El Perú en el espacio
Nuestro país también mira al espacio. Cuenta con un satélite de imágenes (Peru Sat-1), un telescopio de gran alcance en Moquegua y proyectos con cohetes que apuntan a estudiar el cielo.
El Perú Sat-1 orbita a 700 kilómetros de la Tierra y puede captar imágenes de cualquier lugar del planeta. Una imagen detallada de todo el complejo arqueológico de Machu Picchu visto desde el cielo, por ejemplo, demuestra lo que puede hacer. Es el primer satélite con que cuenta el Perú y sus prestaciones se pueden aprovechar en varios campos.
“Diría que en todos los sectores se puede utilizar sus servicios. Tanto en el ámbito del desarrollo como en el de la seguridad y defensa”, explica Gustavo Henríquez, secretario general de la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (Conida). “En desarrollo está el tema de agricultura, desastres, seguimiento de obras e infraestructura, estudios geológicos, y otras áreas más”, comenta.
Hoy incluso las fiscalías están usando las imágenes para combatir actos ilícitos como la tala y la minería ilegal. Y ministerios como el de Cultura pueden mapear las zonas arqueológicas y tener un registro detallado de nuestro patrimonio. Los usuarios del servicio del satélite han sido principalmente distintos sectores del Estado, pero también instituciones sin fines de lucro como universidades.
El Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales (CNOIS) se encarga de monitorear al Perú Sat-1 desde su base en Punta Lobos, Pucusana. Allí está el stock de miles de imágenes recogidas desde su lanzamiento en setiembre de 2016. El satélite no ha estado exento de cuestionamientos iniciales sobre la calidad de sus imágenes, pero la versión de Conida es que el PerúSAT-1 está en perfectas condiciones. Ha sido diseñado para funcionar alrededor de diez años.
Antes de que este instrumento de alta tecnología fuera lanzado al espacio, tres universidades peruanas ya habían puesto nanosatélites allí. La PUCP, la UNI y Alas Peruanas lo hicieron en los años 2013 y 2014. “Eran pequeños satélites destinados a crear experiencia y conocimiento entre los alumnos y profesores de esos centros de estudios. Ese tipo de nanosatélites tienen poco tiempo de promedio de vida en el espacio”, explica Henriquez. Es decir, ya no están operativos.
Otros ámbitos
La agencia espacial peruana no solo opera nuestro primer satélite en el espacio, sino que tiene también otros proyectos: la instalación de un Observatorio Astronómico Nacional en Moquegua que cuenta con el telescopio más grande y moderno del país -tiene un metro de diámetro y cuatro metros de alto- con el que buscan promover la astronomía en el Perú.
“Es el primero de muchos instrumentos que esperamos que empiecen a instalarse en el sur del país, porque ahí está el mejor cielo para los estudios de astronomía”, dice Henríquez. El observatorio está en la comunidad de Cambrune, en Mariscal Nieto, Moquegua. La contaminación lumínica no existe y la observación del espacio se puede hacer en buenas condiciones. “Se va a poder difundir imágenes de eventos astronómicos. Eso calará en los jóvenes y además habrá científicos que querrán ir a hacer investigaciones”, plantea Henríquez.
Conida también tiene un programa de desarrollo de cohetes -llamado Pedro Paulet- para llevar a la alta atmósfera y el espacio instrumentos que las universidades quieran poner allí. Incluso hoy están desarrollando combustible para que los cohetes tengan más alcance. No estamos en la élite de la carrera espacial, pero el Perú no deja de mirar las estrellas.






























