
Escribo esto a horas de la cumbre Putin-Trump en Anchorage, Alaska. Me permito pronosticar que nada decisivo o siquiera importante va a salir de allí. Por lo menos no sobre la guerra en Ucrania. Trump sabe que es así, y se ha venido adelantando en el tema de un fracaso de la reunión. Pero a la vez el republicano ofrece una segunda reunión, con presencia de Volodimir Zelenski.
De tanto verlos en el millón de pantallas de la realidad, el mundo se ha acostumbrado a la extraña idea que los gobernantes pueden acabar las guerras simplemente reuniéndose entre ellos. No es así, o por lo menos los casos son muy raros, y las fotos son engañosas. No fue la reunión de Yalta (1945) la que decidió el fin de la Segunda Guerra Mundial (fue Hiroshima). Igual la reunión de los cancilleres Chamberlain-Ribbentrop (1938) no produjo propiamente esa segunda guerra.
Se menciona mucho a Yalta en los comentarios sobre la cumbre de Alaska. No solo porque hay un gringo y un ruso en el elenco, sino también un derrotado que no asiste, papel que se le atribuye a Zelenski. Pero Yalta fue al final, y Alaska tiene visos de ser solo el comienzo de nuevas conversaciones sobre las relaciones Rusia-OTAN en el contexto de Ucrania.
Las guerras (Kiev, Gasa) realmente no terminan por decreto de los gobernantes sino, como en el lenguaje, donde una frase termina por el agotamiento de quien la dice. Lacan afirma que cerramos la frase para poder comprenderla. Trump cree que va a obtener el premio Nobel deteniendo la guerra en Ucrania a medio camino.
Pero La Unión Europea intuye mucho más que el escalador empresarial Trump, y se está armando todo lo que puede frente al demostrado expansionismo de Putin. En otras palabras, lo de Ucrania no es un mero incidente fronterizo (una “frase corta”), sino un conflicto en curso que se maneja con sus propios tiempos e impulsos, y que puede pasar a mayores.
Según los analistas de la BBC, Putin va a Alaska buscando reconocimiento por parte de los EEUU. Algo así como un restablecimiento de la bipolaridad mundial. En cambio, piensan que Trump genuinamente va a Anchorage en pos de algo parecido a la paz que durante la campaña ofreció conseguir en unos pocos días. Eso, y el Nobel, claro.

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