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Ernesto Pinto-Bazurco: “Isabel Barreto debe ser ícono de la mujer actual”

El escritor y diplomático ha publicado Isabel de los mares, que trata sobre la primera mujer almirante del mundo que nació en el virreinato del Perú.

Ernesto Pinto-Bazurco Rittler (Alemania, 1946) vuelve a navegar en la vida de Isabel Barreto, la primera mujer almirante de la historia de la navegación mundial. El escritor y diplomático peruano ha publicado Isabel de los mares. Secretos y tesoros escondidos (Ed. Planeta), una novela histórica que narra el gran viaje hacia el Oriente de esta mujer que nació en el virreinato del Perú en el siglo XVI, aunque es considerada almirante de la armada española.

Los historiadores sostienen que nació en Lima y que muy pequeña fue trasladada al Viejo Mundo y que después regresó al Perú, donde se casó e inició su travesía hacia los mares del Sur desde el puerto de Paita. Las páginas del libro de Ernesto ventilan su coraje, sus amores y la hazaña de descubrir las islas Marquesas en un recorrido que supera el viaje de Colón.

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Para Ernesto Pinto, que anteriormente ha publicado Isabel de los mares, primera embajadora de América, Isabel Barreto, por su independencia y valentía, debe ser ícono de la mujer actual. No le falta razón, Felipe II decía de ella: “Aquel que se atreva a casarse con una mujer tan intrépida merece el virreinato del Perú”.

Hemos leído crónicas, libros de viaje, pero no existen muchas noticias sobre ella.

Es verdad. Mi interés por ella es porque yo también he sido un viajero impertinente, pues llegué al Perú cuando era chico en el barco de refugiados “Rímac”, después de la Segunda Guerra Mundial. Resulta que Isabel Barreto es un personaje igual que yo, mestizo de primera generación, mi es padre peruano y madre alemana. Creo que los mestizos de primera generación somos más curiosos, porque nos juzgamos nuestro origen, nuestro destino.

¿O sea por identificación?

Así es, por el asunto de origen. Ella nace en el Perú y es criada por una indígena, como era la costumbre. De ella aprende la interpretación de los quipus. Los quipus la llevaron a esa gran aventura, porque, además, se enteró de que Túpac Yupanqui estuvo en las islas de la Polinesia.

¿Y usted cómo se enteró de ella?

Me enteré en la academia diplomática por el historiador y diplomático Guillermo Lohmann. Después vi un barco de transporte en el Perú que llevaba su nombre. Allí comencé mi investigación, pero había poca información en el Perú, pero sí en otros países, por ejemplo, en China. Y es que Isabel inició su viajé hacia China cuando se cumplía un aniversario más del descubrimiento de América. Ella se dijo “si Colón quiso llegar a China y por qué no llegamos a China desde aquí”.

¿Ella, siendo peruana, cómo así pertenece a la armada española?

Para que ella pueda realizar este viaje tenía que tener dos elementos. Tener el dinero para comprar el vehículo y tener la licencia. La licencia para navegar en ese entonces lo tenían los españoles, que daban los títulos de adelantado y almirantes. La plata lo recolectó su familia. Se calcula que los cuatro barcos de su aventura costaron 30 millones de dólares.

¿Y cómo resolvió esos requisitos?

Con audacia. Para obtener la licencia, se casa con el marqués Álvaro de Medaña y Neira, que le triplicaba en edad. Hace un matrimonio por conveniencia y hace firmarle un testamento donde ella heredaría todo. Efectivamente, como estaba previsto, muere el marqués en las islas Salomón y ella sigue comandando y se va hacia la China. Parece que hubo un compromiso entre ellos: él tenía el sueño de llegar a las islas Salomón y ella llegar a China. En su trayecto descubrió las islas Marquesas, adonde llegué invitado y aproveché para escribir in situ. Allí le han dedicado una placa y otra también a mí.

Tengo entendido que allí aprecian muchos a los peruanos porque dicen que Túpac Yupanqui llegó a esas islas.

Así es. Nosotros no los conocemos, pero ellos nos conocen perfectamente. Me recibieron con comida peruana. Ellos nos ubican por una razón muy sencilla, nosotros somos el territorio continental más cercano.

Más allá de las anécdotas, ¿qué significación histórica tiene voltear los ojos hacia Isabel?

Mire, quisiera contar por qué he escrito esta novela. No solo para recrear, sino para instruir y llamar la atención a los peruanos sobre dos aspectos. Nosotros, ahora de cara al bicentenario, recordamos a nuestros precursores, héroes nacionales, pero nos hemos olvidado de que también hay héroes universales. Y los héroes universales son Jorge Chávez, que nunca estuvo en el Perú, pero lo nombraron héroe de la aviación peruana. Chávez servía a Suiza e Italia. Su propósito era sacar medicina de Suiza a Milán.

No deja de ser un símbolo.

Sí, nosotros debemos cultivar tanto los héroes nacionales como universales, porque tenemos tres millones de peruanos que viven en el extranjero y necesitan símbolos, íconos que puedan emular.

Isabel Barreto se instala como ícono.

De las figuras femeninas, es la más importante. Es una figura femenina por excelencia, porque supera las hazañas de los hombres. La historia da cuenta de que Pizarro, Cortés y el mismo Magallanes mueren en sus hazañas. Ella no muere ni mata a nadie. Lo que ella hace es mucho más importante de lo que hacen los hombres. Eso necesita la mujer actual.

En un pasaje dice: “Yo no soy lo que otros quieren que sea, yo soy lo que quiero ser”. Autoafirmación de una mestiza.

Eso es muy importante. Actualmente se difunde en todos los periódicos a las mujeres que son víctimas, yo creo que es necesario también destacar la mujer que no es víctima, sino la que tiene éxito. La mujer que tiene éxito es porque simplemente se atreve más que los hombres. Ella consigue sus metas.

Tuvo que remontar prohibiciones. En la travesía va con su marido, pero igual allí va también su amante.

Ahí está una razón por la cual ella no es conocida. En ese entonces hay conflictos de intereses, sobre todo de la Iglesia que no permite que la mujer sea independiente ni mucho menos destaque. Cuando Isabel llega a Piura, un obispo la conmina a que se meta a un convento o si no le iba a caer la Santa Inquisición. Se mete, pero se escapa y vuelve a negociar para que le den la posibilidad de vivir, casi en destierro, en Castrovirreyna, donde muere. Entonces, ahí viene una cosa interesante, no está probado por la historia, pero curiosamente seis años después aparece Isabel Flores de Oliva, Santa Rosa de Lima, todo lo contrario de ella, y que la han hecho patrona de las Filipinas, donde estuvo Isabel.

Casi una trasmutación...

Hay conflicto de intereses, como ahora, de levantar a una figura por otra.

Para su época, Isabel era una mujer moderna. Sabe cómo persuadir, cuándo callar y cómo ordenar, incluso rogando...

Debe ser el ícono de la mujer actual. No creo que la mujer moderna sea lo que exhibe la prensa, las mujeres víctimas. Es una mujer que hace realizaciones con buen sentido, nunca se le pudo juzgar de nada, solo de ser mujer.

¿Isabel es almirante de la armada española, ellos la asumen así?

Sí, pero lo importante es cómo lo asumimos nosotros. Acaban de ascender dos mujeres al grado de almirantes de la Marina de Guerra del Perú. Han puesto, como se debe, el retrato de Isabel Barreto.

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