El Sepa era una aterradora colonia penal que funcionó en la selva de la región Ucayali durante más de 40 años. Este recinto carcelario era uno de los lugares a los que los presos no querían ir a cumplir sus condenas debido a los fuertes castigos perpetrados contra ellos.
En una época en que el país se encuentra aquejado por la delincuencia que día a día cobra una nueva vida humana o arrebata objetos de valor importantes para los peruanos, algunas personas recuerdan El Sepa y sus drásticas medidas a las que estaban sometidos los reclusos.
En principio, El Sepa fue inaugurado por el entonces presidente Manuel Odría en el año 1951, quien tenía el objetivo que los presos que tengan un amplio historial de delitos cumplieran su condena en esta prisión amazónica, y después puedan reinsertarse a la sociedad.
En tanto, según lo investigado, esta cárcel llegó a albergar hasta 800 presos. Sin embargo, llegaría el año 1993 -época en la que el Perú estaba sumergido por los constantes ataques del grupo terrorista Sendero Luminoso- en el que El Sepa sería cerrado precisamente por el intento de embestida un año antes por parte de SL.
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Los prisioneros de ese entonces estaban obligados a trabajar en la agricultura, específicamente sembraban productos para que puedan alimentarse, es decir, generaban su propia comida.
Asimismo, la colonia carcelaria El Sepa se encontraba cerca al conocido 'pozo de los castigos', lugar en el que se sumergía a los reos en el agua hasta que terminaban hundiéndose por el peso o el cansancio.
Así también se menciona que eran amarrados a hormigas oriundas de la zona, insectos que causaban serias picaduras y fiebre. Además, también eran enmarrocados para ser víctimas de los mosquitos.
Actualmente, El Sepa se ha convertido en un centro ganadero de propiedad del Instituto Nacional Penitenciario. Algunos expertos en la materia argumentan que este penal podría tener una reapertura pero con nuevas medidas de seguridad a la altura de las circunstancias.