
Lo primero que Daniella Paredes Johnson conoció de Blanca Varela fueron sus poemas. Tenía 18 años. Esta aproximación la llevó a querer saber más de la vida de Blanca Varela de manera general, no tanto de la poeta de la que había información muy repetitiva. Producto de esa inquietud, publicó a finales del año pasado Ponte un alma si la encuentras. Un retrato de Blanca Varela (Editorial UPC).
“Con Blanca Varela no me pasaba lo que con los poetas y escritores hombres. Todo lo que hay que saber de las vidas de Arguedas, Vallejo y Vargas Llosa está en internet y en libros. Con Blanca, eso no pasaba. No sabía de su vida como me hubiera gustado. Su fallecimiento fue en el 2009; no es una autora que murió hace muchos años”, declara Daniella Paredes Johnson para La República sobre la poca información que se tenía a la mano de la vida de nuestra poeta mayor. Y agrega: “En la universidad, un día un profesor llevó el libro Entrevistas a Blanca Varela de Jorge Valverde Oliveros y me reencontré con Blanca. Yo nunca conversé con Blanca, pero ese libro me acercaba a su voz y, a medida que lo iba leyendo, más me fascinaba su vida. Yo pensaba que Blanca era una persona muy seria, ensimismada en su poesía y cerrada socialmente; lo que descubrí fue otra cosa y me enamoré más de la idea de Blanca Varela”.
Ponte un alma si la encuentras es el primer libro de Paredes; tiene una estructura de cuatro capítulos principales y otras secciones dedicadas a la bibliografía y a la dimensión gráfica. Es un libro cauteloso en su propósito, pero su luz mayor es la frescura que signa al discurso. No es un libro académico sobre Varela. Es mucho más que eso, es el testimonio de un asombro. “A Varela le gustaba ver telenovelas brasileñas, comer Pizza Hut los domingos; era una persona a la que le gustaba hacer cosas humanas, no era un ser elevado al que le gustaba escribir poesía en una nube”.
Daniella Paredes Johnson. Foto: Facebook.
En su libro, Paredes nos entrega la visión de vida de una mujer a la que le gustaba lo sencillo de la vida, la cual nutría con la cultura (leía mucho), el arte y el cine. Además, Varela fue esposa y madre; y por muchos años se desempeñó como directora del Fondo de Cultura Económica en Perú. Estas parcelas son abordadas por Paredes, quien incluye poemas conocidos de Varela para ofrecernos datos de su vida, pero la autora lo hace desde el impresionismo honesto y no desde el código secreto.
“Blanca traducía su vida en poesía. Me gusta la poesía de Blanca, pero la conocí como persona gracias a quienes vivieron con ella y la trataron. Esa Blanca personal es la que me fascina. La poesía era una de las muchas que hacía; Blanca no solo era poeta”. Otra sensación que nos deja la publicación tiene que ver con una Blanca Varela que está de vuelta cuando muchos artistas/escritores hoy están de ida. En este sentido, Paredes cumple al proyectar ese vitalismo. Nos acerca a una mujer que se las sabía todas. La mayoría de los consultados destaca su humor, por ejemplo. ¿El aparente discurso cerrado de su poesía no se alimenta acaso de factores previamente liberadores?
“Su vida, vista en retrospectiva, tiene un arco narrativo perfecto para poder contarla. Siempre me he preguntado cómo le alcanzó la vida para hacer tantas cosas, la poesía entre ellas. Mucha gente resume la vida de Blanca solo con su poesía. Este libro nace un poco de la crónica de Fernando Ampuero sobre Borges. Ampuero se pregunta cómo a Borges, siendo Borges, le pueden gustar los ravioles. Blanca está muy endiosada y me interesaba humanizarla”.
"Ponte un alma si la encuentras. Un retrato de Blanca Varela". Imagen: Difusión.
Al respecto, Paredes pone algunas cosas en orden. Pensemos en el poema fundamental de Varela, “Puerto Supe”, de Ese puerto existe de 1959. Este es un poema del que se ha escrito mucho y se señala en los análisis que la poeta evoca su infancia. No obstante, “se asumen cosas de Blanca como si fueran ciertas. Blanca fue a esa playa máximo cuatro veces en su vida. Solía ir con Arguedas. Imagino que con la muerte de Arguedas en 1969 el lugar se vuelve mucho más nostálgico después; pero a ella le gustaba más Paracas; incluso sus cenizas fueron esparcidas ahí. Muchos escritores suelen decir que Puerto Supe era parte de su infancia, y eso es mentira; lo asumen desde su poesía porque hacen la conexión de que, si está en un poema y es el título de un poemario, debe ser parte de Blanca; no necesariamente fue así. Mucha gente piensa que ella era una predicadora de la poesía, cuando lo cierto es que de lo que menos hablaba era de poesía. Blanca no vivía respirando poesía. Blanca necesitaba de la normalidad para escribir poesía”.
La poesía de Blanca Varela tiene muchísimos lectores jóvenes. Ponte un alma si la encuentras tiene un sano espíritu irreverente, propio de la juventud. Es un libro que le hubiese gustado leer a Blanca Varela.





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