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                <title>La República: Últimas noticias de última hora del Perú y el mundo</title>
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                <description>Noticias del Perú y del mundo en larepublica.pe - Últimas noticias de política, espectáculos, deportes, economía, tendencias, tecnología, salud, sociedad, mundo, cine y más.</description>
                <lastBuildDate>Thu, 06 Aug 2026 15:42:27 GMT</lastBuildDate>
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                                <![CDATA[ Con Alonso Cueto y sus asombrosos personajes, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <![CDATA[ Autor de novelas celebradas como “El susurro de la mujer ballena”, “Grandes miradas” y “La hora azul”, Cueto, como pocos, ha sabido perfilar el mundo interior de la mujer. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Alonso Cueto. Foto: LR.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 06 Aug 2026 15:42:27 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Con Alonso Cueto y sus asombrosos personajes, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>En mayo de 1976, llegué a <strong>Madrid</strong> luego de un vuelo desde Bucarest. A lo largo del viaje ocurrieron milagros, un viejo español exiliado bajó a Madrid tan solo para respirar aire de su tierra después de casi cuarenta años de ausencia y prefirió hacer luego un vuelo de conexión. Me dijo que iba a permanecer un tiempo en Andorra porque no confiaba mucho en las noticias sobre la muerte de Franco y temía que resucitara.</p>   <p>Don Ildefonso Nuño me dio un obsequio gratísimo: un amarillento ejemplar de poesía de <strong>Luis Cernuda</strong> que había conservado durante los años de su exilio en Moscú.</p>   <p>El mar, personaje de sus versos… “Con una voz insomne decía cosas vagas, / barcos entrelazados dulcemente / en un fondo de noche, / o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido / viajando hacia nada”.</p>   <p>Y yo caminé embrujado por páginas cuya lectura repetía frente a las mesas del café Comercial. Allí, un joven me soltó: ¡Conque leyendo a Cernuda!</p>   <p>Era peruano, se llamaba <strong>Alonso Cueto</strong> y había llegado con una beca para estudiar la poesía del asombroso Cernuda. Por mi parte, yo estudiaba Lingüística y Literatura en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.</p>   <p>Esos son mis primeros recuerdos de Alonso, así como nuestra total coincidencia en la admiración por <strong>Juan Carlos Onetti,</strong> a quien él dedicó más tarde su tesis doctoral.</p>   <p>Tiempo después, una de las obras de Cueto, <em>Grandes miradas</em>, me hizo preguntarme de qué forma la dictadura de <strong>Fujimori</strong> contaminó la sociedad, y de qué manera era inexcusable sentir su hedor.</p>   <p>Recientemente, conversando con Cueto le he pedido algunas opiniones:</p>   <p>- Tu novela <em>La hora azul</em> mostró la infamia y el dolor de la guerra interna. Y, por su parte, Miriam fue la mujer encargada de exhibir la bestialidad de la represión.</p>   <p>¿Qué piensas?</p>   <p>AC: Justamente a partir de ese personaje me interesó explorar más la conciencia femenina y su percepción de la historia.</p>   <p>- Alonso, algunos observadores patriarcales enarcan las cejas cuando el escritor centra su obra en una mujer combativa. A mí me acaba de ocurrir en el caso de <em><strong>Manuela Sáenz y la luna de Paita</strong></em>. Durante mi presentación, alguien apagó el micrófono y más tarde alegó que yo estaba escribiendo sobre una terrorista del siglo XIX. ¿Qué piensas tú?</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/06/6a74aaa796d10bcbaa06cab2.jpg" alt="Alonso Cueto. Foto: LR." width="1250" height="735"/><figcaption>Alonso Cueto. Foto: LR.</figcaption>   <p>AC: Me parece que las mujeres en general tienen una conciencia de las relaciones humanas más sensible y aguda que los hombres. Nosotros con frecuencia estamos muy encerrados en nosotros mismos, pero las mujeres se proyectan en los demás y los conocen más a fondo.</p>   <p>- Eso es lo que ocurre en el caso de <em><strong>Memorias de una limeña</strong></em>, me parece, la novela que presentas en la Feria.</p>   <p>AC: En efecto, Adriana tiene una vida ejemplar y feliz hasta que ocurre algo que la arroja a un abismo. A partir de entonces tiene que sobreponerse a las consignas de la sociedad. Como ella, siempre me han interesado los personajes que se reconstruyen.</p>   <p>- ¿Cómo dibujas a la limeña de tu novela?</p>   <p>AC: Siempre me ha intrigado esa voluntad secreta que tenemos los seres humanos para persistir en nuestras consignas. En el caso de la limeña de mi novela y de otros personajes, me llama mucho la atención que no haya ninguna ideología, doctrina o religión que los impulse. Solamente el puro instinto de vida.</p>   <p>Descubrir cómo puede aparecer ese instinto frente a los fracasos y las tragedias, es una de las obsesiones que siempre he tenido como escritor.</p>   <p>- Pero hay algo más en tus personajes. Creo que el pasado los persigue.</p>   <p>AC: Tienes razón, pero son capaces de enfrentarlo. El recuerdo es una forma de inventar un pasado nuevo.</p>   <p>- En resumidas cuentas, ¿para qué sirve escribir?</p>   <p>AC: Escribir es un modo de conversar con uno mismo. Me interesan los personajes femeninos emprendedores e independientes. Quizá soy un escritor feminista, aunque recién ahora me doy cuenta.</p>   <p>- Recuerdo estos versos de Cernuda sobre la muerte: “Vas en la blanca nube que orlándose de fuego / de un dios es ya el ala transparente…”. ¿Qué te dicen?</p>   <p>AC: Ese es el asunto central de una obra, creo, encontrar las diversas maneras que hemos inventado para convivir con la muerte.</p>   <p>Una novela debe ofrecernos el testimonio de una vida vista en su profundidad y en su complejidad, pero una novela también debe ser entretenida, debe cuidar la intriga, la expectativa, todo eso que la hace un sueño coherente.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Insistir en la militarización es insistir en el fracaso ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/05/insistir-en-la-militarizacion-es-insistir-en-el-fracaso-260630</link>
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                            <![CDATA[ Keiko Fujimori propone desplegar a las FFAA para enfrentar el crimen organizado, sin derogar leyes procrimen. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Thu, 06 Aug 2026 02:40:23 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Insistir en la militarización es insistir en el fracaso ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Las políticas de seguridad que han dado resultados en el mundo tienen un punto de partida que casi nunca aparece en los discursos. Antes que más armas, más patrullaje o más estados de excepción, existe inteligencia.</p>   <p>El resultado se vivió hace unos meses en Pataz, donde entre policías y militares se enfrentaban por quién trabajaba con la mafia. Sin la capacidad de reconocer cómo operan las organizaciones criminales, quiénes las financian, cómo lavan dinero y dónde se infiltran cualquier despliegue militar termina siendo una demostración de fuerza que tranquiliza por unos días, pero que rara vez cambia la realidad y al contrario la empeora.</p>   <p>Por eso sorprende que la presidenta Keiko Fujimori haya colocado la militarización de las calles en el centro de su propuesta de seguridad. No porque las Fuerzas Armadas no puedan cumplir funciones excepcionales, sino porque el problema del Perú no empieza por la ausencia de soldados. Empieza por un Estado que ha ido perdiendo herramientas para investigar y perseguir a las mafias mientras estas fortalecían su poder económico y territorial.</p>   <p>Allí aparece una contradicción que el fujimorismo no ha explicado. Resulta difícil ofrecer mano dura cuando se ha formado parte de una mayoría parlamentaria que impulsó decisiones que caminaron en sentido contrario.</p>   <p>Se cuestionó la extinción de dominio, una herramienta que permite afectar el patrimonio obtenido mediante actividades ilícitas. Se aprobaron reformas que, según diversos especialistas, redujeron la eficacia de la persecución del crimen organizado. Y, antes de concluir la legislatura unicameral, se aprobó un fuero policial y militar con una competencia ampliada que incluso alcanza determinados delitos comunes cometidos por efectivos. Todo ello ha contribuido a debilitar, y no a fortalecer, la respuesta del Estado frente a las organizaciones criminales.</p>   <p>Por eso la discusión no debería concentrarse en cuántos militares saldrán a las calles. La pregunta es otra y deben verlo los diputados y senadores. ¿Existe la voluntad política para reconstruir la inteligencia policial, fortalecer al Ministerio Público y devolverle al Estado las herramientas que ha perdido para enfrentar al crimen organizado? Hasta ahora no hay ninguna señal en esa dirección.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ A mis sobrinas, por Las Tejedoras ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/04/a-mis-sobrinas-por-las-tejedoras-hnews-361700</link>
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                            <![CDATA[ "Algún día les dirán que estas luchas ya pasaron, pero no es así. Mientras exista una sola mujer cuyos derechos puedan retroceder, habrá algo que proteger" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Carta de las Internas]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Las Tejedoras</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 05 Aug 2026 16:56:52 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ A mis sobrinas, por Las Tejedoras ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Abigail y Luciana:</p>   <p>Quisiera que crezcan creyendo que votar, estudiar, elegir su camino y hacer oír su voz es lo más normal del mundo. Ojalá nunca tengan que preguntarse por qué hubo un tiempo en que las mujeres no podían hacerlo. Pero también tengo que recordarles que nada de eso fue un regalo.</p>   <p>Cada derecho que hoy parece obvio fue una conquista. Mujeres, antes que ustedes y antes que yo, desafiaron prejuicios, leyes injustas y un orden que les decía cuál era su lugar. Ocupábamos el hogar y hoy ocupamos el mundo.</p>   <p>Les escribo porque hay días en que me preocupan los silencios. Como cuando escucho un mensaje a la Nación en el que las mujeres simplemente no existimos. Entonces recuerdo que los derechos también pueden retroceder. No se pierden de un día para otro; se erosionan cuando dejamos de defenderlos o cuando creemos que ya están garantizados.</p>   <p>No les escribo para que vivan con miedo. Les escribo para que vivan con memoria. Pregunten. Conversen con su mamá, con sus abuelas, con las mujeres de su familia. Descubran qué obstáculos enfrentaron y qué puertas tuvieron que abrir para que ustedes pudieran atravesarlas.</p>   <p>Algún día les dirán que estas luchas ya pasaron, pero no es así. Mientras exista una sola mujer cuyos derechos puedan retroceder, habrá algo que proteger.</p>   <p>Y, cuando les toque estar al frente, recuerden que nada de lo conquistado se sostiene solo. Se sostiene porque hay mujeres que no olvidan de dónde vienen sus derechos y porque otras deciden defenderlos.</p>   <p>Con todo mi cariño y con la esperanza de que nunca olviden lo que nos costó llegar hasta aquí, les pido una sola cosa: honren nuestra lucha. Honren la memoria de quienes las precedieron. Y dejen el camino un poco más ancho para las mujeres que vendrán.</p>   <p>Con amor,</p>   <p>Su tía.</p>   <p><em><strong>*Hoy teje: María Elena González Azurín, ciudadana activa.</strong></em></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Yiriane Kahn reaparece con “Devenir. Geografía íntima del cambio”, por Czar Gutiérrez ]]>
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                            <![CDATA[ Kahn, originaria de Santo Domingo, utiliza elementos como la seda y el papel para explorar la fragilidad y la permanencia de identidades, creando un paralelo entre su trayectoria migratoria y su arte. Va hasta el 9 de agosto de La Galerìa de San Isidro. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Yiriane Kahn. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 05 Aug 2026 16:00:00 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Durante siglos supusimos que la palabra paisaje nombraba aquello que permanece mientras nosotros lo atravesamos. Bastó mirar con atención algunas obras de arte para comprender exactamente lo contrario: no existe paisaje alguno que no sea el retrato de una transformación.</p>   <p>Por ejemplo, las montañas de “Topografías del desplazamiento” de <strong>Yiriane Kahn</strong> son memorias mineralizadas donde el cemento pesa porque conserva la gravedad de todo aquello que alguna vez sostuvo una vida. Si el papel de algodón aparece como una epidermis vulnerable, la resina actúa como esa delgada película con la que el tiempo intenta preservar aquello que inevitablemente terminará descomponiéndose.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/05/6a519eae15e61701bb02fabf.jpg" alt="Yiriane Kahn. Foto: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>Yiriane Kahn. Foto: Difusión.</figcaption>   <p>Luego aparecen las modulaciones. Fragmentos que parecen desplazarse unos respecto de otros como placas tectónicas de la conciencia en una composición que no aspira al equilibrio clásico, prefiere la incertidumbre. Cada pieza parece preguntarse cuánto puede deformarse una identidad antes de dejar de reconocerse. Y entonces llega el desierto como el único lugar donde el silencio posee volumen.</p>   <p>Así, en <strong>“Desierto Zalleta”</strong> la memoria no se manifiesta por acumulaciones sino mediante vacíos. Donde creemos haber olvidado algo, la experiencia trabaja con mayor intensidad. Los “Portales” son umbrales suspendidos entre dos respiraciones donde la pintura, lejos de representar una puerta, genera el acto mismo de atravesarla. Hasta que finalmente llegan las sedas.</p>   <p>Difíciles de clasificar, más cercanas a una muda de piel que a una pintura tradicional. Suspendidas como crisálidas, conservan la memoria de un cuerpo que ya no existe y anuncian otro que todavía no termina de aparecer. Allí la materia alcanza una paradoja admirable: cuanto más frágil parece, mayor capacidad demuestra para sobrevivir al tiempo. La seda como metáfora del propio devenir.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/05/6a51a46d2b3a87669407b682.jpg" alt="“Devenir. Geografía íntima del cambio”. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>“Devenir. Geografía íntima del cambio”. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p><strong>-Íntima gravedad-</strong></p>   <p>Probablemente esa sensibilidad hacia las mutaciones explique también la trayectoria de Yiriane Kahn. Nacida en Santo Domingo en 1985, formada primero en Lima, luego en Barcelona y, más recientemente, en Madrid, su biografía dibuja una geografía semejante a la que despliegan sus obras, una existencia construida sobre desplazamientos sucesivos.</p>   <p>Sin embargo, sería un error reducir su producción a la experiencia migratoria. Cada ciudad le aportó un lenguaje distinto. Lima parece haberle entregado la intuición del territorio. Barcelona, el rigor formal. Madrid, la posibilidad de convertir la investigación en una metodología poética. El resultado, además de una suma de influencias, es una voz extraordinariamente reconocible.</p>   <p>Y una coherencia poco común. Desde sus exposiciones <em><strong>Raíces, Mirada Azul, Godai, Elementos </strong></em><strong>o</strong><em><strong> Fragmentos</strong></em>, la artista ha venido persiguiendo obstinadamente una misma pregunta: ¿cómo representar aquello que nunca permanece? <em><strong>Devenir…</strong></em><em> </em>no rompe con esa trayectoria, la lleva hasta una profundidad inesperada en una época donde todo se actualiza, se reemplaza y se acelera.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/05/6a51a452b91a99ec5a0c4874.jpg" alt="“Devenir. Geografía íntima del cambio”. Imagen: Difusión." width="1250" height="735"/><figcaption>“Devenir. Geografía íntima del cambio”. Imagen: Difusión.</figcaption>   <p>Frente a esa ansiedad contemporánea, Yiriane Kahn propone una lentitud casi geológica. Transformarse no es abandonar lo que fuimos, tal vez solo permitir que todas nuestras versiones continúen respirando bajo la superficie.</p>   <p>Quizá la verdadera geografía del cambio no sea el mapa de los lugares que hemos habitado sino el relieve secreto de las personas que hemos dejado de ser y que, silenciosamente, todavía nos sostienen.</p>   <p><strong>…</strong></p>   <p><strong>Datos:</strong></p>   <p>Lugar: <strong>La Galería.</strong></p>   <p>Dirección: <strong>Conde de la Monclova 255 - San Isidro.</strong></p>   <p>Fechas: Hasta el 8 de agosto.</p>   <p>Horario: De lunes a viernes, de 11 a. m. a 7 p. m. Sábados, de 3 a 7 p. m.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Arbizu, el escritor que lloró, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/07/30/arbizu-el-escritor-que-lloro-por-eduardo-gonzalez-viana-hnews-792900</link>
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                            <![CDATA[ Actualidad. El racismo en Perú está presente en la sociedad peruana por generaciones. Al respecto, hay libros, entre ficción y no ficción, que se han escrito, pero pocos exhiben la fuerza de Negro. Contra el desprecio (Reservoir Books) de Julio Arbizu, publicación capaz de remover al lector. Como tiene que ser. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Julio Arbizu. Foto: LR.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Cultural LR</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 05 Aug 2026 14:00:00 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Arbizu, el escritor que lloró, por Eduardo González Viaña ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>“Escribí <em>Negro</em> porque después de muchos años redactando denuncias, demandas, alegatos y artículos jurídicos, me di cuenta de que hay asuntos que el lenguaje del derecho no puede alcanzar. Y entonces volteé hacia la literatura, esperando encontrar socorro. Y la verdad es que creo haber tomado una buena decisión”.</p>   <p>Lo dice <strong>Julio Arbizu González</strong>, quien es uno de los abogados más conocidos del país y, sin embargo, además de sus célebres pesquisas, recuerda más en este libro los golpes que ha recibido en mérito de esa pasión obsoleta, el racismo.</p>   <p>Además de obsoleta, la veleidad racista en el Perú es una pasión ilusoria y, en este mestizo rincón del mundo, no es practicada por blancos puros que aquí no existen, sino por quienes aspiran a serlo: cholos, zambos, blancoides e indioides, todos los cuales se “blanquean” choleando, provincianeando y negreando a los demás.</p>   <p>El racismo, en un país colonizado, es ridículo, pero a lo largo de todo el siglo XX ha mostrado su hedor, al punto de que, en los años 30, surgió un partido político subsidiario de la Alemania nazi, la Unión Revolucionaria, que proclamaba la supuesta excelsitud de la raza blanca. El líder, sin embargo, era un peruano zambo llamado <strong>Luis M. Sánchez Cerro</strong>, quien llegó al poder presidencial aupado sobre votantes afrodescendientes y la oligarquía del país.</p>   <p>Arbizu dice, y no le falta razón, que “en el Perú, lo blanco -más que los blancos concretos- se ha convertido en una medida abstracta, una vara invisible contra la cual se evalúan todos los cuerpos, todas las voces, todas las biografías. No importa que la mayoría del país tenga otros rostros, otros colores, otras genealogías: la norma no surge de la mayoría, sino de quien posee el poder de nombrarla”.</p>   <p>El autor-personaje recuerda su infancia en la que, por fortuna, su propia fuerza física le abrió camino frente a la torpeza de los racistas. Se refiere a uno de sus compañeros de clase que era el más popular porque era muy blanco y sus padres le habían puesto un nombre en idioma extranjero.</p>   <p>El contacto de los nudillos de su puño derecho sobre el pómulo de Gianfranco activó un movimiento inercial con el que su mano izquierda apretada fue a estrellarse contra la boca de su rival que lo estaba tratando de humillar.</p>  <img src="https://larepublica.cronosmedia.glr.pe/original/2026/08/05/6a6b6847093b2292970fdf56.jpg" alt="Julio Arbizu. Foto: LR." width="1250" height="735"/><figcaption>Julio Arbizu. Foto: LR.</figcaption>   <p>Y, sin embargo, después de ganar la pelea, Julio lloró de impotencia. Sentía la injusticia de una realidad mayor que solo un puño no arreglaría, pero debía ser cambiada.</p>   <p>Otras anécdotas similares relatan los azares de una vida en la que su inteligencia y su fuerza moral se pusieron siempre por encima de ese sentimiento vergonzoso y caduco que aún existe en el Perú.</p>   <p>Debe recordarse además que su denuncia de los robos criminales de la dictadura en nuestro país le dio a su imagen el conocimiento y el respaldo que merece. Sin embargo, los partidarios del robo y el crimen creyeron fácil identificarlo como hombre a quien no se debe respetar, y todo el tiempo lo hicieron refiriéndose a particularidades de su aspecto físico.</p>   <p>Como procurador público, fue el terror de los corruptos y aquellos a su vez no encontraron mejor respuesta que calificativos como “terrorista” y “negro” o “cholo de mierda”, que suelen usar los casi iletrados corruptos contra los luchadores sociales.</p>   <p>Este libro no es un conjunto de historias personales ni tampoco un estudio sobre la discriminación racial en el <strong>Perú</strong>, pero algo de ambos tiene, pues, sobre todo, es un honesto, emotivo y a veces descarnado relato de experiencias que superan el ámbito personal y nos revelan -a veces incomodándonos- un elemento del tejido social peruano que, construido desde la Colonia, lamentablemente aún persiste entre nosotros.</p>   <p>Como Julio afirma, el criterio de que lo blanco es superior resulta más infame y peligroso aun cuando los que mandan “…miran con desconfianza los límites que imponen la igualdad de derechos y los pilares de una democracia liberal”.</p>   <p>Desde la época de la fundación de la capital del Perú, pocos escritores han trazado tan exactos retratos de Lima. Este que hace Arbizu es de los más completos y se añade al que nace del racismo peruano. Tal vez porque es un gran escritor y porque, después de dar un puñetazo, ha llorado.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Cuidado con el abuso de las normas electorales ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/04/cuidado-con-el-abuso-de-las-normas-electorales-284208</link>
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                            <![CDATA[ Renovación Popular busca que López Aliaga sea elegido alcalde sacándole la vuelta a la ley electoral. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Editorial de hoy.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Editorial</dc:creator>
                            <pubDate>Wed, 05 Aug 2026 03:36:39 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Cuidado con el abuso de las normas electorales ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Queda exactamente un mes para que el 5 de setiembre queden inscritas de manera definitiva las candidaturas para las elecciones regionales y municipales del próximo 4 de octubre. Es una fecha que los ciudadanos y las organizaciones políticas deben tener presente, porque lo que ocurra en las próximas semanas determinará la oferta electoral con la que el país llegará a las urnas. Y lo que ocurre hoy en Lima es una señal de alerta que no puede pasar desapercibida de los peruanos.</p>   <p>Luis Rubio Idrogo presentó su renuncia irrevocable a la candidatura a la alcaldía de Lima por Renovación Popular, un día antes del vencimiento del plazo para retiro de candidaturas. El plan es conocido. Rafael López Aliaga, impedido constitucionalmente de postular a la reelección inmediata como alcalde, inscribió su candidatura como primer regidor en la lista encabezada por Rubio. Si esa lista gana las elecciones y el alcalde electo renuncia, López Aliaga asumiría la alcaldía sin haber pedido ese cargo en las urnas. Es decir que sin que Lima lo haya elegido para ese puesto.</p>   <p>Los limeños ya conocen la gestión de López Aliaga. La abandonó en octubre de 2025, antes de completar su mandato, para postular a la presidencia, pese a haber prometido en 2022 que no lo haría. La ciudad que dejó tiene obras paralizadas, un endeudamiento millonario de la comuna y un tránsito sin solución estructural. Ahora busca regresar al sillón municipal por la puerta de atrás, usando como instrumento la renuncia de un candidato que apenas duró semanas en la lista.</p>   <p>López Aliaga debe dejar de burlarse de las instituciones</p>   <p>El JNE tiene la responsabilidad de examinar con rigor si esta maniobra cumple el espíritu de la ley electoral o solo su letra. Las normas existen para garantizar que los ciudadanos elijan a sus autoridades con pleno conocimiento de quién va a gobernarlos. Usarlas para eludir ese principio es un abuso que los organismos electorales tienen la obligación de nombrar como tal y ponerle freno.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Ceuta: moros en la costa, por Mirko Lauer ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/04/ceuta-moros-en-la-costa-por-mirko-lauer-hnews-260740</link>
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                            <![CDATA[ La derecha europea en el poder se prepara para un ciclo de expulsiones, apenas se llegue a un acuerdo en Bruselas. ]]>
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                            <image:title><![CDATA[El alcalde de Ceuta, Juan Vivas, declaró que la situación es una “absoluta emergencia humanitaria” y solicitó respuestas del Gobierno español ante el flujo masivo de migrantes]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:57:21 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Ceuta: moros en la costa, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>La mayoría de los 60,000 inmigrantes ilegales de Ceuta ya ha regresado a Marruecos, como siguiendo instrucciones. Pero las consecuencias de la invasión relámpago al enclave español en África se mantienen. En la Unión Europea ha comenzado un ciclo de citas <strong>cumbre</strong> que anuncian medidas más duras en la política fronteriza-migratoria del viejo continente.</p>   <p>Para los peruanos, un efecto podría ser la exclusión de España del acuerdo Schengen, la gran puerta de ingreso turístico de América Latina a la UE. Exclusión que Italia, otro país abrumado por el sobreturismo, ya ha solicitado. Si la sangre llega al río, volverán las colas para obtener alguna visa europea.</p>   <p>¿Qué es lo que sucedió entre Rabat y Ceuta? Algunos ven allí una movida del gobierno marroquí; otros denuncian una actuación de las mafias del tráfico migratorio, y también hay quienes lo atribuyen a la presión migratoria de los tiempos. El prontísimo retorno de los miles de nadadores le da al incidente un toque por demás misterioso.</p>   <p>El incidente de Ceuta se produce después de que Pedro Sánchez anunciara una política de regularización histórica para medio millón de inmigrantes ilegales. Lo cual ha irritado a más de un gobierno de la derecha europea, comenzando por el de Giorgia Meloni, también aquejado por inmigrantes ilegales africanos.</p>   <p>Un gobierno de la socialdemocracia, ubicado en la primera línea de la presión migratoria africana y con una relación privilegiada con América Latina, es un polvorín diplomático. ¿Es esta la ocasión en que lo veremos estallar? A Donald Trump le gustaría verlo. Pero la atmósfera bélica de la región seguramente calmará las aguas del Mediterráneo.</p>   <p>Una España fuera del acuerdo Schengen, y un Schengen relativizado en todas partes, reorientaría el lucrativo turismo que ahora va a Europa. Como si no lo estuvieran haciendo ya estos temibles incendios en temporada alta y el precio de los combustibles. Quizás pronto comenzará la hora del turismo sudamericano.</p>   <p>Mientras tanto, el tráfico de personas de los países pobres hacia la prosperidad europea se mantiene. Las fotos de familias paupérrimas sobre el agua, o incluso dentro de ella, son cada vez más frecuentes y menos sorprendentes. La derecha europea en el poder se prepara para un ciclo de expulsiones, apenas se llegue a un acuerdo en Bruselas.</p>   <p><br></p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Réquiem para un edificio sin cimientos, por César Azabache Caracciolo ]]>
                            </title>
                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/04/requiem-para-un-edificio-sin-cimientos-por-cesar-azabache-caracciolo-hnews-222016</link>
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                            <description>  
                            <![CDATA[ "La fiscalía terminó perdiendo. El proceso salió mal. Acaba en pleno ciclo de demolición. Y deja cabos sueltos que no van a atarse en mucho tiempo. Pero no se sale de todo lo que esto representa con una frase escrita para las galerías propias o contra las ajenas" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Foto: Odebrecht]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>César Azabache</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:56:40 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Réquiem para un edificio sin cimientos, por César Azabache Caracciolo ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El derrumbe de los casos Odebrecht sobre lavado de activos en política ha quedado representado por tres sentencias: una de la Corte Suprema en el caso De la Puente, y dos del Tribunal Constitucional, la del caso Fujimori y la del caso Humala, que acaba de publicarse.</p>   <p> No faltan debates sobre el contenido de estos fallos. Haberse pronunciado sin esperar que lo haga el Poder Judicial es la crítica más seria contra el Tribunal Constitucional. Que baste poner los fondos a nombre propio en un banco para salir del ámbito de lo sancionable funda la crítica más dura contra la Corte Suprema. Ambas merecen ser tomadas en serio. Pero además las construcciones legales que usa cada una de estas sentencias no son, en el detalle, necesariamente compatibles entre sí y no todas parecen corresponder a los hechos ni a las normas aplicables a los tres casos en debate. Hay cosas forzadas en algunos de estos textos.</p>   <p> Pero sin perjuicio de esto, encuentro fundamental notar que estas historias comparten un fondo común. Antes que se emitieran estos fallos, los casos de esta serie ya habían quedado descolocados.</p>   <p> La fiscalía ofreció estos casos como una serie sobre lavado de activos en política. De hecho puede lavarse dinero en política como en cualquier otra actividad. Pero si de esto se trataba, la fiscalía tendría que haber comenzado por desarrollar un caso en forma sobre lavado de activos contra Odebrecht y no lo hizo. El convenio por colaboración eficaz aprobado en junio de 2019 no incluye cargos por lavado. Y jamás fue ampliado para incluir esos cargos.</p>   <p> En contra puede sostenerse que los cargos por cada acto de lavado son autónomos de los hechos que originan los fondos que se lavan. Esto es cierto en parte, pero no alcanza para justificar que no existan registros, ninguno en absoluto, que muestren a la fiscalía investigando a Odebrecht por lavar activos. Puede perseguirse a terceros por lavar activos de otro. Pero es difícil probar que se trate de activos verdaderamente lavados si ese otro jamás ha sido emplazado por el hecho.</p>   <p> Un caso fuerte contra Odebrecht o una ampliación del convenio por colaboración aprobado en junio de 2019 habría hecho mucho más difícil cerrar estos casos como se ha hecho. La ausencia de ese caso dejó el espacio abierto para construcciones de todo tipo, como la que pretende que los casos se cayeron porque el financiamiento ilegal de partidos no era lavado cuando ocurrieron los hechos. Una crítica como esa solo es posible porque la lavandería de Odebrecht se ha vuelto invisible. Y sin una lavandería, es obvio, no hay nada que discutir en esta materia.</p>   <p> Sostener casos por lavado renunciando a probar la existencia de la lavandería que los explica es como construir un edificio suponiendo los cimientos, pero sin planos que los describan.</p>   <p> Pero esta historia encierra más errores. Si la primera clave para construir estos casos está en identificar la lavandería de la que vienen los fondos, la segunda consiste en explicar por qué quien los recibe y los filtra en la economía debe ser responsable por el hecho. Cuando se ordenó la primera prisión preventiva de la señora Fujimori, en octubre de 2018, el juez Concepción Carhuancho sostuvo que la razón para justificar los cargos proviene de las circunstancias del hecho: los casos se referían a recepciones clandestinas de cantidades exorbitantes de dinero. La combinación de ambas cosas, dijo, conduce a que quien los entrega y quien los recibe, ambos, saben o no les interesa saber lo que están haciendo. Esta idea se sostuvo por un tiempo. Pero la defensa la horadó. A finales de 2019 quedó demostrado que solo dos personas ajenas a cualquier lavandería, Juan Rassmuss y Dionisio Romero, habían entregado a la organización de la señora Fujimori, en total, más de siete millones de dólares en efectivo. El problema no se refería a la cantidad de dinero entregado ni a la clandestinidad: lo que teníamos delante era una práctica generalizada y masiva de circulación de dinero en efectivo sin control. Pero la fiscalía no reaccionó al desafío. Nunca reacomodó el caso.</p>   <p> En paralelo, el caso Humala también se movió. Jorge Barata terminó confirmando que ni él ofreció ni Humala le pidió los tres millones que reconoció haber destinado a la campaña del 2011. La idea de entregarlos vino del Partido de los Trabajadores del Brasil o del propio Lula da Silva, si agregamos a esta historia el testimonio de José Graña. Ni siquiera sabemos si algo parecido ocurrió en Venezuela. Imposible imputar a alguien saber que Odebrecht manejaba una lavandería en un caso en el que Barata aparecía como mensajero de un tercero. De nuevo quedamos ante prácticas clandestinas generalizadas y normalizadas de circulación de dinero con fines políticos.</p>   <p> En octubre de 2019 el profesor Montoya había anticipado una ruta alterna. Si los números no cuadraban —no cuadran en ninguno de los dos casos— estas historias podían dar forma a un caso alternativo: el de la formación de fortunas clandestinas que se lavan en procesos complementarios posteriores a su recepción. Ahí el problema se trasladaba de la lavandería de Odebrecht a la forma en que esos excedentes no usados en las campañas fueron filtrados en la economía por quienes los recibieron. Pero la fiscalía no acogió la propuesta. Apostó por defender sus casos sin moverlos, a pesar de que todos los desafíos y comentarios sugerían que estos casos debían moverse para subsistir.</p>   <p>La fiscalía terminó perdiendo. El proceso salió mal. Acaba en pleno ciclo de demolición. Y deja cabos sueltos que no van a atarse en mucho tiempo. Pero no se sale de todo lo que esto representa con una frase escrita para las galerías propias o contra las ajenas. Se sale con un equilibrio que tendremos que construir incluso en medio de los enormes sinsabores que esta historia nos deja.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Contra el desprecio, por Jorge Bruce ]]>
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                            <![CDATA[ "&nbsp;Esa frase resume a la perfección el sufrimiento de las personas discriminadas" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Julio Arbizu presentó su libro el 24 de julio en la Feria Internacional del Libro.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Jorge Bruce</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:52:07 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Contra el desprecio, por Jorge Bruce ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El encabezado de esta nota es tomado del libro que ha publicado recientemente Julio Arbizú. El libro se titula &#039;Negro: Contra el desprecio&#039;. La editorial es Reservoir Books, un sello de Penguin Random House. Antes de entrar en el comentario del texto, es preciso hacer una atingencia algo personal. Cuando publiqué, en el 2007, &#039;Nos habíamos choleado tanto: Psicoanálisis y racismo&#039;, no tenía tan claro como tengo ahora lo esencial de los testimonios acerca de lo sufrido en carne propia. Nunca fui un sujeto racializado y, por ende, mis análisis del problema eran forzosamente ajenos a la vivencia en carne propia. Esto no invalida la pertinencia de un aporte psicoanalítico a una problemática central en la Historia y conformación de la sociedad peruana. Pero sí le fija unos límites, aquellos de la experiencia de quien lo sufre, a diferencia de quien lo observa. Ambos lo repudiamos, pero desde distintas orillas.</p>   <p> Desde entonces, diversos autores peruanos han cubierto la problemática del racismo desde sus entrañas. Cito de memoria algunos de los que he leído: Marco Avilés (De donde venimos los cholos), Gabriela Wiener (Huaco Retrato), Lurgio Gavilán (Shogún) y ahora Julio Arbizú. De hecho, tanto Avilés como Wiener hacen elogiosas recomendaciones de lectura del libro de Arbizú en la contratapa del mismo.</p>   <p> Negro, además, si bien comparte la experiencia de la racialización y el desprecio que le es propio, lo hace desde una perspectiva distinta, en términos del Pantone que todos los peruanos llevamos inscrito en nuestro ADN. Mientras unos son discriminados por cholos, Arbizú, como su título lo grita, es agredido por ser negro. Asignaciones cromáticas y étnicas que provienen de la mirada del otro, por lo demás. Si estuviéramos en un país gobernado por personas conscientes de esta herida abierta en la sensibilidad de millones de peruanos, este texto, así como los anteriores, deberían ser lecturas obligatorias en las escuelas. Pero no se escuchó una sola referencia al respecto en el discurso presidencial (tampoco se esperaba). Por el contrario, la negación de estos ataques a la dignidad e integridad de una enorme cantidad de peruanos aumentó exponencialmente durante las elecciones, como siempre ocurre. Bajo el miedo al comunismo, se agazapa el temor al resentimiento de quienes han sido maltratados secularmente.</p>   <p> Por eso el libro de Julio Arbizú es indispensable para que esa conversación, esos interrogantes, no sean ignorados. Julio lo dice con elegante y meridiana claridad en su introducción: “Porque la violencia no solo mata en las calles. También organiza los recuerdos, moldea las aspiraciones y decide quién puede imaginar un futuro sin pedir disculpas.” Como verán, no es tan solo un testimonio genuino y descarnado. Es un libro estupendamente escrito.</p>   <p> Pese a los episodios dolorosos que narra una y otra vez, pese a la rabia con la que se defiende de las ofensas y agravios, al final te deja una contundente sensación de esperanza de cambio. Cierto: la serie de humillaciones que describe son apabullantes: en el colegio, en clubes privados, en un debate político en televisión, en su propia familia (“¿Mi nieto? ¿Un negro?”), una y otra vez recibió las injurias narcisistas propias de la racialización.</p>   <p> El episodio del debate en televisión es particularmente abyecto y revelador. El encuentro había sido pactado para que Julio polemice con la exparlamentaria Rosa Bartra, pero ella canceló su participación. En su remplazo, la periodista que organizó el debate propuso a otro candidato de la misma lista, quien había sido narrador de noticias en un canal de cable, a quien Julio opta por no nombrar, así que yo tampoco lo haré. En el momento de las réplicas, “el ex presentador -con una sonrisa forzada- sacó algo que tenía escondido detrás del podio. En vez de ofrecerme la mano, intentó entregarme un paquete de jabones.” Esa alusión a la supuesta falta de higiene del contendor debido a su apariencia, es de una elocuencia letal. Como los lectores acaso recuerden, Julio Arbizú se acercó al siniestro personaje y, en voz baja, le lanzó una amenaza indignada que sumió al agresor en un estado de pavor. Más adelante Arbizú comenta: “Pocos entendieron lo que había ocurrido: que no era una anécdota, sino un espejo.”</p>   <p> Una semana después, en un mercado popular del Cono Este, una señora se le acercó llorando y le dijo: “Gracias, papi. Defiéndenos.” Porque el libro demuestra, en lugares tan diversos como Migraciones en Buenos Aires o una pelea a la salida del colegio, que el autor cuenta con las armas físicas, psíquicas e intelectuales para defenderse y, como lo comprendió la señora del mercado, para defender a los que sufren los mismos ataques feroces de los racistas que pretenden consolidar sus privilegios mediante la humillación.</p>   <p> Lo cual no significa que esos golpes no dejen huella. Por el contrario, son marcas indelebles. El trabajo personal que ha tenido que hacer Julio Arbizú es inagotable y nunca termina. Acaso nada lo refleja mejor que el relato de una pelea “a la salida” en el colegio, contra Gianfranco, un compañero que le había hecho <em>bullying.</em> La pelea estaba pactada en un lugar irónicamente llamado el “Ágora”. Salto hasta el final, cuando un compañero detiene a Julio y le dice: “Ya le sacaste la mierda, ¿por qué estás llorando?”</p>   <p> Esa frase resume a la perfección el sufrimiento de las personas discriminadas. Incluso los pocos que, como el autor, disponen de los recursos para no dejarse pisar el poncho, lo hacen a costa de un trabajo agotador y penoso, interminable pero imprescindible.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El gabinete de los escuderos, por Alvaro Gálvez Pasco ]]>
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                            <![CDATA[ "Ya en el gobierno, esa misma fortaleza puede convertirse en su principal debilidad: puede también ponerle un techo a su capacidad de ampliar su legitimidad hacia otros sectores del electorado" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[El nuevo gabinete de Fujimori también lo conforma gente allegada al partido Fuerza Popular, como Luis Dyer. Foto: Presidencia.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Columnista invitado</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:48:40 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El gabinete de los escuderos, por Alvaro Gálvez Pasco ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p><em><strong>*Investigador Principal del Instituto de Estudios Peruanos</strong></em></p>   <p>Para un sector, la llegada de Keiko Fujimori a Palacio de Gobierno significaba la posibilidad de una gran ruptura con el último quinquenio y, con ella, el regreso de los técnicos al Estado. Esa expectativa se alimentó, sobre todo, en el tramo final de la campaña, con las constantes referencias al legado del gobierno de su padre, Alberto Fujimori, y con la presencia de Luis Carranza: exministro de Economía, protagonista del debate técnico y señalado como el gran favorito para el MEF o incluso para la PCM. Para sorpresa de muchos, lo que llegó fue un gabinete casi exclusivamente político. Sin Carranza, y en cambio, con varios ministros sin experiencia en los sectores que ahora conducen. Analicemos, entonces, no solo qué tipo de gabinete ha formado Keiko Fujimori, sino también qué administración pública recibe para gobernar.</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p><strong>PUEDES VER: </strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/08/01/el-gabinete-es-solo-la-vitrina-25153">El gabinete es solo la vitrina</a></p></blockquote>   <p>Es sabido que, durante el quinquenio anterior, la designación de puestos públicos no respondió a las capacidades o idoneidad de quienes los ocuparon, sino al patronazgo de los partidos que dominaron el Congreso, que se distribuyeron espacios en el Estado en proporción a los votos que podían aportar para contener la amenaza latente de una vacancia. Ese fue el terreno donde germinaron varias de las redes que se desplegaron en la administración pública y hoy reaparecen. Basta revisar las designaciones de los últimos días en la alta dirección del Estado, publicadas en <em>El Peruano</em>, para comprobar que las redes del último quinquenio se están reacomodando, más que desapareciendo, con el nuevo gabinete.</p>   <blockquote class="wp-block-quote"><p><strong>PUEDES VER: </strong><a href="https://larepublica.pe/opinion/2026/07/31/lloren-rojetes-por-maritza-espinoza-hnews-1703605">¡Lloren, rojetes!, por Maritza Espinoza</a></p></blockquote>   <p>Tampoco en el más alto nivel político puede hablarse de una ruptura definitiva. Ernesto Álvarez, quien fue presidente del Consejo de Ministros durante el breve gobierno de José Jerí, asume ahora el Ministerio de Justicia, mientras José Arista, extitular del MEF de Dina Boluarte, es hoy un cuadro de Fuerza Popular en el Congreso. Ambos dan cuenta de la participación fujimorista en la repartija del último quinquenio. Pero no es la única red que permanece. La de la Universidad de San Martín de Porres, históricamente vinculada al aprismo y que fue ganando protagonismo en el sistema de justicia durante esos años, consolida su presencia con el nombramiento de José Antonio Chang, rector de esa universidad y antiguo ministro de Educación de Alan García, quien regresa a la misma cartera. La otra red que creció durante el último lustro, y que todo indica que conservará espacios, es la de César Acuña, cuyo entramado tuvo una presencia importante en el sector Salud y alternó con Fuerza Popular posiciones en el MEF y, particularmente, en ProInversión. Si existe tanta continuidad, ¿qué distingue entonces a este gabinete de los que gobernaron durante los últimos cinco años?</p>   <p>El gabinete Galarreta es, ciertamente, un gabinete político, pero compuesto por un tipo particular de políticos. No son figuras que aporten nexos con otras bancadas parlamentarias, bases sociales, representación territorial o un electorado propio significativo. Entre sus integrantes aparecen, por ejemplo, excandidatos presidenciales como Carlos Espá y Rafael Belaúnde, quienes, pese a alcanzar cierta visibilidad durante la campaña, obtuvieron resultados electorales marginales. Algo similar puede decirse de Alberto Beingolea, expresidente del PPC, un partido histórico cuya presencia electoral se ha vuelto prácticamente irrelevante.</p>   <p>Fujimori ha incorporado, entonces, figuras ajenas a Fuerza Popular, pero esto no supone una ampliación sustantiva de su base política. Se trata más bien de una apertura conservadora hacia cuadros del mismo espectro ideológico. Su principal activo no está en aquello que representan electoralmente, sino en su oficio político: conocen las instituciones, tienen contactos en el sector privado, y manejo para encarar los medios y las distintas arenas en las que tendrán que defender las decisiones del gobierno.</p>   <p>Esa carencia de capital político ayuda también a explicar otro rasgo del gabinete: la incorporación de figuras anteriormente críticas de Keiko Fujimori, como Juan Sheput o Alberto Beingolea, que ante su intrascendencia política propia, han doblado la rodilla para convertirse en algunos de sus defensores más visibles. No llegan con votos suficientes para ensanchar la base política del fujimorismo, pero sí con oficio, exposición mediática y experiencia para dar la batalla pública. De hecho, uno de los contrastes más notorios de estos primeros días frente a los gabinetes del último quinquenio es la intensa presencia de los ministros en los medios de comunicación, aprovechando una todavía complaciente luna de miel. La apuesta, por tanto, no parece ser ampliar el círculo incorporando fuerzas con representación propia, sino ensancharlo de manera conservadora con políticos experimentados y dispuestos a defenderlo. Es el gabinete de los escuderos.</p>   <p>Si esperaban un Fujimorismo 2.0, el contraste con el gobierno de su padre puede resultar revelador. Alberto Fujimori llegó al poder en 1990 prácticamente sin partido, sin cuadros propios y sin una coalición organizada a la cual recompensar. A fin de cuentas, era un outsider. Esa debilidad política inicial le permitió, paradójicamente, incorporar tecnócratas relativamente independientes y construir un gobierno rupturista frente al establishment de entonces. Keiko llega en condiciones opuestas: después de 15 años construyendo un partido, acumulando operadores y formando un núcleo de confianza. Su primer gabinete no anuncia una ruptura con el establishment que recibe, sino una apuesta por administrarlo. Incluso cuando abre el círculo, lo hace hacia figuras políticamente cercanas y con escaso poder propio, que difícilmente amenazan los equilibrios internos del fujimorismo.</p>   <p>La persistencia de Keiko Fujimori le ha permitido construir lo que probablemente sea su principal fortaleza: un grupo político cohesionado y disciplinado que, en el último proceso electoral, demostró ser lo suficientemente amplio para llevarla finalmente a la Presidencia. Sin embargo, ya en el gobierno, esa misma fortaleza puede convertirse en su principal debilidad: puede también ponerle un techo a su capacidad de ampliar su legitimidad hacia otros sectores del electorado.</p>   <p><strong> </strong></p>   <p><strong> </strong></p>   <p><strong> </strong></p>   <p> </p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Vargas Llosa, una vida, por Mirko Lauer ]]>
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                            <link>https://larepublica.pe/opinion/2026/08/04/vargas-llosa-una-vida-por-mirko-lauer-hnews-289308</link>
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                            <![CDATA[ "En algún momento inicial de esos 15 años, Martin me entrevistó largamente sobre su tema. Era de una gran acuciosidad y, frente a su polémico personaje, era de una notoria imparcialidad" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Foto: Difusión.]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:44:46 GMT</pubDate>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>A US$31, la versión electrónica en inglés de Kindle (Amazon) ya se acerca, para noviembre próximo. La edición impresa en inglés de la biografía de Mario Vargas Llosa escrita por Gerald Martin, el celebrado biógrafo de Gabriel García Márquez, está en librerías desde hace menos de una. La traducción al castellano se anuncia para este semestre.</p>   <p>El título es &#039;Mario Vargas Llosa, A Life&#039; (Bloomsbury). Con sus 848 páginas, se presenta como la obra definitiva sobre el tema. Martin invirtió 15 años en su producción, en parte por su prolijidad, en parte por el compás de espera que impusieron la edad y las últimas enfermedades. Quizás, cuando empezó la redacción, el género estaba más de moda.</p>   <p>Algunos consideran que la primera biografía fue &#039;Mario Vargas Llosa, la invención de una realidad&#039; (Barcelona, Barral Editores, 1970), pero para muchos esa es más bien una temprana aproximación crítica. Acaso el derrotero biográfico más nutrido estuvo por decenios en la propia obra, y así fueron leídos muchos de sus tomos.</p>   <p>El tiempo va a decir si una figura tan publicitada a escala mundial necesitaba realmente una biografía, y además una tan voluminosa y prolija. Sin embargo, fue una vida que se comunicaba a través de anécdotas con diversa importancia y mensajes de variada profundidad. Acaso el autor siempre gana con una buena biografía.</p>   <p>Los primeros reseñadores están tomando el libro en serio. Pratinav Avil, en <em>The Guardian</em>, hace unos días la describe como una biografía habladora, pero a la vez fríamente analítica (...) El recorrido de un novelista que empezó diseccionando a la oligarquía con precisión quirúrgica y terminó cenando feliz entre ella.</p>   <p>Avil detecta más que historias de cambios de camiseta política, famosos puñetes literarios o romances condenados a convertirse en libros. Sobre esto último, una estupenda frase: Martin restaura a las mujeres que Vargas Llosa redujo a la condición de materia prima literaria. Lo menos que se espera de una biografía crítica.</p>   <p>En algún momento inicial de esos quince años, Martin me entrevistó largamente sobre su tema. Era de una gran acuciosidad y, frente a su polémico personaje, mostraba una notoria imparcialidad. Para lo que valga, Oviedo fue un amigo cercano en la clique limeña; allí donde Martin es un biógrafo.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ El regreso de Ollanta Humala, por Mirko Lauer ]]>
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                            <![CDATA[ "Cuando hablamos de instrumentos de persecución nos referimos a quienes llegaron a altos cargos judiciales por influencia de políticos con una agenda propia: sacar de enmedio a los rivales, efectivos o potenciales, para alcanzar sus objetivos" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Ollanta Humala sale de Barbadillo tras resolución del TC]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:40:21 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ El regreso de Ollanta Humala, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Con gran elegancia, Ollanta Humala, una vez excarcelado, ha exigido disculpas de las autoridades judiciales para él y para su partido político. No ha dicho si hará más reclamos a la justicia, más allá de pedir un trato similar para su esposa, Nadine Heredia, asilada en Brasil. De los expresidentes liberados, es quien tiene más posibilidades políticas.</p>   <p>¿Qué pasó con Humala? Solo cabe pensar en la pura maldad del personal de la justicia peruana, una idea que se repite con cada vez más frecuencia. Keiko Fujimori terminó declarada inocente, luego de su paso por la cárcel. Pedro Pablo Kuczynski ha sido feamente maltratado en su avanzada vejez. Al final, fiscales y jueces se rectifican sin decir palabra.</p>   <p>¿Ese es el sistema de justicia que va a participar en la anunciada lucha contra la criminalidad? Es el mismo que obtuvo puntos a lo largo del caso Odebrecht, y el resultado ha sido nada en dos platos. No sorprende que el golpista Pedro Castillo se dedique a pedir su libertad en todo momento. Debe haber más de un refrán judicial sobre ese tema.</p>   <p>Honra a Humala haber sido víctima de persecución política, y avergüenza a jueces y fiscales haber sido los instrumentos para que eso ocurriera, y no solo en su caso. Lo de PPK es vergonzoso, y lo de Martín Vizcarra es más que dudoso. Vemos que el sistema judicial es una amenaza permanente, ante la que solo parecen dormir tranquilos los bribones.</p>   <p>Cuando hablamos de instrumentos de persecución nos referimos a quienes llegaron a altos cargos judiciales por influencia de políticos con una agenda propia: sacar de enmedio a los rivales, efectivos o potenciales, para alcanzar sus objetivos. Como acabamos de ver. Eso no se resolverá sin varias reformas profundas.</p>   <p>¿Qué va a hacer Humala ahora? Lo imaginamos retomando su carrera política, con una agenda de reforma en las zonas más manchadas de la institucionalidad peruana. Sería un esfuerzo anticriminal más eficaz que simplemente sacar tropa a las calles. Fujimori ha sufrido algo parecido y debería entender la cosa.</p>   <p>Leemos que Vladimir Cerrón ha sido visto de pachanga marxista-leninista en su región. ¿Qué policías son esos que no lo atraparon en tres años de supuesta persecución ni denunciaron órdenes de las alturas? Otro asunto vergonzoso, de capitán a paje. ¿Cuándo empiezan los cambios?</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Comienzo atropellado, por Mirko Lauer ]]>
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                            <![CDATA[ "Impedir la llegada al poder de políticos mal intencionados, poco inteligentes o mal formados no es garantía de buen gobierno, como empezamos a sospechar" ]]>
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                            <image:title><![CDATA[Gabinete de Keiko Fujimori: dónde estudiaron sus ministros]]></image:title>
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                            <category domain="https://larepublica.pe/opinion">Opinión</category>
                            <dc:creator>Mirko Lauer</dc:creator>
                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:34:27 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Comienzo atropellado, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>El aspecto que se puede celebrar en el triunfo de Keiko Fujimori es que haya impedido una repetición del sombrío cuarteto Pedro Castillo-Dina Boluarte-José Jerí-José María Balcázar. Pero estamos descubriendo que las diferencias con los interinos no son tan grandes y, en algunas zonas, la medianía y la corruptela lo cubren casi todo, sin pudor alguno.</p>   <p>¿Qué pasó? Da la impresión de que el poderoso partido de Fujimori no tiene acceso a los niveles de excelencia que se esperaba para seleccionar gente. Así, el desencanto con los ministros designados y con las carteras en las que han sido puestos es bastante grande. Como primer acto de gobierno deja mucho que desear y hace temer lo que podría ser el segundo acto.</p>   <p>Las propuestas de solución a diversos problemas que aparecen en el discurso inaugural de Fujimori son de un convencionalismo que conmueve. Militares combatiendo la criminalidad es algo que venimos oyendo desde que comenzó el problema. Unos pocos soles en los bolsillos de los peor pagados es una fórmula populista universal. Media docena de líneas de Metro es algo que ya hemos oído.</p>   <p>Lo que ha pasado es que, por haber candidateado tantas veces, Keiko Fujimori no ha logrado convertirse en una figura política formidable o, por lo menos, destacada. Sigue de la mano de los mismos perdedores que la acompañaron en todas las campañas y a algunos de sus mejores cuadros los ha perdido por el camino. Un grupo de campaña electoral no es un equipo de gobierno.</p>   <p>A un par de semanas de la victoria electoral, el gobierno ya debería tener, y estar en capacidad de comunicar a la ciudadanía, una idea clara de lo que significa el Niño para la población y qué se puede hacer al respecto, más allá de despachar a un ministro de gira. Hoy sabemos más sobre los incendios europeos de estos días.</p>   <p>En resumen: impedir la llegada al poder de políticos mal intencionados, poco inteligentes o mal formados no es garantía de buen gobierno, como empezamos a sospechar. Por lo pronto, como jefa suprema de recursos humanos, Fujimori está demostrando una falta de recursos. Lo malo es que eso se remedia a punta de errores cometidos por el personal.</p> ]]></content:encoded>
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                                <![CDATA[ Discusión en la puerta del cine, por Mirko Lauer ]]>
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                            <![CDATA[ "Sin duda voy a ir a ver la película de Nolan apenas las multitudes de la taquilla disminuyan. Mientras tanto, la polémica cinematográfica, académica y literaria es espectáculo suficiente." ]]>
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                            <image:title><![CDATA['La Odisea' es una de las películas más esperadas del 2026. Foto: ABC.]]></image:title>
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                            <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:31:16 GMT</pubDate>
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                            <![CDATA[ Discusión en la puerta del cine, por Mirko Lauer ]]>
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                            <content:encoded><![CDATA[ <p>Todavía no he ido a ver Odiseo en la versión de Christopher Nolan. En parte por falta de tiempo, en parte por desinterés y en parte porque creo conocer suficientes versiones de esa obra de Homero. Sin embargo, la polémica en torno a la película es digna de atención y está lanzando a Odiseo (Hollywood, 2026) al tope de la taquilla.</p>   <p>Al centro de la discusión hay una célebre traductora del griego antiguo y una famosa narradora. Emily Wilson, la traductora, dice que el guion de Nolan es pobre; Joyce Carol Oates, la narradora, detecta injusticia en la crítica de Wilson. En torno a ellas se están multiplicando las opiniones, como el sargazo en la costa griega.</p>   <p>Las lecturas juveniles suelen recoger la obra como la historia de la vuelta a casa de un navegante que ha perdido el rumbo, el reino y la familia, y los recobra. El argumento identifica al guerrero griego regresado de la guerra de Troya con todos los viajeros. La polémica en curso sugiere que esa visión es una porción ínfima de la historia.</p>   <p>No es casual que la más valorada novela moderna, &#039;Ulysses&#039; (1922), de James Joyce, tome su argumento, su estructura, sus tópicos y las parodias contemporáneas de sus personajes del largo poema épico de Homero. Algo parecido hace Ezra Pound en sus &#039;Cantos&#039;: «Y bajamos a la nave, / enfilamos quilla a los cachones, / nos deslizamos en el mar divino».</p>   <p>La obra de Homero viene siendo filmada en varias docenas de versiones, muchas de ellas en Hollywood, y cada una ha representado su época. La de Nolan no es una excepción, con sus grandes estrellas de esta hora y su capacidad de montar un espectáculo. ¿Entonces por qué la polémica?</p>   <p>¿Hay algo más polémico hoy que una guerra en el este del Mediterráneo? El tema es tan serio que ha convocado el reclamo de una académica como Wilson. Daniel Mendelsohn, otro celebrado traductor de la obra, afirma que Nolan ha despojado a Odiseo de importantes rasgos para rehacerlo a su imagen y semejanza, «como el hermano menor de <em>Oppenheimer</em>» (el inventor de la bomba atómica).</p>   <p>Sin duda voy a ir a ver la película de Nolan apenas las multitudes de la taquilla disminuyan. Mientras tanto, la polémica cinematográfica, académica y literaria es espectáculo suficiente.</p> ]]></content:encoded>
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