
Hoy lunes 13 de abril se cumple un año del fallecimiento del escritor Mario Vargas Llosa. Aunque sabíamos que su salud no estaba bien en sus últimos meses, se tenía la sensación de que lo tendríamos por mucho más tiempo. Vargas Llosa dejó un legado a la altura de su vida: un legado poliédrico, multitemático, muy complejo. Cuando se habla de Vargas Llosa, se piensa en la figura del escritor, pero están también otras dimensiones, como el Vargas Llosa personal, el Vargas Llosa político, el Vargas Llosa figura pública, el Vargas Llosa social, en fin; pocas veces hemos visto que en una sola persona converjan tantas dimensiones, habiendo destacado en más de una.
Uno de los puntos de crítica que enciende una de las dimensiones consignadas tiene que ver precisamente con el Vargas Llosa político. Sus columnas de opinión en Piedra de Toque ordenaban el panorama local, especialmente en épocas de elecciones presidenciales. En el año 1990, Vargas Llosa pierde la elección presidencial ante un desconocido Fujimori. Dos años después fue uno de los primeros en criticar a Fujimori por el autogolpe de Estado. Desde ese momento empezó a tejerse una mentira, la cual señalaba que Vargas Llosa era crítico con Fujimori por haber perdido las elecciones presidenciales. Es decir, un resentido.
Visto a la distancia, lo mejor que le pudo pasar a Vargas Llosa es haber perdido esa elección. Su producción no se vio afectada para nada (muchos de los bloqueos de escritores, la llamada página en blanco, más que obedecer a factores asociados a la falta de imaginación, están más ligados a cotos anímicos); más bien, en los años posteriores entregó varias obras maestras, como El pez en el agua y La Fiesta del Chivo, y proyectos novelísticos de buena factura como Travesuras de la niña mala. Y claro, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en el 2010 y en el 2023 ingresó a la Academia Francesa. El Perú nunca dejó de estar en su radar de intereses creativos y ensayísticos como para insistir que estaba resentido.
Lo del resentimiento es un veneno que esparció el fujimorismo, el cual, lamentablemente, aún perdura y debe ser combatido con información probada, que abunda. De ahí salen disparates como que el Nobel se lo dieron por su nacionalidad española. Y si no cogen todavía lo de la Academia Francesa es porque aún no se tiene, sorprendentemente, una idea de esa proeza.
La fama y el reconocimiento rodeaban a Vargas Llosa. Vargas Llosa se sabía importante, un escritor imprescindible en el ámbito mundial. Teniendo todas las razones para portarse como ídolo, no lo hizo. Esa conducta ante la vida la heredó de uno de sus autores favoritos, el francés André Malraux, que fue un ejemplo para él de intelectual comprometido con su tiempo. Para Vargas Llosa no había mejor compromiso con el tiempo que estando en contacto con la realidad. Vargas Llosa debía tener un contacto sensorial y anímico con los tópicos que desarrollaba. Por eso viajaba mucho, hacía no pocas entrevistas e investigaba en bibliotecas con el asombro del historiador.
Su actitud con la escritura, el compromiso literario y la política partía de una mirada horizontal de la realidad. Se sabía un escritor realista, y como lector era muy abierto a todas las manifestaciones culturales. Esta actitud no la encontró en el camino; inició su trayectoria sabiendo lo que quería escribir y lo que no quería ser. Por eso fue Mario Vargas Llosa.





CINEPLANET: 2 entradas 2D + 2 bebidas grandes + Pop corn gigante. Lunes a Domingo
PRECIO
S/ 47.90
ALMUERZO O CENA BUFFET + Postre + 1 Ice tea de Hierba luisa en sus 4 LOCALES
PRECIO
S/ 85.90
PREVENTA: Álbum + paquetón Panini FIFA Mundial 2026 - DELIVERY GRATIS (Asegura tu pedido)
PRECIO
S/ 49.90
FLYING SQUIRREL: 120 Minutos en Jockey Plaza, San Miguel e Independencia.
PRECIO
S/ 22.90