
El dato de un Vladimir Cerrón que ronda embajadas buscando asilo puede ser significativo. De un lado sugiere que sus apañadores se están cansando de protegerlo, y que la Policía se le está acercando. Hasta aquí él paseaba las redes con algo que se le viene pareciendo el heroísmo de un prófugo, si acaso existe tal cosa en la política.
Asilarse, pues, sería una forma de prolongar la fuga, sobre todo si lo acoge un Gobierno con una retórica afín a la suya. La concesión de un asilo le autoconfirmaría su versión de ser un perseguido político, y poder así ocultar sus delitos comunes bajo la alfombra. Disparar desde más allá de la frontera es más cómodo que hacerlo desde la clandestinidad.
Pero la versión policial tiene algunos bemoles. La inclusión de Cuba entre los potenciales países acogedores sorprende un poco, pues La Habana jamás permitiría que un asilado le complique las relaciones diplomáticas con el Perú. Aterrizar en El Vedado equivaldría, irónicamente, a condenarse a una forma elaborada de silencio.
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Nótese la estudiada manera en que La Habana se abstuvo de participar en el minicargamontón que organizó Manuel López Obrador contra el Gobierno peruano. La política exterior cubana no es el Foro de Sao Paulo. Pero reencontrar su juventud y emitir órdenes al partido desde allá puede tener su encanto, mientras los abogados siguen trabajando.
Bolivia suena mucho más fácil. La relación con Evo Morales no ayuda mucho en estos tiempos, pero acaso no es tan difícil de sustituir. En verdad tampoco La Paz le va a permitir emplear los tabladillos de la plaza pública para hacer política peruana. Menos aún con la Interpol pisándole los talones al inventor de Pedro Castillo.
Como vemos, el exilio está rodeado de inconvenientes. Pero siempre es mejor que la prisión preventiva. Esto hace pensar que Cerrón sí está interesado en cambiar su reino por un salvoconducto. Pero si no lo obtiene va a tener que hilar muy fino para seguir teniendo protectores. Lo cual podría suponer algunos compromisos más profundos que los actuales.
Un consejo hasta de un conejo: Sr. Cerrón, no vaya a elegir la embajada del Uruguay para buscar refugio. Perdura el descrédito de esa sede desde que allí traicionaron a Alan García.



