
El centenario del nacimiento de Miles Davis se celebró el pasado 26 de mayo. Sobre el genial trompetista de jazz existe una bibliografía generosa, del mismo modo hay documentales sobre su vida a disposición del interesado. No es para menos; la narrativa que se puede hacer sobre el músico no solo está signada por el talento, sino también por la oscuridad, ligada a las drogas, que lo llevó a periodos de gran adicción.
Hay muchas maneras de acercarse a la música de Miles Davis. Sus intereses creativos no solo estuvieron enfocados en la música. Tenía, por cierto, un apego muy fuerte por las artes plásticas, en especial por la pintura abstracta, a la que le dedicó mucho tiempo en sus últimos años de vida, entre los años 80 y los 90. Pero una manera de reacercarnos a su poética la podríamos hallar en el cine. Y si hablamos de cine y Miles Davis, habría que pensar en una obra maestra del cine negro, Ascensor para el cadalso (1957) de Louis Malle. Era la primera película del director francés y sigue siendo una obra maestra, tanto como historia y efecto estético, del cual la música de Davis fue clave.
Ascensor para el cadalso es una película, principalmente, sobre el destino y los errores fatales. Louis Malle filmó la película en dos meses con Maurice Ronet y Jeanne Moreau como protagonistas. Cuando Malle acabó su proyecto, siguió la sugerencia de su amigo y asistente Jean Paul Rappeneau, quien le dijo que se contactara con el músico estadounidense Miles Davis, quien se encontraba pasando una temporada en París, para que se encargue de la banda sonora de la película. Por aquel entonces, Miles Davis tenía 31 años y ya era famoso en el mundo entero. ¿Qué lo llevó a ponerle música al proyecto de un cineasta debutante de 25 años? Malle había filmado su película sin un gran presupuesto; digamos que era uno modesto.
Malle le mostró su película a Miles. A Miles le gustó la atmósfera nocturna y, suponemos, el caminar perdido del personaje de Jeanne Moreau tras no encontrar a su amante luego de que este matara a su esposo para fugarse juntos. Por esos días, Miles Davis vivía un romance con la cantante francesa Juliette Gréco. Miles amaba a Juliette y se sentía pleno. La estética de las escenas y su estado emocional contribuyeron a que ensayara piezas musicales mientras miraba la película. Cuando Malle estrenó Ascensor para el cadalso en 1958, la crítica y el público se rindieron ante su propuesta. Y en esa valoración tuvo mucho que ver la banda sonora hecha por Miles Davis. De esos experimentos melódicos salió la base del que es un álbum esencial no únicamente para el jazz, sino para la tradición de la música del siglo XX: Kind of Blue de 1959.
Escuchar los cinco temas de Kind of Blue es cultura general y placer. “So What”, “Freddie Freeloader”, “Blue in Green”, “All Blues” y “Flamenco Sketches” dan forma a esta obra maestra. Miles no estuvo solo, lo acompañaron otros gigantes como él: Julian Adderley, John Coltrane, Wynton Kelly, Bill Evans, Paul Chambers y Jimmy Cobb. Es el álbum más vendido en la historia del jazz, casi siete millones de copias.





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