La deuda con los pueblos originarios

El Año Nuevo Andino recuerda que los pueblos que construyeron la identidad de este territorio siguen esperando que el Estado cumpla con sus derechos.

Cada 21 de junio, cuando el solsticio marca la noche más larga del año en el hemisferio sur, los pueblos quechua y aymara celebran el Año Nuevo Andino, una tradición de más de quinientos años que vincula el tiempo cósmico con el tiempo agrícola, agradece a la Pachamama y saluda el regreso del Tayta Inti. Esa cosmovisión, que entiende el mundo como un sistema de relaciones entre la tierra, el sol y la comunidad, sobrevivió la conquista, la colonia y la república. Lo que ha resistido con más dificultad es la relación de esas comunidades con un Estado que las reconoce en la celebración y las posterga en la política pública.

El Convenio 169 de la OIT, que Perú suscribe, establece que cualquier medida que pueda afectar los derechos colectivos de los pueblos indígenas requiere un proceso de diálogo previo, libre e informado. La PUCP documentó que el proceso de consulta previa tiene obstáculos estructurales: las comunidades participan con poder de negociación restringido y con frecuencia terminan cediendo ante las demandas del modelo extractivo. Lo que está en juego en cada proceso es un territorio, pero también una forma de vida construida durante milenios.

Los conflictos sociales que resultan de ese incumplimiento son una constante en la historia reciente del Perú. Desde Bagua en 2009 hasta los distintos conflictos en la Amazonía y el altiplano que se repiten cada temporada, la secuencia es la misma: proyecto extractivo, consulta tardía, conflicto. Los reportes de la Defensoría del Pueblo documentan ese patrón con regularidad.

El costo social del extractivismo sin acuerdo previo supera cualquier beneficio de corto plazo.

El gobierno que asuma en julio llega con una oportunidad que la campaña dejó sin aprovechar. Los planes de los principales candidatos abordaron la consulta previa con timidez o la omitieron del todo, sin propuestas claras de reparación ambiental ni justicia para comunidades afectadas. Convertir ese derecho en política real, con presupuesto y voluntad de cumplirlo antes de otorgar concesiones, es la señal más concreta que el nuevo gobierno puede dar a los pueblos que este 21 de junio celebran un nuevo ciclo. El Año Nuevo Andino recuerda que el equilibrio con la tierra comienza por el equilibrio entre el Estado y quienes la habitan desde antes de que el Perú existiera como república.