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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Mon, 08 Jun 2026 18:49:43 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Agridulce espera, por Mirko Lauer ]]>
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                            <![CDATA[ Las cifras de la segunda vuelta electoral presentan incertidumbre, debido a la demora en la llegada de actas y los ajustados márgenes entre candidatos. La confianza en el conteo es crucial. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Agridulce espera por Mirko Lauer]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 08 Jun 2026 18:49:43 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Agridulce espera, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Las cifras de una segunda vuelta empiezan desvalidas y flotan en un mar de versiones. Mucho tiene que ver con el tiempo que toman las actas para llegar a su destino. Otro tanto se debe a los mínimos márgenes que separan a los candidatos. Luego está el grado de confianza del público en quienes llevan las cuentas.</p>   <p>   Hay hipótesis. Una es que el conteo a boca de urna no falla en predecir la tendencia final de la votación. Otra propone que lo más seguro es mantenerse pegado al avance de los resultados parciales de la ONPE. En ninguno de los dos casos es sensato ir a una celebración temprana. Hay sorpresas por el camino, no todas buenas.</p>   <p>   Es sabido que la cuestión con el conteo de la ONPE es que las actas electorales de lugares apartados demoran en llegar. Un resultado a partir de la mitad de las actas, como el que vemos al escribir esto, no cuenta toda la historia. El famoso sur andino y los consulados lejanos todavía tienen mucho que decir.</p>   <p>   Por eso, entre otras cosas, los dos candidatos se han puesto cautos. Como es de suponer, no tienen reales luces sobre el resultado final. Además, temen la reacción del rival, una vez convencido de su derrota. Mejor, entonces, dejar todo flotando en el aire.</p>   <p>   Hay cosas que pasan en un conteo. Acaban de aparecer unas cuantas actas rayadas, y podemos esperar incidentes similares de aquí al final del proceso. Detrás de todo esto está la sombra de los gritos de fraude, que ya han salpimentado tantas elecciones generales. Hay fraudistas que ya han comenzado con la gritería.</p>   <p>   La situación, entonces, garantiza que cualquier triunfo va a producirse en un clima de fuerte tensión, con las consecuencias que hemos visto en el pasado. Esa tensión se prolongará hacia la actuación del Congreso y el ambiente de las calles del país. Nuestras segundas vueltas son políticamente costosas.</p>   <p>   Estamos entrando a las ceremonias de la espera electoral. La principal de ellas es cantar victoria antes de tiempo, con el peligro de quemarse. Luego vienen las críticas al JNE y los ataques a la ONPE. Para quien pierda, la historia sobre cómo se llegó a la derrota va a durar mucho tiempo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Ahora corresponde aguardar los resultados oficiales ]]>
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                            <![CDATA[ Según el conteo rápido de Transparencia, Roberto Sánchez supera por 0,6 puntos a Keiko Fujimori en la segunda vuelta, dentro del margen de error. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy lunes 8 de junio]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 08 Jun 2026 10:33:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Ahora corresponde aguardar los resultados oficiales ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El Perú vivió una nueva jornada electoral mayoritariamente en paz. Millones de ciudadanos acudieron a votar y ejercieron, con civismo, el acto que da sentido a una república y eligieron, en libertad, a quien la conducirá. Ese civismo se vio temprano.</p>   <p>Ante la demora de algunos miembros de mesa, los propios electores asumieron la responsabilidad e instalaron sus mesas antes del mediodía. Se registraron, también, hechos irregulares y desinformación en redes, cuyo esclarecimiento corresponde a las autoridades para identificar a los responsables. La voluntad expresada en las urnas es el bien más alto que hoy toca custodiar.</p>   <p>Los resultados confirman un país dividido casi por mitades. Los dos conteos rápidos al cien por ciento coincidieron en ubicar a Roberto Sánchez ligeramente arriba. Ipsos y Transparencia le dieron 50,3% frente a 49,7%, y Datum, 50,14% frente a 49,86%, dentro del margen de error. El primer avance oficial de la ONPE situó a Keiko Fujimori al frente mientras se procesaban las primeras actas. Todo apunta a lo mismo, un empate técnico cuyo desenlace solo el cómputo oficial resolverá.</p>   <p>Un conteo rápido es una proyección estadística valiosa. El resultado definitivo lo entregan la ONPE y el JNE al concluir el escrutinio. A la hora de cerrar esta edición, ese trabajo seguía en curso. Por eso, candidatos, personeros, ciudadanía y prensa están llamados a acompañar con serenidad el cierre del proceso y a confiar en quienes cuentan cada voto.</p>   <p>Las autoridades electorales y las misiones de observación, entre ellas la Asociación Civil Transparencia, con sus miles de voluntarios, cumplen una función que merece respaldo y protección. Respetar sus tiempos y procedimientos es respetar la decisión de cada votante. Un resultado estrecho pone a prueba la madurez democrática, que se demuestra esperando el dato cierto y sosteniendo cada afirmación con pruebas, por las vías legales.</p>   <p>A los dos contendores les toca estar a la altura. Reconocer con grandeza el veredicto institucional honra por igual a quien gana y a quien lo acepta. Quien resulte elegido gobernará para los más de veintisiete millones de peruanos, también para quienes votaron distinto.</p>   <p>Los peruanos que anhelan vivir en democracia confían en sus instituciones y las sostienen con su sensatez y exigencia de rendición de cuentas. A ellos pertenece la última palabra, y honrarla, cualquiera sea su signo, es la mejor manera de cuidar lo que hoy pusieron en alto, un solo país decidido por su propio voto.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Después de las elecciones, primeras impresiones ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/08/despues-de-las-elecciones-primeras-impresiones-pedro-grandez-hnews-635432</link>
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                            <![CDATA[ Kausachun Derecho(s). Cualquiera que resulte elegido(a) lo será por un margen que quizá no alcance siquiera el 1%. En este sentido, la primera petición para ambos sería que reconozcan los resultados. La segunda petición es que asuma los resultados con la modestia del momento. Tiene que ser consciente de que existe temor en gran parte del electorado. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Después de la elección del 7 de junio]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 08 Jun 2026 10:19:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Después de las elecciones, primeras impresiones ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em><strong><span style="color:rgb(31, 31, 31)">Pedro P. Grández Castro</span></strong></em><em><span style="color:rgb(31, 31, 31)"> - </span></em><span style="color:rgb(31, 31, 31)">Profesor universitario. Sociedad Peruana de Constitucionalistas (SPC)</span></p>   <p>Este artículo es entregado al periódico antes de conocerse los resultados del flash electoral. Sin embargo, a estas alturas es claro que cualquiera que resulte elegido(a) lo será por un margen que quizá no alcance siquiera el 1%. Por otro lado, esos resultados tampoco significan que quien sea proclamado cuente con más del 50% del respaldo ciudadano: la mayoría, más del 70%, ni siquiera optó por alguna de las dos opciones que pasaron a la segunda vuelta. De modo que me gustaría, en esta ocasión, hacer un ejercicio bajo el “velo de la ignorancia” sobre quien sea el próximo presidente(a), al dirigirle algunas peticiones a nombre de quienes hemos votado sin expectativas e, incluso, con fundados temores sobre el futuro de nuestro país.</p>   <p><strong>La primera petición para ambos sería que reconozcan los resultados</strong>. Que sean capaces de estrecharse las manos y desearle éxitos en el ejercicio de la Presidencia a quien resulte ganador(a). La crisis que vivimos, el desprestigio del sistema democrático ante el mundo y la vergüenza que muchas veces pasamos al dar cuenta de que hemos tenido 8 presidentes en los últimos 10 años tienen mucho que ver con la falta de liderazgo y madurez de las agrupaciones que no aceptan los resultados electorales y, al día siguiente de las elecciones, inician una cruzada para derrocar al presidente recién elegido. El reconocimiento de los resultados electorales es el primer síntoma de madurez institucional en una contienda electoral.</p>   <p>La segunda petición que cualquier ciudadano razonable haría, esta vez a quien resulte ganador(a), es que asuma los resultados con la modestia del momento. No hay nada grande que celebrar y sí mucho que apaciguar y contener. Ojalá que el momento de júbilo, inevitable y desde luego justificado, se entremezclara con la empatía por quienes no lo votaron, incluso por quienes creen que es una opción peligrosa. El liderazgo del vencedor se pone a prueba en el mensaje que haya sido capaz de reflexionar con antelación para quienes, estando al frente, lo observan con desazón e incluso con intriga en estos momentos. Este es un país dividido no solo en los ánimos electorales: somos un país profundamente fraccionado, pero también somos un país alegre y de felicidad sencilla, como decía Arguedas.</p>   <p>Cualquiera que gane las elecciones tiene que ser consciente de que existe temor en gran parte del electorado. Es un temor real. <strong>En caso de que resultara elegida la señora Fujimori, existe el temor cierto de que las instituciones sean controladas y no funcionen con independencia.</strong> Que el centro del poder se traslade ahora a la casa de Pizarro para, desde ahí, avasallar y someter a cualquier institución a la que la Constitución le haya confiado el control o la limitación del poder. Que sus congresistas no sientan este respaldo ciudadano, aunque ajustado, como si fuera una orden para “arrasar” con el Poder Judicial, como ha anunciado irresponsablemente el señor Rospigliosi, reelegido para el próximo Congreso bicameral.</p>   <p>Si quien ganara fuera el señor Sánchez, los temores no son menores. <strong>El temor de que pusiera en el centro de las prioridades una asamblea constituyente sobre la que no existen consensos</strong> ni siquiera entre sus propios promotores. El desatino de que le confiriera poder y protagonismo en su gobierno a personajes tan cuestionados como el señor Antauro, cuya agrupación política fue, con abundantes argumentos, declarada como organización ilegal en la única decisión de esta naturaleza dictada en su historia por la Corte Suprema. El temor de que su gobierno fuera pronto capturado por la ineptitud, la improvisación y el populismo que suele conducir al desborde inflacionario y al descontrol del gasto fiscal. El temor, en fin, de que sea incapaz de maniobrar con una oposición que no le dará tregua desde el primer día.</p>   <p>Todos estos son temores que, lamentablemente, tienen respaldo. En el caso del fujimorismo, por una sucesión de hechos concretos en los que la práctica autoritaria ha sido parte de su itinerario en el ejercicio del poder público; y, en el caso de los grupos de izquierda que respaldan al señor Sánchez, por su improvisación y el discurso contradictorio entre la primera y segunda vuelta, que, por más que haya sido presentado como parte de “consensos” en busca de un programa razonable, genera inevitablemente incertidumbre y dudas que tendrá que apartar en sus primeros actos.</p>   <p>Un pedido adicional a los medios de comunicación. Una campaña electoral no solo pone a prueba a las instituciones del Estado encargadas de conducir con pulcritud un proceso hasta la proclamación de los vencedores. <strong>La democracia se sostiene en gran medida en la opinión pública. </strong>El discurso público en tiempos de elecciones se construye a partir de un complejo escenario de interacción entre las vocerías de los partidos políticos, los líderes, los técnicos que evalúan las propuestas de las campañas, los estrategas de la publicidad que orientan los mensajes de cierta manera y en cierta dirección y, desde luego, los editorialistas, los conductores de programas de televisión y radio. En un país donde todavía los índices de analfabetismo son altos, la información que hacen circular los medios resulta fundamental. Este proceso electoral nos ha mostrado, una vez más, un activismo desmesurado y una implicación directa de periodistas y medios que se han puesto a disposición de una de las candidaturas.</p>   <p>La hermenéutica del miedo, donde el discurso fluye en una sola dirección y donde la democracia pareciera que solo tiene una salida posible, solo <strong>muestra los desequilibrios que también existen en el acceso a información objetiva e imparcial</strong>. Muchos de aquellos periodistas que se han jugado por una de las opciones tendrán que reflexionar sobre su credibilidad en los próximos años. No hay democracia sin libertad de expresión, es verdad, pero la calidad de la democracia será precaria ahí donde la prensa no valore su independencia y el rigor de su trabajo.  El proceso electoral es también un baremo para medir la calidad de la prensa y el periodismo y, en este proceso, no han estado a la altura de las circunstancias.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El zumbayllu y la necesidad de volver a encantarnos, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <![CDATA[ Desde Madrid, Andrea Canepa vuelve sobre Arguedas, el zumbayllu y el Taki Onqoy para pensar aquellas energías culturales que sobreviven al tiempo. Su trabajo invita a reflexionar sobre la memoria, el reencantamiento y la necesidad de reconstruir horizontes comunes en el Perú contemporáneo. ]]>
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                            <image:title><![CDATA["Salto, giro, cadencia, trance" de Andrea Cánepa.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Mon, 08 Jun 2026 00:25:46 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El zumbayllu y la necesidad de volver a encantarnos, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Existe algo revelador en el trabajo reciente de <strong>Andrea Canepa</strong>. Aunque su trayectoria se ha desarrollado principalmente fuera del Perú, buena parte de sus investigaciones vuelven una y otra vez sobre preguntas que atraviesan nuestra historia cultural. Hay una necesidad de observar desde la distancia aquellos relatos, símbolos y formas de conocimiento que aún siguen configurando nuestra manera de habitar el mundo.</p>   <p>En <em><strong>Salto, giro, cadencia, trance</strong></em>, presentada recientemente en Madrid, Canepa toma como punto de partida una figura que para muchos lectores contemporáneos puede resultar desconocida: el zumbayllu descrito por José María Arguedas en <em>Los ríos profundos</em>. Ese trompo andino que para el escritor era mucho más que un juguete. Un objeto capaz de conectar sonido, movimiento, memoria y espiritualidad. Un cuerpo que gira y que encuentra estabilidad precisamente en el movimiento.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/07/6a26097faa36ee290905aef6.jpg" alt=""La vibración de María Angola". Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;La vibración de María Angola&quot;. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>La exposición se despliega a partir de esa imagen. Los mosaicos, las esculturas móviles y los textos de la artista parecen insistir en una misma pregunta: ¿cómo permanecen vivas ciertas energías culturales a través del tiempo?</p>   <p>La respuesta no aparece vinculada al ritmo, a la vibración, al cuerpo y a la capacidad de las imágenes para seguir produciendo sentido mucho después de haber sido creadas.</p>   <p>En una entrevista reciente, Canepa explica que el zumbayllu le interesó porque es &quot;un objeto que se mueve y, al mismo tiempo, permanece en el mismo sitio&quot;. Más adelante agrega que le permitió pensar &quot;el movimiento como insistencia, como una fuerza que vuelve, que se mantiene activa&quot;. La imagen resulta particularmente sugerente para pensar el Perú contemporáneo.</p>   <p>Vivimos un tiempo de agotamiento. Años de crisis política, confrontación permanente y fragmentación social han erosionado no solo la confianza en las instituciones, sino también la posibilidad de imaginar un horizonte común. El debate público parece reducido a una sucesión de antagonismos donde casi todo se interpreta desde la lógica de la amenaza. En ese contexto, resulta significativo que una artista vuelva sobre el canto, la danza, el ritual y el movimiento como espacios de persistencia cultural.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/07/6a2608a0aa36ee290905aef4.jpg" alt=""Salto, giro, cadencia, trance" de Andrea Cánepa." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Salto, giro, cadencia, trance&quot; de Andrea Cánepa.</figcaption>   <p>La referencia al Taki Onqoy, movimiento andino surgido durante la conquista española, introduce además una reflexión sobre las formas de resistencia que sobreviven más allá de la historia oficial. El interés de Canepa parece ir más allá de una lectura exclusivamente anticolonial. Lo que emerge en su trabajo es una pregunta más elemental y quizá más urgente: ¿cómo volver a escuchar aquello que permanece vibrando bajo la superficie de nuestra cultura?</p>   <p>La propia artista ofrece una pista cuando afirma que le interesan formas de resistencia que no nacen únicamente del dolor, sino también &quot;del goce, de la celebración y de la capacidad de los cuerpos de reunirse, moverse y producir energía común&quot;.</p>   <p>La frase merece atención. Durante décadas hemos aprendido a hablar de la memoria desde la herida, la pérdida o la violencia. Y es necesario hacerlo. Pero tal vez hemos dedicado menos tiempo a pensar la memoria desde aquello que también nos une: las celebraciones, las músicas, los rituales, los afectos compartidos y las formas colectivas de imaginar el mundo.</p>   <p>Por eso la exposición puede leerse también como una invitación al reencantamiento. Esa posibilidad de recuperar dimensiones de la experiencia humana que la lógica de la confrontación política suele dejar de lado.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/07/6a2609e47ab00bcbb20ac7a8.jpg" alt=""Trazaba líneas redondas". Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Trazaba líneas redondas&quot;. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>Quizá allí radica una de las mayores lecciones de Arguedas y una de las razones por las que artistas como Canepa siguen regresando a él desde distintas geografías. No porque ofreciera respuestas para los problemas del presente, sino porque comprendió que una cultura no se sostiene únicamente sobre estructuras políticas o económicas. También necesita símbolos, relatos y experiencias capaces de producir sentido de pertenencia.</p>   <p>En un momento en que el Perú parece debatirse entre la polarización y el desencanto, la imagen del zumbayllu adquiere una fuerza inesperada. Gira, vibra y parece desafiar las fuerzas que intentan detenerlo. Su estabilidad depende precisamente del movimiento.</p>   <p>Tal vez nuestra identidad cultural se parezca más a ese trompo de lo que imaginamos y esa energía que persiste porque continúa transformándose. Una fuerza que, pese a las fracturas, sigue girando.</p>   <p>…</p>   <p><strong>Datos de la exposición</strong><br><strong>Lugar:</strong> Crisis Madrid — Calle de la Madera 33.<br><strong>Temporada:</strong> Hasta el 23 de julio.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ 7 de junio: Construyendo sueños, por Julissa Mantilla ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/07/7-de-junio-construyendo-suenos-por-julissa-mantilla-hnews-526470</link>
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                            <![CDATA[ Es esencial que la agenda política priorice la decencia y la justicia. La sociedad debe unirse para exigir cambios que garanticen un futuro mejor para todos los peruanos. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[bandera]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Julissa Mantilla</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 07 Jun 2026 15:59:02 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ 7 de junio: Construyendo sueños, por Julissa Mantilla ]]>
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                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Llegamos a esta segunda vuelta electoral entre la frustración y la desesperanza, cansados de la misma dicotomía perversa que nos hace cuestionar nuestras decisiones, discutir entre nosotros y sentir que nos vamos al abismo. En paralelo, a diario aumenta la violencia, los feminicidios se multiplican, los legisladores del desprecio se preparan para seguir dando batalla contra las mujeres y la inestabilidad abruma.</p>   <p>El voto es una decisión personal y cada quien sabrá cuál es su elección final. Sin embargo, ese voto no puede ser la expresión del desinterés e irresponsabilidad ante el futuro del país. El 7 de junio no termina un proceso; por el contrario, se inicia uno nuevo en el que se deberá asumir la responsabilidad de aceptar que tuvimos un rol en lo que está pasando y que, si queremos que las cosas cambien, nos esperan cinco años de esfuerzo, compromiso y empatía. Para ello, hay que tomar la decisión de encontrar un punto en nuestra complicada agenda política por el cual apostar, resistir y exigir decencia.</p>   <p>No puede volver a gobernarnos un acusado de violación sexual. No puede volver a hablarse de prostitución en el Congreso. No pueden seguir matando a jóvenes como los de Colcabamba ni sus familiares seguir mendigando justicia. No podemos indignarnos ante un nuevo caso de choferes asesinados para luego mirar al costado. No podemos permitir que las mujeres y niñas sean violadas a diario mientras inventan el término “ideología de género” para que sus vidas no cambien. No nos pueden manipular con la amenaza barata de salir del Sistema Interamericano.</p>   <p>Por eso, insisto, no vamos a cambiar el Perú, pero podemos construir una agenda personal que se sume a un colectivo que exija un cambio. Pero para eso se necesita el esfuerzo de informarse, la tolerancia para disentir sin odiarse y la valentía de creer que el país puede ser algo diferente. Parafraseando a Marco Martos, para que, si tuviéramos que hacerlo, eligiéramos de nuevo al Perú para construir nuestros sueños.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ ¿Por quién vas a votar?, por Rosa María Palacios ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/07/por-quien-vas-a-votar-por-rosa-maria-palacios-hnews-384972</link>
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                            <![CDATA[ "Hoy, no preguntes por quien vota éste o aquel. Pregunta si todos ellos, y tu mismo, están dispuestos a respetar a las personas y su derecho a elegir, te guste o no el resultado". ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA[Por quién vas a votar]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Rosa María Palacios</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 07 Jun 2026 12:49:39 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ ¿Por quién vas a votar?, por Rosa María Palacios ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><br>En tiempos confusos y binarios, como los de una segunda vuelta electoral, responder sobre tu intención de voto es un ejercicio peligroso. La impertinencia de la pregunta tiene una carga. Algunos buscan validación (“¿serás como yo?”); otros, controversia (“¿por qué no eres como yo?”); están los de la descalificación y el estigma (en sus variantes “siempre supe que eras un imbécil” o “no puedo creer que seas tan imbécil”); están los menos, que van en busca de consuelo (“¿soy el único que ve esto?”), y, finalmente, los pocos auténticamente entusiastas, que van por la exhibición de su orgullo (“no me importa nada, feliz de votar por”).</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p><strong>PUEDES VER: </strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/06/06/el-voto-como-la-bandera-se-respeta-150336#google_vignette" target="_blank">El voto, como la bandera, se respeta</a></p></blockquote>   <p>Para evitarle este zarandeo emocional al elector, desde hace mucho tiempo, el voto es personal, igual, libre, secreto y obligatorio. Eso es exactamente lo que dice la Constitución. No le quito ni le agrego nada. Es personal, porque nadie puede sustituir tu voluntad al momento de votar. No es un acto que puedas delegar en otro ni puedes tener un representante. Tienes que hacerlo solo. Sin ayuda. Es igual, porque tu voto y el mío valen exactamente lo mismo y esa es la belleza de la democracia en el Perú. En un país repleto de desigualdades, el voto del analfabeto vale exactamente igual que el voto del académico (para ira de algunos). No importa quién eres ni cuáles son tus circunstancias; importa lo que dice ese voto para su conteo. Es libre y obligatorio, a la vez, lo que parece ser contradictorio, pero no lo es. Eres libre y tienes que serlo porque una voluntad coaccionada es una voluntad viciada. El contenido de tu voto responde a una conciencia autónoma. Pero, si bien ejerces el voto en libertad, estás obligado a ir a votar. No cumplir con la obligación cívica se pena con una multa. No todos los Estados siguen este camino, pero, si queremos garantizar la participación en un país tan defraudado por autoridades tan poco representativas, no queda otra. Así pues, votar no es un placer. Es un deber. Guste o no, hay que hacerlo.</p>   <p>¿Por qué el voto es secreto? Por varias razones. La primera está justamente en el derecho a la libertad de conciencia. No hay persecución por razón de ideas o creencias y, por ende, no hay delito de opinión. La segunda es el derecho a guardar reserva sobre cualquier convicción. Ambos son derechos constitucionales, olvidados por la Santa Inquisición Electoral que se erige, como diría Sabina, en “la Cofradía del Santo Reproche”. Es decir, tú no tienes (y yo creo que no debes, si quieres evitar un debate) que decirle a nadie cómo y por qué votas de tal o cual manera. No sin someterte al inevitable juicio crítico que, con buena suerte, es el silencio y, con mala, la violencia verbal.</p>   <p>Por supuesto, somos humanos y está el problema de la soberbia. Algunos creen que la manifestación pública y unilateral de su intención de voto convierte a sus interlocutores en sus súbditos electorales. Hay vocación autoritaria en el padre, la madre, el maestro, el cura y, en general, en quien se siente infinitamente superior moralmente a todos sus prójimos. Hay figuras públicas que se sienten obligadas a contarnos por quién van a votar, en la vanidad de creer que su decisión puede tener alguna influencia en el voto ajeno. Francamente, lo dudo. Solo les sirve para el doloroso apanado de rigor.</p>   <p>Sin embargo, en política, cuando un partido fija posición, sabe perfectamente que no puede sustituir la libre voluntad de sus electores. Por más disciplina en los militantes, siempre hay espacio para el libre albedrío. Dada la precariedad de nuestros partidos, se suele decir que “en la política peruana, no hay endoses”. Lo que hacen, en realidad, los partidos que indican cuál será su voto militante es anunciar su posición frente a quien llegue a gobernar. Solo hay dos posibilidades: cooperar o confrontar. Una tercera sería posponer ese juego, que, tarde o temprano, se dará. Más allá de quién resulte ganador este domingo, esto es lo que nos dicen los alineamientos de la segunda vuelta. Es en ese plano que hay que entenderlos.</p>   <p>En el caso del periodismo político, gane quien gane, nuestro trabajo es criticar al que lo logre. Anunciar un voto equivale, como hacen los partidos, a anunciar un respaldo ex post. La vanidad de creer que puedes influir en algo lo único que hace es destruir tu futura imparcialidad para tratar a todos por igual. No vale la pena. Primero, porque las opiniones ajenas no suelen ser muy valoradas por la audiencia y, segundo, porque, más allá de tus miedos o de tus esperanzas, el lunes hay que trabajar en la crítica permanente al poder. Adicionalmente, esta elección particular hace nuestro trabajo más fácil: hay mucho para criticar en ambos candidatos. No en vano fueron descartados en primera vuelta por el 75% de los electores.</p>   <p>Me alegraba, en estos días, al observar que el nivel de violencia política verbal había bajado bastante desde el 2021, pero especialmente desde que López Aliaga salió de escena con sus PorkyTrolls en redes, al perder las elecciones. Venía pensando en eso esta mañana, mientras caminaba por el Malecón de Miraflores con un grupo de amigos, cuando un sujeto enardecido, joven y atlético, acompañado de otros dos silenciosos, me gritó algo así como “antipatriota”. Llevaba una camiseta partidaria. Lo seguí y le indiqué que esa era una falta de respeto y no una manera correcta de hablarme. Creo que se descolocó. Estos energúmenos no suelen esperar una respuesta educada y firme. Repitió lo dicho, pero ya había más testigos (gente amable, que siempre hay) que no lo miraban bien. Le exigí su nombre y comenzó a huir apresurado, negándose a darlo. Digamos que era el cobarde de libro, el que se siente validado insultando, pero corre al ser confrontado.</p>   <p>Yo nunca digo por quién voto y eso me parece correcto. Esa es también una decisión muy personal. Tampoco le pregunto a nadie por quién va a votar. ¿Con qué derecho? Eso sí, siempre me he declarado abiertamente una persona muy de derechas, de las de la libertad, por supuesto. Entonces, ¿por qué me han botado de medios tras campañas en las que no ganan los favoritos de los dueños? ¿Por qué he tenido ocho veces una portátil violenta, brazo operativo de alquiler de Renovación Popular y Fuerza Popular, en la puerta de mi casa gritándome “comunista, terrorista” si es obvio que no lo soy? ¿Por qué un sujeto, rompiendo elementales reglas de convivencia educada, se atreve a insultarme un día antes de votar? Por un problema más profundo: hay personas y colectividades que quieren obtener por la fuerza lo que jamás obtendrán: tu libertad, tu conciencia, tu derecho a elegir.</p>   <p>A estas alturas, deben estar pensando: ¿qué camiseta llevaba el impertinente vulgar del malecón? Pues les diré algo que tal vez les sorprenda: ¿importa? La verdad es que no. La intolerancia no tiene camiseta. La pueden encontrar en cualquier lugar, ejercida por cualquier ser humano. Si la democracia, el gobierno del pueblo, tiene un sólido enemigo, es ese: la intolerancia que no reconoce al otro y que no quiere respetar tu identidad ni tu voto. Hoy, no preguntes por quién vota este o aquel. Pregunta si todos ellos, y tú mismo, están dispuestos a respetar a las personas y su derecho a elegir, te guste o no el resultado.</p>   <p><br></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El voto, como la bandera, se respeta ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/06/el-voto-como-la-bandera-se-respeta-150336</link>
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                            <![CDATA[ Hoy todos los votos deben ser valorados y el resultado final seguir animando la construcción del proyecto republicano peruano. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 07 Jun 2026 04:31:02 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El voto, como la bandera, se respeta ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hoy 7 de junio recordamos la inmolación de compatriotas en la batalla de Arica. Este año coincide con la jornada en que también los peruanos ejercerán su derecho a ser pieza fundamental de la construcción de una nación que, desde mucho antes de la guerra del Pacífico a finales del siglo XIV, intentamos, como sociedad tan diversa, construir.</p>   <p>El historiador Jorge Basadre decía que el Perú llegó a 1880 con “héroes dispuestos al sacrificio” y con instituciones, que ya desde entonces, eran profundamente frágiles.</p>   <p>En una lectura posterior, la historiadora Carmen McEvoy explicaba que después del desastre que sobrevino en el país tras la guerra perdida, la nación se sostuvo, sobre todo, en símbolos. En ese sentido, “El último cartucho”, “la bandera de don Alfonso Ugarte”, “la respuesta de don Francisco Bolognesi” son solo algunos de los relatos que mantuvieron, y siguen manteniendo, unida la idea de un Perú, a pesar de los embates que, por ejemplo, una guerra puede dejar.</p>   <p>Este trabajo de memoria en un día como hoy, en el que los peruanos deciden a su próximo mandatario o mandataria, debería darnos perspectiva como sociedad. Son, sin duda, tiempos de desafíos democráticos que, con la sola elección, no encontrarán solución inmediata a todos los problemas que tiene sobre sí este proyecto de país.</p>   <p>Llegamos a estos comicios con una alta desconfianza interpersonal, una de las más altas de la región, y no solo hacia los políticos, sino también hacia el que piensa distinto. Y esto último es medular. Precisamente por eso el sufragio, como la bandera, es un pacto mínimo que sostiene al país. Se respetan ambos porque, al final del día, debieran confirmar que cabemos todos en una misma patria.</p>   <p>En Arica, los peruanos cumplieron con su deber ante un Estado naciente. Miles de ellos murieron, olvidados y dejados a la deriva por las autoridades de entonces. Sin embargo, nadie podría decir con justicia que su sacrificio fue en vano. Fue gracias a ese acto heroico, basado en la confianza entre distintos y sufridos, que el Perú pudo reconstruirse, no gracias a las mezquindades que siempre aparecen en la historia.</p>   <p>Sostener esta idea de peruanidad implica asumir también que el deber ciudadano pasa por respetar cada voto. El del norte y el del sur. El de la costa, la sierra y la Amazonía. El que coincide con uno y también con el que piensa distinto.</p>   <p>Se cuenta que la bandera que Ugarte salvó de las manos del ejército invasor se tejió con trocitos distintos. Esa misma conjunción de distintos, que es la república que también hoy anhelamos, necesita a todos. Y ello solo se logra respetando la voluntad popular, hoy observada por garantes internacionales y los peruanos que son parte de esta fiesta democrática. Recordemos pues que el voto, como la bandera, se respetan. Y eso es tarea de todos.</p> ]]></content:encoded>
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