Raúl Tola: “La posición de Mario Vargas Llosa frente a la literatura siempre fue la misma, nunca cambió”
La República conversó con el escritor Raúl Tola, quien es también el director de la Cátedra Vargas Llosa, entidad que cuida y promueve su legado. Tola nos habla de su vínculo con el Nobel de Literatura 2010 y de lo acompañados que debemos sentirnos con sus libros. Se extraña a la persona, a la figura pública, pero quedó lo más importante. Este lunes 13 de abril se cumple un año de su partida.

“Mi relación con Mario Vargas Llosa la inicié hace muchos años. Por mi ejercicio periodístico, yo lo entrevisté una vez antes de las elecciones del 2011, cuando estaban todavía por definirse las preferencias; y en la entrevista, para que la recuerdes, yo le pregunté qué pasaría si se enfrentaban en una segunda vuelta Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Y él dijo que eso no iba a pasar porque eso era como que se enfrentaran el sida y el cáncer terminal. Esa fue la primera entrevista que le hice. Después supe por amigos comunes que había salido muy contento de la entrevista. Ese fue el inicio de una serie de trabajos periodísticos que lo tuvieron como figura de entrevistas y sobre todo coberturas. Pero mi relación se estrecha con él cuando yo me mudo a Madrid, hace ya algunos años. Entonces, esa simpatía que yo creo que ya teníamos para entonces, me parece que se convierte en amistad”, declara para La República el escritor, periodista y director de la Cátedra Vargas Llosa, Raúl Tola.
Este lunes 13 de abril, se cumple un año de la partida de Mario Vargas Llosa. Desde meses antes de esa fecha, ya existían rumores del delicado estado de salud de nuestro escritor. No obstante, más de uno pensaba que íbamos a tener a Vargas Llosa para rato. No era para menos. Vargas Llosa tenía una dimensión poliédrica, que como tal no solo suscribía el espectro literario, sino que también cubría aspectos de la vida política y social, y no solo del Perú. Raúl Tola sabía de su estado de salud y, para entonces, ya era el director de la Cátedra Vargas Llosa, la institución encargada de promover su legado literario y cultural.
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“Yo tengo una última experiencia en la televisión en el Perú, y luego de esa experiencia vuelo a Madrid. Tenía mi esposa, mi hija pequeña y un hijo por nacer. Era una situación bastante complicada y desesperada. No tenía trabajo, no tenía perspectivas; además, no tenía la red de contactos que tenía en el Perú aquí en Madrid. Entre los muchos trabajos que me busco y que empiezo a desarrollar, él me propone que empiece a colaborar con la Cátedra. Mario se preocupó mucho por mí. Una cosa que yo recuerdo con una enorme gratitud y cariño es el interés que puso en mi situación en ese momento. Él me buscó trabajo; habló con el director del diario El País; se movió para ayudarme. Y finalmente, claro, empecé a colaborar en la Cátedra. Y cuando se produjo la transición en la Cátedra, cuando se cambia de dirección, Mario me ofrece la dirección. Eso fue en pandemia. Y yo, por supuesto, acepté”.

Mario Vargas Llosa. Foto: Morgana Vargas Llosa.
Es muy probable que Mario Vargas Llosa haya visto en Raúl Tola al escritor joven que fue, aquel que salió de Perú para irse a Europa y formarse como escritor. “Probablemente sí, él leyó mi primera novela y le gustó, la recomendó a la editorial, una novela que se llama Flores amarillas; y también estuvo atento a las novelas que publiqué después. Yo crecí leyendo a mis admirados Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce, Julio Ramón Ribeyro, que son la trilogía que me parece todos los jóvenes peruanos amantes de la literatura hemos leído. Los tres se formaron como escritores o se consolidaron como escritores en Europa antes que en el Perú. Yo siempre había idealizado, como ellos, París, aunque me atraía en general Europa. Quería tener la posibilidad de vivir en Europa, aunque fuera una temporada. Cuando me quedé en el 2011 o 2012 sin trabajo en la televisión, pensé que era la única y última oportunidad que iba a tener de cumplir ese sueño, porque a mí, la verdad, me había ido bastante bien en la televisión. Siempre había tenido trabajo”.
Perú sin Mario
“Siento que, con la pérdida de Mario, el Perú se quedó sin una de sus figuras tutelares. El Perú se queda un poco huérfano sin él”, señala Tola. Razón no le falta. La opinión de Vargas Llosa era una luz, así estuviéramos o no de acuerdo, en medio de la confusión. “Vargas Llosa marcaba la agenda cuando decidía hablar del Perú. Cuando decidía pronunciarse, siempre causaba muchas reacciones y, en general, un gran impacto”.

"La ciudad y los perros". Imagen: Difusión.
El Vargas Llosa personal
Todos quienes hemos leído a Vargas Llosa tenemos uno o dos títulos de preferencia. No es nada poco, teniendo en cuenta que Vargas Llosa ha escrito obras maestras y muy buenas novelas que las secundan. En el caso de Tola, este libro es la novela La ciudad y los perros. “Yo sabía de la existencia de Vargas Llosa cuando era chico, porque ya era un escritor muy conocido. Su figura adquirió una especial notoriedad cuando fue candidato a la presidencia en las elecciones de los 90. Mi familia apoyaba su candidatura. Creo que fue la única época en la que he visto a mis padres realmente asumir un interés político, como ir a mítines. Cuando tenía 13 años, mi mamá me recoge del colegio y me lleva a una reunión de té con mis tías. Ellas estaban conversando cuando una de ellas dijo que se había enterado de “una cosa de Vargas Llosa y no sé si contarles. Pero no puede salir de aquí: Vargas Llosa es ateo”. Vargas Llosa no era ateo, era agnóstico, pero para el caso era lo mismo. Lo que dijo mi tía causó un gran revuelo entre las señoras y, en medio de esa conversación, de ese revuelo, de ese alboroto, escuché la frase que creo que cambió mi vida, porque otra tía dijo “sus novelas son asquerosas”. Cuando llegué a mi casa, busqué lo que teníamos de Vargas Llosa y había una edición de La ciudad y los perros, que fue lo primero que leí a escondidas, secretamente, sintiendo que estaba haciendo algo prohibido. Después la he vuelto a leer un par de veces más. Pero me impactó mucho por el atrevimiento, porque hablaba de un grupo de jóvenes en la Lima de los años 50 y 60. Había una especie de mística alrededor de la lectura de ese libro, réprobo y asqueroso. Para mí, en el fondo era un gesto de rebeldía”.
La Cátedra Vargas Llosa
“Nosotros intentamos dar una visión completa del mundo complejo y poliédrico de la obra literaria de Mario Vargas Llosa. De hecho, esa no es la única misión de la cátedra. La cátedra, efectivamente, tiene entre sus misiones la promoción y la defensa de la obra de Mario Vargas Llosa y ahora, luego de su fallecimiento, de su legado. Pero también estamos obligados a contribuir a la promoción de la literatura en nuestro idioma, a la defensa del español, al descubrimiento de nuevas voces narrativas. Entonces es una misión que no se restringe a Vargas Llosa. Yo dirijo la Cátedra Vargas Llosa. Mis gustos no son lo más importante al momento de dirigir la cátedra, porque la cátedra es una institución que no depende de mis caprichos. Lo que trato de hacer desde la dirección es ser lo más abierto y plural posible, invitar a gente de distintas tendencias, de todos los países posibles. Ahora, tengo que admitir que el cargo me permite darme algunos gustos, es decir, tomar contacto con algunos de mis escritores fetiche. Para la primera edición del Festival Escribidores, invité para la inauguración al escritor rumano Mircea Cărtărescu. La inauguración consistía en un diálogo con Vargas Llosa. Cuando le pregunté qué mes del año le convendría, me dijo que para el señor Mario Vargas Llosa estoy disponible los 12 meses del año. Entonces descubrí que Cărtărescu, como la mayoría de los escritores rumanos, se formó leyendo a los escritores del boom porque, por alguna razón, en la Rumanía de Ceaușescu, la censura no alcanzó a los escritores latinoamericanos. Cărtărescu sentía que cuando leía Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo o La ciudad y los perros, Vargas Llosa, al hablar del Perú, estaba hablando de Rumanía, de su situación, de este país asfixiado por la dictadura de Ceaușescu. Entonces, había una admiración por él, una devoción. El mismo Cărtărescu dice que esa conversación, ese encuentro con Vargas Llosa, ha sido uno de los momentos más maravillosos de su vida. Lo que te quiero decir es que la figura de Mario es enorme y que probablemente, por tenerla tan cerca, los peruanos no llegamos a ver su verdadera magnitud. Y uno la ve cuando se aleja un poquito del Perú y ve que, en España, por ejemplo, causa verdadera admiración”.

En la Cátedra Vargas Llosa: Raúl Tola, Javier Cercas, Mario Vargas Llosa y Juan Gabriel Vásquez. Foto: Difusión.
Un hombre poliédrico
Mario Vargas Llosa fue un hombre polémico precisamente por la variedad de sus intereses. Uno de ellos fue la política, que lo llevó incluso a postular a la presidencia. Al respecto, hay discursos (en el periodismo y la academia) que indican que la obra de Vargas Llosa cambió cuando, a finales de los 70, hizo su viraje a la derecha, el cual tuvo un impacto en su producción posterior. Bajo ese nuevo escenario, se ha llegado a aseverar que su obra dejó de proyectar las luces de cuando estaba en la izquierda. Lo cierto es que, en ese nuevo trayecto, entregó obras maestras, como La fiesta del Chivo en novela y El pez en el agua en no ficción. Sobre este punto, Tola señala: “Vargas Llosa fue evolucionando, se fue transformando ideológicamente; pero su posición frente a la literatura siempre fue la misma, nunca cambió; su voracidad, su afán totalizador, su necesidad por contar, por denunciar los abusos de la autoridad, del poder, está presente hasta en sus últimos libros. El penúltimo libro, Tiempos recios, es un libro contra un dictador. Incluso yo he escuchado a algunas personas decir que es un libro de izquierdas. Los análisis extraliterarios no se corresponden con la realidad”.

Mircea Cărtărescu y Raúl Tola. Foto: Difusión.
La Academia Francesa
En La República no dejamos de insistir en una de las cúspides de Vargas Llosa. Su ingreso, en el 2023, a la Academia Francesa es un hito histórico. El peso de este logro es mayor que el Nobel de Literatura por la tradición de siglos de esta institución. Es el primer hispanoamericano en integrarla. “Fue absolutamente increíble por varias razones. No es solo el primer hispanoamericano, sino que el grueso de su obra no está en francés. Vargas Llosa ingresa a la Academia Francesa rompiendo esa tradición. En buena parte, según se dicen los considerandos, por la manera en que él contribuyó a difundir la literatura francesa en el mundo, por sus lecturas de Flaubert, Camus, Sartre, Victor Hugo y de tantos escritores franceses que él ayudó a difundir entre los lectores hispanos y no hispanos del mundo. Eso es algo absolutamente extraordinario. Yo creo que el Nobel siempre estuvo en los cálculos, siempre se pensó que él era un candidato fijo al Nobel, que tarde o temprano lo ganaría. Cuando empezaron a pasar los años y el Nobel no recaía en Vargas Llosa, pues ya empezó a generarse cierta inquietud. Se pensaba que la Academia Sueca iba a cometer la misma injusticia que cometió con escritores como Tolstói y Kafka, que no recibieron el Nobel, pero finalmente lo recibió; y estaba dentro de la lógica, del cálculo de todo el mundo. Pero la recepción del ingreso a la Academia Francesa, eso no lo podía calcular nadie, eso fue un hecho absolutamente extraordinario. Nunca ha ocurrido antes en una institución con la tradición de la Academia Francesa. La dimensión de ese logro no ha sido totalmente aquilatada por estos considerandos, por estas razones que te doy. Si para un francés ingresar a la Academia Francesa es algo extraordinario, imagínate para alguien que no ha escrito en francés. Es increíble”.
No estamos desamparados
“Como hablamos hace un momento, Vargas Llosa era una figura tutelar; pero culturalmente tenemos sus libros. Creo que Vargas Llosa está presente, de alguna manera, en todos los escritores peruanos. Cercas dice que Vargas Llosa era uno de los pocos genios de la literatura cuya persona no defraudaba en relación a la obra. Vargas Llosa tenía mucho sentido del humor, era una persona que consumía mucha cultura popular. Una vez invitó al cine a un amigo; este amigo pensó que lo llevaría a ver alguna película de autor, reflexiva, pero no, lo invitó a ver Spider-Man. Vargas Llosa tenía una gran curiosidad y esa gran curiosidad está presente en toda su obra. Lo extrañamos como persona, pero su literatura ha quedado con nosotros”.


















