<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
    
            <rss xmlns:image="http://www.google.com/schemas/sitemap-image/1.1" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
                <channel>
                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
                <link>https://larepublica.pe</link>
                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Sun, 04 Oct 2026 12:56:15 GMT</lastBuildDate>
                <language>es</language>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ ¿Qué gana el Perú alineándose?, por Sebastien Adins ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/04/que-gana-el-peru-alineandose-por-sebastien-adins-hnews-56712</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/10/04/que-gana-el-peru-alineandose-por-sebastien-adins-hnews-56712</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ "Se debería impulsar un debate nacional sobre los riesgos y oportunidades de nuestra relación con ambas potencias, que podría empezar en el Congreso y la Cancillería". ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/04/6ac24c8a788123d5e6088fec.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[¿Qué gana el Perú alineándose?, por Sebastien Adins]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 12:56:15 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/04/6ac24c8a788123d5e6088fec.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ ¿Qué gana el Perú alineándose?, por Sebastien Adins ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>A lo largo de la última década, parecía existir un consenso en el Perú sobre la necesidad de mantener una suerte de equilibrio entre China, como principal socio comercial e importante fuente de inversión, y Estados Unidos, con quien el Perú había desarrollado estrechos vínculos en materia de seguridad y una importante afinidad política. Un ejercicio delicado, aunque cada vez más extendido en el mundo, que algunos excancilleres han definido como neutralidad activa o búsqueda de autonomía estratégica.</p>   <p>En materia económica, las cifras hablan por sí solas: entre enero y julio de este año, el 38,3% de las exportaciones peruanas tuvo como destino China, frente al 9,7% correspondiente a India, 9,4% a Estados Unidos y un 8,8% a la UE. A su vez, según <strong>la Red ALC-China</strong>, la inversión china en el Perú supera los 37.000 millones de dólares, frente a unos 30.000 millones provenientes de la UE y menos de 7.000 millones de Estados Unidos.</p>   <p>Mientras tanto, desde comienzos de siglo, el Perú había construido con Washington una relación basada en estrechos vínculos de seguridad y cooperación militar, afinidad política en torno a la democracia liberal, los derechos humanos y el Estado de derecho, así como posiciones generalmente coincidentes respecto del orden internacional, como se reflejó, entre otros ámbitos, frente a la guerra en Ucrania y la situación política de Venezuela.</p>   <p>Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, esta afinidad comenzó a erosionarse de manera significativa, debido a su cuestionamiento explícito de varios de los pilares del orden internacional liberal, a acciones que ponen en riesgo la paz y la estabilidad en el mundo y, en el caso concreto del Perú, a la imposición unilateral de un arancel adicional del 12,5%. En contraste, pese a sus claras diferencias ideológicas, Lima y Beijing mantienen posiciones relativamente coincidentes en diversos ámbitos: la defensa del multilateralismo, la centralidad de las Naciones Unidas y la solución pacífica de las controversias; en el ámbito económico, ambos siguen apostando por la apertura comercial, expresada, entre otros espacios, en la OMC y el APEC, así como por el desarrollo sostenible. También se ha destacado el papel de China como factor de estabilidad del orden internacional contemporáneo, especialmente frente al creciente unilateralismo, la imprevisibilidad y el tono cada vez más confrontacional de la política exterior estadounidense bajo Trump.</p>   <p>En un contexto así, no deja de sorprender el claro alineamiento con Estados Unidos adoptado por el actual gobierno, tras un acercamiento iniciado con el retorno de Trump a la Casa Blanca. Durante 2025 y la primera mitad de 2026, el Perú había reforzado su cooperación con Washington en ámbitos como los minerales críticos, la lucha contra el crimen organizado y la defensa, ante la creciente presión estadounidense para posicionarse frente a China. Con la llegada de Keiko Fujimori al poder, este acercamiento ha dado paso a un alineamiento más explícito, reflejado, entre otros aspectos, en la adhesión al Escudo de las Américas, un acuerdo sobre inteligencia artificial y determinadas posiciones diplomáticas frente a Irán, Palestina y el Sáhara Occidental. De esta manera, el Perú se aleja de una política arraigada que, en palabras de García Bedoya, buscaba “afianzar la independencia y evitar la dependencia”.</p>   <p><strong>El gobierno sostiene que este acercamiento responde a prioridades legítimas: la seguridad, la lucha contra el crimen organizado y el acceso a inversión en minerales críticos. Son objetivos razonables. La duda es si un alineamiento tan explícito es la vía más eficaz para lograrlos y a qué costo.</strong> Por otro lado, más allá de la retórica oficial, no queda claro qué beneficios concretos puede reportar este alineamiento para el desarrollo nacional o, incluso, para el propio combate contra el crimen organizado.</p>   <p>Así, más allá de las constantes críticas hacia los inversionistas chinos y las “sugerencias” de Washington sobre cómo elegir a sus socios, todavía está por verse si este acercamiento político se traducirá en un flujo significativo de nuevas inversiones estadounidenses. <strong>Matarani, el puerto de Arequipa operado por Tisur y en el que participa el fondo estadounidense GIP-BlackRock, con una ampliación de unos US$700 millones y una concesión renovada por 30 años,</strong> y la entrada de Chevron en la exploración offshore son señales importantes, pero aún están lejos de los volúmenes de inversión china. <strong>En Corío, el megapuerto proyectado en Punta de Bombón (Arequipa) que aspira a rivalizar con Chancay,</strong> por ahora existen expresiones de interés de empresas estadounidenses, <strong>según el Gobierno Regional de Arequipa</strong>, pero no una inversión confirmada. Y oportunidades no faltan: ProInversión promociona una amplia cartera de proyectos, incluida una cartera ferroviaria superior a los US$20.000 millones. Tampoco es seguro que las iniciativas, como el Escudo, sobrevivan a un eventual cambio de administración: América Crece perdió protagonismo tras el primer mandato de Trump, mientras que la Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas, impulsada por Biden, no sobrevivió a su retorno. ¿Qué garantiza que las iniciativas actuales tendrán una suerte diferente?</p>   <p>Más importante aún, buena parte de la agenda de este acercamiento parece venir definida por las prioridades estratégicas de Washington y, en particular, por su competencia con China. El Escudo y otros acuerdos recientes siguen siendo en buena medida ambiguos y, además, complementan los mecanismos de cooperación ya existentes entre el Perú y Estados Unidos. Pero su contenido revela también la preocupación central de Washington: la referencia a la necesidad de contener la “influencia maligna de actores extrahemisféricos”, una clara alusión a China. Las temáticas priorizadas –desde la defensa y el combate al crimen organizado hasta los minerales críticos, las cadenas de suministro y la inteligencia artificial– reflejan sus intereses estratégicos en el hemisferio y, en buena medida, el espíritu del “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”. Mientras tanto, intereses concretos del Perú, como asegurar el correcto cumplimiento del TLC o recuperar parte de la cooperación suspendida a través de USAID, no parecen recibir una respuesta equivalente. A ello se suma el riesgo de alejar innecesariamente a China, precisamente cuando este país ya ha realizado inversiones de gran magnitud y tiene previsto seguir ampliando su presencia en nuevos ámbitos, como la transformación digital, las energías renovables y las tecnologías avanzadas.</p>   <p>Tampoco se trata, por supuesto, de defender un alineamiento del Perú con China en detrimento de Estados Unidos, sino de recuperar, con pragmatismo, los márgenes de maniobra necesarios para construir una estrategia multisectorial que defienda las prioridades nacionales en un escenario global cada vez más polarizado e incierto. Para ello, no solo se debería impulsar un debate nacional sobre los riesgos y oportunidades de nuestra relación con ambas potencias, <strong>que podría empezar en el Congreso y la Cancillería, con participación de gremios exportadores, academia y regiones, y traducirse en una hoja de ruta pública con metas concretas para cada socio</strong>, sino también fortalecer los vínculos con socios como India, la UE y Brasil, nuestro gran vecino sudamericano. El desafío del Perú no es escoger entre Washington y Beijing, sino mantener la suficiente autonomía para relacionarse con ambos y con sus demás socios en función de sus propios intereses.</p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ El extraño caso de la señora Fujimori y la influencer Keiko, por Marco Sifuentes ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/04/el-extrano-caso-de-la-senora-fujimori-y-la-influencer-keiko-por-marco-sifuentes-hnews-56316</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/10/04/el-extrano-caso-de-la-senora-fujimori-y-la-influencer-keiko-por-marco-sifuentes-hnews-56316</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ "La promesa era que ella sabía gobernar como su padre. A estas alturas, la pregunta es si sabe gobernar sin los hombres de su padre" ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/04/6ac236c59e17e11ebb0beddc.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[El extraño caso de la señora Fujimori y la influencer Keiko, por Marco Sifuentes]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 11:24:01 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/04/6ac236c59e17e11ebb0beddc.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ El extraño caso de la señora Fujimori y la influencer Keiko, por Marco Sifuentes ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Hay gente que reclama que la presidenta se ponga al volante. Pero viéndola en estos 69 días de gobierno, por allí no va la cosa. El problema no es quién está al mando del país, sino quién la gobierna a ella. Como en Inside Out –o, quizás más adecuadamente, como en un anime de robots gigantes–, habría que poner la cámara dentro de la cabeza de Keiko Fujimori.</p>   <p>Disculparán que juegue a la psicología pop.</p>   <p>Es lo que nos queda, lo siento. Después de todo, con ella tenemos que aplicar un raciocinio distinto. Como con su partido. Para explicar al fujimorismo de los últimos diez años, no había que entenderlo desde la lógica de las sumas y restas políticas ni desde la racionalidad de quien busca el voto, sino desde el punto de vista de una organización que se sentía amenazada por la ley. Verlo como una mafia desesperada por sobrevivir. Esa es la mejor forma de explicar los últimos diez años del Perú.</p>   <p>De la misma forma, Keiko tampoco es una política al uso. No podemos tratar de entender sus acciones e inacciones desde la ciencia política. Porque no es un actor político. No solo eso, al menos.</p>   <p>A ver.</p>   <p>Una vez, alguien muy cercano a ella me dijo, refiriéndose no solo a ella, pero también: Todos los Fujimori necesitan sus Montesinos.</p>   <p>Me da la impresión de que ella, en sus primeros días, se estuvo resistiendo a eso. Hasta que no pudo más.</p>   <p>Aquí tenemos que retroceder un poquito. Al primer atisbo dentro de la cabeza. A la primera sorpresa.</p>   <p>Su primera entrevista como presidenta electa, en junio, fue con un cubano llamado Ismael Cala, experiodista reconvertido en una suerte de gurú de autoayuda mística. Ya habíamos visto este lado frivolón de la Keiko en las entrevistas rituales de campaña que solía concederle a Magaly cada cinco años, pero esta vez la intimidad venía con un atisbo al interior de la cabeza presidencial.</p>   <p>Con su amigo, Keiko recordó una conversación reciente (“en Marbella”) en la que, cansada de las derrotas previas, barajaba la idea de retirarse de la política para escribir libros o dictar conferencias. Viendo a la Keiko de esa entrevista, resultaba fácil imaginar por dónde iba a orientar su producción editorial: vibrar alto, confiar en el proceso, trabajar en tu mejor versión. Con Cala, ella hablaba con sinceridad de “manifestar” y “decretar”, ambos verbos entendidos desde lo que se suele llamar, torturando el lenguaje, coaching ontológico.</p>   <p>Se la escuchaba sincera. Todo encajaba, además. La prisión, el divorcio y las derrotas pueden cambiar a cualquiera. Y cuando estás en el hoyo te aferras a lo que tu entorno te ofrezca. Así que, siendo Keiko una señora pituca de la élite latina, resulta fácil dilucidar su tránsito hacia el mundo de “cerrar ciclos”.</p>   <p>Sin considerar algo crucial: su padre había muerto.</p>   <p>Quizás ya podía desprenderse de un destino que no era suyo, que le había caído encima cuando su madre se fue de Palacio. Ya saben: soltar, sanar, fluir.</p>   <p>Y justo entonces ganó la elección.</p>   <p>Yo no sé si ustedes lo recuerdan, pero esta primera vuelta fue su peor campaña. Su peor debate. Su peor todo. No parecía convencida.</p>   <p>Y justo ganó.</p>   <p>Lamentablemente para ella, los electores no contrataron su desarrollo personal. Le encargaron un país. Y el país tiene la mala costumbre de presentar problemas que no se resuelven decretando nada. Nada ontológico, digo. Porque los decretos que ella quería no eran nacionales, sino los del universo que, desde su punto de vista, al fin había conspirado a su favor.</p>   <p>Así surgió, en esos primeros días, la Keiko Influencer. La que pide taps taps en TikTok, la que modela sombreros artesanales, la que promociona a modistos nacionales.</p>   <p>Todos sabemos lo que vino después. El caos, el desorden, el desplome en las encuestas.</p>   <p>Cincuenta días después, el 16 de septiembre, Keiko encendió la batiseñal. O la 90s-señal. Formalizó su Comisión Consultiva con dos exministros de su padre acusados con ella en el Caso Cocteles –Yoshiyama, Chlimper–, su abogado de ese caso, la esposa de otro exministro noventero… ya me entienden. Un comité de sabios. De noventeros.</p>   <p>Este refuerzo permite sospechar de la insuficiencia de Galarreta y Miki Torres –sus más fieles minions desde que el juicio Cocteles la aisló de casi todo su entorno–. Se había refugiado en ellos dos cuando judicialmente no podía tener contacto con ningún coinvestigado. Cuando todavía no manifestaba ni decretaba, cuando el abismo había mirado dentro de ella.</p>   <p>Así que ahora que el abismo vuelve a amenazar, volvió al entorno coctelero. Al noventero. A tener, como su padre, asesores presidenciales.</p>   <p>Seis días después de rodearse oficialmente con los amigos de papá, apareció ante la ONU la señora Fujimori. Con lenguaje bélico, pidió tratar a las organizaciones criminales como terroristas, defendió a militares y policías procesados por violar derechos humanos y se enfrentó a los organismos multilaterales. La noventera había tomado el micrófono. Tras trabajar en su mejor versión, parecía haber reinstalado la versión anterior.</p>   <p>La señora Fujimori volvió de Nueva York con una nueva actitud. Están poniendo a prueba nuestra paciencia, le advirtió a los congresistas. Es que no la dejaban decretar.</p>   <p>¿Esto es parte de un plan para cerrar la única cámara del Congreso controlada por la oposición? Claramente hay un sector del régimen que apuesta a eso. No sabemos si un sector de la cabeza presidencial también. No sabemos si se siente cómoda en este rol. Si le jode regresar a un ciclo que ya había cerrado. No sabemos cuánto tiempo le durará el personaje de la Señora Fujimori. Hay señales de que Hulk no quiere asomar por completo: ya la vimos, el domingo anterior, intentando volver a su zona de confort influencer. Es pesada la mochila de su apellido.</p>   <p>Las dos Keikos pueden ser sinceras: la que quiere soltar el pasado y la que busca en él la seguridad que le falta. La promesa era que ella sabía gobernar como su padre. A estas alturas, la pregunta es si sabe gobernar sin los hombres de su padre.</p>   <p>Las elecciones de hoy le recordarán que el país también elige a otros. De las urnas no saldrán invitados para su lives, sino gobernadores y alcaldes con votos propios. Habrá que negociar prioridades, presupuestos y conflictos con autoridades que no tienen por qué vibrar en su frecuencia. Allí veremos cuánto dura la coach y cuánto demora en volver al ciclo de los noventa.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ Julia Codesido, una artista revolucionaria, por Hernán Pazos ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/02/julia-codesido-una-artista-revolucionaria-por-hernan-pazos-hnews-114708</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/10/02/julia-codesido-una-artista-revolucionaria-por-hernan-pazos-hnews-114708</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ A raíz de la imprescindible exposición Julia Codesido. Retrospectiva en el MALI, no pocos siguen preguntándose quién fue esta mujer extraordinaria. Aquí, una aproximación. Codesido fue una artista fundamental del siglo XX peruano. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/02/6a412ccba9dec717cd0b0d1e.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Julia Codesido. Imagen: Difusión.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 04:00:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/02/6a412ccba9dec717cd0b0d1e.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ Julia Codesido, una artista revolucionaria, por Hernán Pazos ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p><strong>Julia Codesido</strong> nace el 5 de agosto de 1883. Hija de diplomático, termina sus estudios en el Colegio San Pedro en Lima y viaja a los 17 años a Europa con su familia (1899). Su padre fue nombrado cónsul del Perú en Inglaterra y en Francia. Coincide su estadía europea con la ebullición de la “belle époque” en Francia, y se le despierta la inquietud por el arte, visitando museos y galerías. Según comenta, sus visitas al Museo del Prado le provocan una fuerte admiración por obras de la escuela flamenca, el Greco y Goya. Pintores que la influyen, priorizando sus preferencias y gran disposición para mostrar realidades que le interesan en las técnicas del retrato, pero con un aporte personal y peruano. Trabajando con colores intensos y un trazo fuerte en donde se asoma ese estilo tan propio que irá desarrollando a lo largo de su carrera.</p>   <p class="has-text-align-justify">Permanece 18 años en Europa, visita Suiza y España y regresa al Perú en 1918; ya tenía 35 años. Apenas llega, practica en la Quinta Heeren como aprendiz por tres meses, en el taller de Teófilo Castillo. Ingresa en 1919 a Bellas Artes siendo alumna fundadora en una época en la que el alumnado femenino superaba al masculino. Las mujeres recibían clases en talleres separados y solo podían trabajar desnudo femenino; se veían restricciones. </p>   <p class="has-text-align-justify">Era la época del segundo gobierno de José Pardo; el descontento popular y la carestía de la vida provocan intensas protestas. Paradójicamente, se aprueban normas protectoras para el trabajo de mujeres y menores de edad y se modifica la Constitución para permitir la libertad religiosa. También se declara oficial la jornada de ocho horas de trabajo. El 4 de julio de 1919, un golpe de Estado liderado por Augusto B. Leguía termina con el gobierno de Pardo, instaurando una nueva dictadura. Se promulga la Constitución de 1920, dándole reconocimiento legal a las comunidades indígenas. Leguía impone la Conscripción Vial (el trabajo obligatorio gratuito en las carreteras para los campesinos). En este ambiente de ebullición política, reformas y protestas, se genera en la cultura peruana un compromiso político que se manifiesta en todos los ámbitos culturales, con la participación de una nueva generación intelectual comprometida y que defiende un renovado interés por el conocimiento del país.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/03/6a412ccba9dec717cd0b0d1e.jpg" alt="Julia Codesido. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Julia Codesido. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p class="has-text-align-justify">Codesido se une a las protestas con su trabajo, de alguna manera contestatario, enfatizando la despreciada belleza de los patrones genéticos indígenas y la importancia que se debe dar al llamado “arte popular” andino, divulgándolo y dándole mayor cobertura. Incluyendo en sus representaciones objetos artesanales producidos en distintos puntos del país (adonde viaja). Objetos percibidos por ella y sus colegas artistas como expresiones de un arte auténticamente peruano, desarrollándose una cultura visual “mestiza” patrocinada por intelectuales del momento como Sabogal, Camino Brendt, Arguedas, Teresa Carvallo, Camilo Blas, Elena Izcue y la misma Julia Codesido, entre otros.</p>   <p class="has-text-align-justify">Para estos momentos, Codesido practica en el taller de Daniel Hernández, pero su inquietud artística la lleva a solicitar su traslado al taller del profesor auxiliar José Sabogal (1922), en donde encuentra una estética más acorde con la suya. En esa época había una gran efervescencia política y José Sabogal defiende, frente a sus alumnos, la reivindicación y defensa del indígena y de la cultura andina, fundando el grupo conocido como movimiento indigenista.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/03/6a412fad78d0db29030df560.jpg" alt=""Desnudo de India" (1925). Imagen: Fundación Julia Codesido y Estenós." width="1250" height="735"/><figcaption>&quot;Desnudo de India&quot; (1925). Imagen: Fundación Julia Codesido y Estenós.</figcaption>   <p class="has-text-align-justify">Dentro de este grupo destaca José Carlos Mariátegui, quien en 1926 funda la revista <em>Amauta</em>, para difundir el pensamiento socialista y las ideas de vanguardia. Julia Codesido pasa rápidamente a ser colaboradora de esta revista y del movimiento que se le desprende, entrando en contacto con corrientes intelectuales contemporáneas para promocionar ese nuevo movimiento conocido ya como indigenismo.</p>   <p class="has-text-align-justify">Hacia 1935 parte a México, adonde regresa para exponer en 1960 en la galería de la Sala de Exposiciones del Palacio de Bellas Artes, presentada por David Alfaro Siqueiros. Luego es recomendada por José Clemente Orozco para una exhibición en la galería Delphic Studios en Nueva York, muestra que pasa al Museo de Arte Moderno de San Francisco, California, institución que en 1937 adquiere una de sus obras para su colección. En 1939 expone en la galería Barreiro en París, recomendada por René Hugues, conservador del Museo del Louvre, y la Municipalidad de París adquiere su obra “Indias Huancas” para la colección del Museo de Arte Moderno.</p>   <p class="has-text-align-justify">El 8 de mayo de 1979 muere una mujer sin edad. Muy moderna para su época, caminando siempre en mocasines y con una boina en la cabeza, recorriendo el Perú en buses y camiones. Siendo una de las máximas representantes de la pintura indigenista peruana.</p>   <p class="has-text-align-justify">En 1977 se le otorga el Premio Nacional de Cultura.</p>   <p class="has-text-align-justify"> </p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ La soberanía de un Estado no la define solo un gobierno ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/03/la-soberania-de-un-estado-no-la-define-solo-un-gobierno-editorial-58374</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/10/03/la-soberania-de-un-estado-no-la-define-solo-un-gobierno-editorial-58374</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ La detención sin orden judicial del fiscal boliviano pone a prueba la independencia de los poderes del Estado en la región. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/03/6ac1b6599e17e11ebb0bedd3.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy domingo 4 de octubre.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 03:30:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/03/6ac1b6599e17e11ebb0bedd3.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ La soberanía de un Estado no la define solo un gobierno ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En las democracias modernas, la soberanía reside en el conjunto de instituciones que el Estado construye para garantizar el equilibrio entre quienes gobiernan y quienes son gobernados. El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial son expresiones distintas de esa soberanía compartida. Así, cada poder cuenta con su propia autonomía y sus propias garantías. Y ese diseño institucional es precisamente lo que protege a los ciudadanos de la concentración y el abuso del poder.</p>   <p>Ahora bien, la cooperación internacional en seguridad es legítima y necesaria. El crimen organizado transnacional opera sin fronteras y los Estados que coordinan esfuerzos tienen más herramientas para combatirlo. Esa premisa sostiene iniciativas como el Escudo de las Américas. Sin embargo, la pregunta que los episodios de esta semana obligan a hacerse a los ciudadanos es si esa cooperación, firmada entre ejecutivos, tiene fuerza suficiente para comprometer la autonomía de los poderes del Estado que no participaron en el acuerdo.</p>   <p>Por eso, la detención del fiscal general boliviano Roger Mariaca el 1 de octubre sin orden judicial no es poca cosa. Ocurrió dos días después de que el gobierno de Donald Trump le revocara la visa, junto a la de otros jueces y fiscales de la región, incluido un fiscal peruano y otros latinoamericanos. Pero lo que genera mayores dudas sobre la legitimidad de la operación es que Mariaca era precisamente el fiscal que investigaba a Fernando Cerimedo, asesor vinculado al presidente boliviano Rodrigo Paz, al argentino Javier Milei y al entorno más cercano de Trump en América Latina, ese mismo entorno hoy reunido bajo el Escudo de las Américas. Vale recordar que tan solo en febrero de 2026, Cerimedo recibió en Mar-a-Lago un premio como mejor consultor hispano.</p>   <p>En ese sentido, existe algo más que vale la pena señalar. Un presidente es un poder temporal del Ejecutivo. La soberanía del Estado le pertenece al conjunto de sus instituciones. Por lo que cuando un acuerdo de cooperación se usa para detener sin orden judicial a un administrador de justicia, lo que está en juego es la separación de poderes que sostiene cualquier democracia.</p>   <p>Al respecto, la presidenta del Senado de Chile advirtió que si el Escudo de las Américas tiene carácter de tratado internacional, debería haber pasado por ratificación parlamentaria. Esa pregunta debería interpelar a todos los países miembros, incluido el Perú. </p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                        <item>
                            <title>
                                <![CDATA[ La democracia empieza y termina en el ciudadano ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/10/02/la-democracia-empieza-y-termina-en-el-ciudadano-editorial-35872</link>
                            <guid isPermaLink="true">https://larepublica.pe/opinion/2026/10/02/la-democracia-empieza-y-termina-en-el-ciudadano-editorial-35872</guid>
                            <description>  
                            <![CDATA[ El Perú lidera el rechazo al Congreso en América Latina con 90%, según el Latinobarómetro. ]]>
                            </description>
                            <image:image>
                            <image:loc>https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/02/6ac06bddc07d2513880d2e39.jpg</image:loc>
                            <image:title><![CDATA[Editorial.]]></image:title>
                            </image:image>
                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Sat, 03 Oct 2026 03:30:00 GMT</pubDate>
                            <media:content height="735" width="1250" type="image/jpeg" url="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/10/02/6ac06bddc07d2513880d2e39.jpg">
                            <media:description type="html">
                            <![CDATA[ La democracia empieza y termina en el ciudadano ]]>
                            </media:description>
                            </media:content>
                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La representación política es el núcleo de la democracia. En este sistema político, un ciudadano elige a otro ciudadano para que lleve sus demandas al espacio donde se toman las decisiones que afectan su propia vida. La anemia que afecta a niños en regiones enteras del país, la falta de agua, la ausencia de transporte público digno, la pobreza que persiste pese al crecimiento económico, entre otras tantas más que serán distintas de acuerdo con el contexto de cada ciudad o pueblo, son realidades que deben usar a la democracia para mejorarlas.</p>   <p>Sin embargo, cuando esa representación falla, ocurren crisis políticas, caracterizadas por constantes episodios de inestabilidad institucional y que redundan en el aumento sostenido de la desconfianza en el Estado. Y lo medular es que todos esos problemas persistentes en el Perú tienen su raíz en ese mismo quiebre.</p>   <p>El Latinobarómetro 2025/2026 acaba de publicar que el 90 % de los peruanos no se siente representado por su Congreso. Es el porcentaje más alto de toda América Latina, catorce puntos por encima del promedio regional.</p>   <p>Solo el 9 % de los ciudadanos siente que el Parlamento los representa. Se trata del veredicto acumulado de una ciudadanía que lleva años observando cómo sus autoridades toman decisiones que no tienen nada que ver con sus necesidades.</p>   <p>Vale recordar que cuando el fujimorismo obtuvo más de 70 congresistas en 2016, millones de peruanos depositaron en esa bancada la esperanza de que alguien los escuchara. Lo que ocurrió después es lo que ese 90 % está midiendo. Lo mismo puede decirse de los parlamentarios de Perú Libre que, en lugar de representar con fidelidad a las regiones que los eligieron, prefirieron pactar con el fujimorismo para repartirse espacios de poder.</p>   <p>Contra quienes justifican esa infidelidad al voto soberano, es pertinente afirmar que la negociación política es legítima y los espacios de diálogo también son necesarios en una sociedad que aspira a ser democrática. Lo que resulta inaceptable es que ese diálogo sirva para traicionar a quienes pusieron a cada parlamentario en su curul.</p>   <p>En ese sentido, esta casa editorial recuerda que la herramienta más poderosa de una democracia reside en quien elige y no en quien es elegido. Exigir rendición de cuentas a los representantes, fiscalizar sus decisiones y castigar con el voto a quienes se dedican a disputas que no solucionan la vida de la gente es exactamente el ejercicio democrático que ese 90 % reclama. Ad portas de los comicios subnacionales, vale la pena no perder de vista ese derecho sustancial sin el que la democracia existe.</p> ]]></content:encoded>
                        </item>
                    
                </channel>
            </rss>
        