199 años de ¿república?
¿Y si comenzamos a creer y trabajar para que la llamada nueva normalidad en el bicentenario sea el comienzo de nuestra República real?

Eduardo Ugarte
Periodista
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El Inti Raymi, es la representación de una ceremonia de la cultura Inca pre conquista. La fiesta de la Candelaria, es resultado del sincretismo cultural post conquista. La Independencia, que mañana cumple 199 años de su declaración, debería ser mostrada con el comportamiento de un ciudadano y un gobierno formados desde una República liberada y autoconstruida, y celebrada no con una representación ni una fiesta popular, sino con una reflexión crítica, que no impide la pandemia como a las anteriores.
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Lo digo así, porque la vida republicana es el ejercicio del poder de las mayorías que eligen a gobernantes, que se rige por la Constitución –para Basadre nuestra independencia empieza el 20 de noviembre de 1822 con la primera Constituyente– y mantiene división de Poderes, todo en pro del bien común y la igualdad ante leyes, derechos y deberes. Pero, en casi doscientos años de altibajos en sucesivos gobiernos “republicanos”, vemos una degradación moral y política, reflejo de inadecuadas normas electorales y malas decisiones ciudadanas.
Lo dicho está en la incoherencia de actitudes políticas personales y masivas, como el caso de Alejandro Toledo, que hace 20 años lideró la Marcha de los 4 suyos para evitar la continuidad de la corrupción institucionalizada y la dictadura, y luego, en el ejercicio del poder, fue igual de malo. Tal vez por eso Bolívar se negaba a homenajes en vida, diciendo que nada garantizaba que no fuese después un traidor.
La pandemia nos ha permitido descubrir que desconocemos el comportamiento correcto de gobernantes y ciudadanos republicanos: que no somos una República. Y la naturaleza nos ha hecho mirar nuestras deficiencias en todo nivel, especialmente en Educación, Salud y Civismo. Advertencia más dura y mortal que las anteriores aún presentes, como la contaminación y calentamiento globales, que solo han movido a pactos incumplidos.
Colofón. ¿Y si comenzamos a creer y trabajar para que la llamada nueva normalidad en el bicentenario sea el comienzo de nuestra República real?






































