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Opinión

Fútbol femenino en emergencia

“Antes de exigir que sean ‘rentables’ y usar el problemático argumento de la meritocracia, hay que tomar en cuenta que la cancha está inclinada, que las futbolistas peruanas lo dan todo mientras reclaman por condiciones dignas”.

larepublica.pe
“Antes de exigir que sean ‘rentables’ y usar el problemático argumento de la meritocracia, hay que tomar en cuenta que la cancha está inclinada, que las futbolistas peruanas lo dan todo mientras reclaman por condiciones dignas”.

Los hallazgos de la investigación Radiografía del fútbol femenino en el Perú, elaborada por la Fundación Deporte en Igualdad en colaboración con la Diplomatura de Estudios en Gestión Deportiva de la PUCP son reveladores y desalentadores al mismo tiempo; una muestra, no solo de la brecha de género en el deporte estrella nacional, sino de cómo la desigualdad por razones de sexo y la poca educación y acciones que se hacen sobre ella afecta el desarrollo personal y profesional de muchas niñas, adolescentes y mujeres.

‘’El 82% de jugadoras peruanas de fútbol reciben un pago inferior a S/. 500. Solo el 5% reciben más de S/950.’’. Que recibir poco más de un sueldo mínimo sea un privilegio en el fútbol femenino, mientras que sus pares varones reciben miles de miles, es una demostración clara de discriminación y sexismo. Y no, no es una cuestión de ‘’calidad’' o ‘’destreza’'. Se trata de igualar la base desde una perspectiva de género: las mujeres, en el Perú y en el mundo, no son asociadas al fútbol, nadie espera que desarollen una carrera en ese ámbito; por eso hacerlo es político, es transgresor. Remunerar en igualdad es lo mínimo para que puedan tener condiciones de vida dignas y un mejor rendimiento.

‘’El 94% son de nacionalidad peruana, siendo el 71% de Lima y Callao, 7% de Ayacucho, 4% de La Libertad y otro 4% de Piura’'. Sumada a la brecha en remuneración, el centralismo se vuelve otro obstáculo para que deportistas fuera de Lima y de las regiones citadas puedan pensar, siquiera, en hacer carrera en el fútbol. Oportunidades de reclutamiento y de brindar estabilidad laboral a mujeres deportistas quedan desperdiciadas por la falta de voluntad política y desorganización de las instituciones competentes.

‘’El 41% de las jugadoras empezaron a jugar fútbol antes de cumplir los 9 años. Sin embargo, existe un 7% de las participantes que empezaron a jugar después de los 19 años’'. El enfoque de género, aunque sea ley, no es una garantía en los colegios peruanos. Niñas y niños crecen, socializan y se conducen según códigos, reglas y estereotipos que no pueden analizar ni cuestionar porque no tienen herramientas para hacerlo. No es ‘’natural’' que una niña se incline por el fútbol ni por otros deportes de contacto; incluso se le desalienta apenas muestra interés. Por eso, cuando llegan a la edad media de unirse a un equipo, como indica el estudio, tienen una desventaja frente a sus pares varones que, a diferencia suya, acumulan años de preparación.

‘’Al no ser una liga profesional, no se exige la suscripción de contratos laborales. Solo el 14% cuenta con uno, mientras que el 40% tiene un acuerdo escrito y el 16% con uno verbal’'. La profesionalización del fútbol practicado por mujeres requiere de bases y condiciones mínimas que hoy son una quimera. Mientras tanto, cerca del 70% de futbolistas no cuenta, ni siquiera, con una garantía laboral, lo que las empuja a buscar otros trabajos. ¿Cuánto afecta esto a su rendimiento? ¿Y a su salud física y mental?

Por eso, antes de exigir que sean ‘’rentables’' y usar el problemático argumento de la meritocracia, hay que tomar en cuenta que la cancha está inclinada, que las futbolistas peruanas lo dan todo mientras reclaman por condiciones dignas e intentan sobrevivir en un ambiente hecho por y para hombres. El fútbol, como está concebido y de la forma en que se promueve, es un ambiente hostil para las mujeres e inaccesible para otras diversidades sexo genéricas.

Revertir esta situación requiere de cambios estructurales y transversales. Pero todas y todos pueden contribuir a desnaturalizar el sexismo en el deporte nacional. Esto significa condenar, sin medias tintas, desde las acciones cometidas por jugadores que atentan contra las medidas sanitarias hasta la violencia de género. No puede haber igualdad si sigue habiendo intocables en el fútbol, si a la propia prensa le es más fácil comentar un partido sin goles que cuestionar el machismo de los ídolos de miles de niños y adolescentes, si no se denuncia la precarización de las mujeres futbolistas. Es una tarea difícil pero crucial para combatir la desigualdad en el deporte.

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