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Opinión

Buses acribillados: el cercano oeste, por Mirko Lauer

En esta perspectiva, podría decirse que en buena medida es la PNP quien mantiene el estado de cosas, incluso aportando no pocos extorsionadores.

larepublica.pe
LAUER

Los disparos contra buses de transporte público se están volviendo cada vez más frecuentes. Subirse a un bus es cada vez más peligroso. Esto, sumado a los asesinatos de choferes, está causando el paro de transportistas en curso. Pero ni los atentados ni el paro están produciendo una reacción positiva del gobierno. ¿Qué tiene que suceder?

Da la impresión de que, para el gobierno, cualquier cambio en lo policial es costoso y peligroso. Como toda reforma (un ejemplo son precisamente las del transporte), las estructuras que deben ser reformadas se resisten, en una defensa cerrada de sus privilegios. En esta perspectiva, podría decirse que en buena medida es la PNP quien mantiene el estado de cosas, incluso aportando no pocos extorsionadores.

A lo anterior se suma un Congreso en el que algunas personas legislan para zafarse de sus propios problemas con la ley y, al hacerlo, facilitan las cosas a diversas ramas del crimen organizado. La ley en descarado beneficio propio se ha vuelto una marca de fábrica del Congreso 2021-2026. Eso, y el odio a las instituciones de justicia.

La situación pinta horrible, pero al gobierno no le importa mucho. En estos días solo teme que un asesinato o más se cuele en los grandes periódicos del mundo. No está muy claro por qué les preocupa eso. ¿Creen que tienen un prestigio que perder? ¿O es un reflejo anclado en las antiguas leyes de la hospitalidad?

Es cierto que, al ritmo que van los atentados y las muertes en los principales barrios populares de Lima y Trujillo, sobre todo, están a un paso de la fama mundial. Como fue el caso de Ciudad Juárez, la capital feminicida de México, o el de las maras asesinas de El Salvador. Para lanzar eso se necesita un buen par de corresponsales extranjeros de real peso.

Despedir a los funcionarios responsables sirve para que el público entienda que no se chupa el dedo, pero en sí mismo no soluciona nada si los reemplazos no son de calidad. El juego de sillas musicales criminales nunca ha ayudado mucho. Sobre todo cuando los altos mandos policiales buscan al presidente para pedirle que despida al ministro que quiere cambiar las cosas.

El actual ministro del Interior recibe homenajes de la PNP y abrazos de la presidenta. Pero nótese que los deudos de los asesinados cada vez menos piden ayuda al Estado.

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