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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sun, 21 Jun 2026 08:31:42 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ “La tarde de los hombres grises”, cuento de Gabriel Rimachi Sialer ]]>
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                            <![CDATA[ Un encuentro pactado en el Café Dominó de Lima se convierte en un momento crucial para Julián al enfrentarse a la verdad de su padre ausente y las consecuencias de su ausencia. ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 21 Jun 2026 08:31:42 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ “La tarde de los hombres grises”, cuento de Gabriel Rimachi Sialer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>A los doce años, el mundo de Julián medía exactamente las cuatro cuadras que separaban su departamento, en el cuarto piso de un viejo edificio en la avenida Arenales, del colegio particular donde estudiaba. Era un territorio de ruidos familiares: el freno hidráulico de los buses abajo en la calle, el lejano pitido del afilador de cuchillos, los gritos de alguna pelea de borrachos los fines de semana, y el crujido del parqué viejo cuando su madre, Lourdes, caminaba de madrugada alistándose para el turno en el hospital Rebagliatti. Vivían una vida de horarios estrictos y silencios compartidos, una rutina que Lourdes había construido como un muro de concreto para protegerlos del desamparo. Fue un martes de agosto, de esos días en que Lima nos castiga con su clima horrible, húmedo y frío, y el cielo se encapota con una neblina densa que huele a mar, a tristeza y a humo de escape, cuando el muro empezó a agrietarse.</p>   <p>Julián estaba sentado en el sillón, con el buzo del colegio todavía puesto. Tenía el celular a pocos centímetros de la cara. De pronto, la pantalla parpadeó. Era una notificación de <em>inbox</em> en Instagram. La cuenta no tenía foto de perfil. El nombre de la cuenta era m.c.1982. El primer mensaje decía:</p>   <p><em>¿Sigue todavía el ficus gigante en la esquina de tu colegio, en Don Bosco?</em></p>   <p>Julián frunció el ceño. Se incorporó un poco en el sillón. Sintió una punzada en el estómago, esa desconfianza natural que le habían enseñado a tener frente a los desconocidos en Internet. Sin embargo, la precisión del dato lo ató a la pantalla. El ficus estaba ahí, enorme, rompiendo la vereda con sus raíces gruesas donde los chicos de secundaria se sentaban a estorbar el paso. Dos minutos después, la burbuja de chat volvió a agitarse:</p>   <p><em>No te asustes, Julián. Sé que tu mamá te ha dicho que no hables con extraños. Y tiene razón. Ella siempre ha sido la más inteligente de los dos. Solo quería saber si estabas bien.</em></p>   <p>El corazón del chico dio un vuelco desordenado, un latido largo que le golpeó la garganta. El miedo te enfría la sangre a una velocidad que no comprendes <em>¿Y si fuera uno de esos pedófilos que rondan en las redes?</em> La piel se pone helada volviendo tus movimientos torpes. <em>¿Estaría bien responderle a aquel extraño?</em>  Julián escribió su primera respuesta: <em>¿Quién eres? ¿De dónde conoces a mi mamá?</em></p>   <p>La pantalla mostraba tres puntos que se agitaban como una ola enloquecida: subían y bajaban. De pronto desaparecían. Luego volvían a subir y bajar. Alguien escribía y borraba del otro lado. Alguien tenía también la piel fría por algo parecido al miedo. O tal vez no.</p>   <p>Durante las tres semanas siguientes, el hombre de la cuenta m.c.1982 reveló un conocimiento nostálgico que fascinaba y aterraba a Julián.</p>   <p>—¿Tu mamá todavía guarda los discos de Silvio Rodríguez en el cajón de la cómoda grande? —preguntó un viernes.</p>   <p> —Sí —respondió Julián, mirando de reojo el mueble de caoba en el dormitorio de Lourdes—. Pero ya no tiene dónde tocarlos. El tocadiscos se malogró hace años. Ahora es una pieza de museo. Si quieres música tienes el Spotify.</p>   <p>—Típico de ella. No bota nada que tenga memoria. Yo, en cambio, lo perdí todo en las mudanzas. O lo dejé tirado.</p>   <p>Esa mezcla de autocompasión y amargura empezó a ejercer un magnetismo irresistible sobre el chico. Julián descubrió que el hombre se llamaba Marco. A través de la pantalla, Marco le devolvía el reflejo de sí mismo que su madre siempre le había negado. Le contaba que a los doce años él también odiaba el curso de Geografía, que sufría de asma durante los inviernos limeños y que tenía la misma cicatriz en la ceja izquierda por una caída en el parque Ramón Castilla.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/21/6a379f8ba9dec717cd0b0b98.jpg" alt=""La tarde de los hombres grises". Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;La tarde de los hombres grises&quot;. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>La revelación definitiva llegó un lunes gris, de esos en que la garúa ensucia los vidrios con una fina costra de polvo. Julián estaba en su cuarto, con la puerta entreabierta. El mensaje fue directo, despojado de los rodeos de días anteriores:</p>   <p><em>Ya no puedo seguir jugando a los acertijos, Julián. Te lo tengo que decir porque el aire me falta cada vez que te escribo. </em>Julián saltó de su cama. Se quedó helado, esperando la revelación que lo devolviera a la normalidad.<em> Yo soy Marco, Marco Cárdenas. Soy tu papá. </em>Frío. La nuca tensa, como si un viento helado se filtrara por entre sus cabellos cortos y se apoderara de su columna.<em> El hombre que se largó cuando naciste porque el mundo le quedó grande y el miedo lo volvió un cobarde. </em>¿Marco Cárdenas? ¿No era el que jamás estuvo en la actuación por el día del Padre? ¿No era mamá la que había recibido los porta lapiceros hechos con palitos de chupete? ¿No era ella la que se había puesto esa corbata de cartulina que había recortado cada tercer domingo de junio desde que estuvo en el nido?<em> No te pido que me perdones, solo quiero que lo sepas.</em></p>   <p>Julián se quedó inmóvil. Aunque lo había sospechado —quizá como una esperanza—, ver las palabras escritas, fijas en los píxeles de la pantalla, tuvo el efecto de un golpe seco en el pecho. Se miró las manos; eran idénticas a las que Marco describía en sus mensajes. El vacío que había habitado en su casa durante doce años cobraba de pronto un nombre y un rostro difuso.</p>   <p>—¿Por qué te fuiste? —escribió Julián. Las lágrimas le enturbiaban la vista, desdibujándolo todo.</p>   <p>—Porque era un imbécil que pensaba que la libertad era estar solo. Pero la soledad en Lima es un pozo ciego, Julián. He pasado doce años mirando las vitrinas de las tiendas, los parques, los micros, preguntándome cuál de todos esos niños que cruzaban la calle serías tú. Pero ya basta. Quiero escucharte. Quiero ver cómo mueves las manos al hablar. Por favor, déjame verte una vez.</p>   <p>La cita quedó pactada para el sábado siguiente a las cuatro de la tarde. No fue en un centro comercial ni en un parque de Jesús María: fue el Café Dominó, en los portales de la Plaza San Martín, en el Centro de Lima. Para Marco, que se había quedado congelado en la ciudad de su juventud, ese seguía siendo el ombligo del mundo. Para Julián, era un territorio salvaje y lejano.</p>   <p>El sábado, Lourdes salió temprano para un turno doble de veinticuatro horas. Julián esperó a que el eco de sus pasos se desvaneciera en la escalera del edificio. Luego, caminó hacia el espejo del baño. Se peinó con una raya al costado, usando un poco de la colonia que su madre le había regalado para su cumpleaños, y se puso la camisa leñador de cuello rígido que reservaba para las actuaciones escolares. Quería que su padre viera que se había hecho <em>hombre</em> sin su ayuda.</p>   <p>Cuando bajó en la estación Colmena, el aire cambió. Olía a fritura, a monóxido de carbono, a anticuchos y rachi. Caminó por el Jirón Carabaya con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, sintiendo que el corazón le daba saltos cada cierto tiempo, como si se acelerara de pronto y luego entrara en razón y se tranquilizara.</p>   <p>Al desembocar en la Plaza San Martín, la inmensidad del lugar lo apabulló. La estatua de bronce del libertador a caballo recortaba el cielo plomizo de la tarde. Alrededor, los portales neoclásicos albergaban el ruido de los cambistas de dólares, los jubilados que discutían de política en las bancas y los lustrabotas que miraban a todas partes buscando a quien sacarle lustre o la billetera. Era una colmena humana donde todo el mundo parecía buscar algo que había perdido.</p>   <p>Julián miró la pantalla de su celular. Eran las tres y cincuenta y cinco. Un mensaje de Marco apareció en la pantalla:</p>   <p>—Ya estoy por aquí. Siéntate en una mesa cerca a los portales, donde pueda verte bien desde la entrada. Estoy nervioso, hijo. No lo vas a creer, pero tengo las manos sudadas como un escolar.</p>   <p>Julián tragó saliva. <em>Hijo</em>. Lo había llamado <em>Hijo</em> por primera vez en doce años. Entró al local, esquivando la mirada curiosa de un mozo, y eligió una mesa pequeña al costado del ventanal, justo debajo de la arcada de piedra. Desde allí tenía una vista perfecta de la plaza y de los peatones que desfilaban en un flujo interminable.</p>   <p>Pidió una Coca Cola que el mozo le sirvió con desgano en un vaso largo con hielo. Cuando el hombre se retiró, Julián se quedó solo frente a su vaso, rodeado por el murmullo de las conversaciones ajenas y el tableteo de los taxis que daban la vuelta a la plaza.</p>   <p>A las cuatro y quince, la gaseosa ya había perdido el gas y los hielos flotaban deformes y pequeños. Julián no había despegado los ojos de la entrada del Café. Cada vez que un hombre de mediana edad, con casaca oscura o bufanda gris, se detenía cerca de los portales, el chico se incorporaba ligeramente, con la respiración suspendida, esperando el milagro del reconocimiento. Pero los hombres pasaban de largo, absortos en sus propios dramas, perdiéndose en el Jirón de la Unión o subiendo a los colectivos que iban hacia el Callao.</p>   <p>A las cuatro y media la cuenta de m.c.1982 permanecía en silencio, como una habitación vacía. Entonces el niño escribió con un solo dedo, intentando que la pantalla no notara el temblor de su mano:</p>   <p>—Ya estoy aquí. Estoy en la mesa al costado de la ventana, cerca de la puerta. ¿Dónde estás?</p>   <p>No hubo respuesta inmediata. Los minutos transcurrieron con una lentitud cruel, marcados por el tintineo de las cucharitas de café en las mesas vecinas. Julián empezó a sentir un calor vergonzoso en las mejillas. Se dio cuenta de que algunos mozos lo miraban de reojo, extrañados de ver a un niño solo, vestido de fiesta, frente a un vaso vacío en un café de viejos.</p>   <p>A las cinco en punto el celular vibró. Fue una vibración corta, seca, que sonó como un disparo en el silencio mental del chico. Julián desbloqueó la pantalla con avidez. Era un texto largo, un bloque de palabras que parecía escrito desde un callejón sin salida:</p>   <p><em>Te estoy mirando, Julián. Estoy al otro lado de la plaza, junto al monumento. Estás tan grande. Tienes la misma forma de sentarte que tenía mi padre, con los hombros un poco caídos, como si cargaras el techo del mundo. He caminado tres veces hacia los portales y las tres veces me he tenido que regresar. No puedo, hijo. Mírame las manos en este mensaje: soy una ruina. Si me acerco, si me meto en tu vida, solo te voy a llevar la humedad de mis fracasos. Tu mamá tuvo razón en borrarme. Ella te hizo un hombre limpio. Yo solo soy una sombra en la Plaza San Martín. Quédate con la foto que te inventaste de mí. Es mejor así. Perdóname. Otra vez, perdóname.</em></p>   <p>Julián levantó la cabeza de golpe, como si lo hubieran llamado por su nombre desde la multitud. Se puso de pie, dejando caer la silla hacia atrás. Caminó a trompicones hacia el borde de los portales, apoyando las manos en la piedra fría de la columna. La plaza estaba inundada por la luz mortecina de las farolas que acababan de encenderse. Frente a él, cientos de hombres caminaban apurados bajo la garúa que empezaba a caer. Hombres con casacas grises, hombres con maletines gastados, hombres flacos y encorvados que esquivaban los autos. Todos se parecían. Todos tenían el mismo rostro anónimo de la ciudad.</p>   <p>—¡Papá! —quiso gritar, mas no pudo.</p>   <p>Buscó desesperadamente con la mirada cerca del monumento a San Martín, pero la distancia y la neblina deformaban las siluetas. Su padre ya no era un hombre: era una multitud. Era cualquiera de esos infelices que arrastraban los zapatos sobre el cemento, huyendo de algo que no podían arreglar.</p>   <p>Julián regresó lentamente a la mesa. Sacó de su bolsillo el billete de diez soles que había guardado de sus propinas y lo dejó debajo del vaso de gaseosa. Luego, tomó su celular. Entró a la aplicación de Instagram, buscó el perfil de m.c.1982 y, sin dudarlo, presionó el botón de bloquear. La pantalla volvió a quedar limpia, devolviéndole solo el reflejo de su propio rostro pálido.</p>   <p>Caminó de regreso a la estación del Metropolitano bajo la llovizna que ya le empapaba el cabello y la camisa leñador. Sentía una madurez extraña y amarga que le enfriaba las sienes. Cuando subió al bus y este enfiló hacia el sur, alejándose del centro histórico, Julián miró por la ventana el desfile de las luces de la ciudad. Pensó en el departamento de la avenida Arenales y entendió, con la certeza de los náufragos que tocan tierra, que la paternidad no era una herencia que se reclama desde el remordimiento de una pantalla, sino el ruido cotidiano de unas llaves abriendo la puerta y el cansancio de unos ojos que te miran al volver a casa.</p>   <p><strong>…</strong></p>   <p><strong>Dato:</strong></p>   <p>Cuento del libro inédito <em><strong>La ciudad sentimental</strong></em> de Gabriel Rimachi Sialer.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Arte Kené, una posible interpretación, por Hernán Pazos ]]>
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                            <![CDATA[ Debate. Sara Flores hizo historia al ser la primera artista indígena en representar a Perú en la Bienal de Venecia 2026. Todas las posturas sustentadas sobre su participación y el arte kené son más que bienvenidas. ]]>
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                            <image:title><![CDATA["Sara Flores. De otros mundos". Foto: Michele Agostinis.]]></image:title>
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                            <pubDate>Sun, 21 Jun 2026 08:11:33 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Sara Flores</strong> es la elegida para representar al Perú este año en la <strong>Bienal de Venecia</strong>, pero va sola. Lleva como obra telas con los diseños kené, diseños que pertenecen a una tradición que lleva años dialogando con estos resultados, graficando esos mundos que abren puertas, que reinventan el universo, que complementan a la población shipiba en su convivencia con la naturaleza. Sara Flores pertenece a un colectivo; es parte de una población con quienes comparte la creación y difusión de estos diseños que reordenan el mundo, una comunidad que convive en este universo gracias a la planta de la ayahuasca, instrumento que los lleva adonde tienen que estar para ser mejores personas, caminar de la mano con sus espíritus reconocidos, buscar la excelencia en el sendero de la vida y avanzar en su convivencia con la poderosa e implacable selva. Y es al ingerir <strong>la ayahuasca</strong> que se les presentan estos gráficos con los que la planta propone instrumentos específicos de sanación e interpretación del universo que elevarán al individuo a estados más puros y sanos. Es así como nace el kené, un sistema de diseño tradicional del pueblo amazónico <strong>shipibo-konibo</strong> que representa la cosmovisión, los ríos, la sanación y su conexión con la naturaleza, elaborado y transmitido en cerámicas, textiles, objetos utilitarios y el cuerpo. Un sistema que, como partituras musicales proponiendo los ecos del verdadero camino paralelo o mapas, dirige al espíritu a reorganizar el universo, a encontrar ese espacio en donde la convivencia con su hábitat en la selva amazónica le será absolutamente amable porque lo llevará a ser parte de ella, a convivir con todas sus especies.</p>   <p>Y es en este escenario que Sara Flores es elegida para salirse de su entorno, para desviar sus objetivos y ser devorada por el consumismo occidental que todo lo quiere poseer. ¿Quizá sea un análisis bastante superficial pensar que los diseños kené son obras de arte? Son diseños concebidos para ir más allá de la observación, el análisis o la representación de la naturaleza (adjetivos por excelencia que definen el camino que propone cualquier actividad artística). Y son más que eso, son especies de partituras musicales cuyo objetivo se dirige a despertar otros sensores que van dirigidos a la búsqueda del equilibrio y el bienestar; son intermediarios, instrumentos activos de estimulación producidos con la finalidad específica e inequívoca de despertar incentivos para una nueva cosmovisión o interpretación del universo. Y no son obras propias producidas por individuos aislados; son el resultado de años de trabajo colectivo, de convivencias de producción, de colaboraciones casi artesanales y minuciosas que acompañan el diario vivir en las comunidades amazónicas. Y son las visiones y los gráficos que la ayahuasca muestra. Son el producto del ensueño al que lleva la planta y es para eso que los presenta. Tienen un objetivo específico cuya existencia no será obligatoria y es perecedera. Cumplen una función.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/21/6a36b70cd89dc4933303265b.jpg" alt=""Sara Flores. De otros mundos". Foto: Michele Agostinis." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Sara Flores. De otros mundos&quot;. Foto: Michele Agostinis.</figcaption>   <p>Podríamos concluir que la planta, que es más sabia que cualquier propuesta que desvíe sus primordiales intenciones, no se deja manipular. Elige acceder a estos mercantilistas embrujos para tener el acceso a una realidad que al final no le pertenece, pasando sobre estos ajenos movimientos para buscar objetivos más acordes a su mágica presencia. Esta planta, que no tiene nuestras limitadas capacidades de interpretación y que obedece a los designios más verdaderos de la naturaleza, quizá tenga otra dirección. A lo mejor ha decidido revertir el planteamiento prometido por instituciones que le son tan lejanas y ha decidido pasar sobre estas frívolas celebraciones, ignorándolas para así proponer sus verdaderos objetivos, incluyéndolas en sus avances, asimilándolas en su crecimiento, absorbiéndolas y conquistándolas, utilizándolas al final. Evocando algún jinete apocalíptico sobre su deslumbrante caballo, unida a él como un único ser o algún semidiós: como en la primera conquista, confundiendo las interpretaciones sobre sus verdaderos sentidos y presentándose como este nuevo hombre/corcel en su Caballo de Troya para proponer un nuevo diálogo. Abarcando nuevas geografías en donde acaso tenga una nueva función, la de darse a conocer, la de proponer sus particulares métodos y generar un nuevo escenario con el exótico poder de sus visiones. El 16 de abril de 2008 se declara Patrimonio Cultural de la Nación al arte kené, en tanto que se trata de una manifestación cultural que resume la cosmovisión, el conocimiento y la estética de la sociedad shipibo-konibo y que es, además, su principal elemento identitario frente a la sociedad occidental. <strong>Resolución directoral n.º 540/INC-2008</strong>.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La deuda con los pueblos originarios ]]>
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                            <![CDATA[ El Año Nuevo Andino recuerda que los pueblos que construyeron la identidad de este territorio siguen esperando que el Estado cumpla con sus derechos. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial 21 de junio]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
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                            <pubDate>Sun, 21 Jun 2026 03:10:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La deuda con los pueblos originarios ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Cada 21 de junio, cuando el solsticio marca la noche más larga del año en el hemisferio sur, los pueblos quechua y aymara celebran el Año Nuevo Andino, una tradición de más de quinientos años que vincula el tiempo cósmico con el tiempo agrícola, agradece a la Pachamama y saluda el regreso del Tayta Inti. Esa cosmovisión, que entiende el mundo como un sistema de relaciones entre la tierra, el sol y la comunidad, sobrevivió la conquista, la colonia y la república. Lo que ha resistido con más dificultad es la relación de esas comunidades con un Estado que las reconoce en la celebración y las posterga en la política pública.</p>   <p>El Convenio 169 de la OIT, que Perú suscribe, establece que cualquier medida que pueda afectar los derechos colectivos de los pueblos indígenas requiere un proceso de diálogo previo, libre e informado. La PUCP documentó que el proceso de consulta previa tiene obstáculos estructurales: las comunidades participan con poder de negociación restringido y con frecuencia terminan cediendo ante las demandas del modelo extractivo. Lo que está en juego en cada proceso es un territorio, pero también una forma de vida construida durante milenios.</p>   <p>Los conflictos sociales que resultan de ese incumplimiento son una constante en la historia reciente del Perú. Desde Bagua en 2009 hasta los distintos conflictos en la Amazonía y el altiplano que se repiten cada temporada, la secuencia es la misma: proyecto extractivo, consulta tardía, conflicto. Los reportes de la Defensoría del Pueblo documentan ese patrón con regularidad.</p>   <p>El costo social del extractivismo sin acuerdo previo supera cualquier beneficio de corto plazo.</p>   <p>El gobierno que asuma en julio llega con una oportunidad que la campaña dejó sin aprovechar. Los planes de los principales candidatos abordaron la consulta previa con timidez o la omitieron del todo, sin propuestas claras de reparación ambiental ni justicia para comunidades afectadas. Convertir ese derecho en política real, con presupuesto y voluntad de cumplirlo antes de otorgar concesiones, es la señal más concreta que el nuevo gobierno puede dar a los pueblos que este 21 de junio celebran un nuevo ciclo. El Año Nuevo Andino recuerda que el equilibrio con la tierra comienza por el equilibrio entre el Estado y quienes la habitan desde antes de que el Perú existiera como república.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La migración en el Perú ]]>
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                            <![CDATA[ El Día Mundial de los Refugiados recuerda que 1.7 millones de venezolanos esperan del nuevo gobierno una política real de integración. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial 20 de junio]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 20 Jun 2026 03:30:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La migración en el Perú ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El 20 de junio, Día Mundial de los Refugiados, el Perú alberga 1.7 millones de venezolanos, la segunda mayor comunidad venezolana de América Latina después de Colombia. La mayoría llegó huyendo del colapso político y económico de Venezuela y encontró un país que los recibió con ambivalencia: con apertura institucional en los primeros años y con rechazo social creciente conforme la crisis se prolongó. El 75.3% de esa comunidad tiene intención de permanecer en el país de forma permanente, según el INEI. Esa cifra significa que esta migración dejó de ser un fenómeno de tránsito y se convirtió en un hecho estructural de la sociedad peruana.</p>   <p>La xenofobia que acompaña esa presencia tiene consecuencias documentadas en los espacios más cotidianos. En los colegios, el 8.3% de los estudiantes venezolanos son víctimas de discriminación. Investigaciones recientes registran niños que expresan vergüenza de su nacionalidad, consecuencia directa de un entorno que los excluye desde la infancia. La política migratoria peruana opera con una lógica de control más que de integración, dejando a esa comunidad en una vulnerabilidad estructural que el discurso xenófobo termina aprovechando.</p>   <p>El Banco Mundial señala que el impacto de la migración venezolana en el Perú depende de las políticas públicas adoptadas y que una gestión activa puede convertir la movilidad humana en oportunidad. Los migrantes venezolanos aportan al mercado laboral, pagan impuestos, matriculan a sus hijos en escuelas peruanas y forman parte de comunidades en todo el territorio. El 75.3% que planea quedarse es una población que el Perú puede integrar productivamente con decisiones de política pública que otros países de la región ya están tomando.</p>   <p>La Política Nacional Migratoria 2017-2025 vence este año y el nuevo gobierno enfrenta la decisión de renovarla. Hacerlo con un enfoque de integración real implica regularización accesible, acceso a salud y educación, incorporación al mercado laboral formal y campañas activas contra la xenofobia. El Perú tiene 1.7 millones de razones para hacerlo bien. La pregunta que el nuevo gobierno debe responder antes de que termine el año es si tiene la voluntad de ver esas razones como lo que son, personas que construyen su vida aquí y merecen hacerlo con dignidad.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Semanas de transición y preguntas ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/19/semanas-de-transicion-y-preguntas-fujimori-roberto-sanchez-hernan-chaparro-hnews-1541556</link>
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                            <![CDATA[ El nuevo Congreso tiene un Senado y una Cámara de Diputados más política. El fujimorismo se pasó el período 2021-2026 modificando la Constitución para darle más poder al Congreso y, a futuro, lidiará con un Parlamento empoderado. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Semanas de transición y preguntas]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Hernán Chaparro</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 19 Jun 2026 10:16:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Semanas de transición y preguntas ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hernán Chaparro - Psicólogo social</p>   <p>En su momento, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) anunció que, a mediados de julio, se proclamará el resultado de las elecciones presidenciales. Será un mes o mes y medio de transición, hasta el 28 de julio, de un entorno de competencia electoral a otro en el que se pondrá en juego la gobernabilidad. Puede que se tenga estabilidad económica; es más difícil que se tenga estabilidad política. Son semanas en las que aparecen multitud de interrogantes difíciles de responder: <strong>¿Cuál será el accionar del fujimorismo desde el Ejecutivo?</strong> ¿Cómo se comportará su bancada? ¿Logrará Juntos por el Perú (JP) mantener las alianzas forjadas en la campaña? ¿JP mantendrá activa la calle o esperará un tiempo? ¿Cuál será el rol del Partido del Buen Gobierno en un clima partidario polarizado? ¿Cómo será la dinámica entre la Cámara de Diputados y el Senado? ¿Cuánto durará eso que todavía se llama &quot;luna de miel&quot;, cada vez más menguante? Cuando, a mediados de julio, el JNE proclame al ganador, algunas de estas interrogantes comenzarán a aclararse porque, en ese lapso, se empezará a especular sobre el futuro gabinete, y eso será, en sí mismo, un primer mensaje. Mientras tanto, ¿cómo abordan este proceso los principales protagonistas de la segunda vuelta?</p>   <p>En Fuerza Popular hay dos tipos de comportamiento que abren aún más interrogantes sobre cómo sería su posible gestión de gobierno. Por un lado, predomina el silencio de quienes han competido por la Presidencia y volverían al Ejecutivo después de 26 años. Por otro, está la activa bancada naranja, que no deja de actuar en función de los intereses que ha venido gestionando todos estos años desde la Comisión de Constitución y, en general, desde el accionar y el voto de sus diferentes parlamentarios, entre los que destaca Fernando Rospigliosi en la Mesa Directiva. Por un lado, Keiko Fujimori se va de viaje y sonríe para las cámaras mientras acompaña a su hija, que inicia estudios en el extranjero. ¿El mensaje que quiere transmitir? Que espera, confiada, los resultados. <strong>Imagino que tiene más certezas sobre quién será elegido que sobre qué hará frente a un Congreso más complejo y un país fragmentado</strong>, que, en ciertos temas y territorios, está muy polarizado.</p>   <p>En paralelo, la bancada de Fuerza Popular, junto con Renovación Popular, modifica el Código Penal Militar Policial y el Nuevo Código Procesal Penal para que los delitos y faltas cometidos por policías y militares en actividad, durante el ejercicio de sus funciones, sean procesados y juzgados únicamente por el Fuero Militar Policial, y así evitar que pasen por la justicia civil. ¿Ese sería el comportamiento que tendrían en el Congreso si Fuerza Popular llega al Ejecutivo? <strong>El nuevo Congreso tiene un Senado y una Cámara de Diputados más política.</strong> Allí, Renovación Popular podrá votar en distintos temas igual que Fuerza Popular, aunque hoy ambas agrupaciones aparecen como competencia de cara al 2031. Además, muchas de las bancadas que daban sus votos a cualquier cosa con tal de recibir prebendas ya no están. No es seguro que se mantenga una alianza de izquierda, pero hay incentivos futuros suficientes para pensar que podrían seguir vinculados por un tiempo. El fujimorismo se pasó el período 2021-2026 modificando la Constitución para darle más poder al Congreso, básicamente porque ya no estaba en el Ejecutivo. A futuro, lidiará con un Parlamento empoderado, donde no tiene genuflexos a su servicio.</p>   <p>Del lado de Juntos por el Perú (JP), las reacciones también son variopintas. Con todo derecho, siguen peleando en los Jurados Electorales Especiales (JEE), voto a voto, a fin de mejorar sus resultados. Sin embargo, muchas veces presentan acciones legales a destiempo o sin abonar los montos que corresponden para que el trámite prospere. Lo más sólido de los reclamos estaría vinculado a la demora en el envío del material electoral desde Argentina. Será un tema que el JNE deberá evaluar para ver si el pedido tiene sustento. Otro asunto es si esos números cambian la actual tendencia.</p>   <p>Pero lo central este miércoles es que Sánchez busca convertir esta coyuntura en un proceso de acumulación de fuerzas y construcción de una narrativa que probablemente se mantenga durante un tiempo. ¿Desde ahí construirá su forma de ser oposición? No hay duda de que el actual Congreso, liderado por Fuerza Popular, maniobró para fragmentar el voto y beneficiar a las actuales bancadas con más presupuesto y tiempo de campaña para sus candidatos. Eso llevó a que, en el sur, un sector de la población mirara el proceso electoral de primera vuelta como parte de un fraude liderado por el fujimorismo. Pero ese es un tema que estuvo sobre la mesa desde el comienzo y que ya fue bastante criticado. <strong>El discurso y accionar de JP en estos días busca conectar la percepción de injusticia en relación con Pedro Castillo, predominante en la sierra peruana, con la idea de que no se está haciendo &quot;justicia electoral&quot;.</strong></p>   <p>En su extremo, hay un discurso que considera que los resultados no serían legítimos. No se dice directamente, pero se reclama &quot;transparencia&quot; y &quot;cero controversias&quot;, a la vez que se declara que &quot;nuestro pueblo se siente ganador&quot;. En la conferencia del jueves se subrayó el derecho democrático de salir a protestar y defender el voto, así como la necesidad de invocar y cuidar que la marcha y las protestas no deriven en actos de violencia. <strong>No sabemos si JP está pensando hacer una oposición programática desde el plan de gobierno que presentaron al final de la segunda vuelta.</strong> Sin embargo, estas decisiones indican que, al igual que en el debate presidencial de segunda vuelta, Sánchez dará peso a la confrontación política y que el tema de la injusticia electoral se vinculará con la injusticia sobre Castillo y con la injusticia histórica que enfrentan amplios sectores de la sierra peruana. Los perfiles se van delineando.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La mitad que no desaparece ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/19/la-mitad-que-no-desaparece-por-eliana-carlin-1420776</link>
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                            <![CDATA[ Aun si los mecanismos institucionales resuelven la disputa, no resolverán la fractura. Un país que termina 50.11% contra 49.89% no está ante un empate técnico: está ante un mapa. ]]>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Eliana Carlín</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 19 Jun 2026 10:10:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La mitad que no desaparece ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Que el Perú residente en el exterior haya votado distinto al Perú que vive dentro del territorio nacional es una información que nos debe llamar a reflexionar. No implica solo dos experiencias distintas del país: <strong>implica también una fractura adicional sobre la fractura de siempre</strong> —la del Perú limeño contra el Perú de las regiones, la del Perú con opciones contra el Perú que carga las consecuencias—. El fujimorismo conoce bien esa geografía. En 2021 presentó 802 recursos de nulidad para anular votos del sur y el centro; en 2026 repite la fórmula con siete recursos contra Puno, y el JEE los declara infundados por insuficientes. No hace falta decirlo para que el lector lo vea.</p>   <p>Juntos por el Perú ha recurrido a los mecanismos institucionales disponibles para cuestionar resultados que considera irregulares. Los reclamos realizados merecen una evaluación seria, para el respeto del voto de todos. Y el hecho de que la ciudadanía haya financiado colectivamente las tasas que el partido no podía cubrir por sí solo no es un dato menor: dice algo sobre el tipo de apoyo que moviliza este proceso. Hay que decir también que los recursos declarados improcedentes en primera instancia no fueron derrotados en el fondo, sino en la forma, por falta de pago de tasas. Ahora, <strong>JP tiene la responsabilidad de sostener su reclamo con la solidez que la gravedad de la denuncia exige: no basta usar las herramientas del sistema, hay que usarlas bien.</strong></p>   <p>Pero aun si los mecanismos institucionales resuelven la disputa, no resolverán la fractura. Un país que termina 50.11% contra 49.89% no está ante un empate técnico: está ante un mapa. Y ese mapa tiene nombre y dirección. El Perú que votó por Sánchez dentro del territorio —el sur, las regiones, los que cargan la informalidad y la inseguridad— no va a desaparecer el 28 de julio, cuando asuma el nuevo gobierno. La división no es un accidente del conteo. Es la política misma diciéndonos algo que preferiríamos no escuchar: <strong>que gobernar para la mitad es la tentación permanente del poder en el Perú y que la otra mitad lleva décadas pagando esa cuenta.</strong></p>   <p>Y esa cuenta tiene rostros. Son los familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos que llevan años exigiendo verdad y justicia, y que saben por experiencia propia lo que significa que el Estado decida que sus muertos no cuentan. Son los defensores comunitarios criminalizados por oponerse a proyectos extractivos que no les dejan ni el agua. Son las mujeres esterilizadas a la fuerza, cuyo caso sigue sin condena o cuyos reclamos son burlados por negacionistas. La fractura electoral no es abstracta: se mide en impunidad acumulada, en instituciones debilitadas adrede, en un Congreso que —mientras se contaban los votos— aprobó en primera votación una ley para que los delitos de policías y militares contra la ciudadanía que se moviliza sean juzgados únicamente por fueros militares y policiales, blindándolos ante la justicia ordinaria. Gobernar ignorando esa mitad no es solo injusto. Es, como ya lo hemos visto, peligroso.</p>   <p>La pregunta no es si el fujimorismo tiene historia de hostigar y perseguir a quienes se movilizan. La pregunta es qué garantiza que ahora, con la presidencia además del Congreso, no lo hará con más furia y ensañamiento. Y la respuesta más honesta es que no todos pueden protegerse por igual de esa furia. El miedo es legítimo. Y nombrarlo también lo es.</p> ]]></content:encoded>
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