La República se dirige a la casa del historietista peruano Juan Acevedo para conversar sobre su última publicación: la cuarta edición de un título de culto, Ciudad de los Reyes (Reservoir Books”. Este libro se publicó por primera vez en 1983 y está conformado por 100 dibujos realizados entre 1969 y 1981.
Las señas nominales de la publicación son muy claras: este es un libro de viñetas sobre Lima, las cuales Acevedo hizo entre los 20 y 32 años, y en una época signada por el fragor político e ideológico (atraviesan toda la década del 70). Estos dibujos, que nos desnudan a los limeños mediante la exageración de nuestro histrionismo cotidiano, siguen, vaya novedad, vigentes. Nadie se salva de la crítica festiva que proyectan.
Juan Acevedo nos recibe. La conversación tiene las características de una que se continúa, como si varios temas hubiesen quedado pendientes. Recordemos que el año pasado, La República lo entrevista a razón de la edición gráfica de Paco Yunque de César Vallejo.
El padre
En la parte final de la publicación, encontramos la sección Carta del Autor, en donde Acevedo hace un repaso de cómo se forjaron estos dibujos. No obstante, no dejan de llamar la atención las palabras dedicadas a su padre, un hombre muy distinto él.
“Con mi papá tuvimos años de gran oposición, de antagonismo. Ideológico, de todas maneras. Aunque podía coincidir con él en valores como la honestidad. Mi papá era una persona sumamente honesta. Mi papá estudió en el colegio San Juan de Trujillo con directores alemanes de entreguerras. Yo recuerdo que mi papá se emocionaba al evocar esos años y me contaba que uno de los directores decía por qué perdió Alemania la guerra, pues la perdió por falta de ¡control!”, sonríe Acevedo.
"Ciudad de los Reyes". Imagen: Difusión.
El padre de Acevedo fue policía y estudió Derecho. Se entiende que, en ambos ámbitos, la disciplina era la línea por la que se debía seguir para ser un hombre de bien. Así había sido criado y así quería que fueran sus hijos. Y ya en la adolescencia, el padre de Juan Acevedo lo puso a estudiar en la Gran Unidad Escolar Mariano Melgar de Breña. “Era un colegio inmenso. Era una ciudad con más de 8000 alumnos en donde pude socializar con todo tipo de personas. Había chicos de clase media; otros eran hijos de obreros. Creo que ahí empieza a formarse una mirada sobre lo diversa que es nuestra sociedad”. La información, vista con frialdad, es crucial. Ese contacto con la diversidad hizo de Juan Acevedo un joven con inquietud. Entonces, cuando Acevedo decidió ser artista, comenzaron los conflictos con su padre. Ser artista representaba para su padre todo lo que él negaba: la indisciplina y la bohemia. “Tienes toda la razón. Has intuido al hombre muy bien. Cuando termino Letras en la Católica y me paso a San Marcos a estudiar Historia del Arte, él me dijo qué estás haciendo. Mi vocación no era ser abogado litigante; fue una decisión que obedeció a un debate interior muy fuerte sobre qué es lo que quería hacer en la vida. Pensaba que iba a litigar mejor desde el dibujo, desde el arte”. Acevedo agrega: “Discutíamos mucho en esos años, pero con el tiempo nos hicimos muy amigos. Lo que hacía tenía humor y me veía trabajando en lo que me gustaba. Mi padre tenía mucho sentido del humor. Aquellas personas que no tienen sentido del humor y parecen serios; no son serios, son secos. El humor está en la savia de nuestro ADN, sin humor morimos”.
La vigencia
Los cien dibujos de Ciudad de los Reyes continúan cuestionando. Estamos ante un testimonio de época, pero igualmente es un registro actual. “Es tremendo. En su momento no me di cuenta, pero con el tiempo supe que una de mis inspiraciones, a nivel gráfico, fue el libro Los caprichos de Goya. Goya era también un extraordinario grabador. En esos grabados, Goya hace una revisión de la sociedad de su tiempo. A ciertas personas las dibuja como arpías, con las uñas inmensas; y yo miraba todo eso asombrado. Era la mirada de un artista de su sociedad. Eso influyó, pero yo acudo a decires de nuestra gente y muchas de las expresiones de Ciudad de los Reyes continúan siendo las mismas. No sé si antes éramos mejores o peores, pero sí debo indicar que nuestra habla es muy creativa. Además, yo siempre he tratado que el dibujo inunde incluso a la palabra, por eso la caligrafía de los textos tiene formas particulares. Estos dibujos han sido hechos hace medio siglo y parecen como si fueran de ayer, de hace una semana. No habla bien de nuestra sociedad. Es una foto de cómo somos”.
"Ciudad de los Reyes". Imagen: PRH.
El libro
“Antes de que existiera el libro, yo ya soñaba con que estos dibujos harían un libro que se llamaría Ciudad de los Reyes. Hay crítica, pero también hay amor. Yo amo a Lima. Le quise poner el nombre que tuvo nuestra ciudad al ser fundada, porque su nombre fue Ciudad de los Reyes. Fue fundada un 6 de enero y 12 días después se fundó como Lima el 18 de enero. Nuestra ciudad es compleja desde que nació”.
Para hablar de Lima, resulta imposible no tener presente a su fundador, Francisco Pizarro. Acevedo tiene una opinión al respecto, no importa si esta es o no popular. “Aunque pudiera ser analfabeto, Pizarro es un hombre muy inteligente y muy político también. Es mucho más que esa fórmula que se ha dado de él, la de chanchero. Ha sido chanchero cuando era niño. El ganado porcino era la principal fuente de ingresos de Extremadura. Luego entra al ejército. A Pizarro hay que quitarle mucha leyenda para verlo bien. Para José Antonio del Busto, el Perú tenía tres pilares en su historia: Pachacútec, Pizarro y Túpac Amaru”.
Juan Acevedo: "Siempre he sido un apasionado de mi vocación". Foto: Marco Cotrina.
De la lectura del libro y tras lo dicho por Acevedo, no sería nada extraño pensar que Lima se funda bajo el principio no dicho de la apariencia o del querer parecerse a algo o alguien. ¿Por qué Ciudad de los Reyes cuando se pudo optar por otro nombre? “Eso llevado a la caricatura nos convertiría en huachafos. Eso lo vio muy bien Vargas Llosa. Él dijo una vez que los peruanos éramos huachafos, menos Julio Ramón Ribeyro, que era limeñísimo. Y Ribeyro protestó: ¿acaso yo no soy peruano? El peruano, el limeño en especial, es una mezcla de muchos factores”.
"Ciudad de los Reyes". Imagen: PRH.
Pues basta ver los dibujos de Ciudad de los Reyes para darnos cuenta de que, efectivamente, todos los personajes quieren parecerse a algo que nunca serán. Y en esa pugna hay un aliento “huachafo”, un gesto o una palabra que está ahí esperando, con desesperación, expresarse.
La militancia
Estos dibujos fueron hechos en años de cruces ideológicos, en donde la militancia era el mandato. Ciudad de los Reyes es la creación de un hombre de izquierda. “Lo político estaba en la cresta de la ola y en esa cresta de la ola yo me negué a ser militante. Yo militaba desde mis dibujos. Yo quería ser artista y era muy celoso de mi independencia. Yo soy de izquierda, pero en la militancia no iba a poder expresar lo que quería”.
-¿Crees que la militancia hubiese matado tu arte?
-No lo hubiese matado, pero yo hubiese entrado en crisis. Sería otra persona. Siempre he sido un apasionado de mi vocación.
-Los dibujos no solo los puede entender un peruano.
-Los dibujos de este libro han sido publicados en revistas de otros países vecinos y fueron muy bien aceptados. Ciudad de los Reyes es el Perú completo, pero también es América Latina.

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