El legado de Luis Alberto Sánchez (1900 – 1994): la voracidad lectora y la dimensión de trabajo
En la falta de sintonía total con su poética yace su actualidad. Un intelectual que suscita consenso está más cerca del olvido que de la nominación permanente. En este sentido, LAS le ha ganado la guerra a sus detractores. Una obra como la suya no la hace un ocioso.

Hubo una época en que los políticos peruanos eran cultos, leídos y educados. Sin duda, Luis Alberto Sánchez (1900 – 1994) pertenece a esa galaxia de políticos hoy en franco camino a la extinción. Aprista hasta el final de sus días para felicidad de sus detractores, el popular LAS destacó también como un poderoso humanista, cuya pluma hizo transitar por importantes publicaciones nacionales y extranjeras, guiada la mayoría de las veces por la fuerza de la impresión con la que hacía un despliegue de su mayor cualidad como intelectual: su voracidad lectora.
Solo mediante esta suerte de hambre de lectura es que se puede entender la dimensión poliédrica de su obra. LAS no fue autor de un solo género; braceó a gusto en las parcelas de la crítica e historia literaria peruanas, el periodismo, el ensayo, la poesía, la novela, el cuento, el discurso político y la biografía. En la tradición de la cultura peruana, son contados los nombres que pueden recibir el rótulo de “escritor total” y LAS, bajo todo punto de vista, fue uno de ellos.
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A su ya legendaria bibliomanía habría que sumar la otra cualidad que lo define y que es de consenso general: su dimensión de trabajo. Es importante señalar esta característica de su obra y más en una época en que las mezquindades académicas lo asumen como una referencia en desuso que a duras penas sirve para ser puesta en un pie de página de un inextricable paper que será valorado por cinco gatos. LAS, hay que decirlo, a diferencia de muchísimos literatos/críticos/reseñistas/palmeros literarios/etc., fue un comentarista de libros acertado. Una visita a las hemerotecas nos daría/reforzaría la certeza sobre la buena intención de sus planteamientos (no importa si estamos de acuerdo con los mismos o no). En lo personal, me queda muy claro que LAS no hizo del aparato crítico un autoservicio y ese pequeño gran detalle habla muy bien de él, de su ética.
La obra
De su extensa producción de más de un centenar de títulos, se pueden citar algunos que constituyen la columna vertebral: los cinco tomos de La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del Perú (1929 – 1975), proeza que fue calificada por Washington Delgado como “el fundador de la historia literaria en Perú”; La perricholi (1936); Don Manuel. Biografía de Manuel González Prada (1937); El Perú: retrato de un país adolescente (1958/este libro es de lectura obligatoria para tener un acercamiento al Perú de hoy en día); Aladino, o vida y obra de José Santos Chocano (1960), título que para quien escribe es la obra mayor de LAS y que el Fondo Editorial del Congreso reeditó en 2017; Testimonio personal. Memorias de un peruano en el siglo XX (1969); Valdelomar o la belle époque (1969); Visto y vivido en Chile: bitácora chilena 1930-1970 (1975), en donde deja testimonio, entre otros datos de mucho valor, sobre su desempeño al frente de la editorial Ercilla; y Conservador no; reaccionario sí. Nota sobre la vida, obra y proyecciones de don José de la Riva Agüero y Osma (1985).
Una obra tan prolífica como la suya no pudo ser ajena a la irregularidad y, por ende, a las críticas, algunas de ellas antojadizas, como la del literato chileno Luis Harss en Los nuestros de 1964 (este es uno de los títulos de referencia para entender el boom latinoamericano). LAS no pasaba desapercibido y la polémica fue parte medular de su trayectoria (sabía que el mayor privilegio que puede exhibir un intelectual era decir lo que piensa y, en función de ese privilegio, sabía igualmente que las críticas a sus opiniones eran parte de la dinámica; no se hacía problemas con los sentimientos menores). Basta seguir su ritmo de publicaciones para especular sobre una sospecha razonable: LAS imponía respeto intelectual y respondía con obra, y contribuyó a la formación cultural de generaciones de peruanos. LAS es, a la fecha, una marca. Las nuevas generaciones de peruanos saben de él sin necesidad de haberlo leído. Esa es una manera legítima de trascender.
Como indicamos, no es necesario estar de acuerdo con los postulados literarios, políticos e históricos de LAS. En la falta de sintonía total con su poética yace su actualidad. Un intelectual que suscita consenso está más cerca del olvido que de la nominación permanente. En este sentido, LAS le ha ganado la guerra a sus detractores. Una obra como la suya no la hace un ocioso.
Como todo autor de importancia, LAS tiene puertas de entrada a su océano de conocimientos e inquietudes. Una de esas puertas es Conversaciones, que Mosca Azul publicó en 1975. En esta publicación, LAS diserta, discute e intercambia opiniones con José Miguel Oviedo y la sensación que deja en el lector es la de lanzarse al mundo para leerlo todo, absolutamente todo. Leer mucho y trabajar mucho. No hay otra fórmula. He ahí su legado.
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Dato:
1921. Ingresó a trabajar al Colegio Alemán y tuvo como alumnos a Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Estuardo Núñez, Carlos Cueto Fernandini, Guillermo Lohmann Villena, entre otros. Puros peruanos ilustres.
1994. Luis Alberto Sánchez falleció el 6 de febrero. Tenía 93 años.



















