<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
    
            <rss xmlns:image="http://www.google.com/schemas/sitemap-image/1.1" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
                <channel>
                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
                <link>https://larepublica.pe</link>
                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sat, 27 Jun 2026 07:14:26 GMT</lastBuildDate>
                <language>es</language>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Más allá de lo físico: el fútbol que educa, por Diego Alonso Sánchez ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/27/mas-alla-de-lo-fisico-el-futbol-que-educa-por-diego-alonso-sanchez-hews-2055969</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/27/mas-alla-de-lo-fisico-el-futbol-que-educa-por-diego-alonso-sanchez-hews-2055969</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Más que un deporte, el fútbol puede ser una poderosa herramienta pedagógica: forma carácter, fortalece valores y ofrece a niños y jóvenes una experiencia de aprendizaje que va más allá del rendimiento físico. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/27/6a3f723d8980e2ce7a0aef8e.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA["El deporte también es una instancia para enseñar que competir supone aprender a gestionar emociones intensas y a establecer límites". Foto: AFP.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 07:14:26 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/27/6a3f723d8980e2ce7a0aef8e.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Más allá de lo físico: el fútbol que educa, por Diego Alonso Sánchez ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>&quot;Recuerdo que hace muchos años me preguntaron, a propósito de las pruebas de PISA, qué curso me parecía más importante en el colegio, si Matemáticas o Comunicación. Yo contesté: Educación Física. El periodista sonrió, pensó que bromeaba.&quot;</p>   <p><strong>Jorge Eslava</strong>, escritor y educador peruano</p>   <p> </p>   <p>En los colegios, cuando se plantea el trabajo de Educación Física, suele recurrirse al fútbol como un simple medio para la preparación física. Muchos entrenadores se concentran casi exclusivamente en desarrollar la potencia, la velocidad o la técnica, dejando de lado que cada sesión es también una oportunidad privilegiada para formar en valores. Sin embargo, el campo de juego puede entenderse como algo más profundo: un escenario —casi como en la tradición griega— donde el individuo se enfrenta a sus propios límites, a sus temores y a sus posibilidades, en la búsqueda de su fortalecimiento personal al servicio del colectivo.</p>   <p>En ese contexto, cuando <strong>un niño</strong> aprende a levantar la cabeza después de una derrota, a confiar en sus capacidades o a colaborar con sus compañeros para lograr la victoria, está construyendo herramientas que lo acompañarán toda la vida. El deporte logra, en muchos casos, aquello que el aula tradicional no siempre alcanza: convertir el error en un aprendizaje concreto, vivido en el cuerpo, en el sudor y en la emoción, y transformar el esfuerzo en una fuente genuina de autoestima. Así, el alumno comprende que la fortaleza no es únicamente corporal, sino también emocional y moral.</p>   <p>Esto implica, además, formar el criterio para evitar entender, por ejemplo, que la derrota es un fracaso personal y que el enojo, la frustración o, incluso, el ánimo de revancha justifique actos antideportivos. Esa “falsa competitividad” reduce la experiencia al resultado y termina, muchas veces, generando conflictos. Por ello, el deporte también es una instancia para enseñar que competir supone aprender a gestionar emociones intensas y a establecer límites. Y, si es necesario —para lograrlo—, detener el juego para que los involucrados puedan atender sus problemas.</p>   <p>Muchas veces en el colegio el aprendizaje se reduce simplemente a la repetición de contenidos; allí el deporte aparece como una experiencia pedagógica viva, dinámica y significativa. En el juego, el niño no memoriza ni repite: actúa, decide, se equivoca y vuelve a intentar. Explora sus fortalezas, reconoce sus límites y busca superarlos. De este modo, se construye un tipo de conocimiento que nace en el cuerpo, pero que se proyecta hacia la confianza interior y la autonomía.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/27/6a3f72e9088f602e4e0d5a47.jpg" alt=""El fútbol puede ayudar a movilizar dimensiones esenciales como la disciplina, la resiliencia, el respeto, la solidaridad y la responsabilidad.". Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;El fútbol puede ayudar a movilizar dimensiones esenciales como la disciplina, la resiliencia, el respeto, la solidaridad y la responsabilidad.&quot;. Foto: AFP.</figcaption>   <p>Por eso, el fútbol, en particular, debido a su alcance social, representa una oportunidad excepcional para educar la voluntad, moldear el carácter y enseñar a convivir. Revalorizar su papel implica reconocer que no es una actividad marginal, sino un pilar en la formación integral de los estudiantes y en la construcción de vínculos más conscientes con los demás. Darle ese lugar no solo beneficia al individuo, sino que contribuye a la construcción de una comunidad más justa y sensible.</p>   <p>El fútbol puede ayudar a movilizar dimensiones esenciales como la disciplina, la resiliencia, el respeto, la solidaridad y la responsabilidad. Transmitir que cuando esta perspectiva se pierde, y se prioriza únicamente el rendimiento o el resultado, se desnaturaliza su verdadero sentido formativo. Aún más problemático resulta cuando irrumpen en la formación de menores la lógica del negocio y las promesas de éxito rápido asociadas a un contrato. Frente a ello, es claro que una práctica deportiva bien orientada fortalece la fibra moral, consolida hábitos positivos y contribuye a formar ciudadanos íntegros.</p>   <p>Como bien señalaba el escritor cubano <strong>José Martí</strong>, “a los niños, sobre todo, es preciso robustecer el cuerpo a medida que se le robustece el espíritu”. En el fútbol, cuerpo y espíritu se educan simultáneamente: el esfuerzo físico no es un fin en sí mismo, sino el camino para formar voluntad, carácter y sentido de logro. La experiencia del esfuerzo revela el placer de superarse, un placer que se siente tanto en la piel como en el corazón. Dominar una técnica, resistir la fatiga o colaborar con un equipo permite al niño experimentar una alegría que trasciende lo puramente físico.</p>   <p>Así entendido, el fútbol deja de ser una actividad complementaria y se convierte en una escuela para la vida. Aprender ya no es acumular información, sino experimentar, luchar y encontrar sentido en el propio esfuerzo con fines más amplios. Allí, en esas pequeñas batallas cotidianas que ofrece esta disciplina, el niño accede a una épica personal: aquella que, si no se encuentra en los libros, se percibe intensamente en la cancha. El escritor argentino <strong>Eduardo Sacheri</strong> creía que “el juego tiene ese toque catártico reparador que a veces la vida no tiene” y podemos darle la razón.</p>   <p>En este sentido –dada la coyuntura—, ver y comentar los partidos del <strong>Mundial de Fútbol</strong> con niños y adolescentes adquiere un valor formativo insospechado, ya que trasciende el mero espectáculo para convertirse en una experiencia que acompaña la labor educativa cuando se destacan ejemplos positivos. En cada encuentro, el alumno puede reconocer, a gran escala, las mismas lecciones que vive en su propia práctica. Se confirma así aquello que el escritor francés Jean‑Paul Sartre sugería: que el aficionado no es solo un espectador, sino parte de un “nosotros” colectivo.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/27/6a3f723d8980e2ce7a0aef8e.jpg" alt=""El deporte también es una instancia para enseñar que competir supone aprender a gestionar emociones intensas y a establecer límites". Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;El deporte también es una instancia para enseñar que competir supone aprender a gestionar emociones intensas y a establecer límites&quot;. Foto: AFP.</figcaption> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El motor económico que el Estado deja a su suerte ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/26/el-motor-economico-que-el-estado-deja-a-su-suerte-501150</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/26/el-motor-economico-que-el-estado-deja-a-su-suerte-501150</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Casi nueve de cada diez micro y pequeñas empresas operan al margen del sistema, lejos del crédito, los programas estatales y la protección legal. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a3f42f878d0db29030df535.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy sábado 27 de junio]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 04:05:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a3f42f878d0db29030df535.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El motor económico que el Estado deja a su suerte ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Ninguna economía como la peruana puede entenderse sin sus micro y pequeñas empresas. Son el motor que sostiene el empleo cotidiano, la columna vertebral del comercio de barrio y, en buena parte del territorio, la única forma de actividad económica organizada que existe.</p>   <p>El Ministerio de la Producción calcula que las mipyme generan casi el 91% de la población ocupada del sector privado en el país. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares del INEI, precisó esa cifra para 2024 en 8.3 millones de puestos de trabajo, equivalentes al 45% de la población económicamente activa ocupada, con ventas que representaron el 14.2% del Producto Bruto Interno nacional. Ningún otro segmento empresarial tiene una huella tan extendida en la vida económica diaria de los peruanos.</p>   <p>A pesar de ese peso, el sector que más empleo genera en el país es, al mismo tiempo, el que el Estado conoce y atiende menos. El 86.8% de las mype no estaba registrada en la Sunat en 2024, una informalidad que viene en aumento sostenido desde el 79.9% que se registraba en 2016. Casi nueve de cada diez negocios del país funcionan, en los hechos, invisibles para el sistema tributario y financiero formal.</p>   <p>Las causas son conocidas y , lamentablemente, persisten. La rigidez de la legislación laboral peruana y la percepción de que formalizarse no trae beneficios tangibles se combinan para que mantenerse fuera del sistema resulte, para millones de microempresarios, la opción más razonable. A esto se suma, en los últimos años, el avance de la extorsión sobre bodegas, restaurantes y talleres, un factor que elimina cualquier incentivo a crecer cuando crecer significa volverse un blanco más visible.</p>   <p>El costo de esa informalidad no se limita a lo fiscal. Los ingresos promedio de los trabajadores en mype formales cayeron de S/1,082 en 2023 a S/860 en 2024, una reducción del 20% en un solo año. Una economía donde la mayoría de los negocios opera sin registro termina siendo, también, una economía donde la mayoría de los trabajadores queda sin protección.</p>   <p>Hoy sábado, el Día de las Microempresas y Pymes que instituyó Naciones Unidas ofrece la oportunidad de poner el problema sobre la mesa, aunque la fecha por sí sola no resuelve nada. El nuevo gobierno, como el nuevo parlamento, tienen en este sector una palanca de desarrollo que requiere decisiones concretas más que discursos de homenaje.</p>   <p>Simplificar los regímenes tributarios para microempresas y garantizar seguridad básica en mercados y zonas comerciales son medidas que convertirían esa celebración en algo más que un saludo protocolar.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/13/el-mundial-de-futbol-y-las-excusas-para-educar-mas-alla-de-las-figuritas-por-diego-alonso-sanchez-hnews-516867</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/13/el-mundial-de-futbol-y-las-excusas-para-educar-mas-alla-de-las-figuritas-por-diego-alonso-sanchez-hnews-516867</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ El mayor evento deportivo del planeta reúne a millones de personas en una sola pasión. El mismo también podría ser usado para fines educativos y de difusión cultural entre niños y adolescentes. No todo debe ser goles y cash. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/13/6a2d6c5c2766a31b1f03515a.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 26 Jun 2026 15:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/13/6a2d6c5c2766a31b1f03515a.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El Mundial de Fútbol y las excusas para educar más allá de las figuritas, por Diego Alonso Sánchez ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em>Porque el fútbol no es un hecho real, el que tú miras, sino una ilusión, la que yo miro. Es una virtud de la mirada.</em></p>   <p><strong>Constantino Carvallo</strong>, educador peruano</p>   <p> </p>   <p>Cada cuatro años, el planeta desea patear con más ganas una pelota. <strong>El Mundial de Fútbol</strong>, esa ceremonia global que convoca emociones, identidades y negocios, vuelve a ocupar titulares y conversaciones cotidianas. Pero más allá de estadios repletos y gestas épicas, el torneo despliega una trama paralela: la que se vive en casas y colegios, donde niños, padres y profesores terminan discutiendo, sin proponérselo, sobre competencia, consumo, frustración y valores deportivos.</p>   <p>Si apelamos a esos valores que el fútbol puede transmitir, vale recordar lo que afirmaba el escritor argelino <strong>Albert Camus</strong>, que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Una idea que no contradice, sino que se complementa, con la mirada del uruguayo Eduardo Galeano, quien advertía que “el fútbol es un espejo del mundo: en él se reflejan sus virtudes y sus miserias”.</p>   <p>Desde esa perspectiva, podemos decir que la Copa del Mundo dejó hace tiempo de ser únicamente fútbol para convertirse también en una gran caja registradora. En ella no solo se celebran jugadas imposibles y goles memorables, sino que se promueven hábitos de consumo no siempre saludables. Es precisamente allí donde surge una oportunidad —a veces incómoda— para educar.</p>   <p>Basta mirar el fenómeno de los álbumes de figuritas. Para muchos adultos, el recuerdo es tibio: páginas incompletas, cromos repetidos y tardes de trueques sin conseguir el jugador esperado. Una nostalgia teñida de desilusión, pero también de ingenuidad. Hoy, ese rito ha cambiado de escala. El deseo de “llenar el álbum” ha sido absorbido por una lógica de mercado que convierte el pasatiempo en una inversión desproporcionada y, en no pocos casos, desbordada.</p>   <p>Las cifras no mienten. Un álbum básico de la marca que tiene los derechos internacionales ronda los 9.90 soles. Cada sobre de siete figuritas cuesta 4.20, y el “paquetón”, con poco más de cien sobres, supera los 380 soles, dependiendo de la oferta. Completar la colección —de 980 cromos— requeriría cerca de 600 soles en un escenario improbable de no tener repetidas. Pero la repetición es la regla en este juego. Entonces, cuando fallan los intercambios y el deseo de llenar el álbum crece, el gasto escala sin pudor. Un importe aproximado puede bordear los tres mil soles, si no renuncias antes de alcanzarlo. Una locura que encuentra su principal campo de acción en un lugar muy predecible: la escuela.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a2d6c5c2766a31b1f03515a.jpg" alt="Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP." width="1250" height="735"/><figcaption>Exposición Álbum Panini en la avenida Reforma de la Ciudad de México.Realizada en mayo, un mes antes del Mundial de Fútbol 2026. Foto: AFP.</figcaption>   <p>Es allí donde los álbumes dejan de ser cuadernillos ilustrados para convertirse en artefactos sociales. En los recreos se negocia, se compara, se presume y también se excluye. “Yala, nola”, “¿cuánto vale esta?”, “yo tengo más que tú”, “¿esta no la tienes? ¡Jajaja!”. El lenguaje del mercado se filtra en edades tempranas y surgen tensiones atravesadas por la presión del grupo y el deseo de autoafirmarse con la comparación. Los niños trasladan esa lógica a casa y presionan por más sobres; algunos padres ceden, otros se resisten, mientras no pocos docentes observan sin intervenir. Y quedan aquellos pequeños que, desde la orilla, están a la expectativa de un intercambio desigual por un producto cada vez más costoso.</p>   <p>Las preguntas son inevitables: ¿quién está acompañando este proceso? ¿Cuántos adultos advierten que, detrás del entretenimiento, se incuban patrones de consumo y jerarquías materiales que pueden dañar los vínculos? ¿Nos estamos ocupando realmente de esto?</p>   <p>Y en medio del barullo, el fútbol —paradójicamente— queda relegado. Valores como el esfuerzo, la disciplina, el honor o el trabajo en equipo ceden ante un criterio inmediato: el poder adquisitivo. Ya no importa la hazaña en la cancha, sino la capacidad de completar una página o conseguir el cromo deseado. El sentido formativo del deporte se diluye frente a la urgencia de acumular para evitar la decepción.</p>   <p>Pero no todo está perdido en esta fiebre coleccionista. Allí donde hay un problema, también hay una puerta. El entusiasmo por las figuritas puede transformarse en una herramienta pedagógica si se guía con propósito. Intercambiar figuritas puede ser aprender a negociar con justicia, valorar al otro y dominar la codicia. Completar un álbum puede dar lugar a ejercicios de cálculo, probabilidad y estadística. Analizar su información permite reconocer fuentes de datos secundarias. Cada jugador puede despertar curiosidad por su país, su historia o su cultura. Es decir, incentivar la investigación y el deseo de aprender con optimismo.</p>   <p>Quizá la clave no sea prohibir ni ceder sin más, sino resignificar el hábito, dotar de sentido al álbum antes que a sus figuritas. Convertirlo en una excusa para pensar, dialogar y aprender en comunidad. Porque, al final del torneo, muchas colecciones acabarán olvidadas o —vale decirlo— arrojadas al vertedero de la frustración o la vanidad. Eso ya lo conocemos los adultos.</p>   <p>Lo que no debería perderse, si el camino se recorre con conciencia, es la lección aprendida. El Mundial pasa; nosotros —y, especialmente, ellos— estamos convocados a trascenderlo con ilusión, criterio y responsabilidad.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ JNJ avanza sobre la Corte Penal Nacional ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/26/jnj-avanza-sobre-la-corte-penal-nacional-editorial-622180</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/26/jnj-avanza-sobre-la-corte-penal-nacional-editorial-622180</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Tres resoluciones contradictorias en 48 horas paralizan al tribunal que investiga los casos de corrupción y crimen organizado más complejos del país. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a3e31778980e2ce7a0aef66.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 26 Jun 2026 08:03:35 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a3e31778980e2ce7a0aef66.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ JNJ avanza sobre la Corte Penal Nacional ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La Corte Penal Nacional es el tribunal que concentra los casos más complejos del sistema de justicia peruano, entre ellos Lava Jato, Odebrecht y Cuellos Blancos del Puerto. Esta semana entró en una crisis abierta por una disputa de poder entre el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial y los jueces recién nombrados por la JNJ. Las audiencias quedaron interrumpidas y las partes de los procesos no tuvieron certeza sobre quién presidía cada sala de un día para otro.</p>   <p>La corte funciona con cinco salas de apelaciones de tres jueces cada una, lo que suma 15 jueces superiores en total. Hasta hace poco, ninguno de ellos era titular de este tribunal especializado, así que el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial designaba directamente a quien lo presidía. Eso cambió con los nombramientos de la JNJ, que ya colocó a 11 de esos 15 jueces como titulares. La ley señala que, al llegar a ese número, los propios jueces pueden reunirse en una sala plena, es decir, una asamblea de todos los titulares, y elegir a su propio presidente. Quien presida decide cómo se organizan las salas y qué juez encabeza cada una, lo que, en la práctica, determina quién resuelve los casos más sensibles del país.</p>   <p>Para evitar que esa asamblea eligiera a un nuevo presidente meses antes de terminar el periodo, el Consejo Ejecutivo prorrogó de manera excepcional hasta diciembre el mandato del actual presidente, Jhonny Contreras, alegando que un cambio de liderazgo en medio de casos tan complejos generaría inestabilidad. Los jueces nombrados por la JNJ consideran esa prórroga un exceso que les arrebata una atribución que la ley ya les reconoce, y por eso convocaron su propia sala plena para disputarle el control.</p>   <p>La sospecha de que este proceso responde a algo más que a criterios técnicos tiene respaldo documental. En el primer grupo de jueces nombrados en mayo, la JNJ excluyó a postulantes que ocupaban mejores puestos en el cuadro de méritos, entre ellos Yeni Magallanes Rodríguez, quinta en la lista, mientras nombraba a otros que la seguían en la calificación.</p>   <p>Es plausible, entonces, que el objetivo de fondo no sea meramente administrativo, como aducen, sino de control.</p>   <p>Durante el fujimorato de los noventa bastó controlar ciertos tribunales y salas específicas para garantizar por años la impunidad de la red de corrupción de Vladimiro Montesinos. El nuevo Congreso y el próximo gobierno reciben un Poder Judicial cuya independencia corre el riesgo de quedar atrapada entre dos actores que compiten por el mismo poder, no por garantizarla.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Arte Kené, una posible interpretación, por Hernán Pazos ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/20/arte-kene-una-posible-interpretacion-por-hernan-pazos-hnews-1231300</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/20/arte-kene-una-posible-interpretacion-por-hernan-pazos-hnews-1231300</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Debate. Sara Flores hizo historia al ser la primera artista indígena en representar a Perú en la Bienal de Venecia 2026. Todas las posturas sustentadas sobre su participación y el arte kené son más que bienvenidas. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/20/6a36b70cd89dc4933303265b.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA["Sara Flores. De otros mundos". Foto: Michele Agostinis.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Fri, 26 Jun 2026 08:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/20/6a36b70cd89dc4933303265b.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Arte Kené, una posible interpretación, por Hernán Pazos ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Sara Flores</strong> es la elegida para representar al Perú este año en la <strong>Bienal de Venecia</strong>, pero va sola. Lleva como obra telas con los diseños kené, diseños que pertenecen a una tradición que lleva años dialogando con estos resultados, graficando esos mundos que abren puertas, que reinventan el universo, que complementan a la población shipiba en su convivencia con la naturaleza. Sara Flores pertenece a un colectivo; es parte de una población con quienes comparte la creación y difusión de estos diseños que reordenan el mundo, una comunidad que convive en este universo gracias a la planta de la ayahuasca, instrumento que los lleva adonde tienen que estar para ser mejores personas, caminar de la mano con sus espíritus reconocidos, buscar la excelencia en el sendero de la vida y avanzar en su convivencia con la poderosa e implacable selva. Y es al ingerir <strong>la ayahuasca</strong> que se les presentan estos gráficos con los que la planta propone instrumentos específicos de sanación e interpretación del universo que elevarán al individuo a estados más puros y sanos. Es así como nace el kené, un sistema de diseño tradicional del pueblo amazónico <strong>shipibo-konibo</strong> que representa la cosmovisión, los ríos, la sanación y su conexión con la naturaleza, elaborado y transmitido en cerámicas, textiles, objetos utilitarios y el cuerpo. Un sistema que, como partituras musicales proponiendo los ecos del verdadero camino paralelo o mapas, dirige al espíritu a reorganizar el universo, a encontrar ese espacio en donde la convivencia con su hábitat en la selva amazónica le será absolutamente amable porque lo llevará a ser parte de ella, a convivir con todas sus especies.</p>   <p>Y es en este escenario que Sara Flores es elegida para salirse de su entorno, para desviar sus objetivos y ser devorada por el consumismo occidental que todo lo quiere poseer. ¿Quizá sea un análisis bastante superficial pensar que los diseños kené son obras de arte? Son diseños concebidos para ir más allá de la observación, el análisis o la representación de la naturaleza (adjetivos por excelencia que definen el camino que propone cualquier actividad artística). Y son más que eso, son especies de partituras musicales cuyo objetivo se dirige a despertar otros sensores que van dirigidos a la búsqueda del equilibrio y el bienestar; son intermediarios, instrumentos activos de estimulación producidos con la finalidad específica e inequívoca de despertar incentivos para una nueva cosmovisión o interpretación del universo. Y no son obras propias producidas por individuos aislados; son el resultado de años de trabajo colectivo, de convivencias de producción, de colaboraciones casi artesanales y minuciosas que acompañan el diario vivir en las comunidades amazónicas. Y son las visiones y los gráficos que la ayahuasca muestra. Son el producto del ensueño al que lleva la planta y es para eso que los presenta. Tienen un objetivo específico cuya existencia no será obligatoria y es perecedera. Cumplen una función.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/26/6a36b70cd89dc4933303265b.jpg" alt=""Sara Flores. De otros mundos". Foto: Michele Agostinis." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Sara Flores. De otros mundos&quot;. Foto: Michele Agostinis.</figcaption>   <p>Podríamos concluir que la planta, que es más sabia que cualquier propuesta que desvíe sus primordiales intenciones, no se deja manipular. Elige acceder a estos mercantilistas embrujos para tener el acceso a una realidad que al final no le pertenece, pasando sobre estos ajenos movimientos para buscar objetivos más acordes a su mágica presencia. Esta planta, que no tiene nuestras limitadas capacidades de interpretación y que obedece a los designios más verdaderos de la naturaleza, quizá tenga otra dirección. A lo mejor ha decidido revertir el planteamiento prometido por instituciones que le son tan lejanas y ha decidido pasar sobre estas frívolas celebraciones, ignorándolas para así proponer sus verdaderos objetivos, incluyéndolas en sus avances, asimilándolas en su crecimiento, absorbiéndolas y conquistándolas, utilizándolas al final. Evocando algún jinete apocalíptico sobre su deslumbrante caballo, unida a él como un único ser o algún semidiós: como en la primera conquista, confundiendo las interpretaciones sobre sus verdaderos sentidos y presentándose como este nuevo hombre/corcel en su Caballo de Troya para proponer un nuevo diálogo. Abarcando nuevas geografías en donde acaso tenga una nueva función, la de darse a conocer, la de proponer sus particulares métodos y generar un nuevo escenario con el exótico poder de sus visiones. El 16 de abril de 2008 se declara Patrimonio Cultural de la Nación al arte kené, en tanto que se trata de una manifestación cultural que resume la cosmovisión, el conocimiento y la estética de la sociedad shipibo-konibo y que es, además, su principal elemento identitario frente a la sociedad occidental. <strong>Resolución directoral n.º 540/INC-2008</strong>.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El árbol de Guernica, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/24/el-arbol-de-guernica-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-1867071</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/24/el-arbol-de-guernica-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-1867071</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ Los desastres de la guerra son terreno fértil para la creación artística. Uno de sus mayores ejemplos lo podemos notar en una de las obras maestras de Pablo Picasso, en la que captura el horror del bombardeo de esta pequeña ciudad vasca durante la Guerra Civil Española. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/24/6a3b6c3ca9dec717cd0b0c42.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[El árbol de Guernica. 2012. Fuente: Wikipedia.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 25 Jun 2026 17:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/24/6a3b6c3ca9dec717cd0b0c42.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El árbol de Guernica, por Eduardo González Viaña ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Pablo Picasso</strong> ya había pintado <strong>“Guernica”</strong>, acaso el más importante cuadro del siglo XX. Aquel describe el espanto de la pequeña ciudad vasca al ser bombardeada. Nadie dejó de sufrir allí. Ni los seres humanos, ni los caballos, ni mucho menos el árbol.</p>   <p>El gran artista residía en Francia cuando la Ciudad Luz fue invadida por las tropas alemanas que establecieron allí un gobierno nazi. Un día, un general alemán fue a visitarlo.</p>   <p>El cuadro no estaba allí, pero el alemán le mostró una reproducción fotográfica y le preguntó:</p>   <p>-¿Usted hizo esto?</p>   <p>-No. Fueron ustedes -replicó el artista.</p>   <p>Toda mi vida había ansiado llegar a Guernica desde que, siendo muy pequeño, descubrí una reproducción de esa obra en la biblioteca de mi abuelo.</p>   <p>En octubre de 2023, cuando Marisa y yo pudimos llegar a la pequeña ciudad santa de los vascos, me encontré con que los habitantes hablaban, pero las palabras estaban fuera de ellos. Las mujeres me parecieron tan delgadas como llaves y casi transparentes.</p>   <p><strong>La</strong> <strong>Guerra Civil Española</strong> comenzó en julio de 1936 -hace hoy noventa años- con un golpe de estado de militares hostiles a la forma de gobierno que se había dado el pueblo español. Su proyecto era destruir la república y volver a una monarquía despótica con instituciones inquisitoriales como la Iglesia católica y toda la administración pública. Franco, el jefe del alzamiento, quería devolver el país a lo que había sido en su época más rancia y perversa.</p>   <p>En base a esos objetivos emprendió una sangrienta guerra que, ante la bravura de la resistencia, duraría tres años. La mayor fuerza de combate residía en el apoyo militar de Mussolini y Hitler, quienes ensayarían en la Península la contundencia de las armas que habrían de usar en la Segunda Guerra Mundial.</p>   <p>Guernica, centro del país vasco, no tenía importancia militar. Era una comunidad tan pequeña como nuestra Pativilca y con solo 6000 habitantes, pero la historia la ha señalado como el lugar ante el cual los reyes de Castilla habían ido a prometer respeto a los fueros vascos.</p>   <p>El día del bombardeo, la mayoría de los hombres estaba fuera porque había tomado las armas para protegerse del invasor, pero sus calles estaban repletas de mujeres y niños.</p>   <p>Los niños vascos suelen escuchar la leyenda de que, en los tiempos de la invasión de los romanos, el árbol de Guernica alzó los brazos y se devoró a todas las águilas imperiales. Lamentablemente, no fue así ahora.</p>   <p>A mediodía, la legión <strong>Cóndor</strong> alemana empezó a desparramar toneladas de explosivos sobre la ciudad, al mismo tiempo que los aviones caza de Mussolini perseguían a quienes querían huir. El ataque aéreo intentaba no dejar heridos sino solamente muertos incluyendo a los caballos, los árboles y los animales domésticos.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/25/6a3b6c3ca9dec717cd0b0c42.jpg" alt="El árbol de Guernica. 2012. Fuente: Wikipedia." width="1250" height="735"/><figcaption>El árbol de Guernica. 2012. Fuente: Wikipedia.</figcaption>   <p>Por desgracia, no fue Guernica la primera ciudad bombardeada en el siglo XX. En el Perú, lo fue Trujillo, en 1932, por órdenes del presidente Sánchez Cerro para aplastar una revolución popular.</p>   <p>En nuestra visita a Guernica, me parece que todo el tiempo, en vez de observar la ciudad, recordábamos la pintura que la describe.</p>   <p>En ella se pueden distinguir seis figuras humanas de las cuales cuatro son mujeres más un hombre y un niño. En su fuga, un toro, cuyo costado ha sido atravesado por una espada, persigue a una madre quien sostiene en sus brazos a un hijo muerto. La flecha que se hunde en el costado del caballo hace pensar que ese animal representa al pueblo de Guernica atravesado por el dolor. El único hombre de la pintura grita mientras la bestia pisotea su cuerpo.</p>   <p>Cuando Picasso estaba haciendo su tarea, dijo: “En el cuadro que estoy pintando, que llamaré Guernica, expreso mi horror hacia la casta militar que ahora está saqueando España en un océano de miseria y muerte”.</p>   <p>“Venceréis, pero no convenceréis”, dijo el filósofo Miguel de Unamuno cuando daba un discurso en la Universidad de Salamanca. La frase estaba dirigida al general franquista Millán Astray quien estaba en la sala y, junto con los suyos, respondió gritando “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.</p>   <p>La ciudad que visitamos está aparentemente completa, limpia y bella. Caminamos por su mercado y conversamos con una mujer de tez soleada, rubia y bonita llamada Mely. A ella le preguntamos qué había sido del árbol y nos respondió que había subido a los cielos, pero que otro árbol más joven estaba ahora en su lugar.</p>   <p>Guernica sigue siendo un pueblo pequeño, pero resiste y vivirá mil años más.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ In memoriam, por Diego García-Sayán ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/06/25/in-memoriam-por-diego-garciasayan-hnews-671850</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/06/25/in-memoriam-por-diego-garciasayan-hnews-671850</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ La conexión entre el autor y su perro trasciende la muerte; la música y la tranquilidad vividas juntos subrayan la importancia de estos lazos que nunca se rompen. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/25/6a3cd9ebafd1a4334f09df4a.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Diego García Sayán]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Diego García Sayán</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 25 Jun 2026 12:02:49 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/06/25/6a3cd9ebafd1a4334f09df4a.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ In memoriam, por Diego García-Sayán ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Mi adorado perro Titán se ha ido.</p>   <p>No diré que <em>ha muerto</em> ese bello labrador color <em>hueso</em>. Porque hay seres cuya partida no consigue expulsarlos del mundo. Siguen viviendo en los rincones donde fueron felices, en las costumbres que compartieron con nosotros, en la memoria obstinada de las tardes y de las noches.</p>   <p>Titán se ha ido, pero todavía lo veo. Y también lo ve así —y lo siente— su &#039;hermanita&#039; Julieta, que sigue en casa. Pequeña y dulce perrita que da aullidos de lobezna al despertar, en el amanecer. Perdónenme por hacer uso de esta página para expresar aquí un asunto muy personal, pero prefiero la total transparencia.</p>   <h2><u>Muy cerca</u></h2>   <p>Lo veo acercarse en silencio mientras escribo. Y acomodarse, como siempre, junto a mí, como si comprendiera que las palabras necesitan compañía. Lo veo sentado sobre el suelo, apoyando su bella y noble cabeza blanca sobre mi muslo derecho. Y levantar esos ojos claros, cargados de una dulzura antigua, para mirarme. Y decir sin palabras todo aquello que los seres humanos rara vez sabemos expresar.</p>   <h2><u>Entonces sonaba Mozart</u></h2>   <p>Y entre aquellas melodías que parecían venir de otro tiempo, Titán y yo compartíamos el milagro de la tranquilidad. No hacíamos nada extraordinario. Yo escribía. Él estaba allí. La música de fondo venía de la fantástica selección <em>Classical Music for Dogs</em> en Spotify.</p>   <p>Ahora comprendo que aquella sencilla compañía era inmensa y que era una de las formas más puras de la felicidad. 9 años parecen pocos frente al deseo de retener a quienes amamos. Quisiéramos que el tiempo se detuviera para ellos. Quisiéramos que la vejez no llegara nunca. Y poder seguir escuchando el sonido de sus pasos acercándose por el pasillo.</p>   <h2><u>Pero la vida tiene otras leyes</u></h2>   <p>Sin embargo, hay una victoria secreta sobre la ausencia.</p>   <p>Porque el fuego que redujo a cenizas su cuerpo en la desgarradora cremación no pudo tocar lo esencial. No pudo alcanzar la alegría que sembró. No pudo borrar las tardes compartidas. No pudo llevarse el afecto que dejó alojado para siempre en mi corazón y en quienes lo quisimos tanto.</p>   <p>Titán vive en la música que escuchábamos juntos, y que en este instante oigo. Vive en los textos que escribió su silenciosa compañía. Vive en la ternura que me enseñó. Vive en la certeza de que los seres más nobles no siempre hablan nuestro idioma.</p>   <p>Algunas noches todavía espero sentir el peso de su cabeza apoyada en mí. Y aunque la razón me recuerde, desgarradoramente, que ya no está, hay algo más profundo que me dice lo contrario.</p>   <p>Porque el amor tiene una memoria que se niega a obedecer a la muerte. Y por eso Titán sigue aquí. No junto a mis pies. Ni en su rincón favorito de casa. Sino en un lugar más duradero.</p>   <p>Dentro de mi alma.</p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                </channel>
            </rss>
        