
Tengo dos hijos adolescentes: 14 y 15 años. Como muchos chicos de su edad son conscientes de que su futuro depende de las acciones que tomemos hoy para controlar las crisis sociales y climáticas. Los últimos dos años han vivido en Francia, experimentando cómo los objetivos de sostenibilidad nacionales — la UE busca la neutralidad climática en 205 — se trasladan al cotidiano: reducción de carriles en las autopistas, supresión de luces en las carreteras, renovación de viviendas para ganar eficiencia energética, etc.
Sin embargo, también están siendo testigos de lo que algunos llaman un entorno político hostil para la sostenibilidad. El último domingo, la conversación de sobremesa incluyó el plan de Donald Trump para iniciar la extracción de petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico y su orden de eliminar las menciones al cambio climático en los sitios web del Gobierno federal.
Y es que ver esos retrocesos puede resultar desalentador. Por eso, aunque inesperada no me resultó extraña la pregunta de uno de ellos: “¿Mamá, y ahora qué enseñarás en tus cursos de sostenibilidad?”
Encendí mi “modo profesora”. ¿Cómo mostrar que apostar por la sostenibilidad es necesario incluso en un contexto desfavorable?, ¿cómo sin parecer “naif” podemos mantener la esperanza? Estas son algunas reflexiones tras ese diálogo inesperado. Sin duda, en mis próximas clases llegarán más preguntas como esa.
La verdad es que la búsqueda de sostenibilidad en la empresa te obliga a elegir, a renunciar, e incluso muchas veces a perder; sin embargo, el llamado es a seguir actuando. Aunque hoy la narrativa política e incluso la de algunos fondos de inversión haya cambiado, la sostenibilidad seguirá siendo exigida por la sociedad y solo las empresas que persistan en la transformación de sus modelos de negocio reducirán su exposición a riesgos físicos derivados del cambio climático y estarán mejor posicionadas frente a futuras regulaciones.
Estamos viviendo eventos climáticos cada vez más intensos (sequías, inundaciones, incendios) estos sucesos acabarán movilizando a la opinión pública.
Esta movilización ejercerá presión sobre la política. No podemos olvidar que en esencia la sostenibilidad implica reconocimiento de interdependencias. Somos parte de un sistema, y en tanto componentes de ese sistema podemos crearlo y recrearlo. Ya lo advertía el padre a sus hijos en la fábula infantil de Esopo “Los hermanos desunidos”: […] por separado, las ramas se parten con facilidad. juntas, eran irrompibles. Así sois vosotros, como esas ramas. La sostenibilidad también se trata de darnos cuenta del potencial colectivo.
En 2023, por ejemplo, un cuarto del consumo energético europeo provenía de fuentes renovables, incluso China ha iniciado un proceso intenso de expansión en la producción de energía renovable. Por si fuera poco, nuevos modelos de negocio han transformado la gestión sostenible en una fuente de rentabilidad y ventaja competitiva. Empresas como Land O’Lakes o Beyond Meat son ejemplo de ello. Y ni qué decir de iniciativas ejemplares como la de los esposos David Vélez (Fundador y CEO de Nubank) y Mariel Reyes (fundadora y presidente del Directorio de {reprograma}) quiénes se unieron a The Giving Pledge comprometiéndose a donar la mayor parte de su riqueza a la filantropía.
Como afirmaba Václav Havel, escritor, dramaturgo y político checo, la esperanza no es lo mismo que optimismo. No es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte. Eso, es lo que ocurre con la sostenibilidad en la gestión empresarial, los valores y la coherencia son una base estable que permite a las empresas operar coherente e íntegramente.
Y, como les dije a mis hijos antes de que me anunciaran su tarde de cine con amigos, en clase seguiré enseñando que detrás de la gestión de la sostenibilidad hay un argumento empresarial, pero también una exigencia ética. Mis alumnos saben que son libres de sacar sus conclusiones, pero que la profe seguirá confiando en que los verdaderos empresarios, y hay muchos, lideran con coherencia y visión de largo plazo. Por ello, no me cabe duda de que continuarán apostando por el bienestar del sistema y no por beneficios económicos de corto plazo.





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