Opinión

Lléveme donde su líder

"Hubo un tiempo en que los líderes sociales aspiraban a las candidaturas. Ahora las cosas parecen haberse invertido. Ahora hay que esperar para establecer qué es lo que uno piensa o quiere. Se explora las tendencias de la ciudadanía para plegarse a ellas". 

¿Los aspirantes electorales hoy son líderes sociales? Ciertamente no parece. Hubo un tiempo en que los líderes sociales aspiraban a las candidaturas. Ahora las cosas parecen haberse invertido. Ahora hay que esperar para establecer qué es lo que uno piensa o quiere. Se explora las tendencias de la ciudadanía para plegarse a ellas.

     Con esto se ha desvirtuado la expresión dirigente, que bien se podría reemplazar con algo así como seguidor de la corriente. ¿A qué se debe este cambio? Quizás a que los electorados se han vuelto mucho más difíciles de conducir, y no les gusta recoger sus ideas de los políticos. Prefieren las redes, que están llenas de lo que ya sabemos.

     No sorprende, pues, que una pregunta abierta sobre posibles buenos candidatos hoy arroje nombres que van de 4,5% a 0,5%. Son nombres que suenan por todas partes, pero a muy pocos de los consultados les interesa verlos como candidatos. Pero la cosa es mutua: pocos de esos nombres parecen realmente interesados en ejercer un liderazgo social.

     No es muy original, pero parte del problema se debe a la debilidad o la ausencia de partidos políticos. El partido democrático es una maquinaria al servicio de la ciudadanía para acumular méritos y ganar aprobación, expresada en votos. Así, el dirigente partidario es un líder social por definición, sea o no muy popular, gane elecciones o no.

     ¿Qué hacen los aspirantes mientras esperan su momento? Los imaginamos leyendo encuestas (puede ser engañoso), estudiando cómo se podrían comer el queso de algún otro político más popular que ellos, o solo acumulando el llamado reconocimiento de imagen; es decir, pasearse por los medios fatigando los temas de actualidad.

     Hay políticos bien intencionados para los que cosas como emitir opinión, hacer propuestas, lanzar denuncias, o polemizar con posiciones rivales, equivalen a ejercer un liderazgo social. Son tareas honorables para un político, pero no lo vuelven automáticamente un líder. Sobre todo si se le nota mucho que quiere ser candidato.

     ¿Dónde están las personas capaces de reunir hoy en torno de una mesa a personas, políticos o no, que parecen enemistadas a muerte, y que todos puedan levantarse de allí habiendo obtenido unos pocos resultados? Quizás ya aparecen en las listas de los sondeos, o quizás no. Es urgente encontrarlos, y que ellos se encuentren.

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