Ramiro Llona: “Si hay algo que debo celebrar, no es el reconocimiento y el éxito; es la construcción de la independencia”
Las cinco obras más representativas de Ramiro Llona conforman una exposición que sirve de base para hablar de su actualidad como creador y también de cómo se construye una trayectoria signada por la autenticidad.

La República conversó con Ramiro Llona, figura central del arte peruano contemporáneo, sobre su exposición Ramiro Llona. Grandes Formatos en el Ministerio de Relaciones Exteriores, la cual puede visitarse hasta el 6 de junio de 2027. Con una trayectoria de casi 50 años, en la que ha recibido muchísimos reconocimientos, ¿qué es lo que más celebra Llona de ella? Veamos.
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-En tu trayectoria has tenido muchos reconocimientos, pero creo que esta es la primera que vez que estás en la Cancillería.
-Es la primera vez que estoy en un espacio institucional. Es extraño porque, de alguna manera, he hecho mi carrera a contrapelo, de una forma muy áspera. La invitación y el proyecto no me han sorprendido en sí; la sorpresa vino cuando entré, vi la muestra y me di cuenta de qué se trataba realmente. Hay muchísimas actividades que se hacen en Relaciones Exteriores y, entonces, es como si hubieran colgado esa bandera, esa cara, esa persona.
-Igual no deja de ser extraño, partiendo de que se tiene de ti una idea alejada del oficialismo.
-Primero, me tomó tiempo aceptar, porque este proyecto tiene un par de años. Y yo no quería, pues, simplemente prestar cuadros para colgar algo, ¿no? Para eso, hicimos un proyecto. Llamamos a Juan Peralta, el curador, y conversamos sobre la idea de desarrollar un proyecto para que el Perú muestre qué cosa es el arte contemporáneo y que deje claro que aquí se está haciendo arte contemporáneo.
-El arte contemporáneo no suele mostrarse como una manifestación importante en lugares oficiales e institucionales.
-Siempre son las artesanías, nuestro pasado precolombino, la comida, pero nunca es el arte contemporáneo, como si no existiera. Y a mí me ha pasado que, de casualidad, me he encontrado con personas en exposiciones mías que han venido por otras razones y me han dicho ah, acá también pintan. Nuestra imagen es tan fuerte, con todo sentido y con toda razón, en lo precolombino y ahora la comida, que lo otro como que ha desaparecido.

"El juego de las estatuas" (Casa de Atahualpa). 2005. Imagen: Difusión.
-¿Por qué no se ha hecho antes?
-De repente, en una época con Núñez Ureta, se hicieron murales en algunos ministerios. Por ejemplo, el arte en México tuvo un carácter institucional muy fuerte; fue parte de la manera de hacer política, de llegar a la gente, del Estado mexicano. Acá la pintura ha estado como muy relegada, pero no solo a nivel institucional, sino la cultura en sí, que es el patito feo del presupuesto. Ahora, los honores se agradecen. Pero yo no transito en ese mundo de dimensiones; yo estoy todo el día en mi taller trabajando.
-He visto un post de Relaciones Exteriores con miles de reacciones. Ahí invitas al público a visitar Grandes Formatos. En las redes de Relaciones Exteriores no suelen verse cosas así.
-Fueron más de 40 mil vistas. Le pregunté a mi esposa por qué la gente está contenta. Ha sido algo sorprendente. La exposición ha sido recibida con mucho entusiasmo.
-Ese es el verdadero reconocimiento, que la gente reconozca tu trabajo.
-Siempre me he sentido muy contestatario, pero, de una manera extraña, he logrado construir una carrera y una persona. La gran satisfacción para mí es la demostración de lo que yo siempre he planteado: lo que importa es el trabajo. Si uno trabaja mucho, el trabajo crea un espacio en la realidad física, porque aparece como algo concreto. Y eso es lo que es esto: el trabajo ha ocupado una realidad.

Ramiro Llona en su taller. Foto: Gustavo Vivanco.
-Sí te sientes homenajeado.
-Creo que es un homenaje a la trayectoria, es un reconocimiento a la capacidad, a la constancia, al riesgo, a la diferencia también. Yo nunca he querido ser un pintor oficial, toda mi vida he estado en contra de eso. Entonces, en ese sentido es bien bonito. La vez pasada, una pintora que yo admiro mucho, Wynnie Mynerva, me dijo es que tú eres el que nos has enseñado que sí se puede ser pintor en este país. La pintura, como la literatura, es un lenguaje también, que trata de tener un espacio en la sociedad, en el mundo cultural, en la existencia del ser humano. Acá no se mira a la pintura de frente a los ojos, como que tratan de bajarla. La persona que me convenció de hacer este proyecto, Ricardo Luna, me dijo: Ramiro, es tu legado. Y apareció esta adjetivación absolutamente extraña. Todos queremos reconocimiento, todos queremos éxito, pero es algo que, al menos yo, no me estoy preguntando.
-Tus obras reflejan a un artista que no tiene bloqueos. Al menos esta es la primera impresión ante el tamaño de las mismas.
-Nunca he tenido temor ante la página en blanco. Siempre he tenido un encuentro frontal con la tela. Yo siempre le digo a mi esposa que los pintores resolvemos nuestros problemas en la pintura. Es el lugar donde yo sucedo, donde yo encuentro mi identidad, donde yo me formo como persona de manera permanente. Yo, fuera del trabajo, estoy muy mal; no soy la misma persona. Entonces, no es una vocación; somos el trabajo y yo.
-Como pintor, ¿a qué le temes o qué te fastidia?
-Lo que me atormenta es si el lenguaje es válido. Hay tantas maneras de pintar como pintores hay. Es fascinante. Tú agarras 100 personas y todas han generado un lenguaje diferente. Y te preguntas, primero, ¿has logrado un lenguaje que dice cosas con coherencia? Y segundo, ¿tu lenguaje expresa tu momento, tu lenguaje es contemporáneo? Hay varias maneras de entender el trabajo de uno, varias apuestas. Mi apuesta es por lo que yo considero que es central en la tradición del arte occidental. Esa es mi apuesta, esa es mi herencia, ese es mi legado. Soy una persona muy curiosa; todo el tiempo estoy consumiendo imágenes. Tengo a la vez un interés muy profundo por lo precolombino. Me interesa mucho el asombro, lo busco; por ello, no me voy a pasar la vida cancelando posibilidades.

"El uso de la memoria" (2008). Homenaje a Blanca Varela. Imagen: Difusión.
-¿Cómo ves el boom del arte amazónico?
-Yo siempre he estado en desacuerdo con compartimentar la experiencia estética. He estado en desacuerdo con los localismos, los nacionalismos. Eso, por un lado. Lo segundo, lo que me perturba es la especulación que hay detrás. Hay una maquinación inmediata, que no solo no favorece, sino que desvirtúa la pureza del lenguaje original, el que se ve. Rafael Chirbes, que es un autor que me gusta mucho, dice algo con lo que estoy de acuerdo: el arte artesanal trabaja con lo conocido, mientras que el arte trabaja con lo desconocido, con lo que se está descubriendo. Obviamente, hay propuestas que me gustan mucho, como la que hacen los Yahuarcani. Por ejemplo, yo miro lo precolombino con la misma exigencia que miro un cuadro de Cézanne; un tapiz wari me emociona desde ese lugar. En el lenguaje plástico hay una complejidad de acumulación de significados que no lo puedes verbalizar. Siempre me pregunto por qué nos sigue interesando algo que hizo Giotto hace 700 años.
-Los reconocimientos siguen. Serás el artista homenajeado de la próxima Bienal de Trujillo, que se inaugurará en noviembre.
-No deja de ser curioso lo que está pasando. A mí jamás me han escogido para ser el representante de Perú en una Bienal.
-Imagino que se debe a las no pocas controversias que has tenido.
-Esa es mi historia. Estoy agradecido por lo de la Bienal de Trujillo. No deja de ser irónico. Si hay algo que debo celebrar, no es el reconocimiento y el éxito; es la construcción de la independencia.
…
Dato:
Sábados y domingos, de 10 a.m. a 6 p.m. en jirón Lampa 535, Cercado de Lima.















