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Opinión

Salvo el crecimiento, todo es ilusión

“¿Pero qué sucede cuando un país decrece, como sucedería en el Perú? Sucede lo que hemos visto aceleradamente en la pandemia, de la cual todavía no se recupera el empleo adecuadamente remunerado...”.

TCL. La agroexportación y la apertura comercial con Estados Unidos fueron consecuencia de un esfuerzo técnico y político. Foto: La República
TCL. La agroexportación y la apertura comercial con Estados Unidos fueron consecuencia de un esfuerzo técnico y político. Foto: La República

Presidente del Instituto Peruano de Economía (IPE). Director de la maestría en Finanzas de la U. del Pacífico.

En las últimas semanas han sucedido varios eventos negativos para el futuro del Perú; es decir, peores que los que estamos acostumbrados con este gobierno.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) nos anuncia que se prevé una recesión mundial próximamente. La encuestadora Ipsos nos informa que la percepción ciudadana de que el Perú está avanzando se encuentra en su punto más bajo desde que se tiene registro (1990) y que las expectativas sobre la situación económica familiar están peores que nunca desde que se tiene registro (2012). Mientras el Banco Central de Reserva nos dice que las expectativas empresariales se encuentran en su punto más bajo desde que gobierna el Sr. Pedro Castillo.

Que todas estas variables internas coincidan con el sombrío pronóstico del FMI resulta francamente preocupante. ¿Si ya estábamos en serios problemas con un entorno internacional favorable, qué puede suceder con este ambiente interno en rápido deterioro y con el mundo entero en recesión?

Para quienes no tengan claro lo malo que puede ser para el Perú un mundo en recesión, basta con mencionar que en los últimos dos casos de crisis internacional (la crisis financiera asiática/rusa del 1998 y la crisis financiera global del 2008-2009), el crecimiento económico del Perú disminuyó en promedio en más de cinco puntos porcentuales en el año siguiente. Si aplicamos este promedio al Perú de hoy día, pasaríamos de un crecimiento de aproximadamente 2,5% del producto (o 3% si son muy optimistas) a uno de -2,5%.

Los jóvenes y los no tan jóvenes en el Perú no han sabido por 30 años lo que era una fuerte caída del producto, hasta la pandemia. A muchos les ha parecido un resultado catastrófico, difícil de repetirse. Pero esto es porque los menores de 40 años no saben que en la década de los ochenta no hubo uno, sino tres años con caídas parecidas a la del 2020.

Tantos años de resultados positivos han llevado a pensar que el crecer es “natural”, pero definitivamente no lo es. Se necesita crear, con mucho esfuerzo y constancia, condiciones que favorezcan el crecimiento; y con crecimiento se logra aumentar el empleo y las remuneraciones. Si uno lo hace bien, veremos la pobreza reducirse de 55% a 20% (como sucedió del 2003 al 2019) y la clase media crecer hasta llegar a ser el grupo social más numeroso del país (39% en el año 2019, cifra nunca antes vista). Podría decirse que salvo el crecimiento, todo es ilusión.

¿Pero qué sucede cuando un país decrece, como sucedería en el Perú? Sucede lo que hemos visto aceleradamente en la pandemia, de la cual todavía no se recupera el empleo adecuadamente remunerado. Poco a poco aumenta el número de pobres, los jóvenes quieren trabajar fuera, las perspectivas de la economía familiar se deterioran y las empresas cada vez invierten menos, mientras el Gobierno sigue tratando de beneficiar a pequeños grupos que o le son afectos o pueden organizarse bien.

Además, el Gobierno intentará encontrar “culpables” de los males que nos aquejarán, sabiendo todo el tiempo que es el resultado lógico de su accionar. Esta película ya la hemos visto antes, por lo menos los que tenemos más de 40 años.

Mientras tanto, irán desapareciendo las fortalezas económicas del Perú. Sí, todavía nos quedan algunas fortalezas importantes: la aún manejable deuda pública, un BCR capaz y responsable, un gasto público que aún no es desmedido (pero ya pronto lo será) y un comercio internacional libre.

Pero se irán deteriorando hasta que un día tendremos que negociar nuevamente con el FMI (del que hoy día nadie se acuerda, pero habría que ver lo importante que fue en los 70, 80, y hasta el principio de los 90) y este volverá a ser visto como el ogro externo que nos impone condiciones, porque nosotros mismos no fuimos capaces de evitarlo.

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