La ventaja de ser un hampón, por Mirko Lauer
"Quien mata a un delincuente en defensa propia, es decir en el curso de un asalto, nunca se libra de algún tipo de problema con la ley".

Es obvio que el criminal tiene la ventaja. Decide dónde y cuándo va a cometer su delito, y eso le concede el beneficio de la sorpresa. Si así lo decide, puede actuar armado, mientras que las potenciales víctimas rara vez lo están. Por eso el criminal excepcionalmente arriesga el pellejo, lo cual le permite ser un entrenado reincidente.
Quien mata a un delincuente en defensa propia, es decir en el curso de un asalto, nunca se libra de algún tipo de problema con la ley. Esto vale para civiles y para policías. Sin duda matar a una persona no debe ser tomado a la ligera, pero tampoco arriesgar la propia o la de otros presentes frente a un criminal en acción.
Pero el problema del asaltado con la ley solo se da en algunos contextos. Fuera de las ciudades hay linchamientos y de las consecuencias de estos actos para los autores no se vuelve a oír, al menos en los medios. Quizás porque se trata de matanzas colectivas y rurales, donde los engranajes de la justicia formal tienden a atascarse.
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Estos comentarios vienen a raíz del intenso armamentismo de la delincuencia. Criminales jóvenes utilizan armas de fuego, incluso para actos que no las requieren. Como que la violencia extrema se ha vuelto una suerte de reflejo psicótico adicional. Claro que sin ella muchos delitos no se podrían concretar, como en el caso de la extorsión.
Algunos piensan que una forma de reducir la ventaja de los criminales violentos y nivelar el terreno es que las potenciales víctimas también se armen. La propuesta es tentadora, pero dudosa si no viene acompañada de un entrenamiento en el uso de los artefactos letales. El delincuente violento no suele tener algo que perder.
El caso de Ney Chávez Santillán, ya liberado pero bajo investigación de la Fiscalía, se ha vuelto emblemático. En este caso el ladrón no estaba armado, pero sí decidido a aplicar violencia a un niño y a una mujer. Es un tema para los abogados, más que para los periodistas. Pero sobre todo es para nuestra reflexión como ciudadanos.
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La actuación de la Policía en defensa de las personas es dedicada, y hasta sacrificada, pero no es ni de lejos suficiente. Nada parece desanimar a los delincuentes de todo tipo, y de entre ellos las leyes dejan impávidos a los más violentos.







