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Política

Mónica Sánchez: “Si no miramos al otro peruano como un par, va a ser difícil avanzar”

La actriz protagoniza 'Las cosas que sé que son verdad', una obra sobre los vínculos familiares y reflexiona sobre la coyuntura. “Hay una porción del Perú a la que no se le quiere validar”.

Mónica Sánchez vuelve al teatro dirigida por K'intu Galiano.
Mónica Sánchez vuelve al teatro dirigida por K'intu Galiano. | Difusión.

En Las cosas que sé que son verdad, Fran ha logrado, al parecer, mantener a su familia unida y sus cuatro hijos cumplirán sus expectativas. Ella y su esposo hicieron lo imposible para darles estudios y estabilidad. Pero a lo largo de las estaciones del año, veremos cada capa de esos vínculos en una casa de clase media australiana (y que podría ser peruana). “Una familia es el contexto ideal y más potente para hablar de esas fracturas, de esos desencuentros”, nos responde Mónica Sánchez.

La actriz se conecta por Zoom cuando estamos a la espera de los resultados de las elecciones 2026. Evidentemente, la coyuntura revela las fracturas actuales. “Y en ese terreno cada quien cosecha según le conviene. Es el terreno fértil para que cada uno especule lo que quiera. Si no hay Estado, si no hay límites y si no hay responsabilidad, no hay nada”.

Las cosas que sé que son verdad puede tener varias lecturas sobre la familia, pero también es un respiro de la coyuntura. ¿Qué significa hacer teatro en este momento?

Definitivamente, es un oasis donde todavía hay espacio para la humanidad en toda su dimensión, ¿no? El teatro sigue siendo un espacio donde sostener la mirada e incluso el corazón ante todo lo que significa la condición humana. Muchas de las cosas que en la vida nos hacen salir corriendo, preferimos no mirar o simplemente rechazamos, en el teatro las podemos sostener. Y podemos empatizar, abrir una conversación e incluso cuestionarlas. Es un oasis y es muy valioso.

Tu personaje es una madre sobreprotectora y ha luchado por la estabilidad. ¿Qué impresión te dio esta familia cuando leíste el guion?

Lo primero que a mí me convocó fueron los vínculos, ese tejido que está por debajo de todo encuentro y desencuentro en la vida. Es decir, la intimidad de un hogar es muy reveladora, muy poderosa y, además, te marca. Por otro lado, está la supervivencia. No solo en términos económicos, sino la supervivencia emocional. Mi personaje es una enfermera; toda su vida ha cuidado de otros. Eso le da una especie de resistencia interna porque es una mujer que lidia con la vida y con la muerte todos los días. Entonces, eso le ha forjado un temple de acero. Y deja pendientes cosas, deja pendientes a sí misma.

Esta es una obra australiana, pero puede suceder en Perú, ¿no? Si esta familia es un país, digamos, no todos los hijos piensan igual. Hay un hijo que rechaza, incluso, sus orígenes. ¿Qué paralelismos has hecho con la actualidad?

Somos una familia mestiza. Podríamos ser de provincia o descendientes de provincianos. Y sí, finalmente es interesante cómo, teniendo el mismo origen, podemos vivir tan separados. Estamos en tiempos en los que nos separan mucho unos de otros, en los que el otro es una amenaza, un peligro; no es un compañero de ruta en general. Y ahondando un poco más, creo que el mayor daño que nos han hecho a nivel global es separarnos de nosotros mismos. O sea, mucha gente ha disociado su propia identidad, sus impulsos vitales, sus propios sueños porque estamos ocupados en sobrevivir. Entonces, un humano que se atreve a decir: “ok, ¿Quién quiero ser?”, está cuestionando el sistema que te enseñó que las cosas deben ser de una manera. Eso requiere un fuego interno, un atrevimiento y una certeza de que hay una búsqueda. 

¿Es difícil que un país pueda reconciliarse?

Corresponde, se necesita. Los humanos nos parecemos más de lo que queremos admitir. Y yo creo que los peruanos deseamos más cosas en común de las que nos separan. Nos han instalado el miedo como norte, como brújula. Y más bien tendría que ser la posibilidad de construir de la mano, a pesar de nuestras diferencias, un futuro distinto. Pero el miedo nos atomiza, separa y enemista.

"Me parece desolador que todavía estemos en un país con tanto racismo o desprecio por nosotros mismos”.

Después de mucho, en octubre, los artistas protestaron como colectivo. Ahora varios apoyaron la iniciativa ‘Por estos no’. ¿A qué reflexión te lleva lo que ha pasado con las elecciones 2026?

Es el caos absoluto que viene de una negligencia profunda del sistema y del Estado en muchísimos niveles. Claramente, requiere respuestas, sanciones, todo. Hay un problema sistémico que nos pasó ya factura con la pandemia y con la salud. Si el Estado o el gobernante de turno fueran los padres, en este caso de la patria, son los que ejercen una violencia emocional, están ausentes, no proveen de manera equitativa, ni inteligente, ni amorosa, trafican en intereses personales, y a los hijos los golpean todo el tiempo haciéndoles sentir que no son la prioridad. Y claro, hay unos que tienen privilegios y otros que no tienen nada. Me parece bien interesante cómo todavía Lima, si fuera uno de los hijos, siente que es el único o el que tiene más derechos.

Con respecto a los reclamos del sur, por ejemplo.

Sí, claramente. Y los están mirando a sus hermanos, que están viviendo realidades diferentes, que nacieron en épocas distintas o tienen geográficamente otra ubicación. Entonces, cuando a Lima le pasa algo, es como si le pasara al Perú entero. Y cuando a Lima no le pasa, es como si no le pasara a nadie y no importa. Ese es un momento bien interesante para distinguir el filtro a través del cual qué cosa es violenta, dependiendo de quién lo dice y desde qué lugar hay una demanda para ver si es más lícita o no. Estamos en un momento en que la vida nos pone una y otra vez un espejo de un país que no queremos ver. Ya no es un tema de candidatos o de ideologías; hay una porción del Perú a la que no se le quiere validar, a la que no se le quiere permitir existir con los mismos derechos que otros.

¿Te ha sorprendido el nivel de racismo y clasismo en estos meses de campaña?

La verdad, hasta acá lo estamos respirando y es interesante cómo las elecciones nos traen de vuelta a ese lugar. Ponen muy en evidencia el “¿quién merece y quién no?”. No me sorprende, pero sí me parece desolador el manifiesto que tiene, casi como un vómito, que todavía estemos en un país con tanto racismo o con tanto desprecio por nosotros mismos. En otros países como México, Chile, Argentina y Colombia ya se han hecho cargo de cuál es su identidad como nación que no quiere decir que la tengan resuelta, pero ya pueden decir incluso en sus ficciones: esto somos, un narcoestado o hemos sido una dictadura. ¿Tú te imaginas la cantidad de historias fascinantes que tendríamos?

De acuerdo, pero ¿no es difícil cuando algunos políticos quieren prescindir del Ministerio de Cultura, por ejemplo?

Eso es un horror porque la cultura pone al ser humano como el epicentro de muchas cosas. El arte nos permite sostener la mirada frente a todo lo que somos: bueno, malo, luminoso, claro, oscuro y asumirlo. Pero hay autoridades que necesitan solo gente con miedo, no les conviene una persona sensible, pensante y que lea. Hay una responsabilidad muy grande que ojalá las nuevas generaciones de políticos que empiezan a asomar ahora empiecen a poner en agenda otro tipo de mirada, de conversación.

Una verdad es que varios políticos no fueron reelegidos.

Eso ya es una conquista. Es muy interesante, ya es un avance el que empecemos a discernir que hay personas a las que ya no les corresponde ese lugar. Es un avance que haya nuevas generaciones que ejercen liderazgos y ayudan a comunicar. Siempre vamos a pensar distinto, izquierda y derecha, pero es momento de que, si no cerramos filas en algunos no negociables básicos, eso va a ser cada vez peor. Y si no miramos al otro peruano como un par, va a ser difícil avanzar. Habrá una presencia en el Senado de otro tipo de mentalidad respecto a la política, pero no podemos evitar lo malo; todo esto no es más que la consecuencia de intereses subalternos modificando una y otra vez leyes y un proceso electoral atomizado, con una cantidad absurda de candidatos y con un Estado inepto, porque también hay que decirlo.

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