Pensamiento guía
Hacerse fuertes ante la adversidad, esa ha sido siempre la filosofía de Ricardo Gareca frente a nuestra selección. Este es un resumen de su relación con el fútbol nacional y el origen de su estilo sosegado.

“Creo en el jugador peruano. Por eso estoy aquí”, con esta frase que suena a pisar firme y con el pie derecho, Ricardo Gareca empezó su trabajo como DT de la selección peruana. La dijo en 2015, en la Videna, en una conferencia de prensa, parco, como es su estilo frente a los periodistas peruanos, sin sonreír, pero remarcando que se sentía feliz.
El argentino de pelo largo venía a devolverle la fe al hincha peruano; hacía treinta y seis años que no íbamos a un mundial. De alguna forma nos la debía, pues en las eliminatorias de 1985, un gol suyo nos dejó fuera de México 86. El Tigre, que había sido entrenador de Universitario, renovaba su vínculo con el Perú, ahora como entrenador de la Bicolor, para lograr lo que parecía imposible.
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“No prometo nada, absolutamente nada”, dijo cuando le preguntaron por nuestras posibilidades de ir a Rusia 2018, sin embargo, en una reciente entrevista con el periodista argentino Martín Liberman dejó claro que realmente creía que su trabajo con la selección daría frutos: “A nosotros nos vinieron a buscar para Qatar 2022. Yo le dije a Edwin Oviedo y a Juan Carlos Oblitas que no, porque no podía extenderse tanto, necesitábamos clasificar ahora, esa perspectiva se tenía que dar para Rusia 2018″. Y así lo hizo.
Nuestro retorno a la Copa del Mundo convirtió a Gareca en una celebridad, un ídolo al que aplauden en los restaurantes y ovacionan en los vuelos de avión. Quizás el argentino vio algo en el seleccionado que los entrenadores que lo antecedieron no: “Me gusta la técnica del jugador peruano, me gusta el desafío de llevar a esos jugadores a un rendimiento físico más elevado –dijo a un medio argentino– [...] Perú es una selección que tiene una buena reacción ante la adversidad”.
Levantó la débil autoestima de nuestro seleccionado: “La autoestima tiene mucho que ver, si a nuestros hijos los estamos criticando en vez de trabajarle el amor propio, le estamos trabajando los defectos, obviamente ese chico va a crecer lleno de dudas”, le dijo a Mónica Delta en tono de padre. “Va a haber obstáculos y problemas todo el tiempo, pero tenemos que superarlos”, añadió.
De pronto, esa sabiduría para afrontar los errores con templanza provenía de su pasado como futbolista. Había jugado en Boca Juniors, en América de Cali, en el Vélez Sarsfield (el equipo del que era hincha su padre), y fue integrante de la selección argentina. Sin embargo, su participación en esta última no fue tan destacada, por lo que nunca llegó a ser convocado para ir a un mundial.
En una entrevista con ESPN recordó un partido de las eliminatorias en el que no rindió, y el gesto que tuvo con él Norberto Alonso, uno de los grandes del fútbol argentino: “Estábamos en un boliche, y aparece el Beto Alonso, que se levanta hacia mi mesa y me dice: Estuve en la cancha, tranquilo, esto recién comienza para vos, estas cosas pasan, y te van a pasar en toda la carrera deportiva. Son detalles que a uno le quedan de pibe”.
No se caracteriza Gareca por ser un entrenador que critica la indisciplina de sus jugadores en público. En enero pasado, cuando Paolo Guerrero celebró su cumpleaños con una fiesta cuando aún estaban prohibidas por la pandemia, el técnico dijo: “Cada uno es dueño de cuidar su vida, cada uno que elija de qué manera se cuida”. En privado las cosas se ponen más rectas, en algún momento Christian Cueva declaró que el técnico le llamó la atención cuando se portaba mal. “A mí no me gusta imponer. Quiero que los jugadores tomen conciencia”, le dijo a Olé.
Firme, pero no por eso autoritario, el estilo del Tigre ha calado en el cambio de mentalidad de la selección. ¡Pensá!, ese gesto de los índices sobre las sienes, un ícono para los peruanos, marcó la pauta en nuestro recorrido a Rusia. ¿Será el conjuro que hará realidad nuestra llegada a Qatar?
















