Una fiera llamada Andrea Martínez
La cantante fue la telonera de Coldplay y, tras varios años en la escena musical, consiguió que más de 40 mil almas la vieran en el Estadio Nacional. “Mi mejor canción todavía no está hecha”, dice la joven de Carabayllo, cuya carrera está en construcción. Prepara un segundo álbum en el que le hará guiños a la cumbia.

Estaba emocionada. Acabado el segundo concierto de Coldplay en el Estadio Nacional, el vocalista de la banda británica, Chris Martin, dio unas palabras de agradecimiento y a la primera que le dijo thank you fue a la cantante peruana Andrea Martínez (31). Ella, abajo, en el campo -tras haber abierto el multitudinario encuentro horas antes- no pudo contener las lágrimas. Abrigo de peluche negro, moños al estilo punk, le respondió al músico con un ademán de gracias, mientras sus amigas coreaban su nombre y él le decía que estuvo asombrosa.
Andrea no le pudo dar un abrazo a Martin como hubiera querido. De hecho, nunca se cruzó con Coldplay en el backstage, pues el vocalista estuvo mal de salud y, en las dos fechas, la banda llegó para tocar y se fue rápidamente. “Pero nos trataron A1. No tuvimos muchas restricciones, como suele pasar con los teloneros. Nos dieron todo para sonar como gigantes. Y nos dejaron un champagne para celebrar”, dice Andrea, dueña ya de una carta con la firma de los famosos músicos que aquel 13 y 14 de setiembre pararon el tráfico en Lima.
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La presentación de Andrea frente a más de 40 mil almas, y por partida doble, sin duda ha sido un gran espaldarazo para su carrera musical, que no es nueva. La cantautora de pop lleva siete años trabajando para hacerse más visible. Su primer EP Andrea Martínez (a secas) lo lanzó en 2015. Hasta hoy ha grabado más de dos docenas de canciones (que se pueden escuchar en Spotify), varias con videoclips. Si te quedas (disponible en YouTube) fue hecha en España. En 2020, en plena pandemia, entregó su primer álbum, Drama, y al año siguiente, Drama Deluxe, con remixes de otros artistas peruanos. La cantante confiesa que cuando se enteró por Artes Perú (productora que trajo a la banda) de que era la elegida para abrir los conciertos, obviamente saltó de alegría, mensajeó la noticia a sus amigos más cercanos (pidiéndoles que guarden el secreto hasta que lo hicieran oficial), pero, a la vez, sintió que se lo merecía: “Tenía esta aspiración desde hace mucho, me decía, ¿cuándo me tocará a mí?, ¿cuándo tendré la oportunidad de una plataforma más grande? y, por fin, lo que estaba buscando se hacía realidad. Creo que mi trabajo lo merece”.

La cantautora como telonera de la banda británica Coldplay el 13 y 14 de setiembre en el Estadio Nacional. Foto: Francisco Medina
La joven cantante –que estudió música en la Universidad Católica– sostiene que fue un gran honor ser telonera, sin embargo, agrega: “No quiero que se tome a mal, pero hay muchas otras cosas que me hacen ilusión como touriar, [es decir] hacer una gira mundial y dar a conocer más mi material, eso sería increíble”. Andrea no es pedante, tiene mucha actitud.
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Ver el juego desde lejos
“Soy un animal del escenario”, le dijo al youtuber @danielefecto cuando le preguntó si sentía nervios de enfrentar a tal cantidad de público. Y sí que tiene actitudes para mover a las masas. Basta con ver su performance en los conciertos: la melena al viento, guitarra eléctrica en mano (porque no solo es cantante), paso seguro en escena, salto triunfal. Calentó la noche y el público le siguió el ritmo.
Andrea llama a su música pop ácido, porque es intensa y visceral: “Yo la relaciono con esta analogía: cuando te tomas un juguito dulce pasa rápido, pero cuando te tomas uno ácido, cuesta que pase, pero te termina gustando”.
A los nervios y a la vergüenza -esos verdugos que paralizan al mejor talento- los empezó a domar desde niña y en la iglesia. Su madre, de religión evangélica, la llevaba a los cultos donde la niña empezó a distinguirse por su canto y se interesó por el góspel. En la adolescencia, ya con el bicho de la música muy adentro, cruzaba la ciudad hasta San Isidro, donde llevaba cursos de armonía, contrapunto, lenguaje musical.
Su familia vivía en Carabayllo, al norte de Lima, lejos de donde “suceden las cosas”, y pasaba horas en el transporte público: “En los buses estudiaba mis partituras, escuchaba mucha música, devoraba discos”, dice Andrea. Y cuando ingresó a la Católica a estudiar música de forma profesional se chocó con otra realidad: “Conocí a gente que vivía en este lado de la ciudad [ella vive hoy en Barranco], y ya tocaban, tenían una banda, salían en revistas, y yo no conocía absolutamente nada de eso”. Veía a la movida musical desde lejos como si no participara del juego.

Andrea Martínez es una artista de pop emergente que empezó su carrera musical junto a su hermano Arturo en Carabayllo. Crédito:José Amador.
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Hoy, la cantante se ha mudado “a ese otro lado de la ciudad”: “Soy un estereotipo ahora, soy la artista que vive en Barranco”, dice, pero tiene sus razones: “Cuando estás chibola tienes toda la energía y te haces todos los latones que tienes que hacer; a veces, sin comer o durmiendo parada en el bus, [pero] creo que, si me hubiera quedado allá, no habría conseguido lo que tengo hoy, me gustaría decir que sí, pero sin locales con equipos apropiados o salas de ensayo es difícil. Me encantaría que hubiera más medios para descentralizar la música en Lima”.
Martínez es una artista que construye ladrillo a ladrillo su carrera: su primera aparición en una radio local, versionando un tema de la banda peruana Autobús, le abrió las puertas para el Acustirock del 2015, y luego vinieron más festivales, entrevistas, conciertos. Escribe sus canciones y las produce con Arturo, su hermano, el ingeniero de sonido que cuidó los detalles técnicos de su aparición en el Estadio Nacional.
Andrea trabaja en su siguiente disco, en el que, adelanta, le hará ojitos a la cumbia. No por nada considera a Rossy War su maestra, de hecho, la cantante de tecnocumbia colaboró con ella en un concierto profondos que realizó en La Noche de Barranco, cuando en marzo pasado le robaron sus equipos: “Quería llevar a La Noche... a una artista poco usual”, dice.
Martínez se considera una artista pragmática, que no duda mucho, y asegura que cuando lanza un nuevo tema, no se castiga con el látigo de la perfección: “Está bueno que tu producción esté al ochenta por ciento, si está al cien entonces ya no harás nada más adelante. Mi mejor obra todavía no está hecha. Mi mejor canción todavía no viene”, dice la joven a la que se le inundaron los ojos la noche que pisó el mismo escenario que Coldplay.
















