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Opinión

Régimen posterga prioridades del Estado

Gobierno ha reducido a una décima parte el presupuesto para becas a los alumnos más destacados del país.

Editorial
Editorial

El Presupuesto 2026 aprobado por el Congreso y defendido por el Ejecutivo deja claro que el régimen ha renunciado a las prioridades del Estado.

La reducción drástica del presupuesto de Pronabec, que recibió menos de una décima parte de los S/793 millones que requería para financiar las becas comprometidas, es parte de un proceso sistemático de desmantelamiento de la educación superior en el Perú.

Primero, se destruyó la reforma universitaria bajo presión de intereses empresariales que buscaban recuperar un sistema permisivo, con estándares debilitados y sin supervisión real. Ahora, el golpe viene desde el presupuesto: la amputación de recursos destinados a becas que permitían que miles de jóvenes pobres accedieran a instituciones de calidad.

Al mismo tiempo, es revelador que, mientras se mutila el financiamiento de Beca 18 y Beca Tec, el Ejecutivo y el Congreso hayan aprobado incrementos significativos en gasto corriente —incluyendo aumentos salariales cercanos al 9% real— que el propio Consejo Fiscal ha calificado como peligrosos para la sostenibilidad macroeconómica.

A pesar de que, según la exdirectora de Pronabec Alexandra Ames, ese compromiso existía al más alto nivel entre el Ministerio de Educación y el de Economía, el Gobierno no solo incumplió el acuerdo, sino que ahora niega que tal compromiso haya existido.

En ese sentido, la pérdida de credibilidad institucional es quizá el efecto más grave.

La amputación del presupuesto de Beca 18 frena la movilidad social y profundiza las desigualdades históricas. Es un retroceso en las posibilidades de formar profesionales en ciencia, tecnología, salud y educación. Es una decisión que hipoteca el crecimiento potencial del país. Y es, además, un golpe que está diciendo, sin manifestarlo, que el mérito y el esfuerzo de los jóvenes de bajos recursos valen menos que las presiones corporativas del aparato estatal.

Un Estado que prioriza su gasto corriente sobre la inversión en capital humano es uno que se ha resignado al fracaso.

El régimen ha decidido postergar las prioridades de Estado. Pero las consecuencias no se dilatan: serán inmediatas, además de profundas y duraderas. Mientras el Gobierno celebra su presupuesto, miles de jóvenes ven cómo se desvanece la oportunidad de construir un futuro distinto.

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