Lima frente a El Niño: Rímac, Chillón y Lurín tendrían caudales sobre lo normal desde diciembre
El Enfen mantiene la alerta por El Niño Costero y el Senamhi prevé caudales superiores a lo habitual en el Rímac, Chillón y Lurín desde diciembre. El Cenepred identifica a más de un millón de personas en zonas de riesgo muy alto por huaico en el departamento de Lima, mientras especialistas advierten sobre la activación de quebradas y la necesidad de reforzar el monitoreo y la prevención.

Lima se prepara para una temporada de lluvias con riesgo de huaicos e inundaciones. Desde diciembre, los ríos Rímac, Chillón y Lurín registrarían caudales superiores a lo habitual, según el Senamhi.
El pronóstico hidrológico del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) para el periodo octubre de 2026-febrero de 2027 coincide con el desarrollo de El Niño Costero. El escenario obliga a reforzar la vigilancia de las zonas expuestas a inundaciones, erosión de riberas y huaicos.
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La preocupación no se limita al aumento del caudal de los ríos. El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) advierte sobre la posible activación de alrededor de 15 quebradas en las tres cuencas.
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A este riesgo se suma una limitación en la capacidad de anticipación. Según la Autoridad Nacional del Agua (ANA), todavía no existe un modelo operativo que permita calcular qué caudal podrían generar las precipitaciones en las partes altas y medias de estas cuencas y cómo afectaría a las zonas ubicadas aguas abajo.
La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) mantiene la alerta por El Niño Costero. En su último comunicado, del 16 de octubre, proyectó que el fenómeno alcanzaría una magnitud extraordinaria en la región Niño 1+2 hasta enero de 2027 y luego disminuiría a fuerte durante los primeros meses del otoño. En el Pacífico central, las condiciones serían muy fuertes hasta febrero.
Estas previsiones no significan que necesariamente se producirán inundaciones. El peligro dependerá de la intensidad de las lluvias, las condiciones de los cauces, la respuesta de cada cuenca y la ubicación de las viviendas.
Quince quebradas bajo vigilancia
Ena Jaimes Espinoza, subdirectora de Normas y Lineamientos de la Dirección de Gestión de Procesos del Cenepred, señaló que las condiciones del mar podrían favorecer las precipitaciones en la cuenca del Rímac, especialmente en su zona media.
Entre los sectores que requieren atención mencionó Chosica, Chaclacayo y Cieneguilla, así como las quebradas Pedregal, Quirio y Carapongo. La especialista advirtió que algunas de estas quebradas se han activado incluso con lluvias de menor intensidad.
El peligro es mayor en los asentamientos ubicados cerca de cauces y laderas susceptibles a movimientos en masa. Sin embargo, los efectos de las precipitaciones también podrían alcanzar las vías urbanas donde no existen sistemas adecuados de drenaje.
“Hay que ir pensando ya en que Lima tiene que tener un sistema de drenaje para no ver afectadas especialmente las vías, como sucedió en los distritos de San Juan de Miraflores, Villa El Salvador, etc.”, dijo Jaimes a Andina.
El escenario de riesgo por lluvias elaborado por el Cenepred para el verano de 2027 revela la magnitud de la exposición.
En el departamento de Lima, 1.131.746 personas y 343.207 viviendas se encuentran en zonas de riesgo muy alto por movimientos en masa, incluidos huaicos y deslizamientos. Esta población está distribuida en 57 distritos.
Por el peligro de inundaciones, el organismo identifica a 499.500 personas y 149.770 viviendas en zonas de riesgo muy alto de diez distritos. El análisis también comprende 74 establecimientos de salud y 803 instituciones educativas.
Las cifras corresponden a peligros distintos y no deben sumarse como si se tratara de poblaciones independientes. Tampoco representan exclusivamente a las cuencas del Rímac, Chillón y Lurín.
La amenaza se agrava cuando las viviendas ocupan espacios próximos a quebradas, riberas o laderas vulnerables. A ello se añaden las acumulaciones de agua en techos y calles por la falta de drenaje pluvial.
Limitaciones para anticipar inundaciones
El Senamhi dispone de siete estaciones hidrológicas distribuidas en las tres cuencas: tres en el Chillón, tres en el Rímac y una en el Lurín. Las estaciones automáticas transmiten información horaria sobre los niveles de agua y los caudales. En Chosica, una cámara permite observar las condiciones del Rímac.
César Pantoja, especialista en Hidrología del Senamhi, explicó que estos registros se complementan con información meteorológica y pronósticos de lluvias y caudales.
Con estos datos, la institución emite avisos hidrológicos mediante tres umbrales: amarillo, naranja y rojo. No obstante, el tiempo de anticipación depende de las características de cada evento y no existe un plazo fijo para todas las crecidas.
La Autoridad Nacional del Agua (ANA) también realiza labores de monitoreo. En la cuenca del Rímac cuenta con siete estaciones hidrológicas que registran variaciones del nivel del agua y parámetros de calidad.
En el Chillón y el Lurín recibe información del Senamhi en tiempo casi real mediante un servicio de intercambio de datos.
Pero conocer el nivel de un río no permite, por sí solo, determinar qué sectores de la ciudad podrían inundarse.
John Alex Bautista, ingeniero hidráulico y especialista de la ANA, reconoció que todavía no existe un modelo operativo para estimar los caudales que generarían las lluvias en las zonas altas y medias de las cuencas y proyectar sus posibles efectos aguas abajo.
“Actualmente, en las tres cuencas [...] no tenemos un modelo operativo que nos permita conocer qué caudal podría generarse a partir de una precipitación”, explicó.
La limitación consiste en la falta de integración de los registros de lluvias y caudales con modelos que reproduzcan el comportamiento de las cuencas y permitan estimar la extensión de una posible inundación.
Para desarrollar estas herramientas también es necesario conocer las características de los cauces y el estado de las defensas ribereñas, con el propósito de identificar los puntos donde podrían resultar insuficientes.
Bautista precisó que deben distinguirse tres peligros: inundaciones, erosión fluvial y huaicos.
Una crecida puede erosionar las márgenes del río y comprometer las viviendas cercanas. En cambio, un huaico arrastra agua, lodo y material sólido desde las quebradas.
En sectores con pendientes pronunciadas, suelos sueltos y escasa vegetación, las precipitaciones pueden activar flujos de detritos. Cada peligro requiere medidas de prevención específicas.
Obras pendientes y ocupación de riberas
Frente al escenario de El Niño, la ANA tiene a su cargo intervenciones como parte de la Comisión Nacional de Gestión del Riesgo del Fenómeno El Niño, de la cual es secretaría técnica.
El Ejecutivo autorizó a la entidad a ejecutar trabajos de limpieza y descolmatación en puntos críticos, además de instalar barreras dinámicas en quebradas vulnerables de Lima y Huarochirí.
La ANA identificó nueve puntos críticos en Lima. De ellos, seis ya habían sido atendidos y tres permanecían pendientes en Santa Eulalia, Chaclacayo y Chosica.
También se proyectó instalar 12 barreras dinámicas en Lima para retener parte del material sólido que desciende por las quebradas durante los huaicos y reducir su impacto sobre las zonas habitadas.
Bautista recordó que la entidad ya había impulsado estas estructuras en 2023, pero el proceso enfrentó dificultades administrativas.
Aunque las barreras pueden contener parte de los flujos de detritos, no eliminan el peligro. Deben complementarse con monitoreo, sistemas de alerta temprana y rutas de evacuación.
Otra intervención consiste en la limpieza y descolmatación de los cauces del Rímac, Chillón y Lurín, así como de sectores vinculados a la cuenca del Santa Eulalia.
Para orientar estos trabajos, la ANA prepara fichas técnicas referenciales que comparte con municipalidades, gobiernos regionales y otros actores.
El retiro de sedimentos busca evitar que la acumulación de material reduzca la capacidad de los ríos para transportar agua. Sin embargo, esta medida no impide por sí sola las crecidas ni la erosión de las riberas.
Un problema adicional es la ocupación de las fajas marginales, espacios adyacentes a los cauces que deben permanecer libres de usos incompatibles con su función.
Bautista advirtió que, cuando aumenta el caudal, la corriente puede erosionar las márgenes y comprometer las construcciones levantadas junto al río. Recordó el caso de una vivienda que colapsó después de que el Rímac erosionara una de sus riberas.
“La población asentada en la faja marginal del río incrementa la vulnerabilidad y, por consiguiente, los daños”, explicó.
Aunque la ANA delimita estas áreas, todavía faltan hitos que permitan reconocer sus límites sobre el terreno y medidas para hacer cumplir las restricciones.
Por ello, Bautista planteó que el Estado evalúe políticas de reasentamiento para las familias que viven en zonas de alto riesgo y les ofrezca alternativas de vivienda.
Esta propuesta requiere coordinación entre el Gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades para definir qué espacios pueden habitarse y dónde corresponde facilitar el traslado de la población.
A las obras se suman los sistemas de alerta temprana que promueven organizaciones como Practical Action, en coordinación con el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) y otras instituciones.
Estas herramientas buscan advertir oportunamente a las comunidades y facilitar su respuesta antes de que el peligro alcance sus viviendas.
Tecnología para mejorar la prevención
En agosto de 2026, La República participó en una visita a China junto con una delegación de especialistas peruanos para conocer experiencias de planificación de infraestructura hidráulica y gestión de inundaciones.
En el seminario participaron representantes de instituciones como la ANA, el Indeci y el Cenepred.
Entre las tecnologías presentadas figuraron la inteligencia artificial, sensores automáticos de lluvia y nivel del agua, sistemas de alerta temprana, plataformas digitales, sistemas de información geográfica (SIG/WEBGIS) y telemetría hidrológica automática.
Estas herramientas cumplen funciones complementarias. Los sensores registran las condiciones de las cuencas, mientras que la telemetría permite transmitir mediciones a distancia mediante unidades remotas y comunicaciones satelitales.
Las plataformas geográficas facilitan el análisis territorial y los sistemas de alerta temprana permiten convertir la información en advertencias para las comunidades expuestas. La inteligencia artificial puede contribuir al análisis de patrones y al procesamiento de grandes volúmenes de datos.
Una de las alternativas que la ANA propone implementar en el Perú son los gemelos digitales, modelos virtuales que reproducen una cuenca e integran información sobre precipitaciones, caudales, infraestructura y territorio.
Estas herramientas permitirían simular escenarios y estudiar cómo respondería un río ante determinadas condiciones.
No obstante, su desarrollo requiere ampliar la instrumentación de las cuencas y disponer de información confiable sobre los ríos, las lluvias, los sedimentos y las obras existentes.
Bautista precisó que la ANA todavía no utiliza inteligencia artificial para estas tareas. Antes debe ampliar la información disponible y consolidar una base de datos confiable.
El especialista explicó que la tecnología no reemplaza los modelos que representan los procesos físicos de una cuenca, sino que necesita mediciones y datos validados para producir simulaciones útiles.
La visita a China permitió conocer distintas opciones tecnológicas, pero no implica que exista un proyecto aprobado para instalarlas en las cuencas del Rímac, Chillón y Lurín.
Por ello, el siguiente paso es identificar las brechas que podría resolver cada herramienta, la información que todavía falta y los mecanismos para compartir datos entre las instituciones.
Con caudales superiores a lo habitual previstos desde diciembre, Lima afronta el desafío de reforzar la vigilancia de los ríos y quebradas, atender los puntos críticos y mejorar su capacidad para anticipar inundaciones.
Las obras de protección, los modelos hidrológicos, las alertas tempranas y el ordenamiento territorial deberán articularse para reducir la exposición de la población antes de que lleguen las lluvias más intensas.














































