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Opinión

Insistentes y resignados, por Mirko Lauer

"Las reacciones a la muy probable permanencia de Dina Boluarte en la presidencia son de diverso tipo, pero comparten dos rasgos: la insistencia y la resignación".

larepublica.pe
Lauer

Las reacciones a la muy probable permanencia de Dina Boluarte en la presidencia son de diverso tipo, pero comparten dos rasgos: la insistencia y la resignación. Lo primero está anclado en la idea de los muertos en las protestas y el no haber reaccionado debidamente a ello la deslegitiman como presidenta.

La resignación como respuesta nace de su percepción como mal menor frente a los peligros de una mayor inestabilidad. Allí están los millones que la desaprueban (77% de los encuestados) pero no parecen estar haciendo nada sobre el particular. Algo parecido pasa con el tercio estadístico que todavía simpatiza con Pedro Castillo.

De modo que tanto lo insistente como lo resignado funcionan como discursos paralelos. En medio año de Gobierno se ha formado una versión de los hechos que hace de Boluarte una asesina, una usurpadora, una traidora al izquierdismo, y ahora último una mandataria ineficiente. Ella resiste la andanada a pie firme, con pocas respuestas.

Lo resignado está en los sectores convencidos de que lo mejor es esperar tranquilos el desgaste de Boluarte, y aprovechar eso para ir aumentando la tajada electoral. Están esperanzados los partidos de fuera del Congreso, los que se acaban de inscribir, los intereses que se metieron con un pasamontañas conceptual en las protestas.

Sectores como el Congreso, los demás funcionarios elegidos, la tecnocracia y los altos cargos del Estado quisieran que Boluarte dure hasta el 2026. Cuadros políticos de la izquierda y el centro, politólogos progresistas y numerosos periodistas políticos quisieran que ella deje la presidencia lo antes posible.

En medio de todo esto Boluarte no parece un volumen sencillo de derribar. Incluso acortar su mandato aparece como una tarea difícil. Lo más probable es que el pago por las muertes de la protesta sea un asunto para después de que ella deje la presidencia, es decir demasiado tarde para sus críticos y enemigos más empecinados.

Todo esto ha llevado a Augusto Álvarez a decir que Boluarte quizás dure hasta el 2026, pero el hecho es que gobierna como si su presidencia fuera de transición, en cuanto vive dedicada 100% al corto plazo. Quizás esa es la victoria del anti-Boluarte: obligarla a ser transitoria en todo momento, hasta el final.

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