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Opinión

La maldición de los recursos fiscales, por Miguel Palomino

“Todos los estudios sobre la maldición de los recursos naturales discuten ampliamente que la superabundancia de recursos fiscales atrae a la corrupción...”

larepublica.pe
Palomino

Una conversación reciente con tres notables economistas derivó al concepto económico llamado “la maldición de los recursos naturales”, que sostiene que la superabundancia de recursos naturales puede ser paradójicamente una maldición en lugar de una bendición. En la misma conversación se discutió que algo parecido sucedía con lo que se le dio el nombre de la “maldición de los recursos fiscales”. Hoy quisiera discutir en qué se parecen estos dos conceptos en el contexto del Perú actual.

La verdadera maldición de los recursos naturales posee un factor económico poderoso que puede causar serios problemas. Generalmente, se usaba como referencia a la Venezuela de antaño (que ya sabemos cómo terminó). Venezuela fue el principal exportador de petróleo del mundo desde 1929 hasta 1970, llegando a representar el 90% de las exportaciones venezolanas. El petróleo representaba más de la mitad del PBI. Tenía tal riqueza petrolera que el 90% de los recursos estatales provenían del petróleo. Su economía entera giraba en torno a esta superabundancia de crudo.

El factor económico a que nos referimos es que la enorme exportación de petróleo trae una abundancia de dólares presionando a la baja su precio. Con eso resulta muy difícil competir con las importaciones. En sencillo (y a riesgo de simplificar), mejor es no producir casi nada e importar casi todo barato, pues siempre habrá con qué pagarlo.

Este claramente no es el caso del Perú. La minería en conjunto representa cerca de 10% del producto y en su pico máximo representó casi 15% de la recaudación fiscal (ahora anda como en 8%) y, aunque todos los minerales representan cerca del 60% de las exportaciones totales, el Perú ha aumentado de forma explosiva su oferta exportable en los últimos 30 años. Eso no pasaría si el tipo de cambio fuese muy bajo (muchas gracias al Banco Central).

Fijémonos entonces en cuáles son los otros problemas de la maldición de los recursos naturales. En primer lugar, pueden hacer al país víctima de las fluctuaciones del precio del recurso natural. Pero, para eso, existen políticas que compensan las subidas y bajadas de precio, y fondos de estabilización fiscal que en el Perú se han manejado, no de manera óptima, pero sí decentemente.

En segundo lugar, y aquí viene la madre del cordero, todos los estudios sobre la maldición de los recursos naturales discuten ampliamente que la superabundancia de recursos fiscales atrae a la corrupción siempre dispuesta a beneficiarse del abundante dinero público. Así, vemos que la supuesta maldición de los recursos naturales es en verdad en el Perú una maldición de los recursos fiscales. Desde 1991, el presupuesto público se ha multiplicado por 9, ajustado por inflación. Cosa parecida sucede con las municipalidades y ni hablar de los gobiernos regionales que antes no existían, y hoy manejan ingentes cantidades en manos de quien logre elegirse.

Esto es especialmente así cuando no existen mecanismos de elección que premien al que realiza una buena labor, castiguen efectivamente a quien roba (en la Contraloría prefieren premiar la falta de decisión), mecanismos de transparencia en los gastos públicos y cuando mínimo que los candidatos presenten hojas de vida completas meses antes de las elecciones, las cuales, de ser falsas, invaliden su elección. Estas son solo algunas ideas.

Menos popular, pero igualmente importante, es que se pague bien por ser funcionario público. En Singapur, por ejemplo, la agencia de contratación de altos funcionarios públicos determina cuál es el sueldo de los 1.000 ciudadanos mejor pagados y sobre eso le aplican un descuento de 40% por servicio público para determinar el sueldo.

Una buena estructura de gobierno hace toda la diferencia. Si no, miremos a Noruega, que descubrió una enorme cantidad de petróleo en el Mar del Norte en 1969. Sabiamente, hicieron un fondo para estabilizar las fluctuaciones de precio y crear la riqueza necesaria para cuando el petróleo se agote. Hoy, cada noruego, tiene un fondo que vale más de 250.000 dólares y sigue creciendo. ¿No es hora de que acabemos con nuestra maldición de los recursos fiscales?

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