Homenaje. El periodista y escritor Tom Wolfe, considerado como uno de los padres del Nuevo Periodismo, falleció ayer a los 88 años de edad. Como autor de ficción, publicó La hoguera de las vanidades, Todo un hombre, Bloody Miami.,El célebre autor estadounidense Tom Wolfe, considerado el padre del Nuevo Periodismo y autor de novelas que retratan a la sociedad de su país como La hoguera de las vanidades, Todo un hombre o Bloody Miami, entre otras, falleció a los 88 años, informó su agente. Según dijo Lynn Nesbit a medios locales, Tom Wolfe, aquejado de neumonía, falleció este lunes tras ingresar por una infección en un hospital de Nueva York, ciudad donde residía, con su mujer y sus dos hijos, desde 1962, cuando comenzó a trabajar para The New York Herald Tribune. PUEDES LEER: Nuevo libro propone reformas municipales El innovador escritor, oriundo de Richmond (Virginia) trabajó primero para el diario La Unión de Massachusetts y a partir de 1962 se sumó a medios como The Washington Post, Esquire y The New York Herald Tribune. Fue en este último diario cuando, con el apoyo de su director, Clay Felker, que animaba a sus reporteros a ir “más allá del periodismo objetivo”, rompió las convenciones y dio forma a un nuevo estilo híbrido de reporterismo que bebía de la literatura. El Nuevo Periodismo, que se consolidó en EE.UU. en las décadas de los 60 y 70 con la contribución de figuras como Truman Capote o Gay Talese, utilizaba técnicas novelísticas para relatar hechos, con diálogos completos o detalladas descripciones de carácter social. Tom Wolfe, en cuya descripción destacaban siempre sus impolutos trajes blancos, solía decir que para escribir una gran historia es necesario salir, y precisamente por ello se convirtió en un gran cronista de la sociedad estadounidense. En una entrevista, el autor reconoció que comenzó a trabajar en periódicos tan pronto como se graduó y, aunque pensó que sería “novelista algún día”, perdió el interés en ese género porque escribir no ficción “era muy excitante”. Prueba de ello son ensayos como El buen género (1979), donde relata la personalidad humana de un astronauta con motivo del primer viaje a la Luna, o La palabra pintada (1975), en la que ironiza acerca del mundo actual del arte. Con su prosa cargada de exclamaciones y digresiones abordó multitud de temas, desde el movimiento psicodélico hippie, en Ponche de ácido lisérgico (1968) hasta el estilo arquitectónico de la Bauhaus en ¿Quién teme al Bauhaus feroz? (1982), pasando por lo que era El nuevo periodismo (1973). Y tras 1984, cuando se lanzó por fin a la novela, firmó La hoguera de las vanidades, que primero salió en fascículos en la Rolling Stone, se publicó como libro en 1987 y es hoy un best seller que retrata el ascenso y la caída de un especulador de Wall Street en el ambiente neoyorquino de los años ochenta. Otras novelas que deja para la posteridad son Todo un hombre (1998), que describe la vida de los años 90 en el sureste de Estados Unidos, Yo soy Charlotte Simmons (2004) y Bloody Miami, que publicó recientemente, en el 2013. Cuando promocionaba esa última novela en Barcelona, Tom Wolfe explicó a EFE que viajó trece veces a esa ciudad del sur de Estados Unidos para conocer de cerca a sus gentes porque estaba interesado en narrar “qué pasa con los inmigrantes” una vez “se establecen”. El reino del habla, su último ensayo sobre la teoría de la evolución con críticas a Charles Darwin y Noam Chomsky, salió al mercado en 2016 y culmina una prolífica lista de artículos y una obra de 17 títulos, entre ensayos y novelas. No obstante, el periodista dijo ese mismo año en una entrevista a CBS que tenía “solo cinco libros más planeados”, uno de ellos sobre la corrección política, que le parecía “el tema más divertido en mucho mucho tiempo”. “No es solo un icono estadounidense, tenía una enorme reputación internacional”, dijo a The Wall Street Journal su agente, que lo recuerda como una de las personas “más modestas y nobles” que conoció, con quien nunca intercambió “una mala palabra”. El País En alguna ocasión ha lamentado que no se entendiera bien qué era el Nuevo Periodismo. Mucha gente cree que el nuevo periodismo era dar tus propias opiniones, mezclar con la historia que estabas contando, convertir esa historia en algo personal, escribir impresiones. Para mí jamás fue eso. De hecho, nunca utilicé la primera persona del singular, a menos que tuviera un papel en la historia. ¿Por qué voy a tener que utilizar el yo si lo único que soy es un observador? ¿A quién le interesan las impresiones de un periodista? Qué problemas tiene el periodismo en Estados Unidos? Ha habido crisis graves, desde la CBS hasta The New York Times. El problema que tiene es muy sencillo: la gente se informa sobre todo a través de la televisión, porque es rápido, es fácil, no hay que leer nada, y las imágenes son excelentes. ¿De dónde saca la televisión la información? Las televisiones no tienen reporteros, tienen unos bustos parlantes. La televisión saca su información de los periódicos. Y cuando la televisión trata de conseguir una exclusiva, como la de la CBS y Dan Rather sobre Bush, siempre lo hace mal, porque no están acostumbrados al reportaje (…). ¿Qué medios le interesan? Creo que hay unas cuantas publicaciones semanales buenas, y habría que crear más, porque atienden mejor la información que los grandes diarios no cubren. Y los blogs son, probablemente, algo bueno: toda esa gente que hace circular información. Seguramente es lo mejor que le ha ocurrido al periodismo. La mayoría de los blogs es una basura; pero si se busca, siempre se puede encontrar algo interesante. Los blogs pueden reproducir rumores que la prensa no publica, pueden hacer muchas cosas. Son fuentes posibles que no teníamos antes. ¿La novela tiene tantos problemas como el periodismo? La novela está mucho peor que el periodismo, que por lo menos consigue interesar a la gente en algunas cosas. A los jóvenes no les atrae la novela actual, porque no les enseña cómo es el mundo. Los novelistas deberían salir y recorrer el país. Podrían hacer como los directores de cine: (...) salir y hacer cine sobre cosas que descubren. La novela va a ser pronto como la poesía; algo hermoso, pero marginal en la vida de los lectores. Si no se hace algo, la novela pronto será también marginal.