<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
    
            <rss xmlns:image="http://www.google.com/schemas/sitemap-image/1.1" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
                <channel>
                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
                <link>https://larepublica.pe</link>
                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Thu, 04 Jun 2026 16:00:00 GMT</lastBuildDate>
                <language>es</language>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Mármol, madera y pigmento alternan en las rigurosas abstracciones de Michelle Magot, por Czar Gutiérrez ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/31/marmol-madera-y-pigmento-alternan-en-las-rigurosas-abstracciones-de-michelle-magot-por-czar-gutierrez-hnews-1515621</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/05/31/marmol-madera-y-pigmento-alternan-en-las-rigurosas-abstracciones-de-michelle-magot-por-czar-gutierrez-hnews-1515621</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ En “No existe el horizonte” la artista tensa su pintura entre vacío, materia y percepción. Michelle Magot pertenece a esa rara estirpe de artistas que aún creen que la materia piensa. Va hasta el 6 de junio en La Galería. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/31/6a1d0c56d973f8e2350a8345.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Michelle Magot. Foto: Difusión.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 16:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/31/6a1d0c56d973f8e2350a8345.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Mármol, madera y pigmento alternan en las rigurosas abstracciones de Michelle Magot, por Czar Gutiérrez ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El horizonte -ese artificio óptico que organizó durante siglos la tradición paisajística occidental- aparece aquí desmontado, pieza por pieza. Ocurre que la artista comprende que toda línea de fuga es una ficción de la conciencia, algo que vemos y jamás alcanzamos. Por eso dice que “la muestra propone no avanzar hacia ese lugar diferido sino provocar un choque con el mundo de lo real”. Y de esa manera resume con precisión el núcleo conceptual de toda la exposición.</p>   <p>Ocurre que hay quienes pintan imágenes. Otros pintan atmósferas, símbolos, ideologías o relatos. <strong>Michelle Magot</strong> (Lima, 1979), en cambio, parece pintar la resistencia misma de la materia a convertirse en representación. Su exposición <em><strong>No existe el horizonte</strong></em> constituye una de las exploraciones más sólidas y conceptualmente refinadas de la abstracción peruana contemporánea, una investigación donde la superficie se transforma en un campo de fuerzas perceptivas.</p>   <p>Ese “choque” ocurre físicamente en las obras. Si el mármol interrumpe el pigmento y la madera fractura el flujo del color, el acero introducirá tensiones casi industriales dentro del conjunto silencioso. Nada parece buscar armonía definitiva. Cada elemento conserva una autonomía irreductible, como si los materiales se negaran a obedecer plenamente a la pintura.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/6a1d0d32505830848401f043.jpg" alt="La Galería. Conde de la Monclova 255 - San Isidro. De lunes a viernes de 11 a 7 p.m. y sábados de 3 a 7 p.m. Hasta el 6 de junio . Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>La Galería. Conde de la Monclova 255 - San Isidro. De lunes a viernes de 11 a 7 p.m. y sábados de 3 a 7 p.m. Hasta el 6 de junio . Imagen: Difusión.</figcaption>   <p><strong>Entropía del color</strong></p>   <p>En los Ensamblajes #34, #35 y #36, por ejemplo, el color parece quedar suspendido frente a la irrupción de la madera. Allí la abstracción abandona toda pureza geométrica y adquiere densidad corporal. “El límite es el lugar donde los cuerpos se afectan mutuamente”, dice Magot. Y acaso toda su obra reciente pueda leerse desde esa idea, el límite como zona de fricción perceptiva, como territorio donde lo visible pierde estabilidad.</p>   <p>Existe algo profundamente contemporáneo en esa operación. Mientras buena parte del arte actual depende de la saturación discursiva o de la hipertrofia política del relato, Magot retorna a problemas esenciales: espacio, presencia, materia, percepción. Pero lo hace sin nostalgia modernista. Su abstracción no busca pureza formal, más bien intensidad ontológica.</p>   <p>Así, la serie “As it is above, as it is below” constituye quizás el momento más filosófico de la muestra. El título, tomado de la tradición hermética, sugiere correspondencias entre microcosmos y macrocosmos. Sin embargo, la artista rechaza cualquier lectura mística simplista. “La obra no es una ventana que el espectador mira para ver otra cosa, es un sistema en sí mismo que sufre su propio proceso de entropía, desgaste y transformación”, sostiene.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/6a1d0c56d973f8e2350a8345.jpg" alt="Michelle Magot. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Michelle Magot. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>La frase resulta crucial porque revela el desplazamiento radical que opera su pintura: el cuadro parece dejar de representar un mundo para convertirse directamente, él mismo, en mundo. Un mundo sometido a erosión, peso, gravedad y tiempo. Hay, además, una dimensión mineral cuando el mármol introduce un tiempo geológico dentro del tiempo pictórico. La piedra aparece fracturada, vulnerable, casi herida. Esa coexistencia entre robustez y fragilidad atraviesa toda la muestra como una respiración secreta.</p>   <p><strong>El ojo y la fractura</strong></p>   <p>Nacida en Lima en 1978, Magot desarrolló su formación entre la Escuela Corriente Alterna, Florencia y Londres. Ese tránsito entre tradiciones culturales distintas parece haber sedimentado una sensibilidad singularmente rigurosa frente al espacio y la composición. Desde exposiciones tempranas como <em>Colapso</em> o <em>Ego-espejismo</em>, hasta proyectos posteriores como <em>Formalidades de un fragmento</em> o <em>State of Flux</em>, su trabajo ha mantenido una coherencia infrecuente: investigar la pintura como representación y como acontecimiento físico.</p>   <p>Y quizás allí reside el verdadero lugar que hoy ocupa dentro del arte contemporáneo latinoamericano. Michelle Magot pertenece a esa rara estirpe de artistas que aún creen que la materia piensa. Por eso sus obras producen esa sensación inquietante donde el espectador comprende que el horizonte nunca estuvo afuera, extendido al fondo del paisaje, sino dentro de la mirada misma, desplazándose perpetuamente unos centímetros más allá de toda comprensión posible. Todo un hallazgo, sin duda.</p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/04/bernardo-garcia-oquendo-el-peruano-que-lucho-contra-el-fascismo-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-99548</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/04/bernardo-garcia-oquendo-el-peruano-que-lucho-contra-el-fascismo-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-99548</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Miles de voluntarios extranjeros defendieron a la Segunda República durante la guerra civil española. El peruano Bernardo García Oquendo fue uno de ellos. Se unió a las fuerzas republicanas tras ser desterrado del Perú en 1935. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/6a2171acd3a1d14a7f0525d4.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 13:04:44 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/6a2171acd3a1d14a7f0525d4.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Bernardo García Oquendo, el peruano que luchó contra el fascismo, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“Me voy a España”, fueron las últimas palabras de <strong>César Vallejo </strong>pronunciadas antes de que expirara el 15 de abril de 1938. Poco tiempo antes, había publicado <em>España, aparta de mí este cáliz</em> y, por su parte, <strong>Pablo Neruda</strong> presentó <em>España en el corazón</em>.</p>   <p>Por su parte, apareció el poema &#039;No pasarán&#039; de <strong>Nicolás Guillén</strong>. En nuestro tiempo, centenares de páginas de <strong>Alejandro Romualdo</strong>, <strong>Arturo Corcuera</strong>, <strong>César Calvo</strong> y <strong>Marco Martos</strong> completan una imparable canción a la nación que es madre de nuestra lengua y de muchos de nuestros sueños.</p>   <p>La invasión fascista del 16 de julio de 1936 dio comienzo a una guerra desigual en la que, luego de una heroica resistencia, los españoles republicanos serían derrotados por el aplastante poder de fuego de <strong>Hitler</strong>, <strong>Mussolini</strong> y <strong>Franco</strong>.</p>   <p>Al lado de España estuvo entonces una Brigada Internacional constituida por luchadores antifascistas que llegaban desde todo el mundo. Un buen contingente arribó desde América Latina.</p>   <p>También hubo peruanos y, entre ellos, un joven poeta que se preguntaba todo el tiempo “¿dónde termina España?”. Bernardo García Oquendo (1908-1947) tenía razón en preguntárselo porque, en distintas oportunidades, el gobierno peruano había mostrado su adhesión más completa a la invasión fascista.</p>   <p>En esos días se produjo la visita protocolar de un ministro de Mussolini que arribó a Lima cargado de alabanzas para Franco. Cuando el italiano decidió entrar a la Universidad de San Marcos, los estudiantes lo arrojaron a la pila de la Facultad de Derecho. Por esa razón, o sin razón, el Duce pedía la pena de muerte contra ese grupo de jóvenes entre los que se encontraba José María Arguedas. Nuestro escritor no fue ejecutado, aunque permaneció algún tiempo en la cárcel.</p>   <p>Bernardo había nacido en Lima y desde muy joven había mostrado sus convicciones progresistas.</p>   <p>Una costumbre de los jóvenes que pensaban así era celebrar la Fiesta del Árbol en Vitarte junto a los obreros de ese lugar. Fiel a sus creencias, Bernardo se casó en una de aquellas celebraciones cuando apenas tenía 19 años y su novia, 17.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/04/6a2171acd3a1d14a7f0525d4.jpg" alt="Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook." width="1250" height="735"/><figcaption>Bernardo García Oquendo. Imagen: Facebook.</figcaption>   <p>Sus convicciones sociales lo llevaron a integrarse al aprismo, un movimiento recién fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, que propugnaba el socialismo para una Indoamérica unida. Los azares y persecuciones que ese partido sufrió empujarían a Bernardo una y otra vez a la cárcel. Luis Alberto Sánchez diría posteriormente que “la cárcel política en el Perú es un certificado de decencia”.</p>   <p>Luego de varias prisiones e incluso de escapar al fusilamiento, Bernardo saldría exiliado a Panamá. Por fin, llegaría a España en 1935.</p>   <p>García Oquendo, por supuesto, se sumó a la causa republicana de inmediato. Su valentía infatigable lo llevó a participar en batallas como la de Teruel, Belchite, Aragón, el Ebro, Huesca y Monte de Escandón.</p>   <p>Según he escuchado, estuvo escondido en pleno campo enemigo cuando se encontraba en Fuentelsaz. Allí la ocupación franquista era tan cruel que uno de los soldados moros, imbuido de su fe musulmana, protestó ante Dios y se quitó la vida. Ese mes de encierro involuntario hizo que Bernardo comenzara a escribir su libro <em>¿Dónde termina España?</em></p>   <p>Perdida la guerra, nuestro compatriota huyó a Francia, pero allí fue detenido y encerrado en un campo de concentración en Adge, en los Pirineos Orientales. Catorce meses después, el cónsul chileno en París, Pablo Neruda, conseguiría su libertad y lo embarcaría en el Winnipeg rumbo a Valparaíso.</p>   <p>Pocos fueron los días tranquilos que conoció Bernardo. Da la impresión de que los mejores ocurrieron cuando se hallaba escondido en casa de un pastor en Fuentelsaz y cuando, por las noches, escribía mientras observaba las apacibles montañas de Castilla.</p>   <p>El 90 aniversario del feroz alzamiento de Franco coincide con este año. Debe ser por ello que prefiero evocar los pasos de un peruano que peleaba por España y escribía poesía.</p>   <p>Tal vez eran los versos de Bernardo los que me pareció escuchar mientras caminaba yo hacia el castillo de Fuentelsaz hace unos años. Quizás sus palabras se han quedado detenidas en el tiempo y se siguen levantando este miércoles para defender a la humanidad y decir que ni la libertad ni la propia España van a terminar jamás.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El orden que protege al pacto ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/03/el-orden-que-protege-al-pacto-283221</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/03/el-orden-que-protege-al-pacto-283221</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Dos expresidentes del pacto, Dina Boluarte y José Jerí, llaman a votar por su blindaje a través de la opción presidencial fujimorista. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/03/6a20d149e9baeccd1a0016d5.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial jueves 4 de junio]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 07:30:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/03/6a20d149e9baeccd1a0016d5.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El orden que protege al pacto ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Dina Boluarte y José Jerí han anunciado públicamente su voto por Keiko Fujimori invocando una sola palabra: orden. Esa palabra, que acompaña como mantra la campaña fujimorista, merece ser leída con la precisión que el contexto electoral exige.</p>   <p>El orden que ambos invocan no es el del Estado de Derecho sino el del sistema que los colocó y finalmente los descartó cuando dejaron de ser útiles al pacto corrupto comandado por Fuerza Popular y sus aliados parlamentarios. Ese sistema, que sigue funcionando, que vota en bloque, claro que tiene incentivos concretos para preservarse.</p>   <p>Boluarte votará por Fujimori. Eso ha escrito en una columna desde la impunidad que le garantiza el blindaje parlamentario mientras enfrenta investigaciones por las muertes durante las protestas de 2022 y 2023, hoy dormidas en la fiscalía del pacto. Asimismo, Jerí declaró en dos entrevistas televisivas y como consecuencia renunció al partido Somos Perú, del que fue militante por 13 años: votará por Fuerza Popular porque le da &quot;más garantías&quot;. Ambos usaron exactamente la misma palabra que el eslogan de campaña de Keiko Fujimori: orden.</p>   <p>Que ambos ex encargados de la Presidencia del Congreso corrupto anuncien su voto por Keiko Fujimori no es una simple opinión ciudadana. Se trata de la confirmación pública de que el pacto vota en bloque para preservarse a sí mismo y a las instituciones que capturó para protegerse.</p>   <p>El manoseado orden que un gobierno fujimorista garantizaría tiene un mapa documentado. No es lógico asumir que mientras el fujimorismo esté en el poder, ni Dina Boluarte ni José Jerí, serán investigados por los presuntos delitos que habrían cometido en la Presidencia: los rolex, las muertes en las protestas, el Chifagate. Ello sería solo será posible, si hay un cambio en la conducción del Congreso y si el Ministerio Público vuelve a ser libre. Y los exmandatarios lo saben. Ese es el &quot;orden&quot; al que se aferran.</p>   <p>La ciudadanía peruana tiene derecho a saber, antes del domingo de segunda vuelta, que cuando dos expresidentes del pacto invocan orden lo único que describen es la continuidad de un sistema construido para que la justicia no los halle. Lo que llaman orden tiene otro nombre: blindaje. Y ese blindaje tiene víctimas concretas, desde los peruanos muertos en las protestas hasta las familias de víctimas del conflicto armado interno que esperan justicia desde hace décadas.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El Estado que el pacto deja ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/02/el-estado-que-el-pacto-deja-163150</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/02/el-estado-que-el-pacto-deja-163150</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ En el Día del Servidor Público, es importante reafirmar su importancia para el desarrollo del país. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/02/6a1faa16505830848401f08c.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy, miércoles 3 de junio.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 03 Jun 2026 12:51:30 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/02/6a1faa16505830848401f08c.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El Estado que el pacto deja ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Perú tiene hoy 9.1% de empleo público sobre el total del empleo, según datos de ILOSTAT-OIT 2024-2025 publicados por la Escuela de Gobierno de la PUCP. Es casi idéntico al 9.6% de Chile. Esa similitud revela con claridad el problema real: el Perú no tiene un Estado demasiado grande. Tiene un Estado capturado. Y esa captura tuvo una estrategia deliberada que conviene nombrar con precisión en la semana en que el país decide su próximo presidente.</p>   <p>Primero vino el lenguaje. Llamar ‘caviar’ a quien defiende instituciones, méritos y procedimientos sobre la arbitrariedad del poder fue una operación política calculada para deslegitimar al servidor público técnico e independiente antes de reemplazarlo. Pedro Castillo, en claro eco con el presidente de Perú Libre y hoy prófugo Vladimir Cerron la usó para justificar sus propias intromisiones en el Estado.</p>   <p>Tras el intento de golpe de Castillo, el pacto corrupto comandado por el fujimorismo la perfeccionó y la convirtió en cobertura para la captura sistemática de las instituciones.</p>   <p>Con esa maquinaria aprobaron leyes que boicotearon, por ejemplo, el sistema meritocrático de SERVIR, se crearon regímenes especiales para la colocación discrecional de personal y se ocuparon rotativamente los organismos reguladores con funcionarios de redes políticas. Todo mientras se acusaba de ‘caviar’ a quienes señalaban el daño.</p>   <p>El resultado es un Estado donde las reglas se administran según conveniencia, no según mérito. La experiencia chilena nos cuenta cómo construyó durante décadas un servicio civil independiente con carrera y salarios competitivos. Sus reguladores, mal que bien, regulan. Eso no es elitismo. Es exactamente el Estado fuerte que el presidente del BCR Julio Velarde identificó esta semana como condición del desarrollo del país.</p>   <p>El Día del Servidor Público Peruano es la ocasión para reafirmar que quienes trabajan en el Estado con vocación, preparación e independencia deberían ser la columna vertebral del país que el Perú necesita construir. Recuperar ese Estado capturado empieza por reconocer que defenderlo nunca fue un privilegio de pocos. Fue siempre una responsabilidad de todos. Y es la primera obligación del gobierno que el Perú elija el 7 de junio, y de la ciudadanía para ejercer si derecho a rendición de cuentas por parte de las autoridades que elija.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Cuando Giuseppe Garibaldi visitó a Manuela Sáenz, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/28/cuando-giuseppe-garibaldi-visito-a-manuela-saenz-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-989800</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/05/28/cuando-giuseppe-garibaldi-visito-a-manuela-saenz-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-989800</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ La llegada de Garibaldi a Perú dejó una marca en la historia; su presencia inspiró canciones y celebraciones que reflejan el asombro y entusiasmo por su visita, en la que también conoció a la libertadora Manuela Sáenz en Paita. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/28/6a17e842d973f8e2350a829f.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Giuseppe Garibaldi. Imagen: Difusión.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 20:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/28/6a17e842d973f8e2350a829f.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Cuando Giuseppe Garibaldi visitó a Manuela Sáenz, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El 31 de mayo de 1851, cuando su barco se aproximaba a Paita, <strong>Giuseppe Garibaldi</strong><em> </em>le dijo al marinero que iba a su lado:</p>   <p>—Eso que vemos es un sueño.</p>   <p>—Es el Perú, señor —aclaró el hombre de mar.</p>   <p>—Claro, es el Perú. Una de las culturas más antiguas del mundo nos acoge. Nos reciben también los ojos brillantes de los hombres y mujeres que pelearon al lado de Simón Bolívar.</p>   <p>Garibaldi sabía lo que significa pelear por la libertad. Era en Europa el símbolo de la unificación de Italia y de la lucha por la independencia. En uno y otro lado de la península, había combatido al frente de los camisas rojas para lograr que Italia se liberara del dominio borbónico y para allanar el camino de la unificación.</p>   <p>Ahora era un exiliado. Antes de su llegada al Perú, había peleado en buena parte de la América meridional. Lo hizo por la independencia de Río Grande do Sul frente al imperio monárquico de Brasil, después por la del Uruguay y, por fin, se había enfrentado contra el dictador argentino Juan Manuel de Rosas. Se le llamaba por eso “el héroe de dos mundos”.</p>   <p>Al bajar en el muelle de Paita, Garibaldi se encontró con un grupo de caballeros vestidos con terno negro formal que caminaban en su busca.</p>   <p>Quien parecía estar a la cabeza de ellos se llamaba Manuel Francisco Herrera Castellanos. Se lo dijo después, pero al encontrarse con él, le extendió la mano de una manera que el italiano entendió francmasónica.</p>   <p>—Hermano, en nombre de la Logia Amistad indisoluble de Paita, le doy nuestros saludos. Los hermanos aquí presentes quieren invitarlo a una &#039;tenida&#039; para mañana por la tarde.</p>   <p>El héroe dio la mano a los restantes caballeros. Tuvieron una breve conversación y luego todos se fueron al puerto.</p>   <p>En el camino, Garibaldi le dijo a Herrera que tenía entendido que allí residía doña <strong>Manuela Sáenz</strong>:</p>   <p>—…la gran amiga de nuestro venerable hermano Simón Bolívar. Quisiera expresarle mis saludos.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/02/6a17e842d973f8e2350a829f.jpg" alt="Giuseppe Garibaldi. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Giuseppe Garibaldi. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>Herrera le contestó que, efectivamente, así era, aunque en esos momentos se encontraba con un problema de salud, pero que estaba seguro de que lo recibiría.</p>   <p>El tiempo suele ser inflexible al cobrar sus deudas, y ya Manuela las estaba pagando. Sin embargo, sus ojos conservaban locura y altivez, y eran los mismos acerca de los cuales Bolívar declaró un día:</p>   <p>&quot;He soñado con tus ojos una y otra vez, como si mañana fuera a ser fusilado&quot;.</p>   <p>Era bonita y triste, y obligaba a que los tímidos hablaran solos para no recibir un rechazo y a que los enamorados pertinaces aseguraran que, antes de que ella naciera, la luz del mundo no podía haber existido porque no había razón alguna ni rostro bello que iluminar, pero ya no se lo podían decir porque ahora era una matrona respetable.</p>   <p>Una soleada tarde de mil 851, alguien tocó a su puerta, pero no era la Muerte, ni un recuerdo, sino un hombre de penetrantes ojos azules, luenga barba blanca, cabello nutrido y una nariz como la de Bolívar, muy proporcionada e histórica. El recién llegado le preguntó si ella era la Libertadora.</p>   <p>—¡Adelante! —respondió Manuela, pero no sabía de quién se trataba.</p>   <p>Mientras esperaba averiguarlo, se dijo que el desconocido tenía los ojos tan profundos y azules que, probablemente, era la Muerte. De inmediato, asumió que el asunto de pasar al otro lado de la existencia no era tan difícil. &quot;Todo consiste en morirse&quot;, pensó.</p>   <p>Durante el siglo XIX, dos guerreros habían asombrado al mundo, Simón Bolívar en América y Giuseppe Garibaldi detrás de los <strong>Alpes</strong>.</p>   <p>—¡Adelante! ¿Quién desea hablar con la Libertadora?</p>   <p>—Garibaldi.</p>   <p>Conversaron. El héroe italiano tenía una opinión formada sobre Bolívar:</p>   <p>—Él entendió que la patria no es una bandera, es el pueblo.</p>   <p>Y, como Manuela se había quedado asombrada, masticando aquellas palabras, el héroe italiano agregó:</p>   <p>—La libertad no se da, se conquista y, como lo hizo Bolívar, se defiende hasta el último aliento.</p>   <p>Ella respondió:</p>   <p>—La libertad se conquista. Simón lo decía siempre.</p>   <p>&quot;Garibaldi, Garibaldi, Garibaldi, sí&quot;, es una canción -o sus vestigios- que se canta y se baila en las &#039;jaranas&#039; de la vieja Lima. Se advierten en ella las huellas del asombro y el entusiasmo que la presencia del héroe italiano causó en el Perú. &quot;Garibaldi, Garibaldi, Garibaldi sí&quot;.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                </channel>
            </rss>
        