Solo 21 psicólogos por cada 100.000 peruanos: pacientes esperan hasta tres meses por atención psicológica que puede agravar la depresión
La especialización en la detección temprana es vital para prevenir el agravamiento de la depresión. Se recomienda mejorar la capacitación del personal de salud y facilitar el acceso a atención psicológica para disminuir riesgos de suicidio.

Conseguir una primera cita psicológica en un establecimiento público de salud puede tomar entre dos y tres meses, un periodo que podría agravar el estado de pacientes que necesitan atención oportuna. La demora, sumada a la falta de profesionales especializados y las dificultades para acceder a los servicios, representa un obstáculo para detectar y tratar la depresión antes de que alcance niveles de mayor gravedad.
Así lo advirtió Ámbar García Álvarez, psicóloga del Centro Psicológico de Bienestar Lirio, quien señaló que las barreras de acceso no solo retrasan el tratamiento, sino que también dificultan el seguimiento que necesitan los pacientes para recuperarse.
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"En forma de prevención, es probable que las atenciones sean de aquí a un mes o a dos meses, porque depende mucho del centro de salud y de la cantidad de profesionales que hay en ese momento capacitados para recibir el caso", explicó la especialista a La República.
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De acuerdo con el último informe de Evolución de los Indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el Perú registra 21 psicólogos colegiados por cada 100.000 habitantes. García advierte que la cifra podría ser más grave, debido a que no todos los profesionales en Psicología atienden casos mentales.
La situación es preocupante cuando una persona presenta síntomas de depresión que todavía no afectan de manera evidente sus actividades cotidianas. En estos casos, el malestar puede pasar inadvertido tanto para el paciente como para su entorno, mientras que la falta de evaluación profesional impide determinar si necesita una intervención especializada.
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Más de 10.000 casos de depresión en lo que va del 2026
Las cifras más recientes que registra la Sala Situacional de Problemas de Salud Mental dan cuenta de la demanda de atención en esta especialidad. Según las cifras del Ministerio de Salud (Minsa), durante el 2025 se registraron 14.766 casos de episodios depresivos moderados y graves. Además, se contabilizaron alrededor de 4.750 casos de intentos de suicidio, de los cuales el 71,54% correspondió a mujeres y el 28,46% a varones.
Del mismo modo, en lo que va del 2026 se han atendido 10.103 casos de episodios depresivos y 3.526 intentos de suicidio. Bajo este panorama, la psicóloga precisó que estas cifras reflejan una demanda que no puede evaluarse únicamente por el número de pacientes atendidos, debido a que los trastornos de salud mental requieren seguimiento y continuidad terapéutica.
"200.000 personas con diagnóstico de depresión son más de un millón de atenciones. Lo que una persona puede tener como diagnóstico no se resuelve en una sesión o en una atención puntual individual, tiene que haber un seguimiento y una constancia para realmente poder hacer algo por las personas", sostuvo.
La especialista advirtió que, aunque parte de las atenciones se realiza en el primer nivel de salud, muchos pacientes llegan cuando la depresión ya se encuentra en una fase moderada o grave. Por ello, consideró necesario fortalecer la detección temprana para evitar que los servicios intervengan cuando los síntomas ya se han agravado.
García Álvarez también recordó que no todas las personas con depresión desarrollan ideación suicida y que no todos los intentos de suicidio están relacionados directamente con este trastorno. Sin embargo, remarcó que ambos problemas requieren atención profesional y que una intervención oportuna puede reducir riesgos.
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La falta de psicólogos no es el único problema
Para García Álvarez, las dificultades para acceder a una consulta no se explican únicamente por la cantidad de profesionales disponibles. También influyen la burocracia, la desinformación sobre los procedimientos para conseguir una cita y la falta de capacitación del personal que tiene el primer contacto con los pacientes.
"A veces hay un tema de desinformación, pero también creo que es un tema de burocracia en varios casos. (...) La burocracia como tal es una de las cosas que definitivamente está fallando en el primer nivel de atención", manifestó.
La psicóloga consideró que la detección de un problema de salud mental no debe recaer exclusivamente en psiquiatras y psicólogos. También es importante que enfermeros, personal de recepción y otros trabajadores de los establecimientos sanitarios sepan reconocer señales de alerta, hacer preguntas adecuadas y derivar los casos que necesiten atención especializada.
Según explicó, una persona puede expresar su sufrimiento sin identificarlo necesariamente como depresión. Si el personal que la recibe minimiza sus síntomas o no reconoce la necesidad de una evaluación, podría perderse una oportunidad de intervenir antes de que el cuadro se complique.
La especialista agregó que otro problema aparece cuando los pacientes deben cambiar constantemente de psicólogo debido a la disponibilidad de citas. Esta situación dificulta la construcción de una relación terapéutica y puede obligar a la persona a repetir información íntima sobre su historia y sus problemas.
"Estar cambiando constantemente de profesional no es para nada óptimo para lo que sería su adecuada intervención y acompañamiento", señaló.
¿Qué puede ocurrir si la depresión no recibe tratamiento?
La ausencia de atención psicológica o psiquiátrica no significa que una persona necesariamente desarrollará depresión crónica o intentará suicidarse. No obstante, García Álvarez explicó que la falta de tratamiento puede agravar los síntomas y aumentar el riesgo de complicaciones.
Entre las consecuencias se encuentran las dificultades para concentrarse, dormir y alimentarse, además del deterioro del bienestar físico y emocional. En algunos casos, el trastorno puede prolongarse y requerir una intervención más compleja.
"La falta de tratamiento, de detección y acompañamiento adecuado puede agravar el cuadro, aumentando el riesgo de intentos de suicidio", afirmó.
La especialista añadió que el riesgo suicida no suele aparecer necesariamente de manera repentina. Antes de un intento, algunas personas pueden presentar ideación suicida, es decir, pensamientos relacionados con la posibilidad de quitarse la vida. En determinados casos, estos pensamientos pueden avanzar hacia la planificación, lo que requiere una evaluación urgente.
Por ello, insistió en que es importante identificar las señales de alerta y no restarles importancia cuando alguien expresa desesperanza, sufrimiento intenso o pensamientos relacionados con la muerte.
En esa misma línea, el Ministerio de Salud ha advertido que los intentos de suicidio deben recibir atención de emergencia. La ideación suicida y los cambios importantes en el comportamiento requieren una evaluación profesional, especialmente cuando existe riesgo inmediato para la vida.
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Faltan especialistas y establecimientos para atender casos de depresión
La disponibilidad de establecimientos especializados también constituye un desafío. De acuerdo con la cifra del Minsa citada por García Álvarez durante la entrevista, el país cuenta con alrededor de 305 centros de salud mental comunitaria.
La psicóloga estimó que, para alcanzar el estándar de distribución que mencionó durante la conversación —un centro por cada 50.000 habitantes—, todavía se necesitarían aproximadamente 380 establecimientos adicionales. Esta estimación corresponde a la especialista y debe contrastarse con la información oficial actualizada del Minsa antes de publicarse como una brecha nacional definitiva.
La situación afecta especialmente a las comunidades rurales y a las localidades alejadas que no cuentan con un centro cercano. A ello se suman las dificultades económicas para acceder a servicios privados y las barreras lingüísticas que enfrentan las personas cuya lengua materna es el quechua, el aimara u otra lengua originaria cuando no encuentran profesionales capacitados para atenderlas.
García Álvarez sostuvo que el objetivo no debe limitarse a incrementar el número de psicólogos, sino también a garantizar que los profesionales estén disponibles en los servicios públicos y cuenten con la preparación necesaria para atender problemas como la depresión, la ansiedad y el riesgo suicida.
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Prevención para evitar que los casos se agraven
Frente a este escenario, la psicóloga planteó reforzar la prevención comunitaria, la educación en salud mental y la capacitación de las instituciones que están en contacto directo con la población.
En el caso de los niños y adolescentes, consideró importante que los colegios no minimicen señales de alerta relacionadas con el bullying, la violencia u otros problemas emocionales. Aunque la función del psicólogo educativo no equivale necesariamente a realizar una terapia clínica, sí debe contribuir a detectar dificultades y derivar a los estudiantes cuando corresponda, con seguimiento para comprobar que reciban la atención necesaria.
También destacó la importancia de involucrar a las familias y a las redes de apoyo, de modo que puedan reconocer cambios de comportamiento y acompañar a quienes atraviesan una crisis sin juzgar ni invalidar sus sentimientos.
"Hay que reducir temas de burocracia, hay que tratar de mejorar el acceso de las personas a la atención especializada, pero sobre todo es la etapa de prevención", concluyó.
Para García Álvarez, invertir en prevención y facilitar el acceso temprano a los servicios permitiría reducir la posibilidad de que los problemas de salud mental se agraven y que los establecimientos tengan que intervenir cuando el paciente ya necesita una atención más compleja.








































