Mariana Sánchez Aizcorbe, periodista peruana: la realidad de cubrir una guerra
“Los que están en el poder no estarían haciendo lo que hacen, si les tocara a ellos jalar su maleta y esconder a su hijo de 18 años”, dice. La experimentada corresponsal de guerra relata la cruda realidad en las zonas de conflictos armados.

En La Entrevista, Paola Ugaz conversó con Mariana Sánchez Aizcorbe, periodista peruana que, desde hace 25 años, se ha dedicado a recorrer el mundo y cubrir conflictos armados como corresponsal de guerra.
- ¿Qué dificultades tiene una mujer periodista en cubrir lugares de guerra?
Las dificultades para una mujer dependen de dónde esté. Por ejemplo, si estás en Estados Unidos donde hay reconocimiento a los derechos de los periodistas te diría que es más fácil, pero si estás en una zona como Pakistán o Afganistán, es más difícil porque son sociedades acostumbradas a que la mujer no tiene el valor que tiene el hombre, están en sus casas, se ocupan de los niños. Ver a una mujer periodista en lugares así no inspira tanto respeto.
Una vez, en una de estas fronteras, me lanzaron piedras porque era mujer y porque el velo que llevaba se me bajó. Fui el blanco directo de la rabia de algunas personas.
- ¿Hay ventajas?
Creo que en otras circunstancias es más fácil. Sentía que en un campo de refugiados o cuando hablas de temas sensibles como violencia, es más fácil llegar a que la gente te hable, se abra contigo, que te cuenten eso que quieres encontrar. A veces es fácil, otra veces es difícil, pero creo que hoy en día las mujeres enfrentan los mismos peligros y retos que los hombres en las coberturas.
- Tu viajaste por primera vez a Serbia para cubrir el conflicto de Kosovo, una guerra étnica, ¿qué recuerdas de esa experiencia?
Todas las guerras son terribles. Para mí fue especialmente difícil porque fue la primera vez que estuve en un conflicto armado donde había un movimiento militar fuerte, guerrillas, secuestros, muertes.
Yo fui sin saber en realidad qué cosa era ser un corresponsal de guerra y tuve muchos ángeles de carne y hueso que me ayudaron que fueron los periodistas experimentados que me cobijaron con su conocimiento, cariño. Me llevaban en sus carros blindados de empresas grandes como The New York Times o la agencia Reuters. Me explicaban cómo era el avance de las tropas y son cosas que uno tiene que saber.
- Luego fuiste a Etiopía y justo explota otro conflicto donde había una hambruna muy grande.
Fue una experiencia bien difícil porque fui sola y no sabía ni a dónde estaba yendo, fue como ir al fin del mundo. Me subí en un avión hacia el sur, un vuelo de más de cinco horas. Unos periodistas de la televisión de Abu Dabi me preguntaron que a dónde iba yo sola. Les dije: ‘Voy a Gode’ y se dieron cuenta de que estaba en la luna de Paita y, en el mismo avión, me dijeron: ‘Te vas a quedar con nosotros’, fueron unos ángeles.
Cuando llegamos al aeropuerto de Gode, que en realidad era una pista en el desierto, tenías que jalar las maletas con los motores del avión prendidos y subir corriendo a unos tráileres, luego desaparecía todo el mundo. Ya me veía yo con mi maletita a mitad del desierto sin saber qué hacer porque el avión partió y partió todo el mundo.
Llegué al lugar y me dieron un baloncito de agua en el burdel donde nos quedamos porque no había otro lugar para dormir. Esa agua era para toda la semana y ahí aprendí el valor de esta.
- ¿Cómo no pierdes la humanidad? ¿Qué te lleva a hacer una cobertura así?
La palabra indignación es crucial y la tienes tatuada en la frente. Indignación ante el abuso, injusticia, mentira y sufrimiento, como estamos viendo en Ucrania, donde la gente vivía en una ciudad moderna y de repente tienen que empacar lo mínimo ni siquiera en una mochila; sino en bolsas, lo que pueden llevar, bajando al subterráneo porque no saben dónde esconderse.
Ver eso te produce indignación porque sabes que los que están en el poder no estarían haciendo lo que hacen, si les tocara a ellos jalar su maletita y esconder a su hijo de 18 años que ahora tiene que quedarse para defender al país. Hay indignación y es lo que te motiva, te empuja a arriesgar la vida, el pellejo para contar esas historias que se repiten y se van a seguir repitiendo porque así es el ser humano.















