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Cultural

Cronwell Jara (1949-2026): autor de “Montacerdos” y formador de escritores peruanos

Las últimas noticias que se tenían del destacado autor estaban relacionadas con su estado de salud. Su partida deja una pregunta válida: ¿cuál será el futuro editorial de su obra? Entre los reconocimientos que recibió, destaquemos el Premio Casa de la Literatura Peruana del 2019.

Cronwell Jara. Foto: Marco Cotrina.
Cronwell Jara. Foto: Marco Cotrina.

En la mañana de este domingo 12 de julio, nos enteramos del fallecimiento del escritor Cronwell Jara Jiménez (Piura, 1949). El anuncio vino de la cuenta de Instagram Montacerdos Oficial, en la cual se lee lo siguiente:

“La familia de Jorge Cronwell Jara Jiménez comunica con pesar su fallecimiento. Por voluntad de la familia, las exequias serán privadas y familiares. Agradecemos de corazón su comprensión y respeto”. De este comunicado salen los anuncios de las cuentas en redes sociales de El Fondo de Cultura Económica y La Casa de la Literatura Peruana.

Se trata, como se entenderá, de una triste noticia. Pero tampoco sorprende. En los últimos tiempos, lo que sabíamos de Cronwell Jara Jiménez estaba relacionado con su estado de salud. Por ejemplo, hace no más de una semana, le pregunté a un editor amigo suyo por Cronwell y me dijo que se encontraba mejor.

*

Hay dos maneras de aproximarnos a la figura y obra de Cronwell Jara. Como persona, Jara fue muy querido por la comunidad literaria y cultural del país. Quien escribe no lo conoció mucho, solo llegamos a intercambiar algunos saludos, pero en cada uno de ellos lo llamaba maestro. Jara era un escritor con los pies en la tierra. Como todo creador, tenía su ego, pero no abusaba del mismo; se trataba, en sí, de un ego generoso mediante el cual compartía sus experiencias con los lectores más jóvenes. Jara nunca dejó de ser reconocido por ellos. Como maestro, Jara ha sido fundamental en la vocación de muchos escritores peruanos. Dirigió talleres de narrativa durante años. Al respecto, el taller que impartió en la Universidad de Lima a mediados de los 90 es el que más se recuerda a razón de la revista Caballo de Troya, en la que publicaban sus textos los talleristas; varios de ellos son, a la fecha, escritores con trayectoria. La pregunta es válida: ¿por qué nunca dirigió el taller de narrativa de San Marcos?

Jara, al igual que Oswaldo Reynoso, recorría el Perú. Iba, además, a todas las ferias del libro que era invitado, ya sea para presentar libros o recibir homenajes. A Jara nunca se le dejó de llamar maestro y en ese saludo afectuoso tenía que ver la cercanía que exhibía. Se sabía un autor importante, pero no era un sobrado.

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La obra de Cronwell Jara Jiménez mereció ser más considerada. Resulta extraño decirlo, porque Jara ha conseguido reconocimientos importantes, como el primer premio en el Concurso Nacional de Cuentos “José María Arguedas”, organizado, en 1979, por el Instituto Peruano Japonés, con “Hueso duro”; el Copé de Cuento de 1985 con el relato “La fuga de Agamenón Castro” y recibió en el 2019 el Premio Casa de la Literatura Peruana.

Jara empezó a publicar en la década del ochenta. Se le asocia, se deduce, como un escritor peruano de los ochenta. Si algo hay que tener presente de esa década, marcada por la violencia y la crisis económica, es que fue un periodo en el que muchas vocaciones artísticas y literarias quedaron aplastadas. No ha habido etapa más desalentadora para la práctica creadora que ella. En ese contexto, Jara se dio a conocer y con éxito.

Para tener una idea más clara, pensemos en la antología de narrativa peruana de 1986 de Guillermo Niño de Guzmán: En el camino (INC). Esta es la nómina de esta histórica antología que cumple 40 años este 2026: Cronwell Jara, Guillermo Saravia, Siu Kam Wen, Zein Zorrilla, Mariela Sala, Alejandro Sánchez Aizcorbe, Mario Choy, Ernesto Mora, Carlos Schwalb, Augusto Tamayo San Román, Alonso Cueto, Guillermo Altamirano, Rafael Moreno Casarrubios, Walter Ventosilla y Mario Ghibellini.

En esta antología, se publica el cuento “Montacerdos”. Sus personajes, como Yococo, Griselda y el cerdo Celedunio, aún persisten en la memoria del lector por el escenario que el autor ofrece de las barriadas (vivió en el barrio Mariscal Castilla del Rímac) y de cómo sus habitantes tienen que ingeniárselas para sobrevivir. Pero la luz de “Montacerdos” no está en la dimensión descriptiva de la pobreza y la precariedad, sino en la poesía seca en la que se sustenta la narración. Este cuento, junto con “Hueso duro”, son las mejores puertas de entrada a su obra para quienes aún no la conocen.

La mayoría de narradores de esta antología no tenían libro publicado cuando fueron convocados por Niño de Guzmán. De su selección, el relato de Jara no solo fue uno de los más saludados, sino que del mismo también se desprendía la impresión de que la trayectoria de Jara se iba a disparar.  

Como hemos indicado, Jara recibió reconocimientos importantes y tuvo el mejor de todos: el favor del lector. No obstante, nunca tuvo la oportunidad de que sus libros estuvieran bajo el cuidado de una editorial sólida que les garantizara circulación, distribución y reimpresiones. Esta es una inquietud que siempre ha acompañado a sus lectores y de esta se desprenden algunas especulaciones relacionadas con las argollas y círculos de poder a los que Jara no pertenecía. Para un escritor de trayectoria, los galardones son necesarios, pero más trascendente es la seguridad editorial. Los escritores son sus libros, no únicamente sus premios.

Jara publicó novelas, como Patíbulo para un caballo (1989), y libros de literatura infantil. En el 2012 recibió una noticia que le alegró mucho. Un grupo de editores chilenos decidió llamar a su editorial Montacerdos en honor al homónimo cuento de Jara. Jara tomó esta noticia como un reconocimiento literario. Su cuento no solo suscitaba ecos en el ámbito local; había en él un componente universal: la vida en un contexto realmente extremo.

Una prioridad para los seguidores de Jara es gestionar el futuro editorial de sus libros. Con calma y sin desesperación.

 

 

Dato:

Quienes quieran despedirlo, el velorio se está llevando a cabo en: calle Ayarza 167. Urb. El Bosque, Rímac. A la altura de la av Amancaes, cruce con av. El Sol.

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