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Opinión

Insurgencia realista: Aznapuqio

“Lo ocurrido en Aznapuquio menoscabó la legitimidad del régimen español, y deterioró la posición realista en Lima”.

larepublica.pe
“Lo ocurrido en Aznapuquio menoscabó la legitimidad del régimen español, y deterioró la posición realista en Lima”.

Los primeros días de enero de 1821 fueron muy críticos para el Estado colonial. Guayaquil y la Intendencia de Trujillo habían logrado su independencia, y con ello la tercera parte del territorio. Los éxitos de Arenales en la sierra central y el control de los patriotas del Callao constituían una amenaza para Lima. El ejército realista sufría cada vez más deserciones. Todo lo cual, configuraban duros golpes para el virrey Pezuela. La hambruna, la peste y los impuestos que sufría la capital hacía más difícil el gobierno colonial.

La ansiada ayuda militar de la metrópoli no llegaba. España vivía su propia crisis política con la sublevación contra el régimen absolutista y el restablecimiento de la Constitución de 1812.

Dentro del alto mando militar, las críticas a la estrategia del virrey eran cada vez más fuertes. Mientras la disciplina en las tropas se debilitaba y la moral entre los realistas decaía, Pezuela se encontraba en la disyuntiva entre entablar negociaciones con San Martín, atacar al Ejército Libertador o refugiarse en la ciudad del Cuzco.

La hacienda Aznapuquio, al norte de la capital, era un importante centro militar donde se hallaba acantonado parte del ejército realista al mando de un grupo de oficiales de alto rango, entre los que se encontraban el general Canterac y el coronel Valdez. Frente a esta situación crítica, los referidos oficiales encabezaron un golpe militar el 29 de enero de 1821, y le exigieron la renuncia al virrey Pezuela, otorgándole el mando al general José de la Serna.

Lo ocurrido en Aznapuquio menoscabó la legitimidad del régimen español, y deterioró la posición realista en Lima. San Martín escribiría en una carta: “El 28 del pasado, Canterac y los de su facción depusieron a Pezuela del mando (…). Este suceso espero que nos producirá algún bien tarde o temprano, pues no pueden menos de abrir los ojos aún los más preocupados al tocar este ejemplo de insubordinación (…) los que tan enemigos se manifiestan de los insurgentes, lo son ellos mismos ahora” (1).

(1) Ortiz de Zevallos Javier, Correspondencia de San Martín y Torre Tagle (Lima 1963).

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