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Opinión

¿Por qué no marchan?

“¿Qué pasa hoy? Buena parte de quienes marcharon contra Chávarry o Merino son quienes votaron por Castillo, ya sea por apoyarlo (una minoría) o rechazar al fujimorismo...”.

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“¿Qué pasa hoy? Buena parte de quienes marcharon contra Chávarry o Merino son quienes votaron por Castillo, ya sea por apoyarlo (una minoría) o rechazar al fujimorismo...”.

Por Hernán Chaparro. Psicólogo social, Facultad de Comunicación, Universidad de Lima.

Una de las preguntas de estos días es por qué la gente no sale a protestar a las calles. Las referencias suelen ser las marchas de noviembre del 2020 contra Merino y las protagonizadas contra la destitución de los fiscales Vela y Barba en el 2018, entre otras. Vale la pena revisar los resultados de algunas encuestas para entender esos momentos e identificar constantes que explican lo que hoy ocurre.

En el caso de las protestas por la destitución de los fiscales Vela y Barba (diciembre del 2018), alrededor de dos tercios de la población aprobaba el trabajo de los fiscales y, por el contrario, la Fiscalía de la Nación tenía solo un 20% de aprobación (encuesta de diciembre del Instituto de Estudios Peruanos, IEP).

A su vez, el mismo sondeo indicaba que el Congreso estaba asociado por un 88% con la corrupción y tenía solo 7% de aprobación. Por su lado, el ejecutivo del momento también se asociaba con la corrupción (68%), pero así y todo el gobierno de Vizcarra tenía un 61% de aprobación. En la mirada de los que protestaban había un claro contrario y personas y/o ideas que respaldar.

Más información hay con relación a las marchas de noviembre del 2020. La encuesta del IEP de noviembre de ese año indica que el Congreso tenía un 9% de aprobación y que a Vizcarra lo aprobaba un 77%. Solo un 8% estuvo de acuerdo con su destitución. La mayoría pensó que la motivación habían sido intereses políticos o personales de los congresistas (81%).

La idea de estar presenciando un acto injusto, que estuvo también en diciembre del 2018, se repitió en este contexto. Parte de esa narrativa tuvo que ver con la identificación con un valor atacado (la democracia, la justicia) así como con la existencia de un actor contra quién protestar. El sentimiento antiestablishment volvió a primar. No fue el apoyo a Vizcarra, dos tercios declararon no sentirse representados por nadie.

El conocido anti fue el sentimiento que animó las movilizaciones. Un anti que va más allá de autopercepciones ideológicas, fueron tanto personas que se autopercibían de izquierda, centro o derecha; cada día más insatisfechas con la democracia (realmente existente), pero que siguen creyendo en la democracia como valor (asociada muchas veces a justicia e igualdad), aunque no se tenga un claro representante de esta.

Parte importante de la coordinación e invitaciones fueron hechas a través de Instagram, Twitter y Tik Tok. Su uso entre los que protestaron fue el doble que entre los que no.

¿Qué pasa hoy? Buena parte de quienes marcharon contra Chávarry o Merino son quienes votaron por Castillo, ya sea por apoyarlo (una minoría) o rechazar al fujimorismo. ¿Contra quién protestarían y a quién apoyarían? Un revoltijo de sentimientos aparece cuando estos sectores ven que Castillo es una decepción y que en el Congreso solo prima la lógica de “salte tú pa’ ponerme yo”.

Hay rechazo al presidente (solo 19% lo aprueba, semejante a lo obtenido en primera vuelta) y a Perú Libre, a los grupos de “centro” y también a las alternativas vistas como “golpistas”. En su mirada, Ejecutivo y Parlamento están asociados al conservadurismo y a la mala gestión. La expectativa de justicia se queda en el aire, sin canal que le dé un mínimo de sentido.

Es cierto que también hay protestas sectoriales y que la economía aprieta. Sin embargo, las primeras están muy focalizadas y las segundas pueden llevar a la protesta, pero tenemos años de activar el gen “mil oficios” que todos llevamos dentro. Esta suele ser la primera y vieja respuesta a un entorno de inestabilidad laboral y económica.

El deseo de justicia anda ahí, pero al menos hoy, no hay nada ni nadie que cristalice ese sentimiento. La fragmentación de la primera vuelta del 2021 sigue presente. Solo si esos jóvenes se ven a sí mismos como una alternativa, podrán lograr una diferente respuesta.

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