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Opinión

Antes de abrir el champagcito (parte 2), por Mirko Lauer

Las elecciones presidenciales en Perú generan incertidumbre. La posible victoria de Keiko Fujimori no garantiza estabilidad, como se ha visto en la historia reciente de la política nacional.

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Antes de abrir el champagcito | Alejandro Céspedes usando Nano Banana AI | Nano Banana

En la entrega anterior, en esta columna revisamos una breve lista de problemas serios, es decir, potencialmente terminales, en una presidencia de Sánchez. Ahora comentamos que tampoco el fujimorismo y sus simpatizantes deberían precipitarse a descorchar el espumante y celebrar su victoria, si llega a producirse. También para Keiko Fujimori la presidencia sería una bendición muy a medias.

    Vistos desde este momento, los problemas de Sánchez serían políticos e institucionales; los de Fujimori estarían crudamente puestos en las calles y los directorios. La reacción a una derrota de Sánchez puede llegar a ser violenta, en la línea de las protestas pro-Pedro Castillo, con mecha corta o mecha larga.

    En última instancia, los dos opositores de Sánchez —Antauro Humala y Castillo— van a ser pivotes importantes en el campo enemigo de Fujimori, uno que puede empujarla a cometer costosos errores. El presente grado de encono electoral no se va a disipar en poco tiempo, y menos cuando Fuerza Popular ya mantiene un importante peso en el Congreso.

    Sin Sánchez vigente como peligro político, el antifujimorismo se volcará hacia verdaderas maratones de fiscalización, lo cual en poco tiempo empezará a liquidar la imagen, léase la aprobación, de la presidenta. Las posibilidades de Fujimori de concluir su presidencia son muchísimo mayores que las de Sánchez, pero no al 100 %. La bola de nieve desestabilizadora que ella misma lanzó en el 2016 sigue rodando.

    No hay manera de pensar en un gobierno de Keiko Fujimori con la eficiencia del de su padre. Una cosa es interferir con gobernantes y administradores desde una alianza construida sobre su mayoría en el Congreso. Otra es tomar directamente las riendas del Estado. Ya sus propuestas electorales de este año nos cuentan parte de esa historia futura.

    Haberse empecinado tanto en presidir el país podría ganar un premio a la insistencia, pero no necesariamente convertirla en una buena presidenta. Al igual que en el caso de Sánchez, la mesa está servida para una gran decepción. Mucho champán ha producido resacas incluso antes de haber sido bebido.

    Por último, las relaciones entre Fujimori y el sector privado son un idilio que todavía debe ser demostrado. Hay fuertes temas en el ADN fujimorista que pueden llevarlos a choques con consecuencias políticas.

   

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