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Opinión

La frontera climática, por Ramiro Escobar

Más de un historiador ha demostrado, además, que desde el comienzo la isla de Chinería, donde se encuentra este distrito, está dentro de territorio peruano, no colombiano.

escobar
Ramiro Ecobar 09-08

En medio del tumulto generado por la tensión fronteriza entre el Perú y Colombia, hay algo que, increíblemente, se está obviando: la Amazonía de hoy no es la misma, desde el punto de vista climático, que la de hace un siglo, cuando comenzaron las escaramuzas entre ambos países, allá en esos lares de los que hoy nos acordamos al son de arengas oportunistas.

Desde hace por lo menos tres décadas, las lluvias desatadas se alternan con sequías alarmantes, en tanto que la deforestación amenaza con convertir a este ecosistema dispendioso en una sabana. Simultáneamente, el narcotráfico, la minería ilegal, la tala ilegal y otros males han entrado como una tromba para agravar aún más el creciente deterioro ambiental.

La Amazonía ha entrado en otra normalidad climática y social. Y eso explica, en parte, la inquietud colombiana por la posibilidad de que la ciudad de Leticia ya no tenga acceso al río más caudaloso del mundo. No es algo inventado, irreal o solo un rapto delirante del mandatario vecino. Hace años que hay una profunda preocupación por este desenlace.

Lo que sí ha hecho el presidente Petro es entrar a este debate fundamental por una puerta falsa. Hacer cuestión de Estado por el pueblo de Santa Rosa que, en el terreno, tiene autoridades locales, colegios y población peruanos, es insensato. Es pretender encarar una crisis ambiental, que por definición es global, envuelto en una innecesaria bandera nacionalista.

Más de un historiador ha demostrado, además, que desde el comienzo la isla de Chinería, donde se encuentra este distrito, está dentro de territorio peruano, no colombiano. Eso no se ha movido. Lo que sí se ha movido, y se mueve, es el río. Y lo que está paralizado es el entendimiento de que estamos en una situación ambiental distinta, desafiante, inevitable.

Que exige inteligencia, perspectiva y previsiones. Que requiere consensos que, en los hechos, ya se dan entre los habitantes de Leticia y Santa Rosa, quienes, al final, viven bajo el mismo cielo amazónico. Entre ellos, los ticuna y los bora, pueblos indígenas que están en los dos países y a los cuales, para variar, se les está ninguneando en esta conversación.

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