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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Wed, 23 Sep 2026 22:00:00 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ El siglo de Amelia Weiss, por Czar Gutiérrez ]]>
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                            <![CDATA[ Construyó un universo de bronce, resina, acrílico, pintura, animales y cuerpos humanos. Atravesó la modernidad peruana desde una figuración obstinada, sensual y lúdica capaz de transformar la continuidad histórica en invención pura. Se exhibe en La Galería de San Isidro.&nbsp;&nbsp; ]]>
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                            <image:title><![CDATA["Bodegón con racimo de uvas". Óleo sobre lienzo. Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 22:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El siglo de Amelia Weiss, por Czar Gutiérrez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Con paciencia mineral fabricó una época conservando una extraña independencia respecto de las modas historiográficas. Mientras la abstracción conquistaba el horizonte de la escultura peruana y la modernidad comenzaba a identificar la ruptura con una suerte de imperativo moral, ella persistió en la figura. Una persistencia que jamás fue inmovilidad.</p>   <p class="has-text-align-justify">Su escultura comienza en el barro, en esa intimidad táctil donde la forma es toda posibilidad. Después vienen el molde, el vaciado, la fundición, la espera. El bronce aparece entonces como una segunda vida del modelo, endurecido por el fuego y posteriormente intervenido mediante pátinas químicas que modifican su piel. En sus bronces, la superficie posee una memoria cromática: negros profundos, verdes minerales, dorados como residuos de una antigüedad imaginada. La escultura mantiene una conversación secreta con la tradición clásica, aunque el cuerpo que emerge haya atravesado ya la sensibilidad moderna.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/09/23/6ab2894eb478989e3602311d.jpg" alt=""Bodegón con racimo de uvas". Óleo sobre lienzo. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Bodegón con racimo de uvas&quot;. Óleo sobre lienzo. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p class="has-text-align-justify">La misma inteligencia material opera en sentido contrario con la resina y el acrílico. Allí donde el bronce remite a la permanencia, los materiales sintéticos introducen transparencia, color, ligereza óptica. El acrílico líquido podía permanecer meses en un contenedor hasta solidificarse como bloque. Ella lo tallaba posteriormente siguiendo con precisión las dimensiones de su modelo. La resina poliéster, pigmentada desde su interior, convertía el volumen en una especie de organismo luminoso. La materia dejaba de ser soporte para convertirse en argumento.</p>   <p class="has-text-align-justify">Esta doble pertenencia -entre lo arcaico y lo sintético, entre el peso y la transparencia- constituye una de las claves de una obra tensionada entre forma cerrada y expansión espacial. Sus figuras poseen una unidad compacta, incluso cuando sus líneas parecen querer prolongarse más allá del cuerpo. El <em>Dúo gatuno</em> lo demuestra con particular intensidad: dos gatos de bronce extienden sus colas formando grandes arcos que dibujan en el aire una escritura continua.</p>   <p class="has-text-align-justify">Sus cuerpos humanos obedecen a una lógica semejante. Torso, espalda, vientre, muslo, pecho. El cuerpo reducido a sus grandes volúmenes como si buscara una anatomía anterior al detalle. En sus pinturas, particularmente en los desnudos, esa simplificación adquiere una temperatura distinta. Los cuerpos anaranjados y rojizos se enfrentan a verdes, azules, violetas y amarillos. Las figuras se entrelazan con objetos, frutas, animales y superficies domésticas. El erotismo surge de la relación entre masas cromáticas, curvas corporales y proximidades.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/09/23/6ab289c3994602347b08d6da.jpg" alt=""Torso femenino". Bronce con pátina negra. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Torso femenino&quot;. Bronce con pátina negra. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p class="has-text-align-justify">La mujer, el gato, la fruta, la jarra, el caballo, el efebo: todo parece participar de una mitología doméstica. Panofsky permitiría leer esas presencias desde la descripción hasta la interpretación cultural. Gombrich, desde el esquema que la artista modifica mediante sucesivas correcciones. Pero quizá sea Riegl quien permita comprender mejor esa persistencia porque existe en ella un Kunstwollen, una voluntad formal que atraviesa materiales y décadas sin quedar subordinada a un programa estilístico.</p>   <p class="has-text-align-justify">Por eso su casa-taller de San Isidro fue una pequeña cosmogonía. Allí se modelaban figuras, animales y seres casi divinos. Allí la materia encontraba su forma y la forma encontraba genealogía. La domesticidad adquiría dimensión mitológica en transformación continua. Persistir en la figura cuando la historia exige ruptura, introducir materiales sintéticos dentro de una tradición escultórica ancestral, convertir el cuerpo en territorio de juego, deseo y memoria.</p>   <p class="has-text-align-justify">Su modernidad reside precisamente allí.<strong> Amelia Weiss</strong> (1926-2002) nació hace un siglo y no necesitó destruir la tradición para modificarla. Le bastó tocarla.</p>   <p class="has-text-align-justify">…</p>   <p class="has-text-align-justify"><strong>Dato:</strong></p>   <p class="has-text-align-justify">Lugar: La Galería</p>   <p class="has-text-align-justify">Fechas: Del 9 de setiembre al 3 de octubre 2026</p>   <p class="has-text-align-justify">Dirección: Calle Conde de la Monclova 255 - San Isidro</p>   <p class="has-text-align-justify">Horario: Lun.-Vie.: 11.00 a. m.-7.00 p. m. Sáb.: 3.00 p. m.-7.00 p. m.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Una violencia que nos atraviesa, por Las Tejedoras ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/09/23/una-violencia-que-nos-atraviesa-por-las-tejedoras-hnews-784277</link>
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                            <![CDATA[ Preocupa el debilitamiento de políticas que abordan estas problemáticas. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[El Minedu estableció nuevos criterios para definir qué situaciones serán consideradas como bullying o acoso escolar.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Las Tejedoras</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 12:39:16 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Una violencia que nos atraviesa, por Las Tejedoras ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La semana pasada, mientras se conocía la denuncia por una presunta agresión sexual contra un adolescente del Liceo Naval Almirante Guise, la Defensoría del Pueblo volvía a recordarnos Condorcanqui: años de violencia sexual contra niñas y adolescentes indígenas y una deuda de justicia y reparación.</p>   <p>De Condorcanqui a San Borja median diferencias. Cambian los contextos y las relaciones de poder. Pero mirarlos juntos obliga a reconocer algo incómodo: la violencia sexual, tan extendida como normalizada; y una pregunta dolorosa: ¿<em>qué tiene que ocurrir para que otro ser humano deje de ser percibido como alguien con dignidad, límites y derechos y pase a ser tratado como un cuerpo disponible, objeto de dominio, diversión o humillación</em>?</p>   <p>Las escuelas no son islas. Niñas, niños y adolescentes llegan a ellas con lo que la sociedad les muestra cada día y con lo que aprenden en sus familias, las redes y los múltiples espacios donde se construyen identidades y vínculos. La impunidad, el abuso de poder, la cosificación y la incapacidad de reconocer que la integridad y dignidad del otro importan tanto como las propias son problemas que atraviesan a toda la sociedad y que la escuela no puede resolver sola, pero tampoco puede ponerse de costado.</p>   <p>La escuela puede y debe asegurar que las y los estudiantes aprendan sobre el consentimiento y los límites; a reconocer relaciones desiguales de poder y rechazar la discriminación; a respetar la intimidad, pedir ayuda y actuar frente al abuso; a comprender que el cuerpo del otro no está disponible.</p>   <p>Por eso preocupa que se debiliten políticas que permiten abordar estos asuntos de manera explícita. Dejar de hablar de ellos no hará que desaparezcan.</p>   <p><em>Las niñas de Condorcanqui siguen esperando justicia y reparación. El adolescente de San Borja necesita protección y respuestas. Todos necesitan algo más que indignación: aprender, antes de que la violencia ocurra, que el otro importa.</em></p>   <p><em>*Colabora Patricia Andrade Pacora, exviceministra de Gestión Pedagógica en Ministerio de Educación del Perú </em></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La escuela y la jauría, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/09/19/la-escuela-y-la-jauria-por-diego-alonso-sanchez-hnews-1431726</link>
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                            <![CDATA[ El caso del Liceo Naval Almirante Guise ha generado gran preocupación. La denuncia señala que un estudiante de 16 años habría sido víctima de una presunta agresión sexual por parte de otros alumnos. Tras los hechos, ocho estudiantes fueron intervenidos y el caso viene siendo investigado por las autoridades. Ante esta situación, cabe preguntarnos: ¿qué podemos hacer padres, docentes y estudiantes para prevenir la violencia y construir comunidades educativas más seguras? ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Escena de "La ciudad y los perros". Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 12:27:17 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La escuela y la jauría, por Diego Alonso Sánchez ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El caso del <strong>Liceo Naval</strong> ha reavivado una preocupación que trasciende a esta comunidad educativa. La denuncia de una presunta agresión sexual contra un estudiante por parte de varios compañeros nos enfrenta a una realidad incómoda: la violencia entre escolares existe, adopta diversas formas y con frecuencia permanece invisibilizada. Más allá de las responsabilidades que las investigaciones deberán determinar, este hecho nos obliga a reflexionar sobre el acoso, las dinámicas de poder y la normalización de ciertas conductas dentro de nuestras escuelas.</p>   <p class="has-text-align-justify">La violencia se ha convertido en uno de los problemas sociales más graves del país y los colegios no son ajenos a esta realidad. Según la plataforma SíSeVe, del Ministerio de Educación, durante 2025 se registraron más de 19600 casos de violencia escolar en el Perú. Lejos de disminuir, la tendencia se agravó durante 2026: entre enero y agosto se reportaron 11805 casos, la cifra más alta para ese período desde que existen registros.</p>   <p class="has-text-align-justify">Lo más preocupante es que más de ocho mil de estos reportes corresponden a agresiones entre estudiantes y que la violencia sexual es la modalidad que más ha crecido, con un incremento superior al 35 % respecto al año anterior. Detrás de cada cifra hay historias de abuso, intimidación, ciberacoso y humillaciones que afectan el bienestar físico y emocional de niños y adolescentes.</p>   <p class="has-text-align-justify"> </p>   <p class="has-text-align-justify"><strong>Cuando la violencia no es ficción</strong></p>   <p class="has-text-align-justify">En 1963, <strong>Mario Vargas Llosa</strong> publicó <strong>La ciudad y los perros</strong>, y muchos lectores interpretaron sesgadamente que la violencia retratada en el colegio militar era una realidad exclusiva de los internados castrenses. Sin embargo, más de seis décadas después, la novela conserva una inquietante vigencia. Aunque los modelos educativos han evolucionado, aún no hemos logrado construir una cultura escolar donde el respeto, la empatía y el cuidado mutuo ocupen un lugar central.</p>   <p class="has-text-align-justify">En la novela, los alumnos más vulnerables son objeto de burlas, humillaciones y agresiones constantes. Quienes no encajan en los códigos de rudeza impuestos por el grupo dominante son aislados y convertidos en blancos fáciles del abuso. La violencia no surge únicamente de individuos agresivos, sino también de una cultura que premia la intimidación, el silencio y la demostración de poder. Quizá estas dinámicas han saltado de la ficción a la realidad.</p>   <p class="has-text-align-justify">Debemos entender que estas formas de violencia no solo ocurren en los patios y salones, sino también en los espacios virtuales que acompañan la vida cotidiana de los estudiantes. Muchas veces creemos que nuestros hijos no las sufren porque simplemente no las cuentan. Por ello, el desafío sigue siendo el mismo: reconocer la violencia antes de que se normalice, denunciarla y construir comunidades donde el respeto tenga más fuerza que el miedo.</p>   <p class="has-text-align-justify"> </p>   <p class="has-text-align-justify"><strong>Frenando a la jauría</strong></p>   <p class="has-text-align-justify">Si bien los manuales docentes establecen orientaciones claras para prevenir situaciones de violencia, resulta fundamental fortalecer la educación socioemocional y la empatía. Asimismo, es necesario implementar mecanismos eficaces para detectar e intervenir tempranamente ante cualquier forma de violencia, promoviendo una cultura basada en la solidaridad, el respeto y la inclusión. Sin embargo, uno de los aspectos más importantes es garantizar que los estudiantes sepan que pueden denunciar de manera segura y sin temor a represalias.</p>   <p class="has-text-align-justify">Desde esta perspectiva, es indispensable promover una cultura de la denuncia y del cuidado mutuo dentro de la comunidad educativa. En ese sentido, el Programa Integral para la Prevención de la Violencia en los Entornos Escolares (PREVI), orientado a fortalecer el autocuidado, la protección entre pares y la construcción de entornos seguros, debe implementarse de manera efectiva para consolidar espacios donde prevalezcan el bienestar colectivo, el respeto y una convivencia saludable.</p>   <p class="has-text-align-justify">De igual manera, la Educación Sexual Integral (ESI) constituye una herramienta clave, ya que ayuda a reconocer situaciones de violencia, comprender la importancia del consentimiento y los límites personales, cuestionar estereotipos de género y actuar adecuadamente frente a situaciones de riesgo. Más que reducir su presencia en las escuelas, es necesario fortalecer su implementación como parte de una estrategia integral para construir comunidades educativas más seguras y respetuosas.</p>   <p class="has-text-align-justify">No obstante, estos esfuerzos no bastan por sí solos. Aún queda mucho por hacer para prevenir la violencia de manera efectiva y garantizar que las escuelas sean espacios donde todos los estudiantes puedan desarrollarse con seguridad, dignidad y confianza.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La confesión fujimorista sobre la PNP ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/09/23/la-confesion-fujimorista-sobre-la-pnp-editorial-964367</link>
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                            <![CDATA[ La decisión de colocar a alias Jhonsson Pulpo en el mismo recinto que custodia a Vladimiro Montesinos admite la grave penetración del crimen en la policía y las cárceles. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 06:03:42 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay decisiones que dicen más que cualquier discurso. Ayer, mientras la presidenta Keiko Fujimori declaraba ante la Asamblea General de la ONU que el crimen organizado debe ser enfrentado como enemigo del Estado democrático, en Lima su gobierno firmaba una orden que contradice todo lo que ha sostenido públicamente sobre la PNP. Jhonsson Smit Cruz Torres, alias Jhonsson Pulpo, cabecilla de Los Pulpos, irá a la Base Naval del Callao. El mismo recinto que alberga al exasesor criminal de su padre, el señor Vladimiro Montesinos, tras su captura en 2001.</p>   <p>La razón es la misma en ambos casos y el país lo sabe: el Estado peruano reconoce que sus cárceles comunes y su propia policía están tan penetradas por el crimen organizado que Pulpo seguiría operando desde adentro si lo mandaran a cualquier otro lugar.</p>   <p>Eso es lo que el gobierno ha negado sistemáticamente mientras defiende al comandante general Arriola, mientras evita hablar de reforma policial y mientras presenta cada captura como una victoria del Plan Escudo. Pero una sola firma lo desmiente todo. La decisión de mandar a Pulpo a la Base Naval la tomó el propio gobierno.</p>   <p>El mismo día que eso ocurría en Lima, la presidenta proponía en Nueva York que las organizaciones criminales sean reconocidas jurídicamente como grupos terroristas. La Convención de Palermo del año 2000, ratificada por 147 países, incluido el Perú, ya establece los mecanismos precisos para combatir el crimen organizado transnacional: cooperación internacional, extradición, trazabilidad financiera. El caso más documentado de la lógica bélica que propone la presidenta Fujimori es México, donde Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico en 2006 con el mismo lenguaje. El resultado fue más de 350.000 muertos en quince años y cárteles más poderosos que antes.</p>   <p>Lo que queda pendiente tras esta confesión autoinfligida es la reforma institucional de la institución policial. Pulpo está en la Base Naval porque las instituciones destinadas a esa labor están capturadas. Reconocerlo públicamente es el primer paso para empezar a repararlas.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Es cultural, por Jorge Bruce ]]>
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                            <![CDATA[ Si alguien ve un paralelismo entre estas tragedias contra las niñas de Condorcanqui y lo que ha sucedido recientemente en el bus que transportaba a los estudiantes del Liceo Naval en San Borja, está en lo cierto. ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA[Es cultural, por Jorge Bruce]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Jorge Bruce</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 22 Sep 2026 21:08:18 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Es cultural, por Jorge Bruce ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>No uno sino dos ministros afirmaron, entre el 2024 y el 2026, que la violación de niñas awajún y wampis en Amazonas era un hecho cultural. El primero era ministro de Educación y el segundo del Interior. Ambos tenían razón, pero no por los motivos que los llevaron a esas afirmaciones. Ambos pretendían relativizar las violaciones de niñas y adolescentes, aduciendo que era una costumbre de la región. El quid de la cuestión es lo que entendemos por cultural.</p>   <p> Que los profesores de una determinada agrupación awajún violen a sus alumnas es cultura (en la mayoría de esas comunidades no se cometen esos actos, como lo ha recordado el noticiero La Encerrona que dirige Marco Sifuentes), ciertamente, pues no hay nada natural en ese acto destructivo y abusivo, que utiliza a las menores a su cargo como objetos. Esa cultura es la primacía de las pulsiones de muerte y dominio, el machismo, el patriarcado, la deshumanización.</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p><strong>PUEDES VER: </strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/09/18/romper-el-ciclo-editorial-1153998">Romper el ciclo</a></p></blockquote>   <p> Si alguien ve un paralelismo entre estas tragedias contra las niñas de Condorcanqui y lo que ha sucedido recientemente en el bus que transportaba a los estudiantes del Liceo Naval en San Borja, está en lo cierto. Es la misma cultura de violencia, machismo e impunidad la que rige esos actos destructivos y deshumanizantes. Asimismo, es esa misma cultura la que preside las lamentables declaraciones de los ministros citados, quienes pretenden minimizar el daño atroz causado por esos crímenes de violación de niñas y adolescentes.</p>   <p> En todos estos casos, además, existe el agravante de que los delitos se cometen en el ámbito escolar. Esto sucede desde mucho tiempo atrás, puesto que la masculinidad tóxica está alojada en el seno de nuestros intercambios sociales. El asunto es que los frenos para esos abusos nunca han tenido la potencia necesaria. Las penosas declaraciones de los ministros —es alucinante que Álvarez repita, dos años después, lo que dijo Quero— revelan que las autoridades de nuestra sociedad, lejos de atacar el problema, son parte del mismo. Los profesores de Condorcanqui, como los alumnos del Liceo Naval, actuaron convencidos de que los amparaba el manto de la impunidad y la invisibilidad.</p>   <p> La prueba de esto es que la violación en banda de los alumnos del liceo ocurrió en presencia de dos adultos, quienes en apariencia no hicieron nada para impedir esa barbarie grupal contra un chico indefenso, ¡en el espacio reducido de un bus! Los perpetradores no actuaron escondidos en el baño del colegio o en algún lugar en donde no pudieran ser vistos. Los padres de la víctima han denunciado, además, un acto racista. Esto, como diría Umberto Eco, hace sistema. Al dar rienda suelta a sus impulsos tanáticos, al humillar con esa violencia letal a un compañero racializado, por ende considerado de menor jerarquía —recuerden que se trata de un colegio que estaba bajo la tutela de la Marina de Guerra del Perú—, esos chicos lo hicieron convencidos de que serían protegidos por esas instancias que los empoderaban para lo peor.</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p><strong>PUEDES VER: </strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/09/20/condorcanqui-la-cultura-del-abandono-por-julissa-mantilla-hnews-1783320">Condorcanqui: La cultura del abandono, por Julissa Mantilla</a></p></blockquote>   <p> Por eso las declaraciones del candidato a regidor (alcalde) de Lima, miembro del Opus Dei, cuando amenaza al funcionario del JNE con sodomizarlo con un morrocoy, no deben ser tomadas a la broma. Con esas amenazas de violación, por figuradas que estas sean, por supuestamente humorísticas que se pretendan, echan gasolina al fuego del abuso sexual, a la violencia machista, a la peor versión de la masculinidad: esa que se basa en la primacía de los fuertes sobre los débiles, de los hombres sobre las mujeres y los niños, de los blancos sobre los cholos, etcétera.</p>   <p> Es en este ambiente contaminado por estas pulsiones descontroladas que un pensamiento retrógrado elimina la educación sexual integral en los colegios. El mismo pensamiento que pretende eliminar el Lugar de la Memoria, para que se consideren crímenes solo los cometidos por los subversivos. La lógica es la misma. Si el abuso, las violaciones —que las FFAA cometieron durante el conflicto armado interno— son borrados de nuestra memoria porque fueron actos de uniformados contra campesinas o senderistas, entonces con esa misma lógica se puede abusar de cualquier ser humano considerado inferior. Por ejemplo, un chico racializado en un colegio limeño o una alumna de un colegio en Condorcanqui.</p>   <p> No es suficiente señalar a los culpables y declararlos enfermos sexuales, depositarios de lo peor de la sociedad peruana. Esta última la hemos construido entre todos. Y todos somos capaces de cometer los crímenes más horrendos, como lo demuestra la obra de los grandes literatos. &#039;Crimen y Castigo&#039; de Dostoievski ilustra magistralmente el potencial destructivo de cualquier persona, si es que las circunstancias lo permiten. Por eso la cuestión de las responsabilidades no se agota con las penas indispensables para los culpables de los actos violentos.</p>   <p> Hay dos tareas indisociables si pretendemos cambiar esta lógica perversa que hoy predomina, angustiosamente, en el Perú. Para salir de la deshumanización que permite y fomenta la irrupción de estas pulsiones violentas que arruinan vidas, es preciso en primer lugar cuestionarnos en nuestro fuero interno. Todos somos capaces de destruir vidas, con actos o palabras. La tarea de encausar esas pulsiones tanáticas, las de muerte —que son las que nos desvinculan de los demás, mientras que las eróticas, en el sentido freudiano, nos vinculan con los otros— dura toda la vida. La otra tarea consiste en fomentar una cultura de humanización y paz, que contenga y transforme esas pulsiones destructivas que desembocan en violaciones como las de Condorcanqui o San Borja.</p>   <p> </p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La solidaridad de la prensa frente a la censura de Trump ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/09/22/la-solidaridad-de-la-prensa-frente-a-la-censura-de-trump-editorial-754622</link>
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                            <![CDATA[ La prensa estadounidense se une ante la censura de Trump y le da al mundo una lección sobre solidaridad gremial. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 22 Sep 2026 06:53:55 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay una diferencia fundamental entre un gobierno que critica a la prensa y un gobierno que la censura. El primero ejerce su derecho a responder. El segundo interfiere en el derecho del ciudadano a informarse. El presidente de Estados Unidos Donald Trump cruzó esa línea el viernes pasado cuando vetó el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS Now y Politico por su cobertura.</p>   <p>Ante ello, tres medios presentaron han presentado una demanda contra el gobierno estadounidense afirmando que dicho veto constituye unaa violación flagrante de la Primera Enmienda. Al respecto, el mandatario argumentó que su cobertura era negativa y sus informaciones falsas. Pero, el hecho es que que un gobierno en democracia pretenda controlar qué informa o publica la prensa es exactamente lo que la Constitución, que además inspira a la gran mayoría de cartas magnas del mundo incluido la peruana, prohíbe.</p>   <p>No obstante, lo que ocurrió después merece especial atención. Los competidores más directos de los medios vetados suspendieron la cobertura conjunta de las actividades presidenciales en solidaridad con los afectados. La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca calificó dicha decisión como una “prohibición a la prensa libre”.</p>   <p>La reacción del mandatario fue amenazar con más vetos. La de sus competidores fue unirse en defensa de los afectados. Dos respuestas al mismo hecho que dicen todo sobre quién entiende que lo que está en juego es la libertad de todos los ciudadanos, no solo la de los periodistas seleccionados.</p>   <p>Esa solidaridad entre competidores es la lección más importante para la prensa latinoamericana y del mundo. En la región, los medios han enfrentado históricamente la misma presión que Trump ejerce sin disimulo.</p>   <p>La unidad que los medios estadounidenses muestran es una muestra que es posible deponer las diferencias naturales de cada casa periodística cuando está en juego algo más fundamental. Y esa es la lección que la prensa en general debe incorporar.</p>   <p>El abogado de la Foundation for Individual Rights, Conor Fitzpatrick, advirtió que una vez que se abre la caja de Pandora de la censura, el efecto se extiende más allá del primer caso. Esa advertencia vale tanto para Washington como para Lima, Buenos Aires o Ciudad de México. Y vale para los ciudadanos tanto como para los periodistas.</p>   <p>La libertad de prensa existe para proteger al público, no a las redacciones. Por eso defenderla es una responsabilidad que alcanza a toda la sociedad.</p> ]]></content:encoded>
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