Cultural

“Cómo matar a un presidente” de Rolando Rojas Rojas

Relectura. Publicación de Rolando Rojas Rojas calza con los momentos electorales que estamos viviendo. Si bien aún no llegamos a los niveles que el libro representa, sí dice mucho de las intrigas políticas de entonces, parecidas a las de hoy.

 

Rolando Rojas Rojas. Foto: Difusión.
Rolando Rojas Rojas. Foto: Difusión.

Una pequeña reliquia a la espera de lectores: 'Cómo matar a un presidente' (IEP) del historiador Rolando Rojas Rojas.

Esta lectura refuerza aún más una certeza: lo más atractivo de la producción editorial peruana viene gracias a lo que conocemos como no ficción y todas las ramas que (antojadizas o no) se desprendan de esta categoría.

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Con un lenguaje sencillo -por muchos tramos didáctico- y haciendo uso de datos bien administrados (tan esenciales para que el lector no se sienta invadido por una innecesaria carga de información), Rojas Rojas brinda un acercamiento a los asesinatos de Bernardo Monteagudo, Manuel Pardo y Luis Sánchez Cerro, que en sus respectivos contextos históricos estuvieron a cargo de los destinos del país.

Rojas Rojas, aparte de ofrecer las razones y circunstancias sobre la muerte de estos tres personajes históricos, forja también una lectura paralela sobre los criterios políticos en los que se fundó la República peruana. Es decir, en estas páginas es posible detectar un factor que, en su aparente falta de protagonismo, adquiere importancia a medida que se escala en la lectura: los circuitos de la violencia política acicateada por un conjunto de intereses personales que se potenciaban en las profundas diferencias sociales y raciales de la sociedad peruana, cicatrices heredadas de la conquista.

"Cómo matar a un presidente". Imagen: Difusión.

"Cómo matar a un presidente". Imagen: Difusión.

El autor no juzga, pero sí especula sobre lo que pudo suceder si los planes de estos expresidentes se cumplían (a saber, la apuesta de Monteagudo (ministro de Relaciones Exteriores) por la creación de una gran nación sudamericana y el acercamiento de Pardo con Chile; ¿de no haber sido asesinado Pardo, acaso se pudo evitar la guerra del Pacífico?). En este punto, resulta necesario subrayar la orfebrería discursiva del autor, la cual no sorprende en personajes históricos conocidos, como Pardo y en mayor medida Sánchez Cerro, sino en aquel no del todo ubicado por los lectores e interesados: el militar y político argentino Bernardo Monteagudo, exministro de José de San Martín y consejero de Simón Bolívar. La impresión que deja el relato del asesinato de Monteagudo, ocurrido en enero de 1825, refleja dos caminos: o se le mataba o se le defendía. Monteagudo, se deduce, sabía demasiado.

Así de brutal era Monteagudo, capaz de generar polarizaciones irreconciliables. Ser consejero de Bolívar acrecentó el odio de los señorones criollos de la época que juraban que ya no lo verían más tras su temporada con San Martín. Cuando Monteagudo creía que estaría en Lima como pez en el agua debido a la protección de Bolívar, fue asesinado por Candelario Espinoza, que le clavó un cuchillo en el corazón mientras caminaba por la calle Boza (que cruza el Jirón de la Unión).

La investigación del crimen fue la comidilla de aquellos años formativos para el país y es especialmente el rumor escanciado de feroz especulación (¿detrás del crimen estuvo José Faustino Sánchez Carrión?) lo que convirtió en una suerte de leyenda a Monteagudo, que en algún momento desapareció del imaginario popular a razón de otros personajes polémicos de la cimbreante historia política peruana, como Manuel Pardo y Luis Sánchez Cerro.

Las circunstancias actuales de la política peruana calzan con los circuitos anímicos que relata Rojas Rojas en este libro que recomiendo con mucho entusiasmo. Ya verán.

 

 

Dato:

 

Disponibilidad. La publicación puede hallarse en librerías y plataformas. Precio: S/39.

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