Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".
Sin proponérselo -o acaso inconscientemente- el Premier Ernesto Álvarez le asestó una puñalada digna de cuidados intensivos al Presidente interino Jerí. Explicó la sospechosa reunión nocturna con el empresario Zhihua Yang, en un chifa de San Borja, como una trampa en la que había caído por su juventud. Lo paradójico es que esa misma energía juvenil era el elemento esencial de la campaña de imagen de Jerí. Todas esas fotos corriendo con las mangas remangadas, esas apariciones intempestivas en los penales (una suerte de premonición inadvertida de su destino), esa hiperactividad que parecía estarle funcionando en las encuestas, fue la misma que, según Álvarez, lo había metido en camisa de once varas.
Vale la pena saber de dónde proviene esta última expresión, en relación al asunto de esta nota. En la Edad Media existía un ritual utilizado cuando un padre decidía adoptar a un niño. Para ello, según el motor de inteligencia artificial Gemini, el padre adoptivo debía introducir al niño al pequeño por la manga de una camisa muy holgada y sacarlo por el cuello de la misma. El significado del ritual consistía en enfatizar la compleja responsabilidad asumida.
Con el tiempo, esta acepción evolucionó hasta su uso actual. “Meterse en camisa de once varas” (unidad de medida que equivale a unos 83 centímetros, es decir una camisa de nueve metros de tela) pasó a significar meterse en problemas que a uno le quedan demasiado grandes. Como en el medioevo, implica colocarse un traje de talla muy superior a nuestras medidas.
Es obvio que Jerí encaja en esta descripción. No solo es flagrante su incompetencia para enfrentar problemas como la inseguridad o la economía del país. Asimismo, carece de idoneidad moral. El “chifagate” es evidencia de corrupción, no de inmadurez política. La excusa alegada por el primer ministro es trillada y falsa. Los jóvenes de la edad de Jerí (39) pueden ser sumamente competentes en el ámbito público o privado. Descalificarlos para blanquear al Presidente encapuchado y atrapado en asuntos turbios, es un insulto a las virtudes una juventud indispensable para el desarrollo del Perú. No, no lo atraparon por pulpín sino por codicioso.
Es paradójico, como decíamos líneas atrás, que el mismo argumento que de manera implícita era esgrimido para dorar la imagen presidencial, en contraste con la imagen de lentitud e inepcia de Dina Boluarte, sea el mismo con el que ahora se pretende justificar su presencia en el salón de comida oriental. Lo cierto es que el cargo de Presidente le queda grande a Jerí, por muchas tallas, no por edad sino por provenir de un entorno político corrupto y en ocasiones mafioso, tal como el actual Congreso de la República.
De ahí que el debate acerca de vacarlo o no carezca de la más mínima preocupación por quién lleva las riendas del país. Lo que los congresistas y sus dizque partidos políticos evalúan es únicamente su propia conveniencia. ¿Quién gana y quién pierde con la permanencia de Jerí? En el momento de escribir estas líneas el fujimorismo es el bastión que sostiene con sus votos la permanencia de José Jerí. Varias agrupaciones han hecho el cálculo opuesto y se pronuncian a favor de su salida. En esas sumas y restas los problemas peruanos no tienen cabida, pues a ninguno de ellos les importa otra cosa que su futuro político, por llamarlo de alguna manera.
De modo que no es solo a los jóvenes a quienes se insulta al intentar justificar las acciones oscuras de Jerí. Desde el momento en que se designó como Presidente interino a un acusado de violación, ya sabíamos lo que nos esperaba. Por más que el Fiscal de la Nación haya encarpetado la acusación, pues trabaja para ellos, una acusación tan grave en un país con una tasa de violaciones tan elevada como la nuestra, debería ser un criterio de incapacidad para el cargo más elevado, por definición. Aquí sucede todo lo contrario. Se requiere de personas con un ostensible rabo de paja para tenerlos controlados. Mejor todavía si son jóvenes, pues eso, piensan, lo hace más vulnerable a la extorsión de sus patrones.
La realidad, que se empecina en desnudar esos planes malévolos pero ramplones, hizo lo suyo una vez más. Mientras Dina Boluarte se enjoyaba y operaba, Jerí salió en la oscuridad de la noche a “comprar caramelos”. Esta excusa ya no es de jóvenes sino de niños. Estos continuos agravios a la opinión pública son propios de un régimen cuyas bases son la falsedad que encubre la corrupción. Sus jefes del Congreso se encuentran por eso en un dilema digno de aquel del prisionero (nunca mejor llamado). No les voy a infligir la descripción de este célebre ejemplo de la Teoría de Juegos. Baste decir que hagan lo que hagan, como la famosa respuesta de Sócrates, se arrepentirán.
Pues la realidad, en su terca obstinación por preservar la verdad, les ha dicho a los integrantes del Pacto, no solo a Jerí, “Ahora no, joven.” En otras palabras: su jugarreta se fue al traste. Ahora que faltan pocos meses para las elecciones, tienen que tomar una decisión costosa y de consecuencias imprevisibles. Mientras el fujimorismo, con la soberbia hipocresía de quienes se tumbaron a varios Presidentes por los berrinches de Keiko Fujimori, alega preservar la estabilidad, los demás se disfrazan de moralizadores y optan por vacar al impresentable que nombraron.
Pareciera que nosotros no tenemos nada que decir en ese juego de sillas de chifa, pero no es cierto. Observemos la catadura de los personajes de este elenco vergonzoso y saquémoslos del poder con la fuerza de nuestros votos. #PorEstosNo

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".