“Los dos papas”: Una historia de culpa y perdón
El director brasileño Fernando Meirelles conversó con La República sobre su último filme protagonizado por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.
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Jannina Eyzaguirre V.
El director brasileño Fernando Meirelles acaba de estrenar en Netflix su última película, Los dos papas, un relato íntimo de lo que fue la transición de poder entre Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) y el cardenal Jorge Mario Bergoglio (papa Francisco), durante uno de los momentos más complicados de la Iglesia católica. En entrevista con La República, Meirelles reveló detalles del rodaje y de cómo fue trabajar con dos estrellas como Anthony Hopkins y Jonathan Pryce. En la historia, el cardenal Bergoglio (Pryce), en desacuerdo con algunas decisiones de la Iglesia, le pide permiso al papa Benedicto XVI (Hopkings) para retirarse. Pero lejos de aceptar su salida, el sumo pontífice le revela un secreto y decide convocarlo para que sea su sucesor.
¿Cuánto es usted creyente y qué tanto este hecho influenció en su decisión de aceptar dirigir esta película?
Soy católico pero no practicante; sin embargo lejos de este hecho, decidí aceptar esta película porque siempre me parecieron interesantes las ideas del papa Francisco. Es más, yo estaba comprometido en otro proyecto cuando me enviaron el guion y encontré que sería una buena manera de adentrarme más en este personaje. En ese momento la idea hasta para mí era clara: Bergoglio era el bueno y Ratzinger el malo. Sin embargo, en el camino nos dimos cuenta de que se trata de convicciones y visiones distintas. Benedicto es más tradicional, su convicción es con la Iglesia y Dios, mas no con las personas o la sociedad, comprendí su posición. Por otro lado, Francisco responde a la necesidad que la Iglesia tiene de escuchar y dialogar con los creyentes.Esta aventura es lo que me hace aceptar finalmente este proyecto.
Dirigir una historia relacionada con la Iglesia es complicado, más aún tratándose de la Iglesia católica. ¿Qué ha sido para usted lo más difícil de asumir en el proceso de su trabajo en Los dos papas?
Encontrar la objetividad y la comprensión de ambas visiones, además de la manera adecuada de comunicar el sentimiento de la producción. En ningún momento se quiere ser irrespetuoso o controversial, por ello el trabajo fue muy minucioso y cuidado.
La crítica destaca las actuaciones de Jonathan Pryce en el papel del papa Francisco y de Anthony Hopkins como Benedicto XVI. ¿Qué tan complicado o sencillo le ha resultado trabajar con dos estrellas de la talla de estos actores?
Disfruté muchísimo trabajar con ambos actores. Es más, algo que siempre digo es que para mí no había otra opción para Francisco que Jonathan Pryce. Fue una decisión bastante obvia que solamente con poner su nombre en un buscador te lo reafirma. Siempre cuento esa anécdota. Ambos son excelentísimos actores y disfruté mucho encontrar el camino de la película con ellos. El reto también estaba en encontrar el modo de transmitir la calidez de ambos personajes, creo que la película más que nada es sensorial. Por un lado, tienes lo que los fieles piensan de ambas figuras y por otro, el retrato íntimo que ellos transmiten. Anthony tuvo un reto mayor, él es una persona muy carismática, mientras que su personaje es más pausado. Hopkins leyó mucho sobre Ratzinger y eso también lo ayudó para encontrar su interpretación. Al final conseguimos tener el mejor cast para contar esta historia.
La crítica también señala que Los dos papas es una historia hasta cierto punto condescendiente con temas polémicos como el abuso sexual por parte de los sacerdotes al interior de la Iglesia católica, que no se tocan de manera frontal. ¿Qué nos puede decir al respecto? ¿Considera que esto le resta peso al guion, tomando en cuenta que es un tema importante?
No lo veo desde esa perspectiva. Considero que la idea siempre fue una película honesta que trate muchas de las ‘astas’ que esta historia tiene, resaltando la idea principal en la que se basa la producción: una conversación a corazón abierto entre ambos personajes. Y creo que se logró retratar lo que queríamos, resaltar la ‘humanización’ detrás de estas figuras cerradas por el misticismo de una religión. Mi inspiración fue La Reina de Stephen Frears, debido a la visión íntima del personaje. Entonces yo me imaginaba a los personajes como dos amigos reunidos para tomar y comer algo. Siempre lo repito.
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¿Considera que esta es una película de redención?
Yo diría más bien de humanización, pero indudablemente sí. Es un diálogo abierto, una historia de culpa, perdón y autoperdón. Estamos frente a errores y culpas. Por un lado, Jorge Bergoglio de quien se profundiza más y por el otro, Joseph Ratzinger, quien no puede cargar más con la culpa. Es un perdón al otro y a sí mismo.

























