
Cuando se nos habla de José Tola (1943–2019), corre mucha leyenda. Como pintor, construyó una obra provocadora, de imágenes grotescas que interpelan al espectador más allá de los conocimientos que este pueda tener de arte. La razón de ese magnetismo no es otra que la belleza que proyectaba su poética. La suya no era una obra que pasara desapercibida; más bien hablaba mucho y supo encontrar desde sus inicios (finales de los 60 e inicios de los 70) su público. Su público fue, principalmente, joven. Tola tenía un magnetismo vital con ellos, que veían en él una honestidad personal ante la vida (de esa dimensión salen las leyendas), la cual legitimaba la provocación de su trabajo. Es decir, Tola nunca fue visto como un farsante. Su arte provocador y su actitud eran coherentes. A Tola no le gustaban los halagos, menospreciaba el dinero y era muy rebelde. Los jóvenes no solo lo admiraban, sino que igualmente lo respetaban.
La obra plástica de Tola viene siendo revalorada/relanzada desde mediados de 2025. A saber, en Colombia, se presentó del 24 de septiembre al 23 de octubre la muestra que le rendía homenaje en el museo El Chico: Lenguaje sin fronteras. El orden del caos.Esta era la primera vez que su obra llegaba a Colombia y se dio en el marco de ArtBo 2025. Y hasta el 29 de marzo, se podrán ver en el ICPNA de Miraflores dos exposiciones dedicadas a su obra: José Tola: Hasta agotar lo posible en Espacio Germán Krüger Espantoso, que cuenta con la curaduría de Max Hernández Calvo; y Un gesto que insiste en Espacio Venancio Shinki, con curaduría de Casandra Tola. Hemos visto estas dos exposiciones y, bajo todo punto de vista, las recomendamos.
El poeta
En este escenario en donde la obra de Tola viene siendo discutida, se publica por primera vez un poemario que escribió a los 20 años: …A la sombra de un girasol, a cargo de la editorial Pesopluma en su colección Crisálida Poesía. El libro cuenta con prólogo de Mijail Mitrovic y dibujos del propio José Tola.
"…A la sombra de un girasol". Foto: Difusión.
Era 1963 y Tola tenía 20 años. No mucho se le puede pedir a un autor a esa edad (aunque en la historia de la poesía tenemos casos de genios precoces) en cuanto a solidez formal, incluso a nivel de experiencia de vida. Pero hay una luz que recorre cada uno de los 21 poemas del libro. Y esa luz no es otra que la angustia existencial de una sensibilidad que veía el mundo de una manera radicalmente distinta y que buscaba cómo expresar esa visión. Tola, desde su adolescencia, había decidido ser artista. Este no es un dato menor.
Para acercarnos a la publicación, hay que tener en cuenta la trayectoria de Tola. A su manera, Tola fue un artista integral y la escritura un camino más de expresión. En 1998, siendo un creador muy reconocido, publicó una novela llamada Ego Azul (Campodónico), que espero pueda reeditarse más adelante. En este poemario que nos convoca, se nos pone en bandeja una sensibilidad turbada que no pierde su inocencia. A saber, veamos el poema “Tres”: “Búscame al otro lado de mi rincón/ entre dos o tres recuerdos./Recuerdo uno/recuerdo dos/recuer…/Búscame llorando”. Aquí el artista desnuda sus sentimientos y esa misma intención es posible verla en los demás poemas (con diferentes resultados, obviamente) que nos remiten a la infancia, la época en donde se presentan los ángeles y demonios, los cuales definen la personalidad. ¿No es acaso la infancia turbada un factor de su obra plástica? ¿De dónde salen esos seres grotescos que paralizan?
José Tola. Foto: Archivo familiar.
Este poemario no solo va de la infancia; hay también otro ánimo que lo signa: se plasma en los poemas una visión desengañada de la vida, partiendo de lo que presenta la cotidianidad. Lamentablemente, es un desengaño real, porque es posible advertir el dolor. Tola consigue transmitir pese a la irregularidad formal. La poesía está entre los silencios de los versos, no en la manera en que las palabras están dispuestas. De “Veintidós”: “Todos los hombres esperan el día dormidos,/están cansados y lo esperan/esperan la noche y después el día./Así, pasarán años esperando al uno y al otro;/ después, cansados de todo,/el viento se los lleva”.
Como indicamos líneas arriba, José Tola fue un artista integral. Fue un artista que buscaba y profundizaba. En …A la sombra de un girasol nos presenta los recovecos de su sensibilidad afectada. Hacerlo no es fácil. La poesía admite todo, menos la mentira.





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