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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Fri, 15 May 2026 15:08:54 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Sánchez contra Godzilla, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <![CDATA[ "Hoy es más imprescindible que nunca ponerle un contrapeso, un freno, un check and balance, como dicen los gringos. Keiko Fujimori ya ha dado muestras de su aversión por la separación de poderes. ¡Los quiere todos!" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Maritza Espinoza]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Maritza Espinoza</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 15 May 2026 15:08:54 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Sánchez contra Godzilla, por Maritza Espinoza ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Dijo Karl Marx (¡ay, el cuco!) que la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia. No lo dijo así exactamente —estaba parafraseando a Hegel—, pero ustedes entienden. En el Perú, la historia se repite como tragicomedia. Por eso, en cada proceso electoral, no sabemos si reír o llorar. Es esa condena peruana que Mario Vargas Llosa definió muy bien como siempre tener que elegir entre votar por el cáncer o el sida.</p>   <p>Ese es nuestro dilema existencial, por lo menos desde que Keiko Fujimori salió, hace 15 años, a tratar de convencernos de que ella es el mal menor de la política chola (salvo en el 2016, cuando no había duda posible). Pero, en cada ocasión, el cáncer y el sida traen comorbilidades capaces de comprometer, si no de aniquilar, el débil sistema inmunológico de este organismo llamado Perú.</p>   <p>Si Ollanta Humala o Pedro Castillo representaban al sida —el fujimorismo es, sin duda, nuestro cáncer metastásico desde hace décadas—, Roberto Sánchez es una versión empeorada y aumentada de sus predecesores, algo que ya se veía en su gesto de adoptar el sombrero como símbolo de su partido, cuando jamás ha vivido en el campo. Se trataba de oportunismo puro y duro, con el fin de aprovechar la popularidad de Castillo en el Perú rural después de haberlo abandonado —Sánchez, no el Perú— en su peor momento.</p>   <p>Pero ¿es Castillo solo un activo para Sánchez? Pues no. Todos recordamos que, más allá del controvertido autogolpe que terminó con su vacancia, estaba envuelto en corruptelas desde el inicio mismo de su gestión y eso es algo que su pupilo también tendrá que asumir, del mismo modo que lo hace Keiko Fujimori con su propio activo político: su padre.</p>   <p>El parecido no termina allí. Mientras Sánchez tiene a un radical Antauro que se complace enumerando a los políticos a los que fusilaría si llegara al poder (incluyendo a su hermano), Keiko Fujimori tiene a Fernando Rospigliosi, defensor impenitente de militares violadores de derechos humanos. También comparten un desprecio absoluto por la Constitución de 1993. Keiko, a través del Congreso que ha manejado todos estos años, cambió de un sopapo tres cuartas partes de ella. Él, por su parte, insiste en el cambio constitucional vía referéndum.</p>   <p>Sin embargo, por mucho cuestionamiento que se pueda hacer a Sánchez, nada es comparable con el amplísimo currículum de su rival, responsable de los desmanes de su bancada congresal que aprobó todas las leyes procrimen, eliminó las PASO, impuso una bicameralidad trucha, tomó la Sunedu, blindó a Dina Boluarte y José Jerí, y asaltó el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, los organismos electorales y la Defensoría del Pueblo. Eso, sin contar su peor hazaña: haber destrozado la estabilidad política por el berrinche rencoroso del 2016.</p>   <p>Pero el dilema sigue y, para muchos, el voto en blanco aparece como la opción menos contaminante. También hay quienes quieren que Roberto Sánchez firme una hoja de ruta al estilo Ollanta Humala —que se “deshumalizó” en el 2011 y desató los odios de su hermano Antauro—, prometiendo no “venezuelizar” la economía nacional, aunque, valgan verdades, el cuco Venezuela pesa cada vez menos, sobre todo desde que Donald Trump se ha declarado presidente de ese país.</p>   <p>De otro lado, hay quienes, más desconfiados, piensan que la hoja de ruta debe más bien ser un compromiso de no aliarse con el pacto mafioso si las cosas se le ponen feas. Total, ya se conocen muy bien y han cogobernado en el Congreso, tanto que Sánchez puso su firma en más de una de las leyes procrimen.</p>   <p>Entonces, ¿por qué sí votar por él? Particularmente, solo hay un argumento plausible y no es la monserga manipuladora que están soltando sus allegados de que a él sí será fácil vacarlo. No lo será tanto, pues la ultraderecha tiene una mayoría ajustada en el Senado y, al frente, están los otros partidos de izquierda y la centroderecha de Jorge Nieto, que difícilmente se prestará a sus trapacerías.</p>   <p>El verdadero argumento a favor del voto a Sánchez es que ya Keiko Fujimori, en este mismo momento, tiene todo el poder: un Tribunal Constitucional hecho a su medida, una Junta Nacional de Justicia a su servicio, un defensor del pueblo acomedido, mayoría en el Senado (porque Renovación seguirá gobernando con ella, no lo duden), mandos militares agradecidos por leyes de amnistía, dobles sueldos y otros “favorcillos” y, por si fuera poco, un empresariado mercantilista y voraz al que el libre mercado y la democracia le interesan un reverendo pepino.</p>   <p>Entonces, darle la presidencia sería entregarle el poder absoluto y definitivo del que, vistos sus antecedentes, ya nadie podrá sacarla. No es gratuito que haya dicho que, si gana, gobernará como su padre, el mismo caballero que dio un autogolpe y que, si no fuera por muchos factores aleatorios, planeaba quedarse 20 años en el mando.</p>   <p>Hoy es más imprescindible que nunca ponerle un contrapeso, un freno, un <em>check and balance</em>, como dicen los gringos. Keiko Fujimori ya ha dado muestras de su aversión por la separación de poderes. ¡Los quiere todos! Y, si juzgamos solo por lo ocurrido en estos últimos años, el abuso de ese poder es su hobby favorito. Si no la paramos en esta, ¡ay, mamita!, Godzilla a su lado será una hermanita de la caridad.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Se impuso la razón contra el fraudismo ]]>
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                            <![CDATA[ Renovación Popular acepta finalmente los resultados que anuncian ganadores de la primera vuelta al fujimorismo y a Juntos por el Perú. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 15 May 2026 08:04:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Se impuso la razón contra el fraudismo ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La aceptación de los resultados electorales por parte de Renovación Popular representa una primer momento en el que la razón y las reglas se imponen frente a las bravatas como la peligrosa narrativa del fraude que intentó, sin pruebas, instalarse en las últimas semanas alrededor de la elección presidencial rumbo al batolaje.</p>   <p>El Jurado Nacional de Elecciones rechazó finalmente los pedidos de nulidad impulsados por sectores vinculados a Rafael López Aliaga sobre las mesas de centros poblados creando mentiras narradas como la viral ficción de las mesas 900. A pesar de todo ese atropello, el sistema electoral peruano logró sostenerse frente a una ofensiva política que buscó sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso de manera solo vista en dictaduras y sus pretendidas versiones.</p>   <p>Y este episodio debería dejar una lección importante para la ciudadanía peruana. Durante semanas, el país observó cómo se intentaba convertir, además de las inaceptables demoras que deben ser investigados con celeridad en 15 centros de votación en la ciudad capital y algunas mesas en el extranjero, diferencias territoriales normales del comportamiento electoral en sospechas de manipulación. Al respecto, vale recordar que la historia muestra un patrón constante: las candidaturas de arraigo popular ubicadas en el espectro ideológico de izquierda, suelen obtener mayor respaldo en zonas rurales y centros poblados. Ocurrió con Ollanta Humala, con Verónika Mendoza, con Pedro Castillo y vuelve a ocurrir con Roberto Sánchez.</p>   <p>Por ello, es importante destacar que esta aceptación de los resultados constituye un reconocimiento implícito de que las acusaciones carecían de sustento suficiente para revertir la voluntad popular expresada en las urnas y fueron, desde siempre, una treta. El sistema electoral resistió el acoso sistemático como lo hizo contra el fraudismo del fujimorismo en los comicios del 2021, y confirmó nuevamente una de las pocas fortalezas institucionales que el Perú todavía conserva: los organismos electorales son capaces de conducir procesos complejos en medio de alta polarización política.</p>   <p>Sin embargo, la normalización democrática todavía enfrenta amenazas importantes. Tanto el fujimorismo como sus aliados han dejado claro que la confrontación política continuará desde el Congreso, como ya lo hicieron en los últimos diez años.</p>   <p>Ese escenario exige cautela ante este saludable proceso democrático. El fraudismo contemporáneo rara vez logra revertir elecciones, pero sí puede mutilar lentamente la confianza pública en el sistema democrático. Por ello el interés de hacerse de los órganos electorales, tal y como lo han hecho las autocracias de derecha como de izquierda.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Vuelven los dragones al norte, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/13/vuelven-los-dragones-al-norte-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-1261156</link>
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                            <![CDATA[ Mito. La figura de este ser legendarios está presente en las historias de la cultura y en ese escenario no podía estar ajeno Perú. Así nos lo recuerda Luis José Cassaró en el cuentario "El lurifico". ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Azulejo. Fragmento de El Muro de los Nueve Dragones en la Ciudad Prohibida, en Pekín. Foto: Jakub Halun.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 20:35:20 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Vuelven los dragones al norte, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“Hay que pensar que primero reventó la cáscara y que después comenzó un intenso aleteo en los cielos de <strong>Chepén</strong> y <strong>Chiclayo</strong> como avanzando hacia Piura.</p>   <p>Así es hoy y así fue el último día de 1889”.</p>   <p>Nos lo relata el escritor <strong>Luis José Cassaró</strong> en <em>El Lurifico</em>, un conjunto de leyendas que se difunden hoy por el norte del Perú.</p>   <p>-Esta leyenda tiene un origen- nos explica sobre el texto recientemente aparecido en la <strong>Feria Internacional del Libro de Trujillo</strong>.</p>   <p>Y agrega:</p>   <p>-Se trata más bien de los semiesclavos culíes chinos, quienes vinieron para reemplazar a los africanos en las tareas agrícolas cuando la esclavitud fue abolida por Ramón Castilla.</p>   <p>Como sabemos, un sistema de contrataciones con trampa hizo que miles de asiáticos subieran a barcos en su lejano país y se dirigieran al nuestro hacia mitad del siglo XIX. Se les prometía trabajos espléndidos y propiedades ni siquiera imaginadas.</p>   <p>Cuando el embaucado decía que no tenía dinero para pagar el pasaje, se le aseguraba que eso no era problema y que más bien lo pagaría en poco tiempo con su trabajo en el Perú.</p>   <p>Aquello nunca fue cierto. Los viajeros pasaron, sin mucho intermedio, de la esperanza ilimitada a una realidad que parecía una maldición. Aparte, la diferencia de idiomas les impedía hacerse entender y protestar ante el nuevo patrón. Más todavía, aquel les prohibió hablar entre ellos durante las malditas diez horas de trabajo.</p>   <p>Y, peor que todo, Juan Siete, el personaje de este relato, lleva ese nombre para sufrir mayor humillación. Su verdadero nombre es Lo Pan, pero los hacendados han decidido llamar a los chinos con el nombre de Juan y añadirle a este los números que fueran necesarios.</p>   <p>Así, en la obra de Cassaró, Lo Pan -o Juan Siete- soporta en silencio la “conversación” con Ernesto Ruiz Gonzales, el hijo del patrón, quien está allí para suceder a su padre e informarse de la realidad de la hacienda Lurifico.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/14/6a0540b062846ceb460c0aaf.jpg" alt="Azulejo. Fragmento de El Muro de los Nueve Dragones en la Ciudad Prohibida, en Pekín. Foto: Jakub Halun." width="1250" height="735"/><figcaption>Azulejo. Fragmento de El Muro de los Nueve Dragones en la Ciudad Prohibida, en Pekín. Foto: Jakub Halun.</figcaption>   <p>-Recuerda que tú y tu mujer son míos. Me pertenecen -le advierte con severidad.</p>   <p>Sin embargo, hay cosas que los patrones no saben.</p>   <p>“Ese murmullo que trae el viento y esas voces que todos escuchan en los sueños, son el anuncio de que algo va a ocurrir el 31 de diciembre de 1889”.</p>   <p>La verdad es que Lo Pan es un sacerdote chino quien, enterado de los sufrimientos de su pueblo, ha traído al Perú los huevos de un dragón y los ha dejado calentar bajo la chimenea de la hacienda Lurifico.</p>   <p>Según calcula, uno de los huevos va a romperse esa noche y de ahí emergerá volando el ave mitológica que traerá la venganza y el honor a los desposeídos chinos contra la perversidad de los hacendados.</p>   <p>Lo curioso es que las historias de dragones se repiten en todas las culturas del mundo. En el mundo andino, la serpiente que vuela es el Amaru. Entre sus atributos también se halla el del justiciero que viene a cambiar el sistema áspero en que viven sus hijos.</p>   <p><strong>Jorge Valcárcel Sáenz</strong> me trae al recuerdo un cuento de <strong>Luis Eduardo Valcárcel</strong>, su abuelo, publicado en los años 50 del siglo pasado.</p>   <p>“El matador de la serpiente voladora” es su título y recuerda la historia del príncipe inca <strong>Mayta Cápac</strong>, quien salió del <strong>Cusco</strong> y se internó en la selva para derrotar a un amaru negro, una serpiente voladora que dominaba los valles amazónicos y llenaba de dolor y espanto a sus habitantes.</p>   <p>Con la cabeza del dragón cortada, el joven príncipe se bañará en sangre y luego se convertirá en el emperador del ahora inmenso <strong>Tawantinsuyo</strong>.</p>   <p>Como se puede recordar, esta leyenda andina se parece enormemente, con baño de sangre incluido, a la historia inglesa de San Jorge haciéndole frente al dragón mitológico que despuebla Europa.</p>   <p>Durante todo el siglo XX se repitieron esas historias en Chepén. Se las asoció incluso con el dragón africano que, en 1720 asoló Zaña y convirtió la ciudad que iba a ser la capital del virreinato, en el conjunto de ruinas coloniales que ahora vemos.</p>   <p>Mucha gente sigue hablando de la posibilidad de que el dragón regrese y hay un extraño rumor que viene desde los cerros. Por si acaso, este cronista se encomendó al recuerdo del santo sacerdote Fernando y tomó pronto su vuelo de regreso a Lima.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ En defensa de los estudiantes ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/14/en-defensa-de-los-estudiantes-editorial-1307782</link>
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                            <![CDATA[ Las protestas estudiantiles en universidades peruanas, como en Argentina y São Paulo, merecen respeto y atención de todos los actores sociales. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
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                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 20:34:41 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Algo importante está ocurriendo en las universidades de América Latina y sería un error reducirlo a simples episodios de agitación estudiantil. Lo que hemos visto en los últimos días en la PUCP, en la UNMSM y en las multitudinarias movilizaciones universitarias de Argentina contra los recortes implementados por el gobierno de Javier Milei y en São Paulo en Brasil contra la privatización de la educación pública, expresan una preocupación generacional mucho más profunda. Se trata del temor de miles de jóvenes a que la educación superior deje de ser un espacio de democratización de oportunidades.</p>   <p>En el Perú, donde apenas tres de cada diez jóvenes logran acceder a educación superior según el INEI, cualquier retroceso en accesibilidad o representación universitaria tiene consecuencias sociales enormes para su propio futuro. La universidad sigue siendo una de las pocas herramientas reales para romper ciclos de pobreza y construir ciudadanía. Por ello, las protestas estudiantiles no deberían ser vistas con sospecha, sino como un llamado de atención sobre el devenir del país.</p>   <p>Aunque ambos conflictos son distintos ya que una es una universidad privada sin fines de lucro y otra es una universidad pública, comparten una misma raíz: la sensación de que decisiones trascendentales se toman sin participación real de los estudiantes y sin considerar el impacto social que generan. En un caso, el temor es que estudiar sea un privilegio más reservado aún para quienes puedan acceder a montos superiores a un sueldo mínimo vital. En el otro, que la universidad quede subordinada a intereses políticos y redes de poder interno, vinculados hoy al pacto corrupto que pretende seguir enquistándose en el país.</p>   <p>Por eso resulta importante recuperar el sentido democrático de la vida universitaria y defenderla de agresiones de sectores que históricamente han rechazado las demandas de este tipo. Las movilizaciones actuales también deberían servir para abrir una discusión más amplia sobre la necesidad de una nueva reforma universitaria en el Perú, la cual quedó destruida por el Congreso que ha legislado en favor de una educación superior mercantilista y de baja calidad.</p>   <p>Las protestas universitarias no deberían incomodar a la sociedad que pretende denominarse democrática. Al contrario, deberían interpelarla. “Nudo de inquietudes, plaza de victorias”, escribió el poeta sanmarquino Juan Gonzalo Rose para describir a la Decana de América. La frase resume con precisión el momento que atraviesan hoy las universidades peruanas: espacios de conflicto, debate y esperanza donde una nueva generación vuelve a reclamar ser escuchada. Por si acaso esa sea, precisamente, la mejor tradición universitaria que el país debe defender.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El viaje póstumo de Carmen Caballero, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <![CDATA[ La exposición “Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte” reúne en Casa Fugaz a 117 artistas de distintas partes del mundo en un gesto colectivo donde el arte, la memoria y el duelo se convierten en una forma de resistencia frente al olvido.&nbsp; ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 10:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El viaje póstumo de Carmen Caballero, por Leyla Aboudayeh ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay algo en lo que pienso constantemente: nuestra trascendencia por este mundo. La posibilidad de existir más allá de la muerte. Hay personas que, cuando se van, no desaparecen del todo. Se vuelven poéticas, efímeras, incomprensibles. Permanecen de formas íntimas en la memoria de quienes las amaron y, al mismo tiempo, muy solas en los espacios que alguna vez habitaron.</p>   <p>Entender la muerte después de tantos vínculos construidos es algo que supera nuestros lenguajes. Quizá por eso el arte insiste en volver sobre ella. No para resolverla, sino para darle una forma sensible al vacío. Sé que muchas personas especiales desaparecen rápidamente bajo la velocidad y la ligereza con las que vivimos hoy. El olvido parece haberse convertido en una consecuencia natural de nuestro tiempo.</p>   <p>Por eso resulta profundamente conmovedor lo que ocurre en &#039;Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte&#039;, la exposición que se inaugura este sábado 9 de mayo en Casa Fugaz, en el Callao. La muestra, impulsada por el artista y curador Francis Naranjo, reúne a 117 artistas de distintas partes del mundo en un gesto colectivo que desborda la idea tradicional de homenaje. Aquí no se trata solamente de recordar a Carmen Caballero, sino de resistirse a su desaparición a través del arte.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/13/69fe83d9f8fee48252091599.jpg" alt="La pieza del artista boliviano Iván Cáceres parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria. Imagen: Difusión" width="1250" height="735"/><figcaption>La pieza del artista boliviano Iván Cáceres parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria. Imagen: Difusión</figcaption>   <p><strong>Carmen y Francis</strong> vivieron profundamente juntos. Durante décadas construyeron una red de afectos, viajes, exposiciones y encuentros que unió a artistas, curadores y pensadores de distintos territorios. Su vida estuvo atravesada por el desplazamiento constante, pero también por una idea del arte entendida como comunidad y experiencia compartida. El último viaje que hicieron juntos fue precisamente al Callao, a esta casa habitada una y otra vez por el arte.</p>   <p>Lo extraordinario de esta exposición es que logra transformar el duelo en un lenguaje colectivo. Cada obra parece preguntarse cómo hacer visible aquello que ya no está.</p>   <p>La pieza de <strong>Liliana Zapata</strong> trabaja desde esa delicadeza. Su huaco incorpora la iconografía de las joyas que Carmen utilizaba, desplazando esos objetos íntimos hacia una dimensión ritual y funeraria. La cerámica deja de ser solamente forma para convertirse en contenedor simbólico de una presencia.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/13/69fe8104e6e96c79db04cb1b.jpg" alt="Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Carmen Caballero por Coco González Lohse. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>En otro registro, el artista boliviano <strong>Iván Cáceres</strong> presenta una obra que oscila entre máquina y símbolo. &quot;Soy un pequeño sol y mi puerta una gota&quot;, escribe, como si intentara nombrar un umbral entre lo visible y aquello que apenas podemos intuir. Su pieza parece activar una energía suspendida, una forma de tránsito entre materia y memoria.</p>   <p>Tal vez uno de los gestos más conmovedores sea el de <strong>Eduardo Caballero</strong>, hijo de Carmen, quien ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Será la primera vez que la escuche después de su muerte. Hay algo devastador y profundamente humano en ese acto. La voz, quizá más que cualquier imagen, posee la capacidad de devolvernos una presencia.</p>   <p>La obra de <strong>Alfredo Quiroz</strong> trabaja desde otro lugar de intimidad. El artista pinta sobre un gran manto de lona la imagen de la cama de Carmen un día después de su muerte. La escena evita cualquier espectacularidad y, precisamente por eso, golpea con fuerza. La cama vacía aparece como un territorio donde todavía persiste algo invisible.</p>   <p>Por su parte, <strong>Sara Roitman</strong> presenta un jardín artificial hecho de arcilla cruda que irá deshaciéndose con el agua y el paso de los días. La obra no representa la fragilidad: la ejecuta. El tiempo interviene directamente sobre ella hasta convertir el deterioro en parte de la pieza. El duelo aparece entonces no como imagen estática, sino como proceso inevitable.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/13/69fe83535693c7fae408b805.jpg" alt="Eduardo Caballero ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Eduardo Caballero ha construido un mecanismo para reproducir la voz de su madre. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Hay algo profundamente radical en esta muestra porque ocurre en un momento donde el mundo parece cada vez menos real y menos vinculante. Vivimos hiperconectados, viajando constantemente a través de pantallas y redes sociales, pero rara vez nos sentimos verdaderamente unidos por algo. Aquí sucede lo contrario. El arte consigue construir una experiencia de comunidad alrededor de la pérdida, la memoria y la gratitud.</p>   <p>Pocas veces alguien es honrado con tanta sensibilidad y simbolismo. Y pocas veces una exposición logra devolvernos algo tan esencial de nuestra humanidad.</p>   <p>Quizá eso sea finalmente trascender: permanecer vibrando en la memoria de otros, seguir produciendo encuentros incluso después de la ausencia.</p>   <p> </p>   <p>…</p>   <p> </p>   <p>*&#039;Carmen Caballero. Homenaje a un ser de arte&#039; se inaugura este sábado 9 de mayo a las 12.00 p. m. en Casa Fugaz, Monumental Callao.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Ciro Alegría y José María Eguren en la avenida Arequipa, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/04/30/ciro-alegria-y-jose-maria-eguren-en-la-avenida-arequipa-hnews-732900</link>
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                            <![CDATA[ El autor de “El mundo es ancho ajeno” creyó ver por un instante a su actor favorito, Charlie Chaplin; pero no, se trataba de un poeta peruano a quien admiraba bastante. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[José María Eguren. Imagen: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 09:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Ciro Alegría y José María Eguren en la avenida Arequipa, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Albert Einstein</strong> y <strong>Charlie Chaplin</strong> se conocieron cuando ambos, el científico y el actor, eran los hombres más famosos y queridos del mundo de su época. Al estar frente a frente, Einstein dijo: “Lo que más admiro de tu arte es su universalidad. No dices ni una palabra, y aun así el mundo te entiende”.</p>   <p>Chaplin respondió: “Es verdad, pero tu fama es aún mayor. El mundo te admira, cuando nadie te entiende”.</p>   <p>Uno de los que más comentaban esa anécdota era <strong>Ciro Alegría</strong> (1909-1967). Había llegado a Lima en diciembre del 33 y estaba ávido de ver todas las películas que le faltaban del genial hombre del cine.</p>   <p>Recorría la ciudad cuando una sorpresa lo asaltó al acercarse a la portada de la avenida Arequipa. Allí, a menos de 10 metros, estaba entrando nada menos que su admirado Chaplin.</p>   <p>¿Conoces tú, amigo lector, la entrada de la avenida Arequipa? No digas tan rápidamente que sí. Se alzaba allí un arco morisco que presidía el paseo que va hacia Miraflores. El arco fue retirado de allí y ahora está en Surco, en el <strong>Parque de la Amistad</strong>.</p>   <p>¿Chaplin en Lima? ¡No precisamente!... Tanto en el aspecto físico como en los propios andares, había una persona que se le parecía muchísimo. Era el poeta José María Eguren (1874-1942), por quien su admiración no dejaba de crecer.</p>   <p>“Desde la aurora/ Combaten los reyes rojos/ Con lanza de oro.</p>   <p>Por verde bosque/ Y en los purpurinos cerros/ Vibra su ceño”.</p>   <p>Para Marco Martos, los poemas de Eguren provienen del ensueño y la duermevela de un país maravilloso y, a veces, terrible.</p>   <p>Ciro lo reconoció de inmediato y quiso ir a su encuentro. Por problemas económicos, el poeta viajaba de Lima a Miraflores, y a veces hasta Barranco, a pie. Eso significa seis kilómetros hasta la primera localidad y tres más hasta la siguiente, donde residía.</p>   <p>Aunque Eguren parecía a veces deslizarse por el aire, Ciro pudo darle alcance a la mitad de la segunda cuadra de la avenida Arequipa, quitarse el sombrero y decirle: “Maestro”.</p>   <p>El hombre casi real, casi inventado, pareció sorprenderse un poco.</p>   <p>—Yo lo admiro mucho a usted, don José María. Pensé que, como llevamos la misma dirección, podíamos seguir caminando juntos… Si me lo permite, será un honor para mí.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/05/13/69f387eedf13576a69007c9c.jpg" alt="José María Eguren. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>José María Eguren. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>Eguren le estrechó la mano. Sus labios finos se distendieron bajo un bigotillo entrecano. Su piel, de un color blanco pálido, mostraba finas arrugas.</p>   <p>Ambos vestían de azul y eran tan delgados como dos reyes de la baraja.</p>   <p>Después de caminar unas cuadras, el mayor estableció el diálogo:</p>   <p>—Supongo que usted también es poeta. Solamente los artistas, y en especial los poetas, conocen mi obra.</p>   <p>Ciro dijo que sí, que hacía versos, pero aclaró que los consideraba malos.</p>   <p>—En realidad, yo cultivo más la prosa.</p>   <p>Ya estaban llegando a la décima cuadra de la avenida. Todavía les faltaban 40 para llegar a Miraflores. Mientras Eguren y Alegría conversaban, el Perú soportaba la dictadura de Óscar R. Benavides.</p>   <p>Alegría y Eguren no se detuvieron ni un instante. Caminaban sin sentirlo. Si se les hubiera preguntado cómo habían llegado hasta allí, recién habrían recordado que no los conducía vehículo alguno, sino sus andariegos pies.</p>   <p>Aunque mucha gente le hacía sorna, el hombre parecido a Chaplin se dedicaba a confeccionar una pequeña magia que solamente él y unos cuantos llamaban poesía. Hacerlo iba a costarle una vida de renunciamientos. A Ciro lo habían encarcelado dos veces por sus ideas rebeldes y había sido torturado; además, había perdido la audición en el oído izquierdo y, sin embargo, persistía en su afán de querer cambiar la patria.</p>   <p>Eran acaso las 5.00 p. m., pero la oscuridad ya estaba con ellos.</p>   <p>No adivino qué conversaron durante el resto del camino ni dónde leí la historia, pero sé que llegaron a Miraflores. Cuando se estaban despidiendo, ambos se miraron con mucho respeto, pero también con alegría.</p>   <p>Incluso Ciro no podía contener la risa y Eguren, benevolente, le dijo:</p>   <p>—Ya sé de qué se ríe usted. No sabe si ha caminado con José María Eguren o lo ha hecho con Charles Chaplin.</p>   <p>Ya habían llegado a Miraflores. Lamentablemente para nosotros, no continuaron su camino juntos hasta Barranco.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Venga a tomar el té con nosotros, por Mirko Lauer ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/14/venga-a-tomar-el-te-con-nosotros-por-mirko-lauer-hnews-636584</link>
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                            <![CDATA[ "Mientras exista tensión entre las dos principales potencias, eso será un problema para países pequeños o medianos, como el Perú. No podemos vivir tomando partido por uno o por el otro, según se presenten las circunstancias". ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Mirko Lauer]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 05:30:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Venga a tomar el té con nosotros, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La descripción de la realidad geopolítica que hacía Immanuel Wallerstein, cuando todavía existía la Unión Soviética, era más o menos así: un mundo bipolar donde EE. UU. y la URSS se repartían el poder con el argumento de una Guerra Fría. Lo llamaba un sistema-mundo, que en este caso duró desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín, en 1989.</p>   <p>¿Qué están haciendo Donald Trump y Xi Jinping estos días? ¿Su cumbre es un intento de prolongar la Guerra Fría por unos decenios más, gobernando como amigos/enemigos, es decir, como leales competidores? ¿O los temas que los convocan esta semana son crisis urgentes de una nueva situación (un nuevo “sistema-mundo”)?</p>   <p>Para la mayoría de los observadores, los temas son el comercio mundial, la inteligencia artificial, Taiwán, Irán y Ucrania. Lo que más abunda son las guerras en curso y la posibilidad de que ocurran algunas nuevas. Pero el comercio es una guerra que se juega con distintas armas, que luego conducen a las convencionales, tradicionales o nuevas.</p>   <p>Prolongar la Guerra Fría tendría que significar repartirse el mundo, como lo pudieron hacer los aliados triunfantes a partir de la reunión de Yalta en 1945. ¿Tienen Washington y Beijing esa posibilidad? En ese año, toda Europa ya estaba destrozada y las potencias eran dos. Hoy la OTAN, Rusia, India y varios otros deben ser tomados en cuenta.</p>   <p>No es, pues, un mundo fácil de repartir. Además, la primacía científica y económica que EE. UU. ha tenido en los últimos, digamos, 50 o más años hoy se la disputa China en los laboratorios, mercados y mares del mundo. Tanto así que para algunos es más fácil verlos en guerra que en sociedad para dominar el mundo.</p>   <p>Para Trump, esta cumbre es un encargo urgente, pues sus problemas con un Irán levantisco que amenaza la economía mundial en Ormuz están desacreditando su presidencia. China no le va a resolver el problema, pero puede distraer las miradas hacia algún otro lugar que no sea la cuasi derrota de Trump, su pérdida de aliados en Occidente y votos en casa.</p>   <p>Mientras exista tensión entre las dos principales potencias, eso será un problema para países pequeños o medianos, como el Perú. No podemos vivir tomando partido por uno o por el otro, según se presenten las circunstancias.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ ¿Y después de la secundaria, qué?, por Misión Educación ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/14/y-despues-de-la-secundaria-que-por-mision-educacion-hnews-266604</link>
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                            <![CDATA[ "El próximo gobierno no puede seguir tratando esta crisis como un asunto secundario. Garantizar la continuidad educativa de los jóvenes debe ser una prioridad nacional, con visión de largo plazo y articulación con los territorios y gobiernos locales" ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA[Misión Educación]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Misión Educación</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 05:12:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ ¿Y después de la secundaria, qué?, por Misión Educación ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em><strong>*Colabora Guiomar Alonso Cano, representante de la Unesco en el Perú.</strong></em></p>   <p>En el Perú, terminar la secundaria debería ser el inicio de nuevas oportunidades. Sin embargo, para miles de jóvenes representa el inicio de una incertidumbre prolongada. Según datos del Inei (2023) y del Minedu (2024), solo tres de cada 10 logran transitar a la educación superior; en las zonas rurales, cuatro de cada cinco quedan excluidos, lo que profundiza las brechas territoriales.</p>   <p>Esta ruptura en las trayectorias educativas no es individual, sino estructural. La Agenda 2030, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), compromete al país a garantizar trayectorias educativas continuas y de calidad, con acceso equitativo a la educación técnica y superior, desarrollo de habilidades para el empleo y aprendizajes vinculados a ciudadanía y sostenibilidad. Este miércoles, el Perú está lejos de cumplir esas metas.</p>   <p>El problema excede el acceso. Diversas evaluaciones de la OCDE muestran que muchos estudiantes culminan la secundaria con debilidades persistentes en lectura, matemáticas y resolución de problemas, lo que limita seriamente sus posibilidades de sostener estudios posteriores.</p>   <p>Las consecuencias también son económicas y sociales. El estudio <em>El precio de la inacción</em> estima que mantener los actuales niveles de abandono escolar hasta 2030 podría costarle al país alrededor de 15.200 millones de dólares (6% del PBI), mientras que los bajos aprendizajes generarían pérdidas cercanas a 45.200 millones de dólares, equivalentes al 18% del PBI proyectado (Unesco, OCDE y Commonwealth, 2024). No se trata solo de cifras: detrás de ellas hay millones de jóvenes con oportunidades truncadas, menor productividad, más exclusión y una cohesión social más frágil.</p>   <p>Revertir esta situación exige fortalecer la secundaria como un espacio conectado con el proyecto de vida de los jóvenes, ampliar rutas postsecundarias más flexibles y articular educación, protección social y empleo, especialmente en contextos rurales.</p>   <p>El próximo gobierno no puede seguir tratando esta crisis como un asunto secundario. Garantizar la continuidad educativa de los jóvenes debe ser una prioridad nacional, con visión de largo plazo y articulación con los territorios y gobiernos locales. Porque cada joven que abandona sus estudios no solo pierde oportunidades: el Perú pierde talento, desarrollo y futuro.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ La revancha contra la Fiscalía, por Diego García-Sayán ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/05/14/la-revancha-contra-la-fiscalia-por-diego-garciasayan-hnews-234728</link>
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                            <![CDATA[ El Congreso tiene derecho —y la obligación— de fiscalizar. Lo que no tiene derecho es a convertir esa facultad en un instrumento de intimidación política ]]>
                            </description>
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                            <image:title><![CDATA[Diego García Sayán]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Diego García Sayán</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 14 May 2026 05:08:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ La revancha contra la Fiscalía, por Diego García-Sayán ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>No es casualidad. Ni es un exceso aislado. Tampoco es una discrepancia jurídica legítima. La ofensiva del Congreso contra Delia Espinoza forma parte de un patrón perfectamente reconocible: someter, intimidar y neutralizar a toda institución que todavía conserve autonomía suficiente para investigar al poder político.</p>   <p>La inhabilitación impulsada desde el Parlamento tiene el inequívoco olor de la revancha. La revancha de quienes no soportan fiscales independientes. La revancha de quienes entienden la política no como representación democrática, sino como un mecanismo de impunidad y blindaje mutuo. La revancha de un bloque que, desde hace años, ha decidido convertir el Estado peruano en un botín administrado por cuotas, favores y pactos de supervivencia.</p>   <p>El mensaje que se pretende instalar es brutalmente simple: cualquier autoridad que incomode a las redes de poder será castigada. No importa si se trata de jueces, fiscales, miembros de organismos electorales, procuradores o periodistas. El objetivo es quebrar la independencia institucional mediante el miedo, el desgaste, la demolición reputacional y el linchamiento político.</p>   <p>La estrategia ya ni siquiera se disimula. Primero se desacredita públicamente al funcionario incómodo. Luego se le acusa de abuso, parcialidad o conspiración. Después se instrumentalizan comisiones, denuncias constitucionales y mayorías parlamentarias construidas sobre intereses comunes. Finalmente, se ejecuta la sanción envuelta en discursos grandilocuentes sobre “defensa de la democracia”, mientras se dinamitan precisamente sus pilares esenciales.</p>   <h2><strong>Reparto de piratas</strong></h2>   <p>Una sabia reflexión de Miguel de Cervantes, en <em>Don Quijote</em>, se aplica como anillo al dedo: &#039;Querido Sancho: (…) Nunca fui defensor de reyes, pero peores son aquellos que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca le darán. País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona a piratas pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas solo reparten entre piratas&#039;.</p>   <p>La historia latinoamericana está llena de ejemplos semejantes. Los autoritarismos modernos ya no necesitan tanques en las calles ni golpes militares clásicos. Les basta capturar las instituciones desde dentro, erosionar los contrapesos y transformar la legalidad en un arma de persecución selectiva. El método consiste en vaciar la democracia sin necesidad de clausurarla formalmente.</p>   <p>Eso es lo verdaderamente alarmante de lo ocurrido en el caso de Delia Espinoza. No está en cuestión solamente el destino personal de esta correcta fiscal. El problema de fondo es la señal política y moral que se transmite al país entero. Cuando el Congreso utiliza su poder para disciplinar fiscales, el mensaje hacia el sistema de justicia es inequívoco: investigar a determinados sectores puede costar la carrera, la reputación y el futuro profesional.</p>   <p>Y allí reside el núcleo del deterioro democrático peruano.</p>   <h2><strong>Degradación institucional</strong></h2>   <p>Mientras el país enfrenta una crisis de inseguridad desbordada, economías criminales que penetran territorios enteros y una ciudadanía profundamente desconectada de la política, el Congreso parece concentrado en garantizar blindajes y ajustar cuentas. No gobierna para la gente. Gobierna para proteger intereses, alianzas y sobrevivencias.</p>   <p>La degradación institucional ya no puede maquillarse bajo el argumento de la “legalidad”. También los abusos pueden ejecutarse siguiendo procedimientos formales. También el autoritarismo puede esconderse detrás de votaciones, reglamentos y discursos constitucionales. La legalidad sin legitimidad democrática termina convirtiéndose en simple abuso de poder.</p>   <p>Resulta particularmente grave que esta ofensiva ocurra cuando la confianza ciudadana en las instituciones se encuentra en mínimos históricos. Cada atropello alimenta la percepción de que el sistema político funciona como una maquinaria cerrada de autoprotección. Cada acto de impunidad profundiza el divorcio entre ciudadanía y Estado. Cada maniobra de revancha parlamentaria destruye un poco más la ya precaria credibilidad democrática del país.</p>   <h2><strong>Naturalización del abuso</strong></h2>   <p>El Perú parece haberse acostumbrado a ver cómo se capturan instituciones, se persigue a adversarios y se manipulan organismos públicos sin que existan costos políticos significativos. La indignación dura unas horas, acaso unos días, y luego todo continúa como si nada hubiese ocurrido. Esa normalización del deterioro es quizá el triunfo más peligroso del Pacto Corrupto que hoy domina el poder.</p>   <p>El Congreso tiene derecho —y la obligación— de fiscalizar. Lo que no tiene derecho es a convertir esa facultad en un instrumento de intimidación política. La diferencia entre control democrático y persecución es enorme, aunque algunos pretendan borrarla deliberadamente.</p>   <p>El Perú necesita instituciones. Imperfectas, sí, pero autónomas. Necesita fiscales capaces de investigar sin miedo a represalias parlamentarias. Necesita contrapesos reales frente al poder político. Y necesita, sobre todo, una ciudadanía que entienda que el debilitamiento de la justicia nunca termina afectando solo a los funcionarios perseguidos: termina afectando a todos.</p> ]]></content:encoded>
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