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Opinión

La cosecha de los provocadores

“Si en algún momento hubo dudas sobre si las FF. AA. y la PNP iban a seguir manteniendo su institucionalismo y constitucionalidad, los desbordes de diciembre y enero están contribuyendo mucho a despejarlas”.

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Ayer Financial Times tituló “La insurrección en Brasil plantea dudas (questions) acerca de la lealtad de las fuerzas de seguridad”. Los cuidadosos preparativos de los atacantes no fueron enfrentados, y los cuerpos antimotines aparecieron hasta cuatro horas tarde en el lugar de los hechos. Todo apuntó hacia un Lula desprotegido.

La gente de Jair Bolsonaro se felicita por el profesionalismo de la represión en Brasilia, que enfrentada a miles no ha producido una sola víctima, aunque sí 1,500 detenidos. Los seguidores de Lula están más que incómodos por la facilidad con que han sido blanco de una movilización que no hizo correr sangre, pero que sí fue violenta.

Evidentemente estos comentarios nos llevan al sur del Perú, donde soldados y policías están defendiendo con las armas en la mano instalaciones estratégicas, al precio de vidas, un medio centenar hasta el momento, y heridos, muchos más. Aquí no hay dudas sobre la adhesión de los uniformados al orden establecido bajo ataque.

Si en algún momento hubo dudas sobre si las FF. AA. y la PNP iban a seguir manteniendo su institucionalismo y constitucionalidad, los desbordes de diciembre y enero están contribuyendo mucho a despejarlas. Al haber perfeccionado mucho su capacidad de acción sobre el terreno, los manifestantes del sur se han vuelto un enemigo peligroso.

¿Eran evitables todas esas víctimas? La propia eficacia de los insurrectos obligó al Estado a pasar de usar policías a usar soldados, lo cual cambió la naturaleza de las confrontaciones. No es lo mismo empujar un cartelón por la calle que intentar la toma de un aeropuerto. Un acto que es en sí mismo una provocación.

En otro plano, pero en la misma dirección, pedir la renuncia de Dina Boluarte y del Congreso es una provocación políticamente inconducente, o más bien que no conduce a nada sino a más desmanes. Ambas renuncias no adelantarían más las elecciones ofrecidas; al contrario, las postergarían hasta terminar de diluirlas en el caos.

De modo que al dedicarse a bloquear carreteras, incendiar inmuebles, atacar instalaciones públicas, pedir renuncias de funcionarios elegidos y paralizar la actividad económica, los insurrectos del sur les facilitaron mucho las decisiones a los mandos de las fuerzas del orden. Además, ni Boluarte es Bolsonaro, ni los artistas de la huaraca son el Partido de los Trabajadores.

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