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Algunos vecinos del Museo Reina Sofía de Madrid, donde se encuentra el cuadro “Guernica” de Pablo Picasso, aseguran que durante la noche se escuchan fantasmales gritos de dolor.
“Eso no puede ser”, desmiente el anciano Nelson Oviedo porque, según él, después de que los fascistas bombardearon la ciudad santa de los vascos, no quedó en España más dolor. El crimen se entronizó y, desde entonces, no hay tantos suplicios y calvarios que superen lo que hicieron Franco y sus bestias.
Como se sabe, el 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor de Hitler bombardeó la ciudad durante tres horas en apoyo al general Franco. Para que un peruano se haga idea, esa ciudad era del tamaño de la pequeña ciudad Santiago de Chuco. Veinticinco aviones la bombardearon y dejaron caer cien mil libras de explosivos, mientras otros veinte aviones perseguían a los sobrevivientes.
En el cuadro, se pueden ver seis cuerpos humanos -cuatro mujeres, un hombre y un niño-, además de un caballo y un toro. Hay una madre que gime sosteniendo a su hijo muerto, al tiempo que un caballo relincha y pisotea a un hombre caído cuyo brazo ha volado.
Sobre aquella obra pictórica, Picasso declaró entonces: “En el cuadro que estoy pintando, que llamaré “Guernica”, expreso mi horror hacia la casta militar que ahora está saqueando a España en un océano de miseria y muerte”.
Le pregunto a Ricardo González Vigil qué representa este cuadro y por qué tiene trascendencia histórica. Y me dice:
“Representa el grado extremo de deshumanización de la violencia desencadenada por las fuerzas rebeldes contra la República, que había ganado las elecciones en España. Con el apoyo de los aviones nazis, bombardeó la ciudad de Guernica, la cual no participaba en la lucha armada; por tratarse de una ciudad venerada por los vascos, donde se alzaba el roble vinculado a sus fueros de ciudadanos libres. La habitaban solo mujeres, niños y ancianos”.

César Vallejo. Imagen: Difusión.
El peruano González Vigil es quien mejor ha interpretado la obra de César Vallejo. Para él, la Guerra Civil y la pintura hecha por Picasso son fundamentales en la creación de España, aparta de mí este cáliz, el poemario máximo de Vallejo.
“El más famoso cuadro de Pablo Picasso se expuso por primera vez en 1937, en la sesión inaugural de la Exposición Inaugural de París. De ahí, partieron a España decenas de escritores renombrados, entre ellos César Vallejo, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Ernest Hemingway, George Bernanos y Stephen Spender”.
¿Qué importancia tiene Guernica en la obra poética de Vallejo?
“La visión del “Guernica” fue decisiva para que brotara en Vallejo el germen de ‘España, aparta de mí este cáliz’. Vallejo consideraba a Picasso el más grande artista de su tiempo, a tal punto que sostuvo que él quería, en palabras, hacer lo que Picasso en las artes plásticas. Consternado por la guerra civil española, plasmó un conjunto al que tituló Batallas de España, al que después condensó en el poema II de España, aparta de mí este cáliz. Nótese que en la tercera parte de ese poema II enfoca el bombardeo de Guernica; y en la quinta parte de dicho poema aborda la atroz fuga en el territorio de Málaga (el suelo natal de Picasso)”.
Y ¿qué significa España, aparta de mí este cáliz en la obra vallejiana?, agrego.
“Significa su cumbre poética más alta, de mayor hondura humana y trascendencia universal. Quizás es el ejemplo mayor, en la poesía del siglo XX, de la categoría estética de lo sublime. Fusiona rasgos épicos, trágicos y líricos, trasladando al plano terreno y sociopolítico el mensaje bíblico: los profetas, los salmos, el apocalipsis y, sobre todo, los evangelios sobre la pasión redentora de Jesucristo”.
“Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…”.
Al combatiente, gracias a Vallejo, todos los hombres de la Tierra se le unieron y revivió. Esa resurrección parece más cierta que los gritos de dolor que supuestamente lanza el cuadro de Picasso desde el Reina Sofía.
Lo sé y lo siento porque, además de Los heraldos negros he leído los estudios que hace González Vigil, quien es crítico literario, ensayista y profesor.
Por la calidad de la poesía que hemos leído de él (y hasta por su figura) la gente lo siente primero como un poeta. Lo es.
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