
Algo importante está ocurriendo en las universidades de América Latina y sería un error reducirlo a simples episodios de agitación estudiantil. Lo que hemos visto en los últimos días en la PUCP, en la UNMSM y en las multitudinarias movilizaciones universitarias de Argentina contra los recortes implementados por el gobierno de Javier Milei y en São Paulo en Brasil contra la privatización de la educación pública, expresan una preocupación generacional mucho más profunda. Se trata del temor de miles de jóvenes a que la educación superior deje de ser un espacio de democratización de oportunidades.
En el Perú, donde apenas tres de cada diez jóvenes logran acceder a educación superior según el INEI, cualquier retroceso en accesibilidad o representación universitaria tiene consecuencias sociales enormes para su propio futuro. La universidad sigue siendo una de las pocas herramientas reales para romper ciclos de pobreza y construir ciudadanía. Por ello, las protestas estudiantiles no deberían ser vistas con sospecha, sino como un llamado de atención sobre el devenir del país.
Aunque ambos conflictos son distintos ya que una es una universidad privada sin fines de lucro y otra es una universidad pública, comparten una misma raíz: la sensación de que decisiones trascendentales se toman sin participación real de los estudiantes y sin considerar el impacto social que generan. En un caso, el temor es que estudiar sea un privilegio más reservado aún para quienes puedan acceder a montos superiores a un sueldo mínimo vital. En el otro, que la universidad quede subordinada a intereses políticos y redes de poder interno, vinculados hoy al pacto corrupto que pretende seguir enquistándose en el país.
Por eso resulta importante recuperar el sentido democrático de la vida universitaria y defenderla de agresiones de sectores que históricamente han rechazado las demandas de este tipo. Las movilizaciones actuales también deberían servir para abrir una discusión más amplia sobre la necesidad de una nueva reforma universitaria en el Perú, la cual quedó destruida por el Congreso que ha legislado en favor de una educación superior mercantilista y de baja calidad.
Las protestas universitarias no deberían incomodar a la sociedad que pretende denominarse democrática Al contrario, deberían interpelarla. “Nudo de inquietudes, plaza de victorias”, escribió el poeta sanmarquino Juan Gonzalo Rose para describir a la Decana de América. La frase resume con precisión el momento que atraviesan hoy las universidades peruanas: espacios de conflicto, debate y esperanza donde una nueva generación vuelve a reclamar ser escuchada. Y acaso esa sea, precisamente, la mejor tradición universitaria que el país debe defender.





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