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Opinión

Una elección que nos concierne, por Diego García-Sayán

El mundo y América Latina están desde ya advertidos de que deben prepararse para enfrentar a la gran potencia del norte. Que esto nos guste o no es secundario. Lo más importante es que en nuestros países —y en la región— estemos preparados.

La última elección presidencial estadounidense nos concierne a todos, debido al peso de Estados Unidos en América Latina y el mundo. El triunfo de Donald Trump, un polarizante extremista con una irrefrenable proclividad hacia conductas antidemocráticas, tendrá un impacto global.

Donald Trump regresa como presidente a la Casa Blanca, superando su condición de convicto, declarado culpable por varios cargos, así como su intento de subvertir las elecciones presidenciales de 2020.

Su victoria ha sido contundente. Que su mensaje violento, xenófobo y falsario haya logrado imponerse en el país más poderoso del mundo revela que la democracia no cuenta con suficientes herramientas para combatir la mentira y la desinformación.

Será, además, el hombre de mayor edad en ser elegido presidente de su país. Los republicanos también controlarán el Senado y, probablemente, la Cámara de Representantes.

Hacia una nueva Guerra Fría

El contexto actual muestra claramente indicios de lo que parece una nueva "guerra fría", especialmente en el ámbito económico. Algunos, como Trump, impulsan abiertamente esta postura, al menos en el discurso. Dentro de este escenario, a Latinoamérica le corresponde adoptar un no alineamiento activo. "Activo" implica alinearse con los propios intereses y establecer sólidas relaciones comerciales y de inversión con todas las potencias mundiales.

Es necesario prepararse y actuar en consecuencia.

La región debe apuntar hacia un horizonte más amplio, ampliando masivamente las exportaciones hacia China, recibiendo mayores inversiones de empresas de ese país y promoviendo reformas en el sistema internacional. Esto incluye actualizar instancias como el Consejo de Seguridad de la ONU, que sigue operando bajo reglas establecidas en 1945, cuando el mundo era otro.

Polarizante y racista

Resulta alarmante que las múltiples advertencias sobre el peligro de llevar a un personaje ostensiblemente desequilibrado a la cabeza del gobierno de la primera potencia mundial no hayan tenido el impacto esperado.

Se observa también una paradoja: el aumento de la popularidad de Trump entre la comunidad latina y la juventud negra, al mismo tiempo que propone el programa de deportación más grande en la historia estadounidense. Han votado por ello.

Más allá de sus propuestas extremas, las condiciones del beligerante Trump no parecen encajar con el equilibrio y la capacidad de análisis necesarios para alguien que puede operar el “botón nuclear”.

Vendrán tiempos complejos e impredecibles. El desprecio de Trump hacia las instituciones y valores que han vertebrado a su país podría abrir una era de proteccionismo, afectando el comercio global y, ciertamente, la economía de las familias estadounidenses. Esto, mientras manifiesta su desprecio por sus vecinos del sur ("shit hole countries") y por los inmigrantes latinos, así como su inclinación a favorecer a los más poderosos. Revelador es que, en la noche de la elección, en un discurso que parecía de manifestación callejera, Trump dedicó una incontenible glorificación a Elon Musk y sus cohetes... ¡Los tiempos que vienen!

No alineamiento activo

Todo indica que, dentro del nuevo contexto, temas centrales para el mundo, como el cambio climático, irán al vertedero. Para Trump, simplemente no existe, a pesar de ser uno de los retos globales más graves. Así, el rubicundo candidato electo —y delincuente convicto— se posiciona no solo al margen, sino en contra de los intereses de una región como América Latina, especialmente de los países amazónicos como Perú, Brasil y Colombia.

No es un asunto menor que, con sus 7.8 millones de kilómetros cuadrados, la Amazonía sea una de las zonas forestales más grandes del planeta, una área crucial para la fotosíntesis global: produce alrededor del 20% del oxígeno mundial.

Frente al unilateralismo “activo”

Una situación como esta no debería llevar a Latinoamérica a quedarse en la reiteración de discursos formales y sin sustancia programática. El no alineamiento activo, en el escenario global, debería orientarse a un proceso con varios componentes, en respuesta al unilateralismo que se avecina. Esto requiere —y supone— una articulación latinoamericana, hoy desvanecida.

Primero, es necesaria una mayor y mejor articulación regional que apunte, entre otras cosas, a fortalecer espacios multilaterales a nivel global (como las Naciones Unidas) e interamericanos. Esto incluye, por ejemplo, promover una reforma del Consejo de Seguridad y la inclusión de un país latinoamericano como miembro permanente, elegido por la región. Tal articulación ya debería haber conducido a una acción concertada en la ONU frente a la guerra en Gaza y el genocidio impune detectado por la Corte Internacional de Justicia.

Segundo, es indispensable mantenerse al margen de la eventual segunda “guerra fría” de Trump, optando por el no alineamiento activo. Esto implica construir relaciones políticas, comerciales y de inversión con todas las potencias globales relevantes, particularmente con China, creciente fuente de inversiones y destino de exportaciones minerales, energéticas y agropecuarias de gran parte de América Latina. Un encuentro como el de APEC es una oportunidad inmediata.

Tercero, las migraciones. Trump ha convertido este tema casi en un casus belli, con un enfoque cuasi belicista, olvidando que EE. UU. se construyó en base a la inmigración. Particularmente amenazante es su postura hacia México, anunciando el uso de aranceles como arma política: “Voy a imponer inmediatamente un arancel del 25% a todo lo que envíen a Estados Unidos”.

La sola amenaza de una acción arancelaria unilateral de esta naturaleza afecta directamente las reglas internacionales de comercio en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El mundo y América Latina están desde ya advertidos de que deben prepararse para enfrentar a la gran potencia del norte. Que esto nos guste o no es secundario. Lo más importante es que en nuestros países —y en la región— estemos preparados.

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