Periodista por la UNMSM. Se inició en 1979 como reportera, luego editora de revistas, entrevistadora y columnista. En tv, conductora...

¡Lloren, rojetes!, por Maritza Espinoza

"En fin, cada que recuerdo las injusticias que ha sufrido la pobre Keiko me hierve la sangre"

No sé qué está pasando conmigo, pero desde el mediodía del martes pasado he comenzado a sentir profunda repugnancia por todo lo que huela a antifujimorismo (¡vade retro, caviares!) y a comprender, por fin, las razones detrás de los actos de esa encomiable mujer llamada Keiko Fujimori, quien ese mismo día se convirtió en la dueña y señora de nuestros destinos.

No sé si habré sido poseída por el espíritu de Mumm Ra (el nombre cariñoso del recién resucitado Absalón Vásquez) o si simplemente comí demasiado lomo saltado en las fiestas patrias. Lo cierto es que hoy veo con una nueva Luz (Salgado) los acontecimientos políticos de los últimos tiempos y por fin he comenzado a pensar como pensaría cualquier fujimorista que se respete.

Ahora, por ejemplo, valoro mucho más el sacrificio de la flamante senadora Silvana Robles, tan injustamente tratada por sus colegas de partido, quien habría viciado su voto para favorecer al pacto democrático, mostrándolo así, así, de medio lao, para que no se viera la marquita por la que se le declararía nulo.

¿Se imaginan mayor abnegación? Si no fuera por ella, el Senado hubiera caído en manos de las caóticas fuerzas del comunismo. Co-mu-nis-mo, sí señor, porque, aunque Jorge Nieto jure que él es de centro derecha, jamás olvidaremos que perteneció a la ultraizquierda desde su juventud. ¿Qué, que lo mismo pasó con Fernando Rospigliosi? ¡Nooo! Eso es muy diferente: su incorporación al fujimorismo borró por completo su pecado original. ¡No pueden compararlos!

Volviendo a Silvana, hay quienes insinúan que su generoso gesto se habría debido a a una negociación por la libertad de Vladimir Cerrón quien, ¡oh casualidad!, fue exculpado por el Tribunal Constitucional justo por esos días. ¿Qué tan desalmado hay que ser para atribuir a bajar transacciones un acto de patriotismo?

Los irresponsables críticos de nuestra presidenta también se han ensañado con el nuevo gabinete. Han dicho, por ejemplo, que Alberto Beingolea no tiene ninguna calificación para ser ministro de Cultura. Tremenda burrada. Beingolea, por si no lo saben, sabe mucho de fútbol y el fútbol, señores, es parte de nuestra identidad. Además, y eso todos lo saben, Beingolea ha sido burbujito de Yola Polastri y Yola Polastri, ¡imberbes!, fue y será un tesoro nacional, como Machupicchu, como Caral, como el Señor de Sipán.

También se ha criticado que en el primer gabinete de la primera presidenta electa del Perú hubiera solo dos mujeres. ¿Qué esperaban, que Keiko se plegara a la ideología de género que impulsa la falsa paridad que promueven los caviares? ¡No, señor! Este gabinete es la prueba de que, en este nuevo gobierno, los hombres también tendrán voz. Ya bastante han sufrido los pobres en los sucesivos gobiernos caviares que los han culpado por todo, desde las violaciones a menores hasta los feminicidios que, dicho sea de paso, ¡no existen!

Otra cosa que ha criticado la caviarada que odia al Perú es el discurso de la presidenta en él, fijándose, como buenos zurdos, solamente en lo negativo (que no podrá cumplir ni el diez por ciento de sus promesas, ¿pero qué gobierno lo hace?) y no en lo bueno como, por ejemplo, los lindos trajes que usó en las diversas ceremonias. Hubo envidiosos que dijeron que el vestido camisero azul eléctrico con bordados andinos de la juramentación se parecía mucho a los que usaba Eliane Karp. ¡Na’a que ver! Karp era una pelirroja belga que no podía representar a la mujer peruana como sí la representa Keiko. Hay que estar ciegos para no notarlo.

Lo más importante es que ahora creo a pie juntillas que Keiko Fujimori siempre ha sido respetuosa de la institucionalidad y la división de poderes durante todos sus gobiern… ¡Ejem!, todos estos años. Ella no tiene la culpa de que los miembros de la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía y otras entidades democráticas e independientes, hayan actuado con imparcialidad y apego absoluto a las leyes dictadas por el impoluto Congreso  y, por eso, la hayan liberado de todas las acusaciones que los fiscales truchos y la prensa caviar inventaron en su contra, como que realizó cócteles falsos, pitufeos y otras faramañas para ocultar las donaciones de campaña de Odebrecht.

Por eso, casi lloro al recordar su injusta carcelería, la huelga de hambre de Mark y las planchas de papel higiénico que, como ramos de flores blancas, le llevaba Micky Torres a Santa Mónica. ¿Puede soportarse mayor sufrimiento? Ella sí, como las dos veces que le robaron las elecciones, humillación que enfrentó con estoicismo y espíritu democrático, algo que nunca supieron valorar los usurpadores: PPK, que hasta se tomó la libertad de dar un indulto que nadie le había pedido, y el terrorista Castillo, que dio un golpe de estado que casi acaba con la democracia.

En fin, cada que recuerdo las injusticias que ha sufrido la pobre Keiko me hierve la sangre. Por eso, debo parar antes de que me entren ganas de ir a tirar caca al local de IDL Reporteros (¡Gorrrrittiii, arggg!). Más bien me voy a preparar mi CV, a ver si ahora que he dado una muestra tan grande de lealtad naranja me liga una chambita como directora de El Peruano. ¡Como para que lloren los rojetes!

 

 

 

Maritza Espinoza

Choque y fuga

Periodista por la UNMSM. Se inició en 1979 como reportera, luego editora de revistas, entrevistadora y columnista. En tv, conductora de reality show y, en radio, un programa de comentarios sobre tv. Ha publicado libro de autoayuda para parejas, y otro, para adolescentes. Videocolumna política y coconduce entrevistas (Entrometidas) en LaMula.pe.