepta el resultado y ejerce la oposición dentro de las reglas. Quien gana gobierna para todos, también para quienes votaron en contra o dejaron la cédula en blanco. Ese voto blanco, que no es menor, también merece respeto: expresa una exigencia, no una renuncia.</p>   <p>Por otro lado, los organismos que cuentan y proclaman los votos y cumplieron su tarea en la primera vuelta, merecen la misma confianza en la segunda.</p>   <p>Debe quedar impregnado en cada votante que las preferencias de cada elector son legítimas.</p>   <p>Este domingo, el Perú elige un presidente o una presidenta. El lunes, su tarea será demostrar que sabe seguir siendo una democracia o prosigue en la claudicación a ella. De esa segunda decisión, la que tomaremos todos, depende que el país despierte unido sobre el mismo mapa que hoy está dividido.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <![CDATA[ Miles de voluntarios extranjeros defendieron a la Segunda República durante la guerra civil española. El peruano Bernardo García Oquendo fue uno de ellos. Se unió a las fuerzas republicanas tras ser desterrado del Perú en 1935. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 06:47:07 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“Me voy a España”, fueron las últimas palabras de <strong>César Vallejo </strong>pronunciadas antes de que expirara el 15 de abril de 1938. Poco tiempo antes, había publicado <em>España, aparta de mí este cáliz</em> y, por su parte, <strong>Pablo Neruda</strong> presentó <em>España en el corazón</em>.</p>   <p>Por su parte, apareció el poema &#039;No pasarán&#039; de <strong>Nicolás Guillén</strong>. En nuestro tiempo, centenares de páginas de <strong>Alejandro Romualdo</strong>, <strong>Arturo Corcuera</strong>, <strong>César Calvo</strong> y <strong>Marco Martos</strong> completan una imparable canción a la nación que es madre de nuestra lengua y de muchos de nuestros sueños.</p>   <p>La invasión fascista del 16 de julio de 1936 dio comienzo a una guerra desigual en la que, luego de una heroica resistencia, los españoles republicanos serían derrotados por el aplastante poder de fuego de <strong>Hitler</strong>, <strong>Mussolini</strong> y <strong>Franco</strong>.</p>   <p>Al lado de España estuvo entonces una Brigada Internacional constituida por luchadores antifascistas que llegaban desde todo el mundo. Un buen contingente arribó desde América Latina.</p>   <p>También hubo peruanos y, entre ellos, un joven poeta que se preguntaba todo el tiempo “¿dónde termina España?”. Bernardo García Oquendo (1908-1947) tenía razón en preguntárselo porque, en distintas oportunidades, el gobierno peruano había mostrado su adhesión más completa a la invasión fascista.</p>   <p>En esos días se produjo la visita protocolar de un ministro de Mussolini que arribó a Lima cargado de alabanzas para Franco. Cuando el italiano decidió entrar a la Universidad de San Marcos, los estudiantes lo arrojaron a la pila de la Facultad de Derecho. Por esa razón, o sin razón, el Duce pedía la pena de muerte contra ese grupo de jóvenes entre los que se encontraba José María Arguedas. Nuestro escritor no fue ejecutado, aunque permaneció algún tiempo en la cárcel.</p>   <p>Bernardo había nacido en Lima y desde muy joven había mostrado sus convicciones progresistas.</p>   <p>Una costumbre de los jóvenes que pensaban así era celebrar la Fiesta del Árbol en Vitarte junto a los obreros de ese lugar. Fiel a sus creencias, Bernardo se casó en una de aquellas celebraciones cuando apenas tenía 19 años y su novia, 17.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/06/6a2171acd3a1d14a7f0525d4.jpg" alt="Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook." width="1250" height="735"/><figcaption>Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.</figcaption>   <p>Sus convicciones sociales lo llevaron a integrarse al aprismo, un movimiento recién fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, que propugnaba el socialismo para una Indoamérica unida. Los azares y persecuciones que ese partido sufrió empujarían a Bernardo una y otra vez a la cárcel. Luis Alberto Sánchez diría posteriormente que “la cárcel política en el Perú es un certificado de decencia”.</p>   <p>Luego de varias prisiones e incluso de escapar al fusilamiento, Bernardo saldría exiliado a Panamá. Por fin, llegaría a España en 1935.</p>   <p>García Oquendo, por supuesto, se sumó a la causa republicana de inmediato. Su valentía infatigable lo llevó a participar en batallas como la de Teruel, Belchite, Aragón, el Ebro, Huesca y Monte de Escandón.</p>   <p>Según he escuchado, estuvo escondido en pleno campo enemigo cuando se encontraba en Fuentelsaz. Allí la ocupación franquista era tan cruel que uno de los soldados moros, imbuido de su fe musulmana, protestó ante Dios y se quitó la vida. Ese mes de encierro involuntario hizo que Bernardo comenzara a escribir su libro <em>¿Dónde termina España?</em></p>   <p>Perdida la guerra, nuestro compatriota huyó a Francia, pero allí fue detenido y encerrado en un campo de concentración en Adge, en los Pirineos Orientales. Catorce meses después, el cónsul chileno en París, Pablo Neruda, conseguiría su libertad y lo embarcaría en el Winnipeg rumbo a Valparaíso.</p>   <p>Pocos fueron los días tranquilos que conoció Bernardo. Da la impresión de que los mejores ocurrieron cuando se hallaba escondido en casa de un pastor en Fuentelsaz y cuando, por las noches, escribía mientras observaba las apacibles montañas de Castilla.</p>   <p>El 90 aniversario del feroz alzamiento de Franco coincide con este año. Debe ser por ello que prefiero evocar los pasos de un peruano que peleaba por España y escribía poesía.</p>   <p>Tal vez eran los versos de Bernardo los que me pareció escuchar mientras caminaba yo hacia el castillo de Fuentelsaz hace unos años. Quizás sus palabras se han quedado detenidas en el tiempo y se siguen levantando este miércoles para defender a la humanidad y decir que ni la libertad ni la propia España van a terminar jamás.</p> ]]></content:encoded>
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