El recubrimiento de un naufragio romano de 2.200 años revela cómo los antiguos marineros mantenían a flote sus barcos
El análisis de sustancias orgánicas y polen permitió reconstruir antiguas técnicas navales.
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Hace más de 2.200 años, un barco de la República romana que transportaba madera y vino se hundió en el mar Adriático, frente a las costas de la actual Croacia. El naufragio, descubierto en 2016 y denominado Ilovik-Paržine 1, conservó entre sus restos una evidencia excepcional: sustancias orgánicas que los antiguos constructores navales aplicaron sobre el casco para proteger la madera del agua salada.
Un estudio publicado en 2026 en Frontiers in Materials examinó diez muestras del recubrimiento y permitió reconstruir parte de la historia de la embarcación. Los científicos identificaron brea procedente de coníferas, cera de abeja y hasta polen atrapado en estas sustancias. Estos diminutos rastros aportaron pistas sobre las técnicas de impermeabilización, las posibles reparaciones y los lugares que el navío recorrió antes de hundirse a mediados del siglo II a. C.
Una mezcla de brea y cera de abeja protegía el barco romano
El análisis químico detectó señales moleculares propias de coníferas sometidas al calor, en particular árboles de la familia Pinaceae. Esto indica que los constructores cubrieron la madera con alquitrán o brea para impedir que el agua deteriorara el casco. Sin embargo, una muestra reveló algo especial: una combinación de brea y cera de abeja.

La popa y la proa del Ilovik-Paržine 1 Foto: L. Damelet, CNRS, CCJ
Esta preparación se relaciona con la zopissa, una fórmula conocida desde la antigua tradición naval griega. La cera proporcionaba mayor flexibilidad al compuesto y facilitaba su aplicación. Plinio el Viejo describió esta sustancia en su obra Natural History como una mezcla de brea, agua salada y cera que se retiraba de la parte inferior de las embarcaciones. Su presencia en un navío romano posterior refleja, según los investigadores, la transmisión de conocimientos técnicos a través del Mediterráneo.
El polen de 2.200 años revela dónde fue reparada la embarcación
La brea también funcionó como una cápsula del tiempo. Su superficie pegajosa atrapó granos de polen procedentes de encinas, pinos, olivos, alisos, fresnos y avellanos. La vegetación coincide con ambientes de las costas y valles mediterráneos y adriáticos, además de respaldar la hipótesis de que el barco pudo construirse cerca de Brindisi, en el sureste de Italia.
Un análisis previo del lastre ya había encontrado una fuerte correspondencia geológica con esa región. Además, los científicos distinguieron entre cuatro y cinco lotes diferentes de recubrimiento. Algunos contenían pequeñas cantidades de polen de abeto y haya, especies compatibles con zonas montañosas del noreste del Adriático, entre ellas áreas próximas a Istria y Dalmacia.
¿Cómo los antiguos marineros mantenían sus barcos durante largos viajes?
Estas diferencias apuntan a que el casco de una embarcación de unos 21 metros de longitud recibió varias capas durante su construcción o en reparaciones posteriores. El hallazgo ofrece una prueba poco habitual de que los barcos antiguos requerían mantenimiento durante sus desplazamientos.
"Si bien parece obvio que los barcos que navegan largas distancias necesitan reparaciones, no es fácil demostrarlo", explicó Armelle Charrié-Duhaut, autora principal del estudio.
En este caso, el polen permitió distinguir recubrimientos cuyos perfiles moleculares eran prácticamente iguales. Las evidencias sugieren que el Ilovik-Paržine 1 navegó entre las costas occidental y oriental del Adriático y recibió tratamientos en diferentes etapas de su vida útil, antes de terminar en el fondo del mar hace más de dos milenios.

























