¡Lluvia de millones!
"Lo cierto es que, por alguna razón, el empresariado peruano siempre se ha sentido fascinado por los ojitos chinitos, primero del padre y luego de la propia candidata del fujimorismo”.

Dicen que por cada cigarrillo que fumas, Dios te quita un minuto de vida y se lo da a Yola Polastry… Y que por cada dólar que ahorras en el BCP, Dionisio Romero te quita un centavo y se lo da a la próxima campaña de Keiko Fujimori, como se los dio el 2011, en el mayor gesto de generosidad y desprendimiento del que se tenga memoria por estos lares, incluso por encima de la Teletón, la colecta anual de la Liga contra el cáncer y hasta de las donaciones para el terremoto de Pisco.
En fin. De Yola, ya sabemos que es inmortal y que, a este paso, nos va a enterrar a todos nosotros y a las generaciones de burbujitos que irán naciendo en los siglos venideros, incluyendo, cómo no, a cierto burbujito congresista que parece que también recibió una alita del dinero que Odebrecht y que hoy mira silbando al techo.
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Pero, ¿qué hacía don Dionisio Romero gastando sus millones (¡y al cash!) en financiar a una candidata, dizque por su pánico atroz a la “amenaza chavista” encarnada entonces por Ollanta Humala? ¿Podía realmente estar tan aterrorizado él, uno de los dueños del Perú, el todopoderoso heredero de una familia que comenzó su fortuna vendiendo sombreritos de Panamá en Catacaos y que, pocas décadas después, terminó siendo dueño del Banco de Crédito, de Pacífico Seguros, de Prima AFP, de Alicorp, de Palmas del Espino, de Agrícola del Chira, de Inversiones Centenario, de Hermes Transportes Blindados, de Cementos Pacasmayo y una interminable lista de empresas cuyos nombres llenarían una guía telefónica?
Cualquiera diría que, si se trataba de no arriesgar sus negocios con algún improbable cambio en el modelo económico (porque el cuento de su preocupación por el futuro del país no se lo cree ni el Cuy mágico del BCP), hubiera sido más barato esperar al desenlace de la contienda para hacer lo que los poderes fácticos siempre han hecho con los caballos chúcaros: envolverlos y domesticarlos, como hicieron con el díscolo Alan García de los 80 (el de la estatificación de la banca) y, ya en el 2016, con el mismísimo Ollanta de la Hoja de Ruta.
Lo cierto es que, por alguna razón, el empresariado peruano siempre se ha sentido fascinado por los ojitos chinitos, primero del padre y luego de la propia candidata del fujimorismo. No olvidemos que Dionisio Romero papá anduvo visitando la salita de sillones de cuero del SIN, respaldó la segunda reelección de Fujimori y hasta le prestó su avión para que su socio, Vladimiro Montesinos, pudiera embarcar los quince millones que ordenó pagarle como indemnización “por los servicios prestados” y hacerse humo.
Y Keiko, obviamente, ha heredado el carisma del papi y esa facilidad para que a los empresarios se les afloje el puño y decidan regalarle dólares como quien le da los buenos días. Solo esta semana, cuando 28 de los más grandes financistas del país fueron a ser interrogados por el equipo especial, nos enteramos que varios le habían donado sumas que pondrían verdes de envidia a cualquier candidato.
Lo más increíble es que, ya después de sus derrotas (la del 2006 y la del 2011), y aun viendo el desastre en el que se convirtió la mototaxi fujimorista que ayudaron a elegir para el Congreso, jamás se sintieron engañados ni se preguntaron a dónde habrían ido a parar los millones que regalaron a la lideresa naranja. De hecho, sacando cuentas, solo la suma de los dineros donados por aportantes hoy identificados cubre más que con creces los gastos declarados por Fuerza Popular ante la ONPE. ¿Y el resto? Bueno, ella pudo tranquilamente haberlos usado para enchapar su baño en oro. Total, regalo es regalo y no había contrato que la obligara a gastarlos solo en la campaña.
Así de generosos fueron y podría jurar que lo seguirán siendo. Apostaría a que, si Keiko Fujimori candidatea el 2021 y pasa a segunda vuelta con cualquiera que cuestione mínimamente el modelo (ese que los ha hecho más millonarios de lo que ya eran en los noventa), los mismos empresarios que le regalaron su dinero el 2011 y el 2016, con el mismísimo Dionisio a la cabeza, volverán a hacerle una chanchita y mandarle una lluvia de millones. El que ande perdiendo todas las elecciones es sólo un pequeño detalle.































